El presidente de la competición, Javier Tebas, y el embajador de Brasil en España, Orlando Leite se reunieron este viernes tras lo ocurrido con Vinicius el pasado domingo en Mestalla
El presidente de LaLiga, Javier Tebas (izq) y el emabajador de Brasil en España, Orlando Leite, durante su reunión de este viernes en la sede de LaLiga.LaLiga
El presidente de LaLiga, Javier Tebas, y el embajador de Brasil en España, Orlando Leite Ribeiro, se reunieron este viernes, en la sede de LaLiga, tras lo acontecido el pasado domingo en Mestalla con Vinicius Junior. Ambos condenaron “cualquier manifestación racista” y mostraron su compromiso para “seguir luchando seguir luchando contra esta lacra que afecta al deporte y compromete la imagen de España“.
En el comunicado emitido añadieron que “no hay lugar en el mundo contemporáneo para actos racistas como los ocurridos el 21 de mayo en Valencia“, contra el futbolista del Real Madrid.
Por último, tanto Tebas como Leite remarcaron la importancia de que “las instituciones competentes actúen para identificar y castigar ejemplarmente a los infractores, enviando un mensaje claro de que las manifestaciones racistas y xenófobas no serán toleradas”.
Con el minuto de silencio pertinente en recuerdo a las víctimas de Adamuz, secundado por pancartas en Salónica que recordaban también uno muy similar hace 3 años en Tesalia, el Betis inició sus encuentro para asegurar el top'8, pero la inesperada derrota le dejó deberes para la última jornada.
El Betis comenzó titubeante e impreciso ante un PAOK de Lucescu que tuvo la primera ocasión del partido bien atajada por Pau López. Los sevillanos tenían la posesión, pero el peligro estaba en las contras griegas. Muchos no habituales en el once de Pellegrini sin contar con las importantes ausencias como la de Isco o el Cucho que mermaban considerablemente las posibilidades ofensivas de los verdiblancos.
El referente era Fornals, que vive un momento dulce en el equipo y era el que comandaba todos los ataques de los verdiblancos. Un amague suyo valió para que Ruibal tuviera la primera oportunidad clara para inaugurar el marcador, pero tapó bien Tsiftstis. Al filo del descanso, tras un saque de falta, fue Pablo García el que estuvo a punto de marcar, pero el balón, desviado por un defensor, se fue lamiendo el poste.
Sin embargo, tras la salida de los vestuarios, los griegos hicieron valer su papel de locales y empujaron hasta que lograron adelantarse en el marcador en un despiste de la defensa del Betis. Zivkovic transformó una asistencia acrobática de Giakoumakis. Y unos minutos después a punto estuvieron de doblar la distancia con otro centro lateral, pero el VAR anuló el tanto del delantero griego.
Sin embargo, un penalti de juventud de Morante, hijo del famoso torero, que transfromó Giakoumakis convirtió la remontada del Betis en un imposible. Los deberes de los de Pellegrini quedan para la última jornada en la que tendrán que ganar al Feyenoord, que se juega estar entre los 24.
La historia de J.J. Spaun parecía condenada a ser una más de las tantas que suceden en el mundo del deporte. Un jugador modesto que se atreve a desafiar a los más grandes en los mejores escenarios y que termina ahogado en su intento. Así transcurría este domingo el desenlace del US Open, donde Spaun arrancó con cinco bogeys en sus seis primeros hoyos. Fin. Cuarenta golpes en los primeros nueve hoyos y todo parecía tener un final cruel, como en el pasado The Players Championship, donde cayó en el desempate del lunes frente a Rory McIlroy.
Sin embargo, las bocinas salvadoras sonaron y el juego en Oakmont se interrumpió durante 96 minutos. Una tormenta descargó con fuerza, Spaun se cambió de ropa, se relajó y volvió al campo como si fuera un jugador diferente. Dos horas y media más tarde, dejaría para siempre su estatus secundario.
El nuevo ganador del US Open nació de la unión de un padre mexicano (habla perfectamente castellano) y una madre filipina tan obsesionada con el golf que el primer swing de J.J. fue cuando aún estaba en su interior: Dollie Spaun continuó jugando en el campo de pares 3 de South Pasadena (California) hasta el octavo mes de gestación.
