Ana Alonso estaba destrozada, tumbada en la nieve. Después de su segundo y último turno, pensaba que las opciones de España de celebrar una medalla en el relevo mixto del esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina se habían terminado por su culpa. Agotada, exhausta, lastrada por las secuelas del grave accidente que sufrió hace cinco meses, había caído hasta el quinto puesto y, lo que es peor, había cometido una infracción. En la transición final se había pasado la línea reglamentaria. No se detuvo donde tocaba, lo hizo dos metros más allá.
Luego Oriol Cardona remontaría hasta el tercer puesto e incluso se acercaría al segundo, pero ni uno ni el otro tenían claro qué pasaría al cruzar la meta. De hecho, no celebraron ni se abrazaron; únicamente se colocaron contra una valla mirando al videomarcador y esperaron. Esperaron, esperaron y esperaron. Un segundo que pareció una hora, dos, tres. Al cabo de un rato apareció: «¡Que pone tres segundos!», gritaba Alonso, y Cardona rompía a llorar. Esperaban un castigo de 10 o incluso 20 segundos y solo fueron tres