El ex presidente del Barça, Josep Maria Bartomeu.E. M.
Hemos conocido estos días que la Fiscalía se dispone a interponer una denuncia contra el ex árbitro José María Enríquez Negreira, así como algunos directivos del Fútbol Club Barcelona, o el propio club azulgrana como persona jurídica, por un delito d
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En esa terra ignota del baloncesto universitario norteamericano, en el desenfreno mediático de la March Madness de la NCAA, cuya Final Four apenas la Super Bowl derrota en expectación y audiencias, un gigante de Zaragoza. Como Fernando Martín en su día siendo pionero en la NBA o Pau Gasol ganando anillos años después, Aday Mara levantó el trofeo en el Lucas Oil Stadium de Indianápolis ante 70.000 espectadores. Postales únicas. Lo hizo siendo protagonista absoluto de Michigan, que venció a UConn (63-69) para ser campeón 37 años después de su único título.
Aday, que hoy cumple 21 años, celebró su primer día de gloria en el baloncesto con ocho puntos y cuatro rebotes, casi 30 minutos en pista, indispensable para el campeón. El primer éxito de muchos para un tipo que, de repente, vio como su trayectoria se paraba en seco en el sitio más insospechado. Del Casademont Zaragoza, donde debutó con 17 años en la ACB, a UCLA para desarrollar el talento de sus 221 centímetros, aunque allí nadie confió en él. Tras dos años de frustración, el cambio a Michigan ha reactivado al unicornio, que ahora se dispara en las previsiones del próximo draft (ya entre los 15 primeros). Su despliegue defensivo en la final confirmó su asombroso torneo. Si en semifinales dominó a Alabama con 26 puntos y nueve rebotes, ante la maquinaria de los Huskies (el equipo que ganó el título en 2023 y 2024), su labor resultó más áspera en su emparejamiento con el poderoso Tarris Reed.
Es el segundo título en la historia de Michigan, tras el logrado en 1989 por aquella escuadra liderada por Glen Rice. Ni siquiera su equipo más recordado, los legendarios Fab Five (Chris Webber, Jalen Rose, Juwan Howard, Ray Jackson y Jimmy King) lo lograron ni en 1992 ni en 1993. Su última final fue en 2018 (derrota contra Vilanova). Esta vez, el equipo reclutado por Dusty May, que se presentó en la final con un balance de 36-3 y habiendo arrasado a todos sus rivales en la March Madness (de 21 a Howard, 23 a Saint Louis, 13 a Alabama, 33 a Tennessee y 18 la semifinal contra Arizona, la número uno del país), anotando a todos al menos 90 puntos, no falló, dominando la final de principio a fin.
Aday Mara, posteando ante Tarris Reed, en la final de la NCAA.MICHAEL REAVESGetty Images via AFP
Y eso que resultó un comienzo de partido tenso e igualado, con más fallos que aciertos. Al propio Aday, titular, aún con el regusto de su estruendosa semifinal contra Arizona -la mejor actuación de su vida-, se le escaparon tres ganchos cerca del aro. UConn se apoyaba en los triples de Alex Karaban y en el rebote ofensivo (fue una tortura toda la noche para su rival) y Michigan intentaba adueñarse de la pintura con Morez Jonhson, sin puntería desde el perímetro. El español apenas dejó un par de destellos en la primera mitad, un tapón y su primera canasta, acciones consecutivas que levantaron el Lucas Oil Arena, donde se encontraba su familia, su agente y el seleccionador Chus Mateo.
Justo antes del descanso volvió el maño a ser importante con una asistencia para mostrar su elogiada capacidad de pase y otras dos canastas seguidas en la pintura, ambas con la mano izquierda, para volver a dar ventaja a unos Wolverines huérfanos de triples, ocho fallados en los primeros 20 minutos, y con su estrella, Yaxel Lendeborg, claramente lastrado físicamente por su lesión en el tobillo.
A la vuelta, pese al rosario de pérdidas, Michigan estiró su ventaja (33-41). Todavía más cuando, al fin, Eliott Cadeau anotó el primer triple de su equipo (37-48), coronando lo que ya era un despliegue sobresaliente el base sueco. Mara cambiaba tiros con sus 230 centímetros de envergadura y batallaba por el rebote con Reed.
Pero la agresividad y la experiencia de UConn le hacían no desengancharse, baloncesto físico para intentar la remontada, quebrada con Mara de nuevo en pista y las tribunas en pie cuando coronó una contra con un alley-oop. En el desenlace, Michigan no tembló ante un oponente cargadísimo de faltas. Un triple, el segundo en todo el duelo para su equipo, de McKenney fue definitivo, pese a algunos apuros y nervios finales, sin Aday en pista.
Aquel 19 de julio, hace poco más de dos años, Tadej Pogacar dejó una estampa tan inolvidable como cada una de sus victorias. A los héroes se les recuerda por la gloria y tantas veces más por el sufrimiento, por los lugares donde fueron humanos. Camino del Col de la Loze y sus 2.304 metros de altitud (la cima más alta de este Tour), atravesando los trampolines olímpicos de Courchevel con el alivio y la ayuda de Marc Soler, el esloveno dejó una frase para siempre: "Estoy muerto, se acabó". Este jueves, tan diferente todo, el líder del Tour de Francia regresa a aquella pesadilla con ánimo de revancha.
"Quiero vengar mis piernas. Estoy ansioso", desafía, gorro de lana tras cada etapa, bajo la lluvia de Valence. La etapa reina del Tour parte este jueves desde Vif, salida inédita, y atraviesa varios de los puertos más icónicos de los Alpes. Primero el Glandon (21,7 kilómetros al 5,1%), después la Madeleine (19,2 al 7,9%) y, como colofón los 26,2 del col de la Loze (6,5 de media) hasta el monumento a Henri Desgrange. Más de 5.500 metros acumulados en el antepenúltimo día del Tour. "Podemos esperar que Visma trate de filtrar gente en las escapadas y que suba todos los puertos a tope. Después, en el Col de la Loze, harán todo lo posible por descolgarme. Voy a estar preparado", admitió Tadej, reconociendo que La Loze "es una subida preciosa y una de las más duras que he hecho nunca". "Quizá este lado (se asciende por uno diferente esta vez) sea menos complicado que el que subimos en 2023...", explicó.
Pogacar, que ahora acude seguro de sí mismo, decidido y todopoderoso tras reinar en los Pirineos, enterró aquel Tour ante Jonas Vingegaard camino de Courchevel, una pájara en la que se dejó 5:45. Sus derrotas son sus acicates y ya se quitó la mala espina de Hautacam hace unos días. Incluso en el Mont Ventoux, donde no ganó, aguantó esta vez sin problemas al danés.
Más allá de lo deportivo, a Pogacar y, sobre todo a su equipo, le persigue la polémica. Les acusan de arrogantes, actitudes de kapo como la que mostró Nils Politt el martes, abroncando los intentos de escapa del Movistar al comienzo de la etapa. El esloveno, que no rechaza ninguna pregunta en la rueda de prensa de cada día por ser líder, defendió a sus compañeros del UAE Emirates. "La arrogancia es una cosa, intentar ganar el Tour es otra", pronunció contundente. Y explicó, señalando especialmente al ex ciclista francés Thomas Voeckler, quien se enfadó con Politt en plena retransmisión de la televisión gala: "Intentamos calmar los ánimos, controlar el ritmo de la carrera. No pretendemos ser arrogantes, sólo intentamos facilitarnos al máximo la carrera para ganar. Algunos deberían callarse; esto sonará muy arrogante, pero bueno".