Apenas digerido el prodigio casi sobrehumano del título europeo conquistado por una selección de España sin jugadores de la generación histórica que todo lo ganó, el regreso de la Liga ACB nos enfrenta a una pregunta inevitable: ¿De verdad seguimos t
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Cuando Juan Núñez cambió de agente y decidió seguir con su progresión lejos del Real Madrid, en un equipo de la Bundesliga no demasiado conocido por el aficionado medio, pocos hubieran podido sospechar que, dos años después, iba a acabar fichando por el eterno rival. Pero los acontecimientos, tanto para el que fuera perla de la cantera blanca como para el Barça, han terminado por unir sus caminos en uno de los fichajes más sonados de este verano. «He encontrado el sol», bromea ahora el madrileño, con esa forma de hablar tan escueta, frases cortas aunque ya concisas en un chico de 20 años que afronta el siguiente escalón de su carrera, el más decisivo, el que posiblemente marcará todo su prometedor futuro, el salto a uno de los grandes de Europa. Tras sus dos cursos de aventura formativa en el Ratiopharm Ulm y con un sueño NBA pospuesto por el momento después de ser elegido el pasado junio en el puesto 36 del draft por los San Antonio Spurs (tras un traspaso desde los Pacers) que no le quitarán ojo.
Juanito, como todos le siguen llamando, es uno de los grandes atractivos de la Supercopa Endesa que este sábado comienza en Murcia con un clásico para abrir boca. Por el morbo de vestir azulgrana, por el de enfrentarse al equipo con el que maravilló en categorías inferiores (MVP de la Euroliga júnior, entre otros hitos), con el que debutó con 17 años en un duelo de semifinales de la ACB. Un base como no se recordaba que pronto también moldeó Sergio Scariolo llevándoselo, por necesidad, al Mundial 2023 (ya fue el último descarte para el Eurobasket 2022 y lo ha sido este verano en los Juegos tras disputar y ganar el Preolímpico).
Dice Núñez que encontró en Barcelona el sol que le faltó en la fría Ulm, donde a su familia le costaba un enjambre de transportes cada vez que quería acudir de visita. Pero no sólo es la luz mediterránea lo que llevó al chico de Villaviciosa de Odón, que antes de las canastas destacó en balonmano, a tomar una decisión en la que confrontar lo emocional con lo profesional, madridista él y todos los suyos. El Barça le puso sobre la mesa un inmejorable escenario para lo único que le importa: seguir creciendo.
Juan Núñez, en el Palau Blaugrana.Quique GarcíaEFE
«Que han apostado por mí, así de sencillo», responde Juan sobre los motivos de la decisión, tomada tras valorar las opciones de dar el salto a la NBA con los Spurs, que conllevaría el peaje del paso por la Liga de Desarrollo y seguramente un freno a sus expectativas. Con un contrato que ronda el millón y medio de euros por cada una de las tres temporadas firmadas y facilidades de salida si el equipo texano le reclama algún verano, el Barça, que pagó al Madrid 400.000 euros para esquivar el derecho de tanteo, vio en Núñez un talento con el que escapar de años de declive y una deriva deportiva cuyo último capítulo fue el despido tras los playoffs de la Liga Endesa de Roger Grimau, sustituto sólo un año antes de Sarunas Jasikevicius.
En lo deportivo, Juan ocupará el espacio en la dirección que deja la salida de Rokas Jokubaitis y la no continuidad de Ricky Rubio. Compartirá los mandos con Tomas Satoransky y volverá con plenos poderes a una Euroliga con la que ya disputó 10 partidos de blanco en la temporada 2021/2022 (aunque en ninguno de ellos más de 10 minutos). Pero lo más importante, cuenta con la plena confianza del nuevo dueño del banquillo culé, pues bien le conoce Joan Peñarroya aunque nunca le haya entrenado.
