Hacía mucho tiempo que Eusebio Cáceres no saltaba tanto. Se pensaba que ya no podía a causa de la edad y las lesiones, que lo han machacado una y otra vez y, a menudo, a las primeras de cambio en cada competición. Pero, a los 34 años, todavía ha vuelto a ser campeón de España “indoor” con un salto de 8,19. Es su octavo título, desde aquel lejano primero de 2012. En la historia de los Campeonatos, sólo Yago Lamela ha saltado más, y también en Valencia: 8,28 en 2003.
A Cáceres lo escoltaron en el podio Héctor Santos (8,03) y Jaime Guerra (8,01). Nunca, en conjunto, se ha ido tan lejos en un Nacional en pista cubierta. Cáceres no suscitaba muchas expectativas. Es cierto que siempre se puede esperar algo importante de alguien con su clase. Pero la ilusión no imperaba sobre la desconfianza. El de Onil llegaba con una mejor marca en la temporada de 7,66. Los antecedentes no invitaban al optimismo y puede que él sea el primer sorprendido. Estará, por descontado, en el Mundial de marzo en Polonia. Nos encontramos, en cierto modo, ante un nuevo Eusebio Cáceres. O, ante la reproducción del antiguo. Es otro Eusebio sin dejar de ser el mismo.
En el cómputo de las finales A y B de los 400 metros, esa final partida que no acaba de convencernos porque queremos a los mejores juntos y no separados, Markel Fernández (46.69) se llevó el título. Y Blanca Hervás, majestuosa como siempre, el suyo con 51.49, mínima para el Mundial, con Paula Sevilla en 51.69. Con ellas dos, más Ana Prieto, Carmen Avilés, Daniela Fra y compañía, disponemos de unos formidables relevos 4×400. Martín Segurola se llevó los 3.000 masculinos; y Marta García, los femeninos en su camino para ganar también los 1.500 en la jornada dominical de clausura. Sería un hito.
El atletismo saborea la plata de Tilena Martínez, hija del inolvidable Manolo, en el lanzamiento de peso. La muchacha tiene 19 años y duda entre el atletismo y la halterofilia. Con 15,84, sólo cedió, lógicamente, ante Belén Toimil y sus 16,89. Lloraba de alegría y su padre sonreía de orgullo.
La mujer más rápida, como no podía ser de otro modo, fue Jaël Bestué. Renunció a correr los 200, su mejor prueba porque no figura en el programa internacional. Careció de oposición y, especialmente relampagueante en la segunda mitad de la prueba, terminó en 7.19. El rayo masculino fue Guillem Crespí con 6.66.
En el camino a las finales, una víctima ilustre en los 800. Elvin Josué Canales, el plusmarquista nacional, no accedió a ese momento supremo que, salvo catástrofe, espera a Mohamed Attaoui para coronarlo campeón. Otro ilustre, Mario García Romo, que no acaba de recuperarse de sus problemas físicos, no entró en la final de unos 1.500 muy abiertos con Mariano García, Ignacio Fontes y Adrián Ben.
Quique Llopis está espléndido y gozando del apoyo entusiasta de sus paisanos, a los que, en justa correspondencia, se esfuerza por complacer. Dominó las series de 60 vallas con unos 7.67 de mínimo esfuerzo y máximo provecho. Casi sorprendería que, a pesar de la falta de competencia -Asier Martínez todavía no se halla en disposición de hacerle frente- en la final no batiera el récord de España. Esos 7.45 que ya ha establecido dos veces esta temporada.






