Sergio Ramos ha vuelto a ser víctima de un asalto en su casa. El actual jugador del Sevilla sufrió el pasado miércoles 20 de septiembre un robo en la finca en La Alegría, en Bollullos de la Mitación, donde vive desde su regreso al club hispalense.
Según informa ABC, el asalto se produjo mientras el defensa se encontraba disputando el primer partido de la Champions frente al Lens (1-1) y su mujer, Pilar Rubio, estaba fuera por motivos de trabajo.
En la lujosa finca, ubicada a unos 20 kilómetros de Sevilla, se hallaban sus cuatro hijos acompañados de sus dos cuidadoras en el momento del atraco, pero ninguno de ellos sufrió daños personales.
El citado medio asegura que los ladrones desvalijaron la casa y se llevaron joyas, relojes, ropa de marca y dinero. La Guardia Civil se ha hecho cargo de la investigación, sin que haya trascendido el número de asaltantes.
La vivienda está ubicada en una finca de 44 hectáreas y fue donde Sergio Ramos y Pilar Rubio contrajeron matrimonio en 2019. Allí se aloja su famosa Yeguada SR4, con el premiado caballo Yucatán.
No es la primera vez que el futbolista es víctima de un asalto en su vivienda. En 2012, dos ladrones entraron en la casa que tenía en el barrio de Conde Orgaz en Madrid. El jugador se encontraba en aquel momento en casa junto a su hermano René y los atracadores huyeron al ver que la casa estaba ocupada.
Xavi Pascual regresa al banquillo del necesitado Barça, ese que abandonó en 2016 con una hoja de servicios para presumir: cuatro Ligas, tres Copas... y, principalmente, la histórica Euroliga de 2010, la segunda de la entidad. Transcurrió casi una década de paulatina decadencia, acelerada en dos últimas temporadas que han dejado al club azulgrana como no se recordaba. El despido de Joan Peñarroya el domingo, un peaje que parecía inevitable -ya el curso pasado esquivó varias balas-, fue sólo el culmen de tantos despropósitos.
La crisis deportiva que tratara de desentrañar el técnico de Gavà (en este periodo dirigió al Panathinaikos hasta 2020 y las últimas cinco temporadas al Zenit de San Petersburgo) no se explica sin la crisis económica de la entidad, que se ha cebado exponencialmente con la sección de baloncesto. A la que tampoco ayudaron decisiones erróneas, desesperadas y encadenadas (los despidos millonarios de Corey Higgins y Nikola Mirotic, el carísimo fichaje de Willy Hernangómez...). Acumula más de dos años y medio sin títulos, desde que ni siquiera pudieron aceptar la rebaja salarial que les propuso Sarunas Jasikevicius -con él ganó dos Ligas, dos Copas y rozó el cetro continental con presencia en tres Final Four-, lo nunca visto para quien no hace tanto sacaba músculo en Europa. En su lugar llegó la apuesta (más barata y fallida) por un Roger Grimau que no triunfó.
El comienzo de esta temporada es el reflejo de los recortes y la precariedad. Siete victorias por ocho derrotas (cuatro en el Palau), las tres últimas consecutivas -con pañolada al palco de Joan Laporta incluida durante los minutos finales del clásico-, la sentencia de un Peñarroya que la semana pasada ya ponía de manifiesto los «condicionantes». «Nos gustaría tener el presupuesto que teníamos hace tres o cuatro años, pero la situación económica del club es la que es. Nuestro presupuesto, en salarios netos, es de mitad de tabla para abajo en la Euroliga», exponía en una entrevista en la Ser. Se calcula que el Barça se maneja actualmente en menos de 30 millones de euros, lejos de los grandes continentales, entre ellos el Real Madrid (unos 49).
Joan Peñarroya, durante el partido del Barça en Girona.David BorratEFE
Esa comparación escuece todavía más si se comprueba el giro ambicioso del eterno rival -seis fichajes, todo un cuerpo técnico con Scariolo al frente renovado y un aumento de 10 millones en su presupuesto-, pero sonroja también con respecto a la mayoría de rivales europeos. Este verano, a Peñarroya le llegaron Will Clyburn y Toko Shengelia, dos jugadores tan contrastados como veteranos (35 años), dos americanos de segundo nivel (Myles Cale y un Miles Norris que ni siquiera ha debutado en ACB) que poco aportan y el joven base argentino Juani Marcos, de regreso desde el Girona. Se le fueron puntales como Jabari Parker, Justin Anderson o Chimezie Metu y se retiró prematuramente Alex Abrines. Ni siquiera cuando se lesionó Juan Núñez, otra vez de larga duración, hubo refuerzo.
Precisamente en la primera lesión del base madrileño, que coincidió el curso pasado con la de Nico Laprovittola, el club vivió otro de sus episodios desconcertantes. Primero se fichó a Raúl Neto, un brasileño de contrastada experiencia NBA pero que venía de una gravísima lesión. Con problemas físicos, apenas duró dos partidos. Luego se apostó por el regreso de Thomas Heurtel, que estaba jugando en China. Pero, tras el revuelo social que causó su posible incorporación por su pasado madridista, el club, con el francés ya en Barcelona, se echó atrás.
La llegada de Pascual, que aceptó una rebaja de su caché y que mantiene buena sintonía con Laporta y negoció su retorno con Juan Carlos Navarro (mánager), Mario Bruno Fernández, (director deportivo), y Josep Cubells, el directivo encargado del baloncesto que fue increpado el pasado viernes por los aficionados en el Palau, vendría acompañada por algún movimiento en la plantilla que reanime al equipo al menos en el presente curso, donde hasta la presencia en la próxima Copa peligra de no reaccionar con premura en ACB (es undécimo). También por un compromiso de rearme futuro (firma hasta 2028), que se podrá afrontar el próximo verano, coincidiendo con el centenario de la sección, con algo más de holgura económica, pues acaban contrato Hernangómez, Satoransky, Laprovittola o Vesely.
Hubo un momento curioso en la celebración del primer Roland Garros de Carlos Alcaraz. Cuando Alexander Zverev lanzó la última bola a la red y su victoria ya era un hecho, el español se rebozó sobre la tierra batida, saludó al alemán, agradeció sus ánimos al público de la Philippe Chatrier y rompió a correr para festejar con su gente. Todos estaban eufóricos, emocionados, entregados. Pero durante unos segundos sólo esperaron.
Tan feliz como estaba,
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