Aptitudes desde la infancia
Cuando era un niño, enseguida mostró buenas habilidades como golfista y con el manejo del skate, aunque nunca destacó de forma extraordinaria. "Solo traté de seguir esforzándome, lo que hice durante toda mi vida", comentaba emocionado en la jornada final del US Open como metáfora de su propia vida. "Mi planteamiento fue que, por mal que fueran las cosas, tenía que comprometerme con cada golpe. Seguí luchando. Afortunadamente, lo hice en los nueve segundos, las cosas se alinearon... y aquí estamos con el trofeo".
Así analizó su victoria un jugador que comenzó en el Circuito Canadiense, donde en sus primeros años apenas acumuló 800 dólares en ganancias, interesante contraste con el cheque de 4,3 millones que se embolsó el domingo. Después de las penurias iniciales en 2015, logró proclamarse jugador del año en el Circuito Canadiense y ascender al Korn Ferry Tour, segunda división del PGA Tour.
"No fui preparado para ser profesional. Todo sucedió paso a paso. Junior golf, golf universitario, me hice profesional... y ahora estoy aquí con el trofeo del US Open", insistía Spaun. Nunca fue favorito, no se formó en academias de élite ni jugó con los mejores juniors de Estados Unidos; disputó torneos normales de club, de los que se organizan cada domingo, y todo lo que logró fue paso a paso. Sin embargo a base de cavar, ascendió al PGA Tour y logró ganar en Texas en 2022, su única victoria hasta la de este domingo.
Una madrugada caótica
En la fecha definitiva todo empezó mal, salió nervioso y agotado en el tee del hoyo uno, a mitad de la noche su hija enfermó y tuvo que recorrerse de madrugada el centro de Pittsburgh en busca de una farmacia de guardia. "Vomitó toda la madrugada. Fue un inicio de día caótico. No la culpo por mi mal comienzo, pero encajaba con todo lo que estaba ocurriendo", describió en la rueda de prensa.
Por si fuera poco, en el hoyo 2, el destino retorció un poco más las ilusiones del norteamericano. Pegó un gran segundo golpe, pero su bola impactó en el mástil de la bandera y salió despedida fuera de green. De una oportunidad clara de birdie a un nuevo bogey. "Todos hicieron '¡oooh!' en vez de aplaudir y supe que había pasado algo raro. Fue una situación de dos golpes", relató sin amargura. Reaccionó con un simple gesto de resignación. Nada de rabietas. "Es el US Open. No puedes permitir que la frustración te domine tan temprano".
El 'putt' de Spaun en el hoyo 18 que le dio el triunfo en Oakmont.EFE
Afortunadamente, el parón fue un regalo del cielo: "Me vino bien. Reinicié todo" y, en los segundos nueve hoyos, pasó al ataque. Se acordó de un consejo que Tiger Woods dio a Max Homa. "No hay que hacer nada loco en un US Open, solo mantenerse ahí. Y hoy lo recordé: estaba cuatro golpes atrás antes del parón y en cuatro hoyos ya estaba empatado en la cima".
Y en el 18, la apoteosis, un putt de casi 20 metros para convertirse en ganador de major y ser el único superviviente a Oakmont bajo el par. Hace un año, Spaun estaba al borde de perder la tarjeta. Es campeón del US Open. ¿La clave? "Aceptar que, si esto se acababa, iba a caer luchando. Así me lo dice mi coach: 'si vas a fallar, hazlo intentando el golpe que quieres. Ve hasta el final'".
Spaun también convive con una diabetes que le hace estar permanentemente controlado. "Fue como un cuento. Todo se dio como si estuviera escrito. En medio de la niebla, con mi familia ahí... simplemente mágico", la voz se le entrecortaba. No solo es una victoria, es el respeto de todo el mundo. J.J. Spaun jamás volverá a ser ese jugador invisible. En Oakmont, además del trofeo y el cheque, ganó el crédito suficiente para demostrar que hay otras formas para llegar a la cima tan respetables como el talento.
