Fernando Alonso ha vivido de todo en la Fórmula 1, también un año desastroso, aquel 2025 con McLaren Honda en el que apenas puntuó en dos carreras. Ha sido campeón y ha sido último; el éxito y el fracaso. Pero esta temporada será otra cosa. Su Aston Martin y especialmente su motor Honda le van a obligar a un ejercicio absoluto de amor al Mundial. A sus 45 años, ¿Cómo seguir así? Si no hay un cambio drástico en los próximos meses, sólo su pasión explicará que no lo deje en verano, harto de todo, desengañado, aburrido.
Pese a la promesa de un futuro mejor -¿Será 2027?¿2028?¿2029?-, con el monoplaza que tiene sólo puede aspirar a acabar las carreras, y con suerte. En el estreno del campeonato en Melbourne, Alonso apenas duró 14 vueltas en pista en la confirmación del desastre. El primer abandono de muchos.
Entre los muchos problemas de la unión de Aston Martin y Honda, uno es la falta de piezas de repuesto y cuando su equipo vio que el español podía tener problemas no hubo más remedio que llevarle al garaje. El próximo domingo 15 hay carrera en Shanghai y estaba en juego un ridículo todavía mayor: no poder ni presentarse. Por eso la retirada fue la única opción posible. “Los ingenieros vieron un dato anómalo en la telemetría y tuvimos que parar por precaución. Sabíamos que iba a ser casi imposible acabar la carrera”, analizó Alonso que a pesar de los pesares rascó alguna alegría en el circuito de Albert Park.
Unas semanas después, la misma banda sonora: "¡Rafa, Rafa, Rafa!". Si en el pasado Roland Garros sorprendió la ascensión de Rafa Nadal a ídolo de Francia, a leyenda de su deporte, incluso a símbolo galo, este sábado en su debut en los Juegos Olímpicos de París junto a Carlos Alcaraz se vivió esa realidad con desinhibición. Después de que el viernes el español portara la antorcha olímpica en un momento crucial de la ceremonia de inauguración, este sábado entró en la Philippe Chatrier con la ovación que se reserva sólo a las leyendas propias. Unas horas despues, la misma banda sonora: "¡Rafa, Rafa, Rafa!".
Durante todo su victoria en primera ronda en dobles junto a Carlos Alcaraz y contra los argentinos Máximo González y Andrés Molteni, el ganador de 22 Grand Slam recibió el cariño del público francés desde una atronadora ovación de entrada a una atronadora ovación de salida. Tambien Alcaraz, campeón y carismático, es querido en Roland Garros, pero lo de Nadal es otra cosa. Pese a su españolidad y su españolía, Nadal es un mito francés y como tal es tratado.
"Todo lo que pasó en la inauguración será inolvidable, se quedará para siempre en mi memoria. Sólo puedo agradecer a París, a toda Francia, haber tenido un detalle así con alguien que no es de su país", proclamó Nadal, que sobre la pista no quiso perder la concentración. Saludó como siempre y, al final, lanzó pelotas a las gradas junto a un Alcaraz juguetón, pero no quiso entrar a agradecer todos los vítores a su favor. En un momento del partido, incluso, por las tribunas de la Philippe Chatrier empezó una ola y fue él quien se encargó de apagarla para que pudiera volver el juego.
MARTIN BERNETTIAFP
Con su aparatoso vendaje en el muslo derecho se le notó cómodo, fresco, incluso rápido, pero en un momento del segundo set se paró para tocarse la zona. Al parecer, según dijo, sólo se estaba apretando el vendaje, nada más.
Su camino en solitario
"No sé qué haré mañana en el individual. Esta noche hablaré con el equipo y tomaremos la decisión más adecuada pensando en traer medallas a España. No siempre más es más, a veces más es menos. Pero con eso no estoy diciendo que no vaya a jugar", aseguró sobre su partido de primera ronda del cuadro individual ante Marton Fucsovics (14.00 horas, La 1) y esa entrega de la afición francesa también se empapa de esta incertidumbre. Quién sabe cuántos partidos más jugará en Roland Garros, así que mejor rendirle homenaje ahora no vaya a ser que sea el último.