Juan Núñez, con el Barça.Quique GarcíaEFE
Porque es lo sentimental otro de los puntos fuertes que han llevado al madrileño al Barça. El mejor amigo en el mundo de la canasta de Juan es Marc Peñarroya, hijo del que ahora es su entrenador, con el que ha coincidido durante años en las categorías inferiores de la selección. Sus lazos se estrecharon especialmente durante el Europeo sub 20 en el que ganaron el oro en Podgorica (Montenegro) en 2022 y desde entonces se hicieron inseparables, compartiendo hasta vacaciones de verano. El canterano del Manresa no andará lejos, pues disputará esta temporada con el CB Prat en LEB Plata.
También en el vestuario ha encontrado compinches conocidos Juan, que desde hace años mantiene un relación sentimental con Lucía Navarro, hija de Juan Carlos Navarro y también jugadora profesional. «Conocía a muchos de la selección y ha hecho que todo sea más fácil», admite Núñez de Willy Hernangómez (otro canterano madridista que dio el salto al eterno rival la pasada temporada), Darío Brizuela, Alex Abrines y Joel Parra, con el que comparte apartamento en la Ciudad Condal. «He encontrado a mucha gente con ganas de jugar, con ganas de entrenar, con ganas de conocernos. Somos muchos nuevos con ganas de hacer un gran año», reivindica, encandilado con la propuesta de juego de su entrenador -«hacemos un juego divertido. Yo he visto los equipos de Peñarroya (Manresa, Andorra, Burgos, Valencia, Baskonia...) estos años y me gustan. Son dinámicos, divertidos de ver, y a mí eso me atrae mucho»- y listo físicamente tras un verano en el que al fin pudo tomarse un respiro y recuperarse de «molestias físicas» en su rodilla.
Ha fallecido 'Praja' Dalipagic, uno de los más prolíficos anotadores europeos de la historia. Dominador del difícil arte de colar la bola por el aro de múltiples formas. Y hacerlo continuamente con una tenacidad y determinación que es lo que realmente dio valor a su fuerza de piernas y envergadura, un alero alto que dominó con Yugoslavia los 70 y, de forma individual, buscando el mejor contrato posible, alargó los 80 encestando y ganando liras italianas. Jugó un puñado de partidos de Copa de Europa con el Real Madrid, su temporada más difícil.
Hace no mucho le preguntaron que si la mayor alegría de su vida deportiva había sido la entrada en el Hall of Fame de Springfield. Dijo que no. Y puso otra cosa por encima de menciones y medallas. «Para mí, lo más importante que logré en mi carrera fue el compañerismo». Refiriéndose a la selección nacional, las semanas recorriendo el mundo y experimentando la vida como era y como nunca podrían haber sabido que podía ser. «Y el tiempo que pasamos juntos es el más hermoso de mi vida».
Admiración por ello a una estrella que tuvo que ser un depredador de puntos para mejor convivencia o supervivencia con gente como Kikanovic y Slavnic (vaya dos pájaros), con el valls en equilibrio de Delibasic, ser recibido por Kresimir Cosic y luego enseñarle lo que era la reprezentacija plavi (la selección) a Drazen Petrovic. Para tanto éxito y tanto ego en aquellos vestuarios me alegra que lo que más disfrutara fuera del camino en compañía. En esta época de solitarias cabezas agachadas reverenciando al teléfono móvil, que nos digan que el sentido de la vida es socializar de verdad, nos debería dar una pista sobre el auténtico sentido de la vida.
Además, se cumplieron cinco años del terrible accidente que mató a Kobe Bryant, a su hija Gianna, al piloto del helicóptero y a otras seis personas que, o eran entrenadores de cantera o compañeras de Gianna o familiares de las mismas. También era domingo aquella tarde española, también era domingo cuando lo de Fernando Martín. Temperamentos especiales en la cancha, personalidades difíciles fuera. Parecía que querían vivir la vida a tope de esencia porque sabían que su tiempo aquí no iba a ser mucho. Jugadores inolvidables, iconos generacionales. Imperfectos, con sus sombras.
Cuando se retiró, Kobe decidió dedicar esfuerzos y tiempo a estar cerca de su hija y su equipo de baloncesto. Entrenándolas, patrocinando, apoyando de verdad. No se quedó en la grada para criticar árbitros, a los técnicos o para usar un mando de la Play Station imaginario para que su hija jugara como él quería que jugara. Gloria por eso para él. Tomen nota.