Una vuelta detrás de Esteban Ocon, y otra, y otra, y otra y al final Carlos Sainz acabó desesperado, abroncando a su equipo, cometiendo errores. Fue el mayor damnificado por el pelotón que organizó el francés detrás de Max Verstappen y Fernando Alonso y, al mismo tiempo, el piloto que más posiciones perdió respecto a la parrilla. De su cuarto puesto de salida al octavo puesto en meta. Y eso que su lugar era claramente el podio.
Desde el principio estaba claro que el español era más rápido que Ocon, pero entre los muros de Montecarlo no pudo superarle. Quiso hacerlo en la chicane y acabó chocando contra él. Quiso hacerlo en su primer paso por boxes y Ferrari erró el momento, demasiado temprano. Y quiso hacerlo finalmente bajo la lluvia y sufrió el trompo que le retrasó.
“Podíamos haberlo hecho mejor. La primera parada me sorprendió porque había cuidado mucho el neumático y podía haber aguantado, me metieron demasiado pronto. Luego volví a salir detrás de Ocon y me frustré. Fui víctima de la frustración, por eso fallé. Igualmente es mejor que me pase este año porque el coche no está donde queremos que esté”, aseguró Sainz.
Su resultado le llevó a perder un puesto en el Mundial -ahora es sexto por detrás de George Russell– y confirmó el mal año para Ferrari, entre sus problemas con la degradación, las estrategias erradas y los fallos de los pilotos. De hecho, pese a las decepciones, Sainz es el mejor piloto de la escudería, por delante de Charles Leclerc, que en su casa sólo pudo ser sexto.
En las horas previas la ATP anunciaba que era el primer enfrentamiento entre Carlos Alcaraz y Pedro Martínez, compañeros en la Copa Davis con España, pero no era cierto. En 2019, en el challenger de Murcia, un Alcaraz de apenas 15 años ya venció a Martínez, entonces de 21, y estableció las diferencias entre ambos. Martínez, un tenista capaz de aguantar largos intercambios, sufrió entonces con su servicio y acabó derrotado por Alcaraz, pese a su adolescencia, pese a su falta de experiencia. Este viernes, en los cuartos de final del ATP 500 de Rotterdam ocurrió lo mismo. De hecho, los seis años de diferencia entre ambos enfrentamientos lo único que hicieron fue exagerar su distancia.
Como le ocurrió en el encuentro anterior ante Andrea Vavassori -que también disputó aquella edición del challenger de Murcia-, Alcaraz volvió a disfrutar de una victoria plácida, en este caso por 6-2 y 6-1 en una hora y 10 minutos de juego. Por su superficie, el torneo holandés se planteaba como una dura prueba para el español y de momento está siendo sólo un entrenamiento. Este sábado, en semifinales, ante el ganador del duelo entre Andrei Rublev y Hubert Hurkacz tendrá un verdadero test; si lo vuelve a superar con holgura, ya sólo le quedará la final ante Alex de Miñaur o el sorprendente Mattia Bellucci.
Ante Martínez, Alcaraz tan sólo necesitó concentración. Desde el primer juego, el número tres del mundo se abalanzó sobre el débil servicio de su compatriota y dominó el encuentro. Martínez apenas logró el 50% de sus puntos con su primero y un 40% con su segundo para ceder un break tras otro. Su estrategia era valiente: notable defensor, propuso un juego creativo, con muchos cambios de ritmo y muchas subidas en la red, pero con ello apenas logró estirar el encuentro. Poco más. Muy consistente con su saque, Alcaraz nunca llegó a dudar. Ganando 29 de sus 36 puntos al servicio, sólo necesitaba esperar para apretar a Martínez en su turno.
Sander KoningEFE
Le queda a Martínez el consuelo de su buen resultado en Países Bajos después de ganar a Roberto Bautista en primera ronda y de superar a Holger Rune en segunda ronda. Pese a los problemas físicos del danés, afectado por un catarro, quedará igualmente como la primera victoria del español ante un Top 10 en pista rápida. El próximo lunes Martínez aparecerá en el número 40 del ranking ATP y volverá a su lucha por escalar en los torneos grandes.
Aparece Rafa Jódar, con sus 17 años, y sus 1,90 metros, y su juego directo, y sólo queda una certeza: el tenis español tiene futuro. En los últimos tiempos no ha celebrado muchos éxitos que no fueran de Carlos Alcaraz, pero la cantera sigue rebosando talento. En el US Open júnior, por ejemplo, en las últimas cuatro ediciones ha habido tres campeones españoles: Dani Rincón en 2021, Martín Landaluce en 2022 y Jódar este 2024, una racha que no había encadenado ningún país. En la final del Grand Slam estadounidense de este sábado, en la inmensidad de la pista Arthur Ashe, Jódar al noruego Nicolai Budkov Kjær, el ganador del último Wimbledon junior, el número uno del mundo en menores de 18 años, por 2-6, 6-2 y 7-6(1).
"Estoy viviendo un sueño ahora mismo. Ha sido una batalla preciosa y me gustaría felicitar a Nicolai por el partido. Ha sido un placer jugar contra él", comentaba Jódar en sala de prensa con una educación exquisita.
De Leganés, formado por su padre y por los entrenadores del Club de Tenis Chamartín, Jódar empezó a pelotear en su garaje, para luego practicar en unas pistas de pádel cercanas a su casa y descubrir la competición a los siete años. El año pasado ya dio la campanada al ganar por sorpresa y con sólo 16 años el Campeonato de España junior y desde entonces combina las sesiones en su club con 'stages' en la academia BTT de Sant Cugat, donde aprende de Francis Roig, ex entrenador de Rafa Nadal. Precisamente Nadal fue su ídolo de infancia -el primer partido que vio en televisión fue la final del Open de Australia de 2012 perdida ante Novak Djokovic- y un espejo en el que mirarse, madridista como él, aunque el estilo de ambos es muy distinto.
