Según la Federación Española, el atleta fue retirado consciente del recinto
Llopis, en el momento de ser evacuado en camillaTolga BozogluEFE
El valenciano Quique Llopis no pudo acabar este domingo la final de los 60 metros vallas de los Europeos de pista cubierta de Estambul (Turquía) al sufrir una caída que le hizo quedarse tendido en el suelo y ser retirado en camilla por los servicios médicos del recinto.
Nada más caer, el atleta español fue atendido por los médicos, que acudieron a socorrerle tras quedarse inicialmente desplomado en el suelo al golpearse la cabeza. Al paso de unos minutos le subieron a una camilla y le retiraron consciente del recinto para ser atendido por los servicios médicos de la Real Federación Española de Atletismo.
La victoria fue para el suizo Jason Joseph. La plata se la adjudicó el polaco Jakub Szymanski y el bronce el francés Just Kwaou-Mathey.
El hombre más rápido de España es un chico de 21 años de Alcorcón, alto (1,93 metros) y espigado, que fluye sobre el tartán con la velocidad de los elegidos. "Siempre fui el más rápido de la clase", recuerda cuando se le pregunta por el don con el que sorprendió en el reciente Campeonato de España (oro en 60 metros y plata en 60 vallas, con dos récords de España y uno de Europa sub 23). Pero, cuando se pone las gafas, Abel Jordán (Vigo, 2003) es también un estudiante de Ingeniería Mecánica en la Universidad Estatal de California -lo que más echa de menos en Fullerton es.... "¡el Mercadona!"-, un friki de la Fórmula 1 y con una historia familiar llena de idas y vueltas: "Mis bisabuelos emigraron a Cuba y mis padres regresaron a España sin nada, en una situación precaria", explica en esta entrevista con EL MUNDO antes de afrontar el Europeo short track de Apeldoorn, donde buscará un histórico doblete.
Ya sorprendió en el pasado Campeonato de España al aire libre (campeón en 100 metros con 10.18 y tercero en 110 vallas con 13.55). ¿En Gallur fue su confirmación?
Llegaba con ganas de hacerlo bien y me fui con dos récords de España, un récord de Europa sub-23, por todo lo alto. Incluso habiendo quedado segundo en las vallas (por detrás de Quique Llopis) fue un fin de semana redondo. Me fui súper contento en general por el hecho de haber sido capaz de competir en ambas pruebas a un alto nivel. Ahora mismo a nivel mundial estoy como en el puesto 19 en ambas, idéntico.
Ya casi nadie dobla. En el Europeo afrontará seis carreras (si todo va bien) en apenas dos días.
Me gusta. Es una buena manera de despejar la mente. Mira, hoy justo hablaba con mi psicólogo y le comentaba la pereza que me daba la universidad con lo bien que me estaban yendo las competiciones. Él me dice que me viene bien para que no todo sea atletismo. Doblar me hace el mismo efecto. Muchas veces en las vallas no me he encontrado bien y siempre tenía el 60 como para despejarme y encontrarme. Y viceversa.
Puede volver con dos medallas, lo que ningún español hizo jamás en velocidad.
Lo afronto con las mismas expectativas que el Campeonato de España. Con las ganas de demostrar que soy bueno en los dos. No pienso tanto en medallas, lo que más contento me pondría es ser finalista en ambas. En el 60, por ejemplo, parto como colíder (tiene 6,54). Pero del tercero al octavo están todos en 6,56. Es una competición que se mide por detalles mínimos y que la suerte influye.
¿Qué medalla le haría más ilusión?
En vallas, claramente. No sólo por la técnica, sobre todo porque llego noveno. A nivel objetivo, soy contendiente a la medalla en el 60 lisos, en las vallas no estoy ni cerca. Si lo logro, es que habré hecho una competición excelente.
¿Cuándo se dio cuenta de que tenía el don de la velocidad?
Siempre fui el más rápido de mi clase. Siempre he sido más rápido que los que me rodeaban. Si teníamos que dar tres vueltas a la urbanización, no ganaba. La resistencia no era lo mío. Pero a una, hasta a los mayores. Eran pinceladas y decía 'tío, soy rápido'. Por todo eso me metí al atletismo y ya dentro, descubres tu prueba. Desde pequeño yo sabía que era rápido.
Abel Jordán, en acción en Gallur.SERGIO ENRIQUEZ-NISTALMUNDO
¿Cómo fueron sus primeros pasos?
