Hezonja pasa del cielo al infierno y el Madrid no remata al Hapoel

Hezonja pasa del cielo al infierno y el Madrid no remata al Hapoel

Atenas tendrá que esperar. Aguardar a un Real Madrid que lo merezca, un Madrid que vuelva a la Final Four por la puerta grande y no con una versión tan mezquina como la mostrada en el tercer round de la serie contra el Hapoel de Tel Aviv, que le pasó por encima en la segunda mitad. La eliminatoria se marcha al cuarto, el jueves de nuevo en Bulgaria. [76-69: Narración y estadísticas]

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Y, si no quiere sustos ni quintos partidos (aunque se celebraría en el Palacio), el Madrid deberá olvidarse de sí mismo, de su cara lejos de casa, donde toda la temporada lleva penando. No puede tener el mismo equipo dos versiones tan en las Antípodas. No puede colapsar Campazzo. Ni puede el que se presume como su líder maravillar el domingo y enfangarse el martes; Hezonja, como el Madrid, pasó del cielo al infierno: con 33 puntos en toda la segunda parte cayó con merecimiento ante un Hapoel mucho más fiero y concentrado, que se apoyó en su líder Elijah Bryant y encontró en Kessler Edwards la kriptonita en la pintura.

Va de vaivenes. Del domingo por la mañana al martes por la tarde, viaje a Botevgrad de por medio, el Real Madrid pasó de encajar 63 puntos en el Palacio contra el UCAM Murcia a 34 a domicilio frente al Hapoel. Primeras partes camaleónicas, mentalidades dispares. Parecía un buen indicio. Del desenfreno a la seriedad, porque Europa no permite tantas fiestas. En un escenario impropio de estas alturas de la mejor competición continental, un pabelloncito que ni siquiera estaba repleto, ambiente de torneo de pretemporada, los blancos amanecieron con la determinación de regresar a casa cuanto antes, de sellar a la primera el billete hacia Atenas. Primeras intenciones de empujar al abismo al grupo de talentos sin demasiada personalidad ni espíritu colectivo que maneja Dimitros Itoudis. Por si acaso.

Y sin Tavares, Alex Len quiso reivindicarse temprano, aunque ahí se quedó. Pero sobre todo era cuestión de defensa lo que hacía dominar entonces al Madrid. Cuando encarriló cinco triples consecutivos (los únicos que iba a meter en toda la primera mitad a excepción del postrero de Hezonja), se disparó la distancia (23-33 fue la máxima). Pero tampoco todo era para festejar. Maledon se cargó con tres faltas, Hezonja parecía de resaca emocional tras su histórica exhibición del domingo contra el UCAM Murcia y Usman Garuba, que había dejado momentos de pura reivindicación, se fue al banquillo con un dedo maltrecho. Y el Hapoel, como quien no quiere la cosa, apoyado en las cualidades enorme de Elijah Bryant, acudiendo mucho más al tiro libre (como si alguien hubiera escuchado el lamento de su entrenador tras el primer partido en el Palacio), asestó un 11-0 que le dejó bien cerquita al descanso.

Esa inercia iba a acelerar a la vuelta. Y ahí estuvo la clave. El Madrid se resquebrajó inexplicablemente. Avasallado por el paso adelante rival, energía y agresividad, y contagiado de la frustración de Hezonja, un tipo capaz de atravesar de la excelencia al desastre de un partido a otro. Viéndole fallar tiros mal seleccionados, perder balones y atiborrarse de faltas de ataque se entiende mejor el mensaje sobre el “liderazgo” que le mandó Scariolo el mismo domingo. Así que el Madrid encajó un parcial de 18-1, tirando por tierra todo el esfuerzo anterior. Creció Kessler Edwards, abusando de Len, y sólo Trey Lyles y algo de Feliz y Deck dieron oxígeno a los blancos antes de la hora de la verdad del acto final.

Sin embargo, era demasiado el lastre. Volvieron Hezonja y el tocado Garuba, como un león enjaulado, y Lyles pareció tocar a rebato (65-61 tras un triple del canadiense, a falta de 2:26). ¿Otra loca remontada? En absoluto. Bryant contestó con un triplazo que le quitó las ganas y los fallos en los tiros libres (apenas 7 de 15), por si acaso, fueron el remate a la condena del Real Madrid. Con la sensación de oportunidad perdida, pero con dos balas todavía en la recámara para regresar a la Final Four.

kpd