Los dos futbolistas podrán ser inscritos a partir del 5 de julio. El club es el último clasificado de la Conferencia Este de la MLS.
Busquets, junto a Jordi Alba.Alberto EstévezEFE
El español Sergio Busquets se unirá al argentino Lionel Messi en el Inter Miami, tal y como anunció el club de la MLS.
Tras meses de rumores, Inter Miami publicó hoy un vídeo que anuncia el fichaje de Busquets y que contiene citas de estrellas del fútbol, como Pep Guardiola y Luka Modric, que elogian al excompañero de Messi en el Barcelona.
Después de quince temporadas en las que ganó 32 títulos (9 Ligas, 7 Copas del Rey, 7 Supercopas de España, 3 Ligas de Campeones, 3 Mundiales de Clubes y 3 Supercopas de Europa), Busquets, de 34 años, anunció recientemente que iba a abandonar el Barcelona.
Busquets no solo fue un ancla en el centro el campo del club azulgrana sino que también marcó una época en la selección española, con la que conquistó el Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012.
El mediocentro, que había desarrollado toda su trayectoria profesional en el Barcelona, se estrenará en el extranjero en la MLS de la mano de un Messi con el que compartió numerosos triunfos con la camiseta blaugrana.
Estos dos importantes refuerzos, que se podrán inscribir en la ventana veraniega de fichajes de la MLS que comienza el 5 de julio, le vendrán de maravilla a un Inter Miami muy necesitado de ayuda ya que, por ahora, es último en la Conferencia Este con solo 15 puntos en 17 encuentros.
El periódico Miami Herald, citando a una fuente cercana a las negociaciones, aseguró que Busquets ocupará una de las tres plazas de ‘jugador designado‘ en el Inter Miami.
La figura del ‘jugador designado’, creada por la MLS en 2007 para poder traer a David Beckham al LA Galaxy, permite a los conjuntos sortear los límites salariales para afrontar ciertos fichajes de relumbrón.
Busquets, que también tuvo ofertas de Arabia Saudí para su futuro en el fútbol más allá del Barcelona, podría tener a un excompañero más en el Inter Miami aparte de Messi, ya que también ha habido rumores en los últimos días que sitúan al equipo de Florida como un posible destino para Jordi Alba.
Fue un 13 de julio de 2023 cuando Santiago Mouriño (Montevideo, 2002) pisaba por primera vez una sala de prensa europea. Era un chaval desgarbado de 76 kilos y mucha timidez. "Tenía miedo de decir una cagada", revela entre risas el futbolista a EL MUNDO. Su novia, ahora mujer, Delfi, estaba entre el público y los periodistas esperaban entre los asientos del Metropolitano escuchar al chaval que debía continuar la saga de aguerridos centrales uruguayos en el equipo rojiblanco con Godín y Giménez como principales bastiones. "Ella me dijo que me vio muy nervioso", ríe de nuevo.
La llamada había llegado tras varios años en Nacional y uno en Racing, que le rescató de una lesión de menisco en la que le hizo clic la cabeza. En su caso no fue para desanimarse en su sueño de ser futbolista, sino todo lo contrario, aumentar el convencimiento de que ése era exactamente y su camino. Un camino para el que quemó todos sus puentes. "Dejar los estudios fue una decisión mía ya que vi que tenía oportunidades de llegar a Primera división. Obviamente, hoy mirando de otro lado salió bien, pero también pudo salir mal... cuando uno es más chico tiene otra cabeza", reflexiona.
Si alguna vez te lo dicen tus hijos, ¿cómo te lo tomarías?
Yo no los dejo (risas).
Así Santiago Mouriño dejaba Montevideo, con la ilusión y el miedo, dejaba a sus padres llorando en casa para coger el vuelo que le llevaría a Europa, el dorado para muchos futbolistas uruguayos. "Sabía que el fútbol europeo era muy difícil, que iba a un campeonato grande y que los jugadores se cuidan mucho más que en Sudamérica, que haciendo las cosas como allí, no te da, tienes que elevar el nivel", apostilla. Lo hacía, además, a un equipo que llevaba seis temporadas seguidas jugando Champions y, en una de ellas, ganando también la competición doméstica. "Que un equipo así se interese por ti y te quiera comprar, fue algo muy lindo y que voy a recordar siempre", rememora el defensor.
Entrenamiento del futbolista uruguayo.Alavés
Pero el sueño no fue tan dulce. A los entrenamientos durísimos que le esperaban en los Ángeles de San Rafael siguió un mes de convivencia en un hotel donde a él y a su chica le comían las paredes. Y todo, además, con la certeza de que, pese a su ilusión, tendría que buscar minutos lejos del Metropolitano. "No me dolió, porque también yo tenía ganas de salir para jugar", explica Mouriño.
Entonces llegó lo que para el central fue "esa mili que dicen es muy necesaria" tras salir cedido al Zaragoza, donde se despidió encima marcando, y en una ciudad en la que dejó grandes amigos a los que visitó recientemente. Y luego le compró el Alavés, que le seguía desde su etapa en Uruguay, aunque el Atlético se guardó una opción de recompra. "No le reprocho nada al Cholo, al contrario, desde que llegué al club me trató igual que a todos y me ha enseñado muchas cosas", admite el futbolista.
