Cómo China le arrebató el snooker a los ingleses: “Dentro de veinte años no va a haber nadie con mi aspecto”

Cómo China le arrebató el snooker a los ingleses: "Dentro de veinte años no va a haber nadie con mi aspecto"

Hay deportes que huelen a pub, a cerveza ale, a shepherd’s pie, a moqueta, a madera vieja. Hay deportes puramente ‘british’. Lo son los dardos, las carreras de caballos, el cricket, incluso el rugby, pero sobre todo el snooker. La modalidad estrella del billar nació en las tabernas del Reino Unido, alimentado por una cultura nacional de paño verde, tiza y silencio casi religioso, y cuesta imaginarlo fuera del país. Pero algo está pasando. En el Crucible Teatre de Sheffield, el templo donde cada año se disputa el Mundial, se está dando un fenómeno extraño: los campeones ya no hablan inglés.

En 2025, el chino Zhao Xintong hizo historia al ganar el Mundial y, la semana pasada, su compatriota Wu Yize siguió sus pasos. Dos años seguidos. Un dominio que también se da en categoría femenina, con Bai Yulu, y que empiezan desde las primeras rondas. En el último campeonato participaron 11 de los 32 participantes eran chinos, un récord total. Los británicos están perdiendo su sitio ante una generación de jóvenes asiáticos que está reescribiendo la historia. ¿Qué está pasando?

El pionero que cambió todo

Para entenderlo hay que retroceder al 3 de abril de 2005. Ese día, un adolescente chino de 18 años recién cumplidos llamado Ding Junhui entró como wildcard en la final del Abierto de China y derrotó al mismísimo Stephen Hendry, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Ese mismo año ganó el Campeonato del Reino Unido ante Steve Davis, seis veces campeón del mundo y ese mismo año desató un ‘boom’ inmediato en su país. Más de 200 millones de aficionados chinos siguieron sus partidos. “Ding fue una especie de Yao Ming“, explica Sergio Gutiérrez, comentarista de Eurosport y una de las voces de referencia del snooker en España. “No fue el primer profesional chino, pero sí el primero que despuntó y rompió de manera brutal. Y el día que gana ese primer título de ranking, hay un niño de ocho años viendo el partido con su padre. Ese niño se llama Zhao Xingtong, el primer campeón del mundo chino”.

La historia tiene un hilo perfecto. Ding abrió la puerta. Zhao la cruzó. Y Wu la ha derribado este año. Pero detrás de esa narrativa hay algo mucho más calculado: una inversión millonaria, una decisión de Estado

El proyecto de un país

“Esto se explica como casi todas las grandes historias en la vida”, dice Gutiérrez. “Es un proyecto muy rentable de las autoridades chinas, que llevan formando niños desde los 7 u 8 años en academias desde hace prácticamente 20 años”. Con el ‘efecto Ding’, China identificó en el snooker lo que había visto antes en el tenis de mesa, el bádminton o el atletismo: un deporte de precisión, técnica y disciplina mental donde el talento bruto, convenientemente canalizado desde la infancia, podía producir campeones en serie. Y además, una oportunidad de imagen. Cuando Zhao Xingtong ganó el Mundial en 2025, lo primero que hizo fue envolverse en una enorme bandera china que le entregó Victoria Shi, dueña de una de las academias más importantes de Sheffield. Era un triunfo personal, sí. Pero sobre todo un triunfo de país.

DARREN STAPLESAFP

El modelo tiene dos fases. La primera, en China, donde una red de academias públicas selecciona y forma talento precoz con entrenadores frecuentemente británicos. Y la segunda, en Sheffield o Londres, donde los jóvenes talentos se integran en academias como la de Shi y asaltan el circuito profesional. La clave está en que ya no llegan solos: llegan a una comunidad. “Lo que antes les costaba 20 años de adaptación, ahora les cuesta tres. Les ayudan con los pasaporte, con trámites como abrirse una cuenta bancaria y les enseñan cómo funciona en los torneos”, señala Gutiérrez.

La biografía del nuevo campeón, Wu Yize, resume precisamente ese camino. Con 11 años, su padre lo llevó desde Lanzhou hasta Yushan, donde está la academia del entrenador anglo-australiano Roger Layton. Con 15 años hizo un máximo de 147 puntos -la puntuación perfecta- en 4 minutos y 32 segundos, más rápido que el récord del mítico Ronnie O’Sullivan en partido oficial, con 18 años se fue a vivir a Reino Unido y, con 22, ya es campeón del mundo.

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David Alcaide, histórico del billar español y colaborador técnico de Eurosport, apunta otro ingrediente: la disciplina. “Siempre que he estado por el Reino Unido y he entrado a alguna academia, están allí horas y horas y horas, viviendo allí. Imagínate, para un chino sin hablar inglés ir al Reino Unido es muy duro. No creo que lo hagan sólo por dinero. Lo hacen por un objetivo”.

La respuesta británica: ¿es tarde?

Ronnie O’Sullivan, la mayor leyenda del snooker, lo dijo hace poco con su habitual tendencia al drama: “Dentro de diez o veinte años no va a haber nadie con mi aspecto jugando al snooker”. La hipérbole esconde un problema real que se debate con urgencia en el Reino Unido. Los clubs de snooker tradicionales, ese ecosistema de paño verde y poca luz donde se forjaron generaciones de campeones, están desapareciendo. Los jóvenes británicos no entran. El snooker les parece un deporte de sus abuelos.

La respuesta ha llegado en dos frentes. El primero, institucional: el Gobierno británico acaba de alcanzar un acuerdo con las autoridades de Sheffield para reformar el Crucible Theatre con una inversión de 45 millones de libras, garantizando que el Mundial se quede en Sheffield hasta 2045. China quería llevarse el torneo. El dinero público lo salvó. El segundo frente es más estructural: cada vez se oyen más voces que reclaman academias públicas para formar talento británico, el mismo modelo que ha aplastado a sus jugadores. Por lo menos en el último Mundial, dos jóvenes ingleses –Stan Moody y Liam Pullen– debutaron en el Crucible. Stan Moody fue el primer adolescente británico en hacerlo desde Jack Trump en 2007. Pero son dos. Los chinos son legión. Y siguen llegando.

kpd