El insospechado resurgir de Bassas y el “jabato” Oriola: repescados en Manresa y claves en la selección

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Bromeaban estas semanas atrás sobre el hecho de que nunca habían coincidido antes, dos tipos con mil batallas a cuestas, con un puñado de equipos cada uno en su currículum, dos clásicos rejuvenecidos en el Baxi Manresa por uno de esos guiños del destino. Comenzada la temporada, ni Pierre Oriola ni Ferran Bassas andaban ni cerca del Bagès. El pívot, siendo campeón de la Liga mexicana con el Fuerza Regia de Monterrey. El base, sin demasiado protagonismo en el Morabanc Andorra. Dos refuerzos invernales para Diego Ocampo y una explosión. Con prolongación en la selección española, tanto tiempo después ambos, protagonistas absolutos el viernes en el contundente triunfo de España en Riga ante Ucrania.

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Tras el enrevesado inicio, en el que Oriola tardó poco más de un minuto en cometer dos faltas, la selección de Chus Mateo se comprobó en apuros. Miró al banquillo el seleccionador y encontró la solución. Y eso que en una de sus primeras acciones en pista, Bassas pasó un bloqueo por detrás y Ucrania lo castigó con un triple. No le gustó al técnico, pero rápido iba a encontrar respuesta. El menudo base fue un tormento, los triples que necesitaba el equipo (cuatro sin fallo), la clarividencia ofensiva.

Va camino de 34 años y hacía tres que no pisaba la selección, en la que había debutado en febrero de 2020, días antes de la pandemia, en una victoria en Rumanía camino al Eurobasket que luego sería oro. 11 partidos con España en esta escasez de bases de los últimos tiempos tan inusual. La lesión de Alberto Díaz y los problemas físicos que arrastra Lluis Costa (fue uno de los dos descartes ayer), hizo que se necesitara otro director. El rendimiento de Bassas desde que fichó por el Manresa -sin ir demasiado lejos, hace unos días, en Lleida, firmó 14 puntos y 11 asistencias- le hizo derribar todas las puertas. “El cambio fue genial para volver a coger confianza. Y el premio fue la selección. Un reconocimiento al trabajo. Me lo tomé con ambición. Con muchas ganas de ayudar al máximo y de conseguir victorias”, se congratulaba el protagonista, 16 puntos en el Xiaomi Arena y sin complejos ante el talentoso Kovliar. “Es que hemos disfrutado en la cancha, con la defensa, con el esfuerzo. Eso te da ganas de más”, festejaba.

De Oriola hablaba el seleccionador y se rendían sus compañeros. Había regusto de exhibición en las entrañas del pabellón, que España abandonaba feliz para dejar paso al duelo entre la local Letonia y Polonia. Volvió el ex del Barça a la pista tras el descanso y resultó una revolución (+ 22 con él en pista). La explosividad, la inteligencia, el ímpetu que le hicieron ser parte de la España campeona del mundo. En un ratito abrumó a los gigantes ucranianos con su frenética actividad, anotó ocho puntos, atrapó cinco rebotes (tres ofensivos) y, con él, España se disparó con ese parcial de 1-21 para frotarse los ojos. “Ha estado genial, hay que alabar su trabajo. Algún tiro importante, chocando con los grandes, encontrando ‘spacing’, balones extra… una actividad extraordinaria. Como un jabato. Hasta me he preocupado un poco, porque tal vez hasta le he puesto más minutos de la cuenta, pero ha respondido bien”, se rendía un Mateo que no dudó en acudir a un pívot que fue campeón del mundoa pero que no estaba con España desde el verano de 2021, cortado a las puertas de los Juegos de Tokio. Y que le respondió con un paso al frente.

El seleccionador, satisfecho, no quiso sin embargo caer en la euforia. “Es una victoria importante pero no decisiva. Y eso es algo que tengo que transmitir a mi equipo: no hemos completado el trabajo. Y aunque esta noche celebraremos la victoria, este partido ya es pasado. Hay que sumar uno más en Oviedo”, zanjó.

kpd