La Fórmula 1 registra récords de audiencia en la televisión de pago, el merchandising vuela y Montmeló espera un llenazo gracias al enorme interés alrededor de Alonso. ¿Cómo lo ha conseguido a los 41 años y tras una década sin victorias?
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Paula Badosa tenía una aclaración que hacer. En mitad de su partido de este viernes de tercera ronda del Open de Australia ante la ucraniana Marta Kostyuk, se quejó a su equipo del viento que azotaba el Melbourne Park y las cámaras enfocaron a su palco. Allí, en la parte superior, estaba su novio, el también tenista Stefanos Tsitsipas, pidiéndole tranquilidad: subía y bajaba sus manos abiertas, «calma, calma». De vuelta a la pista, la televisión captaba cómo Badosa le mandaba a paseo y le señalaba con más gestos que, si tan espabilado era, que bajara él a jugar en esas condiciones.
De inmediato, la escena de Matrimoniadas se hizo viral, rebotada en todas las redes sociales por cuentas de tenis, de deportes y hasta de prensa rosa. Por eso, Paula Badosa tenía una aclaración que hacer. Después de vencer a Kostyuk y al viento por 6-4, 4-6 y 6-3, apareció en rueda de prensa y dejó claro que nunca había abroncado a Tsitsipas. Debajo del griego estaba Pol Toledo, actual entrenador de la española, y era él quien se había llevado la bronca.
«La discusión no fue con Stefanos, fue con mi entrenador. Ya he visto en redes sociales que mucha gente habla de nosotros; es normal porque así conseguirán más visitas. Pero durante los partidos interactúo con mi entrenador. Él me decía que mentalmente aceptara el desafío del viento y en ese momento me estaba resultando difícil. Por suerte pude hacerlo en el tercer set», proclamaba sin negar en ningún momento el conflicto, sí el protagonista. Sobre la pista, la Badosa de siempre: fuerte, incontrolable, suya. Sobre la pista, también, una Badosa nueva: sana, completamente sana.
"Ha olvidado todos los dolores"
Después del calvario de lesiones que le machacaron en 2023, especialmente después de la fractura de estrés entre las vértebras L4 y L5, la española vuelve a disfrutar del tenis y a brillar. Este viernes se clasificó por segunda vez en su vida para octavos del primer Grand Slam del año y este domingo buscará allí lo desconocido ante la serbia afincada en España Olga Danilovic, hija del ex jugador de baloncesto Predrag Danilovic y pareja de Jan Oblak, que sorprendió a Jessica Pegula. Si logra vencer, el límite es el cielo aunque en cuartos tendría un hipotético enfrentamiento ante Coco Gauff y luego en semifinales ante su amiga Aryna Sabalenka. Y si no lo logra, será igualmente un éxito.
Ng Han GuanAP
Hace no tanto, estaba completamente parada, sin poder entrenar, y necesitaba más de tres horas de masaje diarias. «Ahora ha olvidado todos esos dolores, todas esas molestias, no nota nada, ni tan siquiera sobrecarga después de los partidos. Eso hace que su preparación tenística, física y mental sea mucho más sencilla, que pueda llegar más lejos», comenta a EL MUNDO el fisioterapeuta Roberto Martín, jefe de la clínica Ignition de Getafe y responsable de la rehabilitación de Badosa, que expone el plan que tan buenos resultados está dando.
De la mano de su técnico, Toledo, de su preparador físico, David Antona, y de su psiconeuroinmunólogo, Daniel de la Serna, la hoy número 12 del ranking WTA ha aceptado unos cambios en su vida que no eran sencillos, pero sí necesarios. Por ejemplo, ahora no toma gluten ni lácteos para evitar una inflamación del estómago que puede entorpecer el trabajo de la columna vertebral.
El invierno en Dubai con Halep
«Está muy comprometida, esta pretemporada ha cumplido con todo a rajatabla», asegura Martín. Desde Dubai, donde reside, y con Simona Halep de compañera de entrenamientos, Badosa ha potenciado este invierno una mejoría que ya se pudo observar a finales de la temporada pasada. Si antes del pasado Roland Garros un TAC confirmó su recuperación, a partir de entonces voló. Con su título en el WTA 500 de Washington, los cuartos de final del US Open y las semifinales en los WTA 1000 de Cincinnati y Pekín saltó más de 100 puestos en el ranking mundial para volver al lugar que le tocaba.
