El entrenador lituano habló de las 26 faltas señaladas a su equipo, por 14 al Madrid. El bosnio, recién llegado, brilló en su estreno de blanco: 40 puntos en dos partidos
Musa, Yabusele y Poirier celebran la Supercopa.ACB PHOTO
La enésima final entre Real Madrid y Barça resultó una Supercopa entretenida, de menos a más en intensidad y con dos nombres propios claros en la cancha, ambos de récord, Edy Tavares y Nicolás Laprovittola. Un pregón de las batallas por venir, también de las polémicas que nunca faltan. En un torneo en el que la nueva norma de la ACB por la que los árbitros ya no tocan el balón antes de saque de banda o fondo dejó varias situaciones de desconcierto -avisos de técnica, jugadores sin saber qué hacer…-, Sarunas Jasikevicius habló de “la diferencia de faltas” que perjudicó a su equipo.
“La diferencia de faltas fue muy grande, esto es un factor importante. También, demasiada diferencia de criterio y en ese número de faltas, llevaban seis ya entrada la segunda parte. Me están escuchando los aficionados del Barcelona y no puedo no hablar de esto”, pronunció el técnico azulgrana, que fue sancionado con una técnica por protestas en los primeros segundos de la prórroga.
En total, al Barça le señalaron 26 faltas -acabó con Sanli y Vesely expulsados- y al Real Madrid 14. Los blancos fueron 33 veces al tiro libre (10 Deck, 11 Tavares…) por 20 de los azulgrana, en los que no compareció por lesión Mirotic, uno de los jugadores que más faltas provoca. “Las faltas condicionan, no sé decir más cosas, es una diferencia demasiado grande”, reiteró Saras.
Tanto el lituano como Chus Mateo, que se estrenaba como primer entrenador blanco -más allá de la sustitución a Pablo Laso durante la pasada final ACB-, se mostraron satisfechos con lo vivido en Sevilla. “Aunque suene raro, tengo que estar contento, los chicos están mezclando muy bien y hay un gran ambiente”, admitió un Jasikevicius que habló del futuro próximo sin Mirotic: “Con tantos meses por delante no se puede construir sólo con un jugador. La idea de ahora es contar con los internacionales porque vienen de torneos con exigencias importantes y estaban más en forma. Luego habrá que rotar mucho. Ojalá podamos jugar 90 partidos, y en ese caso necesitaremos a todos”.
“Cuando estamos en el modo de tener hambre y querer ganar el título ha sido difícil pararnos. Estoy muy contento por la victoria”, confesó Mateo, que destacó a dos de sus pupilos. “En el segundo cuarto hemos estado mucho rato sin meter, inclusive en el tercer periodo también hemos empezado con dudas. Pero ahí ha aparecido el talento de algunos jugadores, como el de Llull, que nos ha permitido engancharnos al partido. También la defensa ha sido clave, con Deck. Hemos presionado bien el balón y en el final hemos llegado con opciones. Nunca hemos dejado de luchar”, concluyó.
Aunque la Supercopa deja dos jugadores bien por encima del resto para el Real Madrid. De los nuevos, Sergio Rodríguez estuvo gris en la final y no hubo noticias de Mario Hezonja –Petr Cornelie ni jugó-, pero Dzanan Musa cumplió con todas las promesa de su año de MVP en Galicia. En dos partidos, 40 puntos (10 de 15 en tiros y 4 de 7 en triples), seis rebotes, cuatro asistencias y 53 de valoración. Y estrenándose como director de juego.
Y, el inmenso Edy Tavares, que sigue siendo el rey, el elemento diferencial. “A mí no me sorprende porque le veo cada día. Da gusto tener un compañero tan generoso”, se rendía Llull. “Lo que me hace levantar todos los días es intentar mejorar”, confesaba el MVP, 40 de valoración, el nuevo récord absoluto de la Supercopa Endesa. 24 puntos, 12 rebotes y cinco tapones en la final, con 10 de 11 en tiros libres.
Y, de repente, Pierre Oriola desapareció del mapa. Aquel pívot, rápido de mente y de manos, que birló una Liga al Real Madrid con el Valencia. Aquel por el que el Barça pagó un millón de euros y llegó a ser su capitán. Y aquel que, sobre todo, fue campeón del mundo en 2019, titular con España en la final del Wukesong. "Tener que aceptar que ya no estaba al mismo nivel fue duro", repasa ahora, 34 años todavía, de nuevo pleno tras un calvario de problemas en la espalda. De vuelta con el Baxi Manresa y, quien se lo diría, con la selección en la que estuvo por última vez en el verano de 2021, a las puertas de los Juegos de Tokio, "una etapa ya cerrada", que ha abierto una llamada de Chus Mateo para el doble enfrentamiento contra Ucrania (hoy, a las 14:00 h., el primero en Riga).
Pregunta.- Casi cinco años después de la última vez, ¿se le pasaba por la cabeza volver con la selección?