El Barça de Hansi Flick parece estar abonado últimamente a las remontadas. Frente a un Valladolid ya matemáticamente descendido a Segunda División, el alemán tuvo que sacar finalmente de la nevera a varios jugadores reservados para el trascendental choque frente al Inter del próximo martes para superar el tanto inicial de los locales y hacerse con el triunfo. Un 1-2 que le permite, al menos, mantener las distancias con el Real Madrid a una semana de que los dos grandes protagonicen el segundo clásico liguero de esta temporada.
El resultado logrado en el José Zorrilla, tal vez, sirve también para espolear a los barcelonistas con vistas a ese duelo a vida o muerte en San Siro en la que se jugarán con el equipo neroazzurro la presencia en la gran final de la Champions, que tendrá este año como escenario el Allianz Arena de Múnich.
Pensando mucho en el Inter, tal y como lo adelantó en la rueda de prensa previa al partido, Hansi Flick introdujo un buen número de rotaciones en su equipo titular. A la práctica, el único jugador de campo que podría considerarse a todas luces parte de su equipo de gala fue un Pedri a quien optó por no darle descanso de inicio. Algo en lo que, quizás, también tuvo que ver la lesión en los entrenamientos de Pablo Torre.
Al lado del canario formaron Gavi y Fermín. En la zaga, mientras, para arropar al regresado Marc-André ter Stegen, el alemán alineó a Héctor Fort, Araujo, Christensen y Gerard Martín y, en ataque, tiró de un debutante, Dani Rodríguez, para acompañar a Pau Victor y Ansu Fati.
El plan de partido del alemán, no obstante, se vino pronto abajo. Cuando apenas se habían jugado los primeros seis minutos del duelo, un disparo de Iván Sánchez desafortunadamente desviado por un rebote en Araujo puso por delante al conjunto pucelano. Los azulgrana trataron de responder rápidamente, con un remate acrobático de Pau Víctor cómodamente desbaratado por un André Ferreira que aún pondría en su haber al menos un par de buenas intervenciones más antes de que llegara el descanso.
El golpe más duro, con todo, sería ver cómo Dani Rodríguez debía dar paso a Lamine Yamal después de que se le saliera el hombro derecho, no antes de dejar varias pinceladas sobre su capacidad de desborde en ataque.
Ansu Fati, por su parte, trató de gustar, tal y como ya lo hizo en el último partido frente al Mallorca. Pero, en demasiadas ocasiones, combinó malas selecciones ofensivas con un poco de lentitud a la hora de ejecutarlas, si bien si pudo sacarse de la chistera un disparo bien atajado por el meta local. Los barcelonistas trataron por todos los medios de irse al descanso por lo menos con la igualada en el marcador, pero no acabaron de estar del todo acertados en su búsqueda. Por eso, tal vez, Flick tiró tanto de Raphinha como de Frenkie de Jong tras el descanso, en busca de hacerse con tres puntos vitales en esta recta final del campeonato.
La remontada
Y la jugada, en este caso, le salió bien. Raphinha, tras un rechace a la desesperada de André Ferreira ante un centro envenenado de Lamine Yamal bien complementado por el acoso de Araujo, puso el 1-1 antes de que se cumplieran los primeros 10 minutos de la segunda parte. Y Fermín, tras un buen centro de Gerard Martín, se encargó de sellar el 1-2 apenas seis minutos después. Dos tantos con los que los azulgrana acabaron por castigar a un Valladolid que, tras el desgaste de los primeros 45 minutos, había apostado por acercarse cada vez más a las inmediaciones de su propia área.
Héctor Fort, tras revolverse dentro del área como todo un delantero centro, enviaría un buen rato después un balón a la cepa del poste derecho de la portería de André Ferreira que bien habría podido convertirse en la sentencia. Latasa, tras una acción en la que los locales rompieron aparentemente el fuera de juego, obligó a Ter Stegen a lucirse para evitar una nueva igualada. Y Candela, en la otra área, cuando el partido moría, le negó el gol a Lamine Yamal casi sobre la línea y Ferreira hizo lo propio también con Olmo en un final de partido en el que el marcador, a pesar de todo, ya no volvería a moverse.