En todo caso, estos días parece que jugará unos cuantos. En individuales, con Novak Djokovic como posible rival si juega y gana a Fucsovics, su camino quizá sea corto, pero en dobles el oro es el único objetivo. En cada encuentro que pasa, en cada encuentro que gana la pareja española, aumentará su compenetración y el dominio de Alcaraz de los entresijos del juego de dobles. "Creo que para los dos jugar juntos representando a España es un combo difícil de superar. El partido que hemos jugado nos permite soñar y seguir adelante. Hemos funcionado bien como pareja. Tener a un jugador como Carlos a mí lado me da tranquilidad, confianza y energía. Los dos mantenemos la energía alta y la actitud adecuada".
Jannik Sinner ya no sólo gana partidos. También empieza a ganar peso político en el tenis. El número uno del mundo se sumó este jueves en Roma a la creciente rebelión de los jugadores contra los Grand Slam, un pulso soterrado desde hace años y que ahora amenaza con hacerse público justo antes de Roland Garros. Incluso hay una amenaza de huelga sobre la mesa
«Quizás estamos recibiendo demasiado poco», dijo Sinner, con esa mezcla de calma y contundencia que le ha convertido en el jugador más dominante del circuito. No habló únicamente de dinero. O, al menos, no quiso que pareciera sólo dinero. «Lo importante es el respeto», insistió. Pero el mensaje era inequívoco: las grandes estrellas generan mucho más de lo que reciben.
Durante décadas, los Grand Slam han sido el gran negocio del tenis. Wimbledon, Roland Garros, el US Open y el Open de Australia concentran la atención mundial, disparan audiencias y multiplican ingresos por televisión, patrocinio y entradas. Sin embargo, los jugadores llevan tiempo denunciando que el reparto económico sigue lejos de otros deportes donde los protagonistas tienen una porción mucho más alta del pastel. Si en el fútbol los jugadores se llevan alrededor de un 70% de los ingresos y en la NBA el dinero se reparte 50/50, en el tenis la situación es muy distinta. Las estrellas no alcanzan a cobrar ni el 15% de lo que generan.
"Sin nosotros el torneo no existe", resumió Sinner. Y ahí está el corazón del conflicto.
Un comunicado conjunto
El italiano forma parte del grupo de jugadores y jugadoras -entre ellos Coco Gauff y Aryna Sabalenka- que, según adelantó The Guardian, firmó un comunicado mostrando su malestar por los premios previstos para Roland Garros. Serán 61.7 millones de euros, pero lo ven insuficiente. La protesta tiene un componente simbólico importante: por primera vez hombres y mujeres aparecen alineados públicamente en esta cuestión.
No es casualidad que sea Sinner quien dé el paso. El tenis masculino atraviesa un cambio de era acelerado. Con Novak Djokovic entrando en la recta final de su carrera y Carlos Alcaraz con problemas físicos, el italiano se ha convertido en la referencia más estable del circuito. Y eso le otorga una autoridad distinta. Cuando habla el número uno, el circuito escucha. También los torneos.
TIZIANA FABIAFP
Detrás de esta discusión hay una batalla mucho más profunda: quién controla el negocio del tenis. Los Grand Slam son entidades independientes, poderosísimas, acostumbradas a imponer condiciones. Los jugadores, en cambio, han vivido históricamente fragmentados entre ATP, WTA y calendarios imposibles. La sensación en el vestuario es que esa desunión les ha hecho perder fuerza durante años.
«Hemos estado callados demasiado tiempo», dijo Sinner. La frase sonó menos a queja y más a advertencia.
En Roma, mientras persigue el único Masters 1000 que falta en su colección, el italiano llega como gran favorito. Juega en casa, evita a Djokovic hasta una hipotética final y aterriza con el aura del campeón inevitable. Pero esta vez el foco no está sólo en su derecha o en su revés. También en su capacidad para liderar una reivindicación que empieza a crecer en el circuito.
Y que amenaza con convertir Roland Garros en algo más que un torneo de tenis.
Mundial femenino
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
Actualizado Miércoles,
29
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2023
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