Probé todos los deportes. Y fue gracioso, porque el conserje de mi urbanización me veía siempre corriendo de lado a lado. Era un niño muy inquieto que necesitaba gastar energía. Se lo dijo a mis padres, que ya estaban viendo que yo no estaba motivado con el fútbol. Tengo un buen recuerdo. Empecé por la tontería de 'soy muy rápido, seguro que se me da bien'. A los dos años creo que quedé cuarto de Madrid en los 60 metros. Hice longitud, peso, combinadas y a los 13 años probé las vallas. Me gustó bastante. Eran como un reto a superar, cada año eran más altas. Los entrenamientos eran divertidos. Ves cualquier entreno de un atleta de 400 y dices, no quiero hacer eso ni de broma.
¿Qué le queda por mejorar?
Un montón. En fuerza. No necesito demasiada, porque rompería el balance de mi cuerpo, peso menos y empujo más. Pero algo me vendría bien. Y luego, aprovechar mi velocidad en las vallas pero sin comérmelas. Aspectos técnicos muy pequeños, picar entre vallas, pasitos cortos con la velocidad que tengo.
Cuando escuchas que eres el hombre más rápido de España...
Sí, soy el hombre más rápido de España. Pero hoy. Y mañana ya veremos. Nadie me conocía el año pasado, así que mañana puede aparecer otro chico, hay un montón de calidad en las categorías inferiores en velocidad. El segundo del Campeonato de España es sub 20 (Jorge Hernández). Tengo que seguir trabajando.
¿Por qué eligió estudiar Ingeniería Mecánica?
Me gusta mucho el mundo del Motorsport, la Fórmula 1, Nascar... Lo más próximo es Ingeniería de Automoción, pero en mi Universidad no había. Por eso elegí Mecánica. Ir a EEUU fue idea de mi padre. A las muy malas, siempre podía volver. Me fui con 18 años, el primer año de Universidad lo hice en España, Industriales en Madrid, porque me pilló el año covid y casi no había becas.
Abel Jordán celebra su victoria en la prueba de 60 metros en los Campeonatos de España.SERGIO PÉREZEFE
¿Cómo es Abel Jordán?
Un chico muy muy tranquilo, es difícil quitarme la paz. Cualquier problema siempre pienso que se va a solucionar. Eso quizá hace que en los tacos me cueste salir: soy demasiado tranquilo. Me cuesta ponerme nervioso o ansioso. Mi hobbie es la Fórmula 1, tengo un volante en mi casa con el que juego a la Play, porque me lo paso súper bien. También soy un poquito lo que llamarían friki: me gustan los datos frikis de todo tipo, sobre todo lo relacionado con ingeniería y matemáticas. O de aviones. Y eso que odio volar.
¿Tiene una historia familiar bastante peculiar?
Si tiras para atrás, sí que somos españoles. Mi madre se apellida Prats, que es muy catalán. Mi padre Uribe Etxebarría, que no puede ser más vasco. Por parte de mi madre, que es la historia que mejor me sé, mis bisabuelos emigraron a Cuba. Allí nacieron mis abuelos, mis tíos, mis primos... Mi abuela fue la primera en regresar, porque consiguió un trabajo en España como pianista, del que se retiró hace dos años. Mis padres fueron a vivir con ella en 2002 y por eso yo nací en Galicia. Vinieron sin nada, era una situación precaria. Mis padres conservan el acento cubano, él es ingeniero informático. Y mi madre trabaja en marketing, aunque estudió Derecho.
¿Cómo se ve España desde EEUU?
No estoy muy al tanto de todo lo que pasa aquí (la entrevista se hizo en Gallur, antes del Indoor Tour Gold). Pero ves similitudes. La batalla continua que hay en España entre izquierdas y derechas, también pasa en EEUU. Está todo muy politizado, allí con Trump y Kamala. No somos tan peculiares en nuestros problemas.
Muy rápido para Mohamed Attaoui. Por ahora. A los 22 años y después de una fulgurante aparición en el atletismo, tiene tiempo para mejorar. El problema es que en el 800 va a tener una competencia brutal, con una de las mejores generaciones de los últimos tiempos.
Emmanuel Wanyonyi, de Kenia, es su líder y el nuevo campeón olímpico, a los pocos días de cumplir 20 años. Con 1:41.19 hizo la tercera mejor marca de todos los tiempos y se quedó a 28 centésimas del récord del mundo, en una prueba en la que hubo plusmarca de América, la del canadiense Marco Arop (1:41.20), y de Estados Unidos, a cargo de Bryce Hoppel (1:41.67). Jamás cuatro hombres habían bajado de 1.42. Moha fue el quinto (1:42.08). Es su siguiente barrera.