Tras salir de Uruguay hacia un equipo que vivía en Champions y aspiraba a títulos a otro cuyos objetivos son mantenerse en Primera y jugar con esa presión. "Cuando juegas por el descenso, sabes que un error te condena, es un cúmulo de cosas juega mucho con la cabeza y que si no estás fuerte, te puede pasar factura", explica el futbolista. Afortunadamente, su último triunfo ante la Real Sociedad les hace depender de sí mismos, aunque las cosas podrían cambiar este sábado ante, precisamente, el Atlético de Madrid. "Van a buscar quedar los más arriba posible y no van a venir como si no se jugaran nada", apunta el defensa que, promete, no está pensando en volver a la disciplina rojiblanca aunque "sería lindo" sino puramente en salvarse con el Alavés.
El defensa camino de una concentración.Alavés
De bajar volvería a una categoría "más aguerrida" como comprobó con el conjunto maño y en la que apenas hay tiempo para girarse porque es un fútbol más físico donde siempre "tienes a alguien encima" y donde pudo comprobar, de primera mano, donde la igualdad es tal que no es raro que el último gane al primero, "algo que no ocurre en Primera".
Lo cierto es que al futbolista uruguayo, ya de por sí disciplinado y con la cabeza bien amueblada, se toma muy en serio su profesión. Ha ganado seis kilos de músculo, se ha esmerado en mejorar táctica y técnicamente y hoy es uno de los bastiones del Chacho Coudet en la zaga del Alavés. Ha jugado completos ocho de los últimos nueve partidos de los babazorros y el noveno no pudo por acumulación de amarillas.
Cuando termine la Liga, Santiago Mouriño espera tener dos cosas que celebrar, la permanencia con el Glorioso y su aniversario de boda. Un año ya casado, con 22 se juró amor eterno, con la persona "que le aguanta todos los malos pensamientos", que lo dejço todo por él y con la que lleva cinco felices años juntos disfrutando y viendo fútbol, uruguayo o el que toque. "A mi mujer le gusta más ver el fútbol que a mí", cuenta el jugador entre risas.
Test rápido
Mouriño es una metralleta ante preguntas rápidas. Entre Messi y Kike García no duda en elegir a su compañero, aunque le cuesta más escoger el mate antes que las milanesas. Es un acérrimo jugador de Playstation antes que ver el móvil, que se le olvida constantemente. Preferiría tener un niño a una niña, porque ya tiene una sobrina y, aunque haya hecho sus pinitos en el baloncesto, el fútbol es su profesión, su sueño y su primera prioridad.
Víctor era uno y trino. La Cultísima Trinidad. Intelectual de nacimiento a partir de su pertenencia a una familia de excelencias literarias (era bisnieto de Concha Espina), pertenecía a un mundo de libros, conversaciones, viajes e idiomas. El paradigma del cosmopolitismo desde su irrenunciable cuna madrileña. Era Víctor de la Serna cuando escribía de cualquier cosa menos de gastronomía y baloncesto. Era Fernando Point cuando escribía de gastronomía. Y era Vicente Salaner cuando escribía de baloncesto.
Memoria y conocimientos técnicos, pocos sabían más que él de baloncesto. Era un chaval deslumbrado cuando, residente en Suiza, en junio de 1962, se presentó al Real Madrid, que iba a disputar en el terreno neutral de Ginebra la final de la Copa de Europa frente al Dinamo de Tiblisi (los equipos españoles no podían viajar a la URSS ni los soviéticos a España). Cayó tan bien al equipo que presenció el partido desde el banquillo, encargado de la planilla. Ese recuerdo estaba entre los más gratos de su vida.
Ya en Estados Unidos, estudiante de periodismo en la universidad deColumbia, se convirtió en una especie de puente entre el país y España. Un ojeador, un consultor, un asesor, alguien a quien llamar o de quien recibir una llamada. Un embajador, un intermediario, alguien a quien, con su dominio del inglés, encargar una gestión.
¿Un puente entre Estados Unidos y España? Bueno, en realidad un puente entre Estados Unidos y el Real Madrid. Más de un fichaje madridista, de la frecuente mano de Pedro Ferrándiz, y también de la de Lolo Sainz, lo tuvo a él en la trastienda. Por ejemplo, el de Walter Szczerbiak. "Yo traje a Walter al Madrid", se ufanaba desde su amor al club, no desde la vanidad.
Fue el intérprete y cicerone de George Karl durante la época de entrenador del Madrid del estadounidense. Un interlocutor, un confidente, casi un representante. Se le requirió varias veces para acompañar a los narradores americanos y comentar con ellos, en su perfecto inglés, los partidos jugados en España por equipos de la NBA. Fue el "speaker" oficial del Open McDonalds de 1988 que enfrentó al Real Madrid con los Boston Celtics. Guardaba como una joya el balón firmado por los protagonistas.
Ha muerto al pie del cañón. Al pie de la canasta. El pasado día 14 publicó su último trabajo: "Cuando el jugador español ya es una rareza en España". Si hay un Más Allá, estará ahora hablando de baloncesto con James Naismith y haciéndole de intérprete a Pedro Ferrándiz.