Francisco Fernández tiene 66 años y es jubilado de Banesto: «Trabajé por sucursales de todo Madrid. El Alto del Arenal, Entrevías, Villaverde Bajo, Mezquita ya con el Santander… 48 años dan para mucho». Pero Francisco Fernández es, especialmente estos días, Paco, el socio 454 del Rayo, que pasea por el barrio reviviendo una vida pirata. «Aquí, en los Soportales, era el punto de encuentro. Ahora sólo hay kebabs, pero entonces quedábamos la pandilla. Las cañas, los pinchos morunos en el Tragaluz… Y el partido».
Que no era lo de menos, pero casi. Igual daba el Real Unión en Segunda B que el Madrid en Primera. El Rayo es una forma de vida. Entonces los amigos, después su hija Laura y ahora sus nietos y su mujer Ana. Esta noche puede ser campeón en Europa, lo impensable. Y un barrio se echará a la calle, seguramente incluso aunque no gane al Crystal Palace la final de la Conference League en Leipzig. «Nosotros lo vivimos de otra manera. Yo sólo me voy enfadado cuando no defienden la camiseta. Si luchan y pierden… Es el espíritu del barrio. Ahora, cuando ganamos, bajo de vuelta para mi casa que no entro por la puerta».
Paco repasa una vida sentado con un café en La Uña, otro de esos lugares que aguantan el envite del tiempo en Vallecas. No quedan tantos. En Los Asturianos, el dueño reciente recuerda los 40 años de historia del restaurante en la calle Sierra del Cadí, los Soportales, el mentidero del barrio. Hay bares que apenas conservan el guiño, bocata Larrivey o Trashorras, y alguna bandera rayista, más presentes que nunca estos días. Sin embargo, el sentimiento permanece. «La barriada es la gente. Hemos visto crecer esto poco a poco. Aquello del Alcampo era campo, como lo de la Asamblea donde ahora se celebra. La parte de enfrente del estadio eran casas bajas. El sentimiento es único, es infancia y lo llevas dentro. El Rayo tira de ti», explica Paco, paradigma de tantos en Vallecas.
Paco no había nacido cuando el Rayo jugaba en el campo de la Colonia Erillas. Pero sí recuerda el «de arena, en el mismo terreno que el de ahora. Iba con seis o siete años, me llevaban mis padres o mis vecinos. Tenía una valla para apoyarte. Cuando lo tiraron para el nuevo, ya en el 75, me hice mi primer abono con los amigos. Fue hacer el campo nuevo y ascender a Primera», rememora, vaga la memoria, imágenes de «Felines, Potele… Ahora yo celebro menos, pero entonces… Ibas a los Soportales, a la Albufera, a la Plaza Vieja…».
Paco y Ana posan para EL MUNDO, con el mural de homenaje a Trejo de fondo.MUNDO
De la infancia a la juventud y después llegó un efímero alejamiento hasta que la propia vida le reencontró con el rayismo. «Me casé, me dio por la bicicleta… Y me reenganchó mi hija. ‘Papá, si saco buenas notas me llevas al Rayo’. E hice el abono de los dos. Me levantaba a las 7, iba hasta Velilla en bicicleta, una ducha y a ver al Rayo con mi hija», presume, de una sucesión que resume el paso del tiempo. «Cómo saltaba ella con los goles. Era muy pequeña y estaba pendiente de todo lo que pasaba alrededor: cuando gritaban al árbitro o a los rivales, a las bromas… Luego ya llegaron los estudios, ella es enfermera. Y empezó a venir mi mujer. Y resulta que es la más rayista de todos. Cuando metemos un gol me da unos abrazos que no me los ha dado en la vida», bromea.
En 50 años de rayismo, Paco las vio de todos los colores. De Segunda B a Primera, aquel año en Europa con Juande Ramos como premio al Juego Limpio, la época del Matagigantes, «gloriosa». Las vivencias y los nombres propios se amontonan. «De Landaburu me acuerdo mucho. Metía gol desde el córner, eso ya no se ve. Guilherme también me gustaba mucho, un goleador. Polster, otro. Javi Fuego, Michu… De los de ahora, Isi, que puede fallar, pero defiende la camiseta», enumera. Y las anécdotas marcadas a fuego: «El Tamudazo, claro. O cuando vi un gol del portero Cobeño, desde su portería, sacando. Madre mía. También otra de Gazzaniga, que hacía paradas increíbles y va a despejar y se mete el gol por debajo del pie».
En realidad, todo, su Rayito, se resume en las conversaciones de estos días con Carlos, su nieto. «Me pregunta todos los lunes qué ha hecho el Rayo. ‘Ha perdido’, le contesto. Porque perdemos más que ganamos. ‘Pero, ¿por qué no te haces del Madrid?’ Con seis años no lo entiende. Pero esto va en la sangre», pronuncia Paco, «ilusionado» ante lo de esta noche. «Nunca hubiera podido imaginar un Rayo campeón en Europa. Creo que van a hacer algo. Los equipos inferiores se nos dan regular, pero con los grandes… Lo que pasa es que los ingleses son muy duros, muy competitivos y muy fuertes». Pase lo que pase, «si vamos ganando, cerveza. Y si vamos perdiendo, cerveza. Antidepresivo».