El español iguala el quinto puesto de Adrián Ben en Tokio, pero en pruebas muy diferentes. Ben acabó entonces en 1:45.96 en una final en la que el oro se ganó por encima de 1:45. "Me voy súper contento". Sabía Attaoui por qué lo decía. En esa coyuntura ofreció el máximo de lo que ha conseguido, metido en una criba histórica que le va a llevar a las mejores carreras en el circuito de la Diamond League y a las finales, si no se malogra. Está en buenas manos, afincado en Suiza y dirigido por Thomas Dreissigacker. Eso significa gloria y dinero.
Más piernas
"No he cometido errores, al contrario de lo que me pasó en la semifinal. Lo he dado todo y he tomado las decisiones correctas. Pero al final me han fallado un poco las piernas, a pesar de que casi he estado en mi marca personal. Corría contra grandísimos rivales. Esto me da muchos ánimos para seguir trabajando y entrenando", añadió este atleta nacido en Marruecos, pero afincado en Torrelavega desde los seis años, edad a la que llegó a España con su familia. Empezó atrás, pero en la cuerda para ahorrar metros, aunque la velocidad no le permitió realizar el 'cambio', porque el 'cambio' estaba activado desde el principio por Wanyonyi y Arop.
El 800 en el que tomaba parte Attaoui confirmó la expectativa que proclamaban los ránkings. No sólo el de la temporada, sino el de siempre. De los 10 atletas más rápidos de la historia en el 800, cuatro estaban en la pista, y no por lo que hubieran hecho en el pasado, sino este mismo 2024. Eran el argelino Djamel Sedjati, el francés Gabriel Tual, Wanyonyi y el español. Ahora lo está también Arop. Los tres primeros habían conseguido correr por debajo de 1:42. El español está a a cuatro centésimas, después de su récord de España (1:42.04). Ayer era una carrera para hacerlo, pero le faltaron piernas.
La marca la batió en la reunión de la Diamond League en Mónaco, en unos meses mágicos antes de París. La primera sorpresa la dio al colgarse la plata en el Europeo de Roma, celebrados el mismo año que los Juegos por los ajustes de fechas y campeonatos que provocó la pandemia. Las referencias de los podios, por tanto, hay que tomarlas con cautela. Las marcas, en cambio, valen lo que dicen.
Yulenmis Aguilar, durante la final de jabalina.AFP
Moha pulverizaba los 1:43.65 de Saúl Ordóñez, anterior récord de España. Eso es darle un bocado a una marca, que es como ha aparecido este atleta en el atletismo español y como lo hizo en las series de París. En la semifinal en la que no supo ubicarse y fue, en su opinión uno de sus peores 800, hizo 1:43.69. La impresión, pues, es que tiene margen de mejora si consigue dominar algunos aspectos de la estrategia de carrera, con menos tráfico en el 800 que en el 1.500, pero sin tiempo y metros para corregir los errores.
Attaoui había subido al podio continental ya como sub'23, aunque inicialmente en los 1.500. La transición, incluso la compatibilidad con el 800, era más habitual en el pasado. El ejemplo es el presidente de la World Athletics, Sebastian Coe, que ha seguido las pruebas en Saint Denis. Sus 1.41.73 son todavía la sexta marca de todos los tiempos del único atleta con dos títulos olímpicos en 1.500. Coe y Steve Ovett alternaban las distancias, mientras que las generaciones posteriores se inclinaron por hacerlo en el 1.500 y el 5.000, desde Hicham El Guerrouj a Jakob Ingebrigtsen.
A Coe correspondió el honor, como anfitrión, de ver a David Rudisha bajar de 1:41 (1:40.91) en Londres, en los Juegos de los que era anfitrión. Entonces, en 2012, un récord del mundo del futuro, como lo había sido el de Coe en 1981. Hoy, un desafío para esta nueva generación del 800 de la que Attaoui forma parte.
Águeda Marqués, tras la final de los 1.500.AFP
Más lejos de esa élite está Yulenmis Aguilar, pese a concluyó sexta en la final de jabalina (62.78) y obtuvo, asimismo, diploma olímpico. Esa marca difícilmente puede llevarla a un gran podio. Había lanzado este año 63.90, pero no pudo repetirlos en París. Thierry Ndikumwenayo, por su parte, sabía que el podio de los 5.000 estaba mucho más lejos que para Attaoui o Yulemnis, pero al menos tuvo el foco de liderar la prueba hasta que sucumbió al poder de los etíopes y a un poder superior, el del noruego Jakob Ingebrigtsen, que pasó al vuelo a los atletas de la altiplanicie africana para redimirse de su derrota en el 1.500. Águeda Marqués, undécima en la de 1.500, no alcanzó el diploma, pero sí marca personal (4.00.31). Eso es competir.