Una vuelta detrás de Esteban Ocon, y otra, y otra, y otra y al final Carlos Sainz acabó desesperado, abroncando a su equipo, cometiendo errores. Fue el mayor damnificado por el pelotón que organizó el francés detrás de Max Verstappen y Fernando Alonso y, al mismo tiempo, el piloto que más posiciones perdió respecto a la parrilla. De su cuarto puesto de salida al octavo puesto en meta. Y eso que su lugar era claramente el podio.
Desde el principio estaba claro que el español era más rápido que Ocon, pero entre los muros de Montecarlo no pudo superarle. Quiso hacerlo en la chicane y acabó chocando contra él. Quiso hacerlo en su primer paso por boxes y Ferrari erró el momento, demasiado temprano. Y quiso hacerlo finalmente bajo la lluvia y sufrió el trompo que le retrasó.
“Podíamos haberlo hecho mejor. La primera parada me sorprendió porque había cuidado mucho el neumático y podía haber aguantado, me metieron demasiado pronto. Luego volví a salir detrás de Ocon y me frustré. Fui víctima de la frustración, por eso fallé. Igualmente es mejor que me pase este año porque el coche no está donde queremos que esté”, aseguró Sainz.
Su resultado le llevó a perder un puesto en el Mundial -ahora es sexto por detrás de George Russell– y confirmó el mal año para Ferrari, entre sus problemas con la degradación, las estrategias erradas y los fallos de los pilotos. De hecho, pese a las decepciones, Sainz es el mejor piloto de la escudería, por delante de Charles Leclerc, que en su casa sólo pudo ser sexto.
Ya nadie se acuerda, pero la revolución empezó con un ridículo. Hace una década, Eliud Kipchoge, el mejor maratoniano de la historia, ganó en Boston después de correr media carrera con las plantillas de sus Nike por fuera. Avanzaba y las plantillas se escurrían de sus zapatillas por los talones. Una chapuza.
Desde ese día cambió de modelo. Ese día cambió la historia.
En 2017 Kipchoge estrenó las Nike Vaporfly, las primeras zapatillas mágicas, las primeras con placa de fibra de carbono, y todo se precipitó. El propio Kipchoge batió dos veces el récord del mundo de maratón, todas las marcas presentaron modelos parecidos, cambiaron de arriba abajo la lista de los mejores tiempos de la historia, un portento llamado Kelvin Kiptum se quedó a 35 segundos de romper la barrera de las dos horas y...
Y ya está.
Hasta ahora cada temporada aplaudió nuevas plusmarcas, nuevos asombros, nuevas gestas; este 2025 no. El año atlético ha finalizado sin grandes registros. ¿Se ha acabado el efecto de las zapatillas mágicas?
Parón a varios niveles
En categoría masculina, este curso solo se han registrado cuatro de los 30 mejores tiempos de la historia de maratón y en categoría femenina, seis de los mejores 30. Nadie ha bajado de las dos horas y dos minutos y no ha aparecido ningún joven capaz de heredar el trono del recientemente retirado Kipchoge. Ni tan siquiera Sebastian Sawe, vencedor de Londres y Berlín.
«Se ha parado el crecimiento exponencial que generaron las Vaporfly y es lógico. Ya llevamos casi 10 años con zapatillas con carbono, ya hay marcas realmente exigentes, ya no es tan fácil que haya diferencia», analiza Ignacio Barranco, maratoniano y redactor de la revista 'Corredor'.
Kai ForsterlingEFE
«Es algo que se ve a varios niveles. En el maratón de Valencia, por ejemplo, hubo un boom de corredores por debajo de dos horas y 30 minutos que ya se ha estancado», añade Barranco, que en cambio señala la aparición de Sawe como relevante para el futuro, así como el cambio al maratón del ugandés Jacob Kiplimo.
«No hay nadie que esté cerca de las dos horas como estuvo Kiptum, pero es que lo suyo... Yo no sé si volveremos a ver un prodigio así», apunta con otros motivos para la detención del progreso en maratón.
La trágica muerte a principios de 2024 del plusmarquista mundial impidió descubrir de lo que era realmente capaz. Además, en Kenia ha habido cambios.
Poco antes de la revolución de las zapatillas mágicas, la Federación Internacional de Atletismo escogió a un nuevo presidente, Sebastian Coe, y este tomó una decisión trascendental. Cuando llegó al cargo, decidió que el trabajo de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) no era suficiente en países concretos, como Kenia, y que había que recolectar sus propias muestras, utilizar sus propios laboratorios y contar con sus propios inspectores para luchar contra los tramposos.