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«Estoy muy orgullosa de cómo estoy respondiendo ante determinadas situaciones», aceptaba este viernes Badosa, que admitía que para desconectar durante el Open de Australia necesitaba ver en televisión «algo tan extremo» como es el reality La Isla de las Tentaciones. «Cuando cree en sí misma es una de las cinco mejores del mundo», proclama su fisio, Martín, y ella, sin duda, está cerca de colocarse entre ellas.
«Podemos introducir los premios económicos en los Juegos. Desde mis años como atleta siempre he hablado de la importancia del bienestar financiero de los deportes. Y creo que se puede hacer respetando la filosofía olímpica. Debemos aceptar que ahora vivimos en un mundo diferente», anunciaba meses atrás Sebastian Coe, uno de los siete candidatos a la presidencia del Comité Olímpico Internacional (COI) y explotaba la campaña que terminaba este jueves. De repente, un asunto peliagudo en el que todos los aspirantes tenían que mojarse. Desde su creación, los Juegos Olímpicos promueven el espíritu amateur del deporte, «lo importante es participar», pero teniendo en cuenta que el COI facturó 7.000 millones de euros en el pasado ciclo olímpico, el debate es lógico. ¿Premiar las medallas o no hacerlo?
Muchos comités nacionales ya recompensan a sus deportistas por cada oro, por cada plata, por cada bronce -en España, 94.000, 48.000 y 30.000 euros, pero en este caso sería un premio de la propia organización. Coe lo tiene claro y los otros candidatos también: el resto, ni hablar.
Excepto Coe, nadie más se ha proclamado a favor de los premios por una cuestión lógica: habría menos dinero a repartir. Si las más de 1.000 medallas repartidas en los Juegos Olímpicos llevasen consigo una retribución, los comités nacionales y las federaciones internacionales verían reducidos sus ingresos y sus presidentes forman el grueso de los votantes en las elecciones.
«Estoy totalmente en desacuerdo [con Coe]. Los campeones deben ganarse la vida con ello, pero tienen que ser sus comités olímpicos, sus patrocinadores o sus países los que recompensen sus éxitos», respondía Juan Antonio Samaranch Jr. en la misma línea que el resto de aspirantes. De hecho, tan rotunda ha sido la negativa de los candidatos a la propuesta de Coe, que el ex mediofondista ha tenido que matizarla. En sus últimas comparecencias ha asegurado que no habría premios generalizados y que sólo existirán en determinados deportes.
En el horizonte, la sede de 2036
En todo caso, el debate como mínimo ha puesto picante a una campaña electoral sin apenas diferencias entre los candidatos. En el resto de materias en cuestión, todos han coincidido, incluso en la necesidad de la pronta reintegración de Rusia al movimiento olímpico, que podría llegar antes de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. La crisis del sistema antidopaje mundial por culpa de los recortes de la administración de Donald Trump ha aparecido como una preocupación generalizada, así como la negativa a la integración de las deportistas trans en las competiciones femeninas.
La Directiva de Thomas Bach fue benevolente con las mujeres trans, pero después de que la mayoría de federaciones internacionales les cerraran la puerta, el papel actual del COI es simbólico. Si el nuevo presidente o la nueva presidenta veta definitivamente a las mujeres trans en los Juegos Olímpicos, esa medida apenas tendrá ningún efecto real, pues éstas ya están vetadas por los reglamentos específicos de casi todos los deportes.
En realidad, para muchos de los miembros del COI lo más importante son las promesas sobre su propia relevancia. Después de la crisis con las ciudades candidatas y de la corrupción en las elecciones de sedes olímpicas como Río de Janeiro, Bach decidió hacerse con todo el poder y la Asamblea sólo podía reafirmar sus decisiones. Los Ángeles fue escogida sede para 2028 y Brisbane para 2032 sin la necesidad de pasar por el proceso de votación clásico. Ahora todos los candidatos han prometido a los miembros que volverán a mandar y muchos han asegurado que trabajarán para que haya Juegos Olímpicos en lugares inhabituales, especialmente en África.
En el horizonte, la elección para 2036 y la intención de ciudades árabes como Riad o Doha de postularse. De momento, sólo hay cuatro candidaturas confirmadas, Nusantara (Indonesia), Estambul, Ahmedabad (India) y Santiago de Chile, pero habrá más y muchos años después podría volver la tensión al Comité Olímpico Internacional.