Respuesta.- En mi mente no estaba volver. Era una etapa ya cerrada, llevaba muchos años sin venir. Por lesiones, por el cambio generacional... Chus me escribió. Había bajas como la de Osobor y contaba conmigo para esta Ventana. Mi respuesta fue que sí, que quería venir. Después hablamos y me explicó la idea. Desde el principio le dije que sí, súper ilusionado.
P.- ¿Y cuál es esa idea?
R.- Jugamos contra Ucrania, un equipo muy físico, muy alto. Con dos pívots por encima de 2,15 metros. Necesitamos experiencia y yo, aunque no sea muy alto, aporto ese físico, ese jugar duro. Eso me pidió.
P.- A Chus no le conocía, ¿cuál ha sido la primera impresión?
R.- Me había enfrentado contra él. Me he encontrado a una persona muy cercana con los jugadores, muy justo, súper positivo, con muchas ganas de trabajar, creando muy buen proyecto. Cuando hay que trabajar se trabaja, pero los entrenos son divertidos.
Oriola y Chus Mateo conversan durante un entrenamiento.ALBERTO NEVADO / FEB
P.- No está aquí sólo por veterano, también por su rendimiento en Manresa (9,5 puntos y 4,6 rebotes en 13 partidos, en menos de 18 minutos).
R.- El que valoren cómo estoy jugando, después de años complicados... La lesión, los cambios de equipo, la falta de regularidad... Me ha hecho mucha ilusión. Para mí también es una forma de dar un golpe encima de la mesa, de cerrar un círculo que se quedó como allí en el aire. Eran muchos años sin venir.
P.- Antes de fichar por Manresa, fue campeón de la Liga mexicana con Fuerza Regia de Monterrey.
R.- Me separé de mi familia, fui a un país que no conocía, a una cultura nueva. Que terminase con el título fue espectacular. Cuando ganas, las cosas se ven mucho mejor y vienes con toda la energía positiva. Me trataron súper bien. Desde un principio ellos me valoraron muchísimo, confiaban y creían que yo les podía ayudar. Y así fue. Al principio me costó mucho entender que es una liga muy diferente, pero me fui adaptando y conseguí ser importante.
P.- En 2022 el Barça, del que era capitán, le rescindió el contrato. Llegó a reconocer que después de la lesión no volvió a ser el mismo.
P.- Estaba en la cresta de la ola, arriba del todo. En el Barça, que era un sueño para mí, el club de mi vida. Con la selección, ganar un Mundial. Todo era positivo y llegó un varapalo fuerte como la lesión. Tener que irme del Barça fue bajar unos peldaños en mi carrera. Tenía que solucionar ese problema físico. Después, también termino yéndome de Girona porque no estoy al nivel. Me tuve que ir a Grecia (AEK) y volver a empezar aquí en Manresa. Y otra vez en verano esperando a que salga algo. Creo que el punto de inflexión fue Lleida el año pasado. Durante estos años he estado trabajando el tema mental [con el coach Adrià Carmona], creyendo en mí, echándole muchas horas de trabajo fuera del equipo. Cosas que la gente no ve.
P.- Un campeón del mundo buscándose equipo.
R.- Fue difícil a nivel mental. Todos tenemos nuestro ego y tuve que entender que no estaba al nivel físico que exige una selección para ir a un Eurobasket o unos Juegos. O para jugar Euroliga. Ese momento fue muy duro. También se creó un murmullo con la lesión, de que ya no era el mismo, de que ya no volvería a ese nivel. Cuando consigues acoplar todo mentalmente, te lo tomas de otra manera, lo ves diferente. Ahora mismo estoy en uno de los mejores momentos de mi carrera a nivel mental y a nivel físico. Y creo que también una de las claves de tomarme mi vida baloncestística diferente es el nacimiento de mi hijo Roc, que va a cumplir dos años en junio. Me he reconciliado con el baloncesto y me he dado motivos a mí mismo para creer, para seguir disfrutando los años que me queden.
Pierre Oriola.ALBERTO NEVADO / FEB
P.- Con 34, ¿cómo ve el futuro después de todo esto?
R.- Año a año. Yo ahora lo que quiero es terminar bien en Manresa, porque estoy muy feliz. Y el año que viene veremos. Siempre he creído que quiero retirarme yo y que no sea el baloncesto el que me retire. No tener la sensación de que el baloncesto me está dejando ir. Y, cuando estuve lesionado y los años después, era así. Ahora tengo la conciencia tranquila de decir: "Lo he intentado todo".
P.- Recuerdos del Mundial. ¿Con el paso del tiempo siente que fue una historia increíble?
R.- Totalmente. Tengo dos momentos grabados. En la primera fase, creo que contra Irán. La única canasta que mete Marc en ese partido, es la ganadora. Casi perdemos. Después, todo lo contrario. Nos enfrentamos a Serbia e Italia, dos muy buenas selecciones, con toda su artillería. Y les ganamos fácil. Después, el momento clave fue cuando ganamos Australia, la sensación en el vestuario era: "Vamos a ser campeones del Mundo". Llegar allí y ver a Sergi, a Marc, a Ricky, al mismo Víctor, a los que llevaban tantos años, tan tranquilos, fue como "es que vamos a ganar el oro".
P.- La vida de Oriola no es sólo baloncesto.
R.- Tengo muchas inquietudes. Tengo una empresa con dos socios que intenta ayudar al deportista a llevar su vida fuera, a asesorarlo en el tema de inversiones, comprar inmuebles, diferentes maneras de poder estructurar su vida. Que el golpe no sea duro con la retirada. Porque en nuestra carrera tenemos la suerte de ganar un muy buen dinero durante un periodo corto de tiempo.
P.- Y su pasión por el teatro.
R.- Actué cuando era pequeño. Estaba en un grupo en mi pueblo. También cuando Juancho me invitó a su película, aunque fueron 10 segundos. Y alguna que otra cosita. Nunca me he metido de lleno, pero me apasiona.
P.- En la cancha, de alguna u otra forma, interpretáis un papel. Y no hablo de flopping.
R.- [Ríe] Sí, a mí me ha pasado muchas veces, con gente que no me conoce en las distancias cortas, en lo personal, que me dice: "Hostia, qué diferente eres cuando estás en pista". Ahí he llegado a ser odiado, porque voy a todas, soy duro, protesto.... Pero como persona soy muy diferente.
P.- ¿Siente eso, que ha sido un jugador diferente? Por su forma de decir las cosas.
R.- Yo sé que muchas veces me he metido en fregados y no me he mordido la lengua, sobre todo en la etapa en el Barça. Pero creo que siempre he intentado tener respeto para todo el mundo. Con los años he ido siendo más políticamente correcto. Pero el problema que tiene esta sociedad, y no solo en España, es que cuando alguien habla, de política, de cine, de educación, de lo que sea, no respetamos la opinión del otro. O creamos una crítica destructiva. Por eso la mayoría de los deportistas no nos mojamos. Es difícil.
Igual que hubo un Fernando Martín, hay un Jordi Fernández. Por el camino, el del debut del primer jugador español en la NBA y el del primer entrenador, 38 años. Así hay que mesurar la enorme barrera derribada por el técnico de Badalona, anunciado oficialmente la semana pasada como dueño del banquillo de los Brooklyn Nets, el tercer europeo de siempre.
Este martes, el también seleccionador de Canadá (bronce en el último Mundial y uno de los pocos que puede inquietar al USA Team en los próximos Juegos Olímpicos), compareció vía Zoom con un puñado de medios nacionales. Y Jordi puso en valor el hito logrado, aunque dejó claro que "no es un final de trayecto". "No sólo es llegar, es mantenerse. Por muchos años. Hacer un proyecto competitivo y respetado", pronunció.
En sus palabras, Fernández reconoció todo el bagaje previo, los 15 años desde su llegada, casi una aventura, a Las Vegas. Su paso como asistente por Cavaliers, Nuggets y, finalmente, hasta hace unos días, Kings. Tantas veces de la mano de Mike Brown, uno de sus "padres deportivos". Su experiencia como asistente de Sergio Scariolo en la selección durante el Eurobasket de 2017 e incluso la "visibilidad" que le proporcionó la selección canadiense, con "ocho jugadores NBA", como un bautismo final para dar el gran salto como entrenador principal. Un cargo para el que llevaba tiempo en todas las quinielas.
Badalona
Jordi habló de todo ese pasado, pero también de su sello FIBA y de sus orígenes. "Soy la misma persona que salió de la pista de mi barrio en Badalona. Mis orígenes no han cambiado, están muy marcados", admitió. E hizo hincapié en la importancia del baloncesto español en aquel mundo, haciendo un repaso por los Gasol y todos los jugadores que han pasado por la mejor liga del mundo, "con roles muy importantes" e incluso en aquellas finales olímpicas (2008 y 2012), "partidazos", que tanto lustre dieron a nuestro prestigio. "El baloncesto español es muy respetado en la NBA. Hay un trabajo de seguimiento de todas las franquicias, todos viajan a España cada año. Es importante sentirnos orgullosos, pero hay que seguir creciendo", admitió.
Por último, Jordi valoró la ardua tarea que le aguarda en los Nets, un equipo no demasiados exitoso últimamente y que pierde en cada comparación con sus brillantes vecinos, los Knicks. "Hay que generar ilusión, mostrar cambios desde el principio. Brooklyn es un mercado grande, pero compararnos a los Knicks no tiene sentido. Es una bonita rivalidad", reflexionó el español, que se marcó tres señas de identidad en el juego: "Un estilo acorde al roster: la rapidez en el juego, la fiscalidad defensiva y la identidad como grupo". Lo demás, el éxito, el retorno o no a los playoffs, vendrá marcado por "el draft y la agencia libre". "Tenemos juventud, esto ayuda a mantener lo que estás creando, la identidad. Pero tenemos que ser pacientes con el proceso", concluyó.