Y funcionó. En el país africano cada año hay más sanciones, es decir, cada vez el deporte es más limpio y eso también puede haber frenado los récords. ¿Qué pasará en el futuro?
O un héroe o un invento
Para que vuelva la incertidumbre, aquella que hacía que el público se agarrara a la silla cada vez que se corría un maratón, aquella que acercaba a la humanidad a la barrera de las dos horas, se necesitan dos cosas: un nuevo héroe y una innovación. Ambas cosas parecen lejanas.
De momento nadie apunta a ser el nuevo Kiptum y las marcas de zapatillas están ahora rentabilizando todo lo invertido en I+D hace 10 años.
«Tienen que sacar nuevos modelos cada año y es difícil que todo sea muy innovador. Además ahora el reglamento ya está limitado. Últimamente lo que más se ha hecho es jugar con la posición de las placas de fibra de carbono, pero eso no parece que suponga mucho cambio en los tiempos», observa Barranco, que es optimista sobre el año que viene.
«Veremos a alguien por debajo de los 2:02, seguro», comenta. Y sobre lo que vendrá a largo plazo, añade: «Con las zapatillas mágicas sí ha quedado claro que ya no se necesita mucha experiencia para dominar el maratón. Vendrá un atleta fresco, incluso con cierta inconsciencia, y lo reventará».
Las zapatillas mágicas ya son simplemente zapatillas y a ver de dónde sale la magia.
«Fue un sábado, lo recuerdo. El domingo anterior había ganado un torneo ITF de veteranos aquí en Hong Kong, pero durante la semana sintó mucho dolor en la espalda y al final fue al hospital. Empezaron las pruebas. Y en el análisis de sangre vieron que tenía los leucocitos muy altos. Podía ser una infección o algo más serio así que le hicieron una biopsia. Solamente 48 horas después, el lunes, ya le habían diagnosticado una leucemia linfoblástica aguda y empezaba con la quimioterapia».
Habla Ayelen Alcover al salir del hospital Queen Mary de Hong Kong, donde su marido, David Català, entrenador y ex tenista, lleva un mes ingresado luchando contra una leucemia. A sus 36 años los médicos son optimistas con su recuperación, «tienen mucha esperanza», aunque necesita algo primordial en su caso: dinero. El tratamiento en Hong Kong -donde reside- es caro, especialmente un medicamento oncológico específico llamado Ponatinib y por eso Alcover ha iniciado un crowdfunding en la web GoFundMe. Català necesita unos 30.000 euros y ya lleva más de 23.000. «Estamos extremadamente agradecidos por la cantidad de apoyo que hemos recibido. Nos han ayudado amigos, conocidos, conocidos de conocidos, incluso desconocidos, es muy bonito», admite Alcover.
¿Se plantearon la vuelta a España, donde el medicamento es gratuito?
Hubiera sido arriesgado y muy difícil de gestionar. Según nos dijeron, David necesitaba empezar la quimioterapia de inmediato y en pleno tratamiento no puede coger un avión. Además llevamos 15 años en Hong Kong, tenemos tres hijos escolarizados aquí, yo tengo mi trabajo... Fue todo tan rápido que ni nos lo planteamos.
¿Cómo acabaron mudándose a Hong Kong hace 15 años?
Vivíamos y trabajabamos en Tarragona, pero la Federación de Tenis del Hong Kong ofreció un contrato de entrenador a David y pensamos que por qué no probarlo. Éramos jóvenes. Nos lo planteamos como aventura de dos años como máximo. Pero nos encantó el lugar, nos enamoramos y ya nos quedamos.
"Lo han pillado pronto"
Nacido en Tarragona y formado en el Club de Tenis Tarragona, David Català fue uno de esos muchos currantes del tenis que rozan con los dedos el circuito ATP, pero que nunca llegan a disfrutarlo. En su juventud jugó varios torneos Futures y Challenger y se enfrentó a rivales como Albert Ramos y Joao Sousa, que llegarían a estar entre los 30 mejores del mundo, hasta que dijo basta. Llegó un momento en el que el dinero ya no alcanzaba. Como tantos en su posición, se puso a entrenar a jóvenes, pero un día apareció Hong Kong. A través de dos amigos que ya se buscaban la vida por el mundo, Jaume Monfort y Pepe Caballero, Català supo de una oferta en la región autónoma de China y se lanzó a la aventura junto a su pareja. Desde el inicio, le fue muy bien.