Aún se divierte Novak Djokovic con una raqueta de tenis. Antes de su debut mañana en el Mutua Madrid Open, se entrena en las pistas exteriores de la Caja Mágica junto al francés Arthur Fils, a quien saca 17 años, y lo vive como un novato. Cuando el joven conecta un buen saque, le felicita; celebra un derecha potente; blasfema después de una dejada horrorosa. Tiene reservada la pista para una hora y media y la utiliza durante una hora y media, ni un minuto menos. «¡Djokovic, Djokovic, Novak, Novak!», le grita un grupo de niños al marcharse, aunque apenas se oye porque al lado juega Tomás Etcheverry ante Hamad Medjedovic -que le hizo un saque por abajo- y los seguidores argentinos no son precisamente silenciosos.
Con 24 Grand Slam en su haber y un oro olímpico, su tesoro más preciado, Djokovic podría estar en cualquier lugar del mundo, haciendo cualquier otra cosa, pero quiere seguir jugando al tenis. ¿Por qué? Porque aún se divierte. «Sigo sintiendo ganas de jugar, la pasión por competir siempre está ahí. Si no tuviera motivación para estar en los torneos, no estaría, habría dejado la raqueta», comentó el pasado lunes después de su llegada a Madrid, aún alejado de los focos.
Todos los ojos sobre él
Hasta que este jueves Carlos Alcaraz anunció su retirada del torneo, Djokovic podía trabajar con tranquilidad. Era leyenda, pero el protagonismo se repartía. Ahora eso ha cambiado. Sin Alcaraz ni Sinner, el Masters 1000 madrileño necesita que el serbio avance rondas para dibujar una fase final atractiva para el público esporádico. Alexander Zverev es el favorito, más después de su victoria reciente en el ATP 500 de Múnich, pero Djokovic es de largo el tenista más famoso. Y el precedente del Masters 1000 de Montecarlo espanta. Allí cayó ante el chileno Alejandro Tabilo en dos sets; si ocurre lo mismo en las gradas y los palcos de la pista central pueden empezar a verse vacíos. Cualquier análisis previo sobre él puede decantarse para un lado o el otro.
A favor del serbio hay que recordar su palmarés, por supuesto, pero también que el año pasado ganó los Juegos Olímpicos de París sobre tierra batida, que en enero ganó a Alcaraz en los cuartos del Open de Australia -luego se retiró en semifinales- o que en marzo fue finalista del Masters 1000 de Miami. En su contra, que este curso ha perdido hasta tres veces en su debut en un torneo -Doha, Indian Wells y Montecarlo- o que en los últimos cinco años sólo ha disputado una edición en Madrid, en 2022.
THOMAS COEXAFP
«Este año no estoy teniendo buenos resultados, pero el nivel que busco puede llegar en Roland Garros», reconoció sin esconder que su mirada siempre está puesta en los Grand Slam. Otro título ATP sería su título número 100, bonito número, pero la gracia sería celebrar su grande número 25 y así demostrar que también puede derrotar a la nueva generación. Dejar una ristra de partidos antológicos ante Sinner o Alcaraz después de hacerlo ante Federer y Nadal. De hecho, el propio Djokovic nombró su debut en Madrid, en 2009, cuando cayó en semifinales ante Nadal en un encuentro precioso que acabó en el tie-break del tercer set.
El regreso de Murray
«España es un país al que quiero mucho. He jugado grandes partidos aquí contra Nadal y Alcaraz. He estado poco en los últimos años, pero echaba de menos al público español: conoce muy bien y respeta mucho el tenis», halagó ya en compañía de Andy Murray después de estar separados en Montecarlo. Como parte del acuerdo entre ambos campeones, el escocés no viaja a todos los torneos, sólo a los preacordados a principios de temporada, y aquel no tocaba. En el Principiado Djokovic estuvo acompañado de su hermano pequeño Marko, ex jugador, con el puesto 571 del ranking ATP como cima, que apenas se atrevió a hablar desde el palco. Esta semana está más arropado.
THOMAS COEXAFP
«Andy también tiene que jugar al golf de vez en cuando», bromeó el ganador de 24 Grand Slam, poco antes de acudir a la gala de los Premios Laureus en Cibeles. Cinco veces Laureus World Sportsman of the Year, esta vez no estaba nominado, pero no quiso perderse el homenaje a Nadal y aprovechó para defender a Alcaraz de las críticas: «No las entiendo. Sé que la expectación aquí es enorme después de Nadal, Moyá, Ferrero... todos han sido números uno del mundo. Pero Carlos tiene 21 años, ha ganado cuatro Grand Slam y muchos torneos. ¿Qué más queréis? Queréis más, pero lo que ha hecho en este periodo es increíble».