Cristiano Ronaldo con el nuevo seleccionador portugués Roberto Martínez.MIGUEL A. LOPESEFE
En 2015, los líderes de 195 países establecieron unos objetivos humanos y medioambientales para este planeta. Unas metas a las que acceder en los siguientes tres lustros. Las especificaron en la llamada Agenda 2030.
El tiempo pasa. As Time Goes Bye, s
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Los 800 metros eran la prueba globalmente de más nivel y mayor trascendencia, de cara a París, del Campeonato de España de Atletismo, celebrado las pistas alicantinas de La Nucía. Seis hombres corrían en persecución de los Juegos. La carrera se resolvió con el apabullante triunfo de Mohamed Attaoui. El medallista de plata europeo la dominó táctica y físicamente, controlándola desde las posiciones medias y accediendo a la cabeza antes de la última recta, que devoró.
Terminó, relajándose, celebrándolo, en 1:45.03. Tras él peleaban Adrián Ben y Mariano García, que había tomado desde el principio la iniciativa, en busca de la marca mínima de la Federación (1:45.20), que le otorgaría, junto al título, a ser posible, el pasaporte directo a París.
Sin embargo, viniendo desde atrás, inopinadamente, Elvin Josué Canales (1:45.53) le arrebató en el último suspiro la plata a Ben (1:45.55) y el bronce a García (1:45.92). Más atrás, Álvaro de Arriba (1:46.07) y Saúl Ordóñez (1:46.53) no participaron nunca de la fiesta. La Federación deberá ahora resolver qué tres nombres viajarán a los Juegos. Seguros Attaoui y Ben, la duda estriba entre Canales, de origen hondureño que el pasado jueves recibió en transfer de World Athletics para representar a España, y García.
Con la misma claridad que Attaoui se impuso, en los 1.500, Adel Mechaal (3:35.49) en una carrera lanzada desde el principio por un Javier Mirón que obtuvo el premio de la plata (3:36.15). Mario García Romo sigue sin encontrar la forma y las marcas. Su bronce (3:36.31) sabe a poco.
Había mucha expectación por ver, en el triple salto, a Jordan Díaz. Pero, como en el caso de Ana Peleteiro en la prueba femenina, su superioridad es tan incontestable que se limitó a ganar con 17,71. Realizó sólo dos saltos más. Uno de 17,32. El otro, de 17,50. Buenos números, para él rutinarios. Está en magnífica condición a la espera de los grandes momentos.
Los que le aguardan a Quique Llopis, imponente, rápido, técnicamente seguro en los 110 vallas. Bajó de 13.10. Sus 13.09 igualaron el récord de los Campeonatos de Orlando Ortega. Asier Martínez, aún en insuficiente forma, lo vio muy de lejos (13.42).
El sábado, el salto de longitud nos había deparado la agradable sorpresa de ver a Jaime Guerra plantándose en 8,17, por delante de Eusebio Cáceres (8,01). Óscar Husillos bajó en los 400 de los 46 segundos (45.66). Y Jorge Ureña sobrepasó los 8.000 puntos en decatlón (8.102).
Manolo el del bombo era, en la vida civil,Manuel Cáceres Artesero. Pero saltó a la fama y, por así decirlo, se ganó la posteridad con ese apelativo tan... ¿cómo definirlo?... berlanguiano, valleinclanesco, conmovedoramente esperpéntico.
Tan español en el sentido chusco y, por otra parte, profundamente serio de un carácter cada vez más ligado a un país que sociológicamente ya no existe.
Manolo era el superviviente y, en cierto modo, el único ejemplar de un tipo elemental de hincha, que dedica su vida a una causa secundaria, transformada en principal. Una misión tangencial, convertida en nuclear porque se ve cautivo de ella, una vez que se ve reconocido en sus términos por la gente. Una afición derivada en pasión y, más tarde, en obsesión. En una adicción de la que acabó siendo víctima.
La biografía de Manolo, como la de todo ser humano, se contiene en el fondo, a grandes rasgos, entre su nacimiento y su fallecimiento. Manolo nació en San Carlos del Valle (Ciudad Real) el 15 de enero de 1949 y ha muerto, en la Comunidad Valenciana este 1 de mayo de 2025.
Entre esas dos fechas, una peripecia personal, singular, resumida para sus compatriotas en un uniforme de La Roja, una boina y un bombo con el escudo nacional y una leyenda: "Manolo, el bombo de España".
Ha habido muchos "el... de España". Pero sólo un bombo, que significaba la ruidosa sencillez de una predisposición anímica colectiva, no traducida, por pudor, por vergüenza, a algo tan primario como el aporreamiento de un tambor de ese tamaño. Un latido inocente en su puerilidad y excesivo por ensordecedor en su manifestación.
Manolo caía simpático. Recogía el sentimiento general de apoyo al equipo y lo convertía en un acto simple y contundente que nadie más que él se atrevía a protagonizar. Encarnaba el alma fogosa de una afición que depositaba en él lo más primitivo de su aliento. Curiosamente, él no veía los partidos, dedicado a recorrer, sudoroso, enrojecido, las gradas atizándole al instrumento, vuelto de cara al público, entregado a tratar de que los demás se entregaran a su vez a la Selección. Sostenía, y quizás tenía razón, que más de un gol del equipo se debía a su persona.
Manolo el del Bombo, en la inauguración del mundial de 1982Zarco / Archivo Marca
Empezó a crearse y creerse un personaje que se le escapó de las manos desde sus primeros alientos a los equipos representativos de su lugar de residencia: Huesca, Zaragoza, Valencia... Llegar a la Selección fue algo aumentativo y natural. La causa suprema a la que dedicar una existencia llamada a la inanidad social y el anonimato.
Y ya no pudo escapar de su influencia, de su poder de atracción. Ya no pudo retroceder, aunque su devoción le costaba tiempo, dinero y amarguras. Siempre se quejó de que no recibía el apoyo oficial que merecía.
Quienes viajaban al encuentro de la Selección, periodistas y aficionados, le recuerdan arrastrando penosamente el bombo por el pasillo del avión, pidiendo educadamente perdón a los pasajeros por las molestias y colocando el artefacto, con la comprensiva ayuda de las azafatas, allá al fondo, donde no estorbara.
Asistió a 10 Mundiales. Su primer viaje para animar a la Selección fue a Chipre, en 1970. Su último partido, el 23 de marzo, en Mestalla, en el partido que sellaba en pase del equipo a la Final Four de la Nations League. En el mundial de España, en 1982, iba de sede en sede en autostop. Tenía un bar en Valencia, "Tu museo deportivo", junto a Mestalla. Entre gastos por reformas, cierre por la pandemia y otros azares, lo perdió casi todo y quedó en precaria situación económica. "Tendré que vender el bombo para comer", se lamentaba.
En cierto modo, representaba a la España futbolística no triunfal. Cuando el viento cambió, perdió protagonismo y, por así decirlo, "influencia". Ya no se le "necesitaba" tanto. Y ya era un personaje "quemado" en su propia intensidad ya sin contenido. No lo pasó bien casi nunca. Y bastante mal al final de su vida. Pero probablemente, si volviera a nacer, la repetiría. Después de todo, y estas líneas son una prueba, forma parte de la historia, no sólo futbolística, de España.
El Estadio Municipal Natalia Rodríguez de Tarragona acoge desde este viernes hasta el domingo el Campeonato de España de Atletismo, en una temporada presidida por el tardío Campeonato del Mundo de Tokio, del 13 al 21 de septiembre. El campeonato español sirve de trampolín y filtro para el gran acontecimiento. El campeón obtiene el billete directo, siempre que posea la marca mínima establecida por la Federación Internacional, muy exigente, o de la Española, menos dura pero sujeta también a otros severos condicionantes.
Reaparece Jordan Díaz, el campeón olímpico de triple salto, después de 359 días sin pisar las pistas (desde la final olímpica, el 9 de agosto del pasado año). Problemas en el tendón rotuliano de la rodilla derecha, tratada con plasma rico en plaquetas, le han impedido saltar durante tantos meses. Recibió el alta médica hace unos pocos días. Su regreso es, aparte de un atractivo (según se mire, el mayor del Campeonato), una incógnita en la final directa del domingo, a las 20.20 horas.
Teóricamente, incluso en mediana condición, no debe tener rival. Pero un año en blanco del mejor de los atletas en cualquier especialidad puede desbaratar todos los pronósticos. Mucho más si no se ha debido a un mero descanso, sino a una pelea contra unas molestias recurrentes, por no decir crónicas. La recuperación de Jordan Díaz es un objetivo estratégico del atletismo español, amén de un regalo para el universal. No en vano es el principal candidato para romper el férreo récord del mundo de Jonathan Edwards: 18,29 desde el 7 de agosto de 1995. Díaz lidera el ránking histórico español con 18,18 desde junio del pasado año, en el Campeonato de Europa de Roma.
Retorna también María Vicente en el heptatlón de hoy y el domingo. Muy maltratada por las lesiones, en ella tiene España una firme candidata al estrellato internacional en las pruebas combinadas. Reclaman obligada atención Thierry Ndikumwenayo (5.000, hoy a las 21.40) y Jaël Bestué (200 metros, domingo a las 20.35) .
Sevilla, a por el récord de Myers
No todas las pruebas tienen favoritos tan claros y, por así decirlo, en soledad. Los 400 femeninos (este sábado) reúnen a Paula Sevilla, Blanca Hervás, Carmen Avilés y Eva Santidrián. Paula, con una plusmarca personal de 50.70 está al borde de bajar de los 50 segundos y amenazar el récord de Sandra Myers de 49.67, que tiene ya 34 años.
Los 800 femeninos y masculinos, ese mediofondo tradicionalmente tan agradecido con los españoles, se anuncian apasionantes en las finales dominicales de, respectivamente, las 20.45 y 20.55, con Rocío Arroyo, Lorea Ibarzabal, Mohamed Attaoui, Mariano, La Moto, García, Elvin Josué Canales... Hay siete hombres con mínima para Tokio y sólo caben tres en el avión.
Marta Mitjans tiene 18 años y ya ha bajado de los dos minutos en esos 800 (1:59.88). Pero ha priorizado competir en el Europeo sub-20 de la próxima semana. Otra joven ha aflorado súbitamente: Rocío Arroyo, 22 años cumplidos en julio, madrileña de Alcalá de Henares, subcampeona de Europa Sub-23 con 1:59.18, tercera marca española de todos los tiempos, sólo por detrás de Mayte Zúñiga y Maite Martínez. Hasta esta temporada no había corrido los 800.
Las mujeres del 1.500 (Esther Guerrero, Águeda Marqués, Marta Pérez...) se jugarán el título en la matinal del domingo, a las 12:35. Guerrero acaba de batir el récord de España de la milla. Atraen los 1.500 masculinos con Adrián Ben, Nacho Fontes, Carlos Saez y Pol Oriach (domingo a las 12.45). Duelo en los 110 vallas entre Quique Llopis y Asier Martínez (domingo a las 21:25), con la intromisión de Abel Jordán y Daniel Cisneros.