Tan bien le fue que al poco tiempo le hicieron seleccionador y hasta le nacionalizaron. En 2014 se convirtió en el primer tenista español en jugar la Copa Davis con un país extranjero y, aunque no consiguió salvar a su equipo del descenso al Grupo III, el más bajo de la competición, se hizo referente.
En los últimos años le habían contratado como manager en un club mientras preparaba un Ironman y seguía jugando torneos ITF para mayores de 35 años.
«Lo han pillado pronto, lo están atendiendo muy bien y tiene a su favor que es joven y deportista», comenta su mujer, Alcover, que expone que estos días Català será sometido a una punción lumbar para saber el efecto de la primera fase del tratamiento antes de comenzar la segunda. «Según me explicaron los médicos lo importante es que el cáncer no vaya al cerebro», cuenta Alcover, siempre en positivo.
En plena lucha cuenta que, más allá del dinero, ha encontrado en su petición de GoFundMe una manera de relatar lo ocurrido y concienciar a los jóvenes para que no duden en hacerse revisiones médicas. «Vamos día a día. Con una enfermedad así no hay que plantearse plazos. El único plan es luchar para que David se recupere y que pueda ver cómo crecen sus hijos», finaliza Alcover desde Hong Kong.
Jannik Sinner puede dejar de hacer números: el 5 de mayo, cuando finalice su sanción de tres meses por dar positivo en un control antidopaje, seguirá siendo el número uno del ranking ATP. Matemáticamente ya es imposible destronarle. Aunque se vaya a perder hasta cuatro torneos Masters 1000 -Indian Wells, Miami, Montecarlo y Madrid-, el italiano seguirá en lo más alto de la lista en Roland Garros gracias a su ventaja y al desacierto de sus perseguidores.
Si Carlos Alcaraz navega últimamente bajo la tormenta, Alexander Zverev está sumergido en ella. Este martes, el alemán perdió en su estreno en el Masters 1000 de Montecarlo ante Matteo Berrettini por 2-6, 6-3 y 7-5 en un partido de mala suerte y malas decisiones.
A Zverev le falló la fortuna en el sorteo del cuadro monegasco -fue una faena tener que debutar ante un tenista como Berrettini-, pero sobre la pista pudo hacer más. Muchísimo más. Desde su derrota en la final del Open de Australia ante Sinner, el alemán ha ganado sólo seis de sus 12 partidos, con tropiezos escandalosos, como ante Tallon Griekspoor en el debut en Indian Wells. Francisco Cerundolo, Francisco Comesaña, Learner Tien y Arthur Fils fueron sus otros verdugos en los últimos meses mientras él ofrecía un tenis triste.
Sin una pizca de agresividad, más apático que nunca, Zverev ha dejado de ser Zverev. En sus últimas apariciones, simplemente ha sido un excelente sacador. "La presión por el número 1 me mató", admitió Alcaraz días atrás y puede haberle pasado a Zverev, pero pesa más la final perdida en Melbourne, otra más, la tercera ‘gran’ derrota para él. A sus 27 años, duele el vacío por la ausencia de un título de Grand Slam en su palmarés.
Aunque a sus 27 años, también tiene tiempo para recuperarse. Finalista el año pasado en París, tiene toda una gira sobre arcilla para rehabilitar su orgullo y rehacer su juego. Este martes, en el primer set ante Berrettini, advirtió una mejora, pero le faltó carácter cuando su rival respondió. Tampoco era fácil. De vuelta de una larga racha de lesiones, el italiano es uno de esos tenistas que pueden aspirar a todo si su propio cuerpo le respeta y entra en estado de gracia.
Cuartofinalista en Miami, ante Zverev consiguió la victoria más importante de su carrera en cuanto a ranking -la primera ante un Top 2- a base de inteligencia. Defendió todo lo que tenía que defender y atacó cuando debía, como en un intercambio sublime en los últimos minutos que alcanzó los 48 golpes. En ese tercer set, llegó a acumular cuatro errores cuando sacaba para ganar con 5-4, pero se recompuso, recuperó su break y cerró su triunfo. Una alegría para él y para su país: Mientras dure su sanción, nadie le quitará el número uno a su compatriota Sinner.