Con su físico, Jódar se acerca más al tenis de Jannik Sinner, el actual número uno del mundo, pese a que todavía le queda mucha formación. Antes del US Open junior, el español se había comprometido con la Universidad de Virginia para jugar allí a partir de enero, aunque ahora podría intentar un salto temprano al circuito ATP. "No puedo decir lo que voy a hacer. Para ser sincero, todavía no lo he decidido", aseguraba después de levantar el título más importante de su corta carrera.
En los pasillos del Aorangi Park, donde están las pistas de entrenamientos anexas a Wimbledon, Carlos Alcaraz y Jannik Sinner coincidieron este sábado al mediodía. Ambos habían reservado a las 12.30 horas, justo antes de comer. «Tutto bene?», preguntó Alcaraz en italiano, un idioma que chapurrea. «Bene», respondía Sinner. Y ya está. El español se fue a la pista 1 con todo su equipo, siete hombres, y el italiano se marchó a la pista 8 más solo que la una, después llegaron sus dos entrenadores. En cualquier otro momento la conversación entre los dos primeros del ranking ATP hubiera sido más larga, pero ayer era imposible. ¿Qué se podían decir?
En la previa de una final hay tensión, más en esta final. Apenas un mes después de la histórica remontada en el último Roland Garros, Alcaraz y Sinner se vuelven a enfrentar este domingo en disputa por el título de Wimbledon (17.00 horas, Movistar+). En sus mentes continúa fresco el recuerdo de lo ocurrido, pero hay algo más. Ni Alcaraz ni Sinner son los mismos y lo que ocurra en la pista central del All England Club puede confirmar el reparto de papeles de una rivalidad que hasta ahora está desequilibrada.
Un Alcaraz más maduro
Antes de lo ocurrido en París, Alcaraz ya había derrotado en Sinner todos sus duelos de 2024 y 2025 -ahora son cinco triunfos consecutivos-, pero sólo con la Copa de los Mosqueteros en las manos entendió su superioridad. Hasta que salvó aquellas tres bolas de partido, el español aún agrandaba sus defectos, incluso se infravaloraba -más sobre superficies duras-, pero ya no. Desde su primer partido posterior a Roland Garros, se ha visto un Alcaraz diferente, con más confianza que nunca, relajado en todas las situaciones, consciente de su preeminencia.
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«Ya tocaba madurar», ha bromeado y la broma disfraza la verdad. Ya no es aquel artista que depende de su inspiración, busca diversión y celebra cada genialidad; ahora a veces se impone por oficio. Si él juega a lo suyo, únicamente un adversario puede inquietarle y ese es Sinner. «La final de Roland Garros me enseñó que un partido puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos y que debo dar el 100% en cada punto. Es lo que hay que hacer siempre», comentó tras derrotar a Taylor Fritz en semifinales y reconocer que no ha vuelto a ver en televisión su gesta ante Sinner en París, sólo «algunos clips». «Creo que mi victoria allí no va influir aquí. Hace años que Jannik aprende de las situaciones más difíciles y vendrá más fuerte. Vendrá con más hambre, pero lo bueno es que ya sé que será así», aseguró Alcaraz, que admitió que si pudiera quedar con un golpe de su rival se haría «con su revés, especialmente deslizando con la pierna izquierda».
En su entrenamiento de este sábado, Alcaraz hizo ejercicios de movilidad, golpeó de derecha con su hermano Álvaro como sparring, descansó un buen rato cobijado a la sombra, practicó saques y luego estuvo jugando con su equipo a una especie de petanca.
El trabajo de Sinner
Unos metros más allá, pum, pum, pum, pum. El método de uno y otro no tenía comparación. Durante una hora y media, Sinner estuvo pegando raquetazos a diestro y siniestro sin parar ni para beber agua. Cuando Alcaraz se marchó, ahí seguía el italiano.
Después de caer en París pasó 15 minutos llorando en el vestuario -lo explicó su fisioterapeuta y le costó el puesto-, pero luego se fue a la casa de sus padres en los Alpes para recobrar el ánimo. «Hicimos una bonita barbacoa, jugué al ping-pong con amigos... tuve dos o tres días de descanso. Cada tenista se toma las derrotas de una manera diferente. Desde Roland Garros he entrenado muy duro, más duro que nunca, para mejorar como jugador. Y ese es el motivo por el cual estoy en otra final», proclamó el italiano después de superar a Novak Djokovic en semifinales.
HENRY NICHOLLSAFP
Si no hubiera caído como cayó en el último Grand Slam, su trayectoria en Londres parecería impecable, pero ha habido indicios de que puede temblar ante Alcaraz. Como le pasó en Queen’s en su derrota en octavos ante Aleksandr Bublik, en octavos de Wimbledon se observó superado por Grigor Dimitrov. Estaba confuso, incluso decaído. Aquel encuentro encendió las alarmas alrededor de Sinner, aunque después de su triunfo en semifinales se reivindicó. «Si tuviera cosas en la cabeza no hubiera llegado a donde estoy. Estoy muy contento de volver a compartir pista con Carlos. Será difícil, ya lo sé, pero lo estoy esperando. No sé qué sentiré antes o durante el partido, te lo diré después. Pero ahora mismo estoy encantado de volver a luchar por un título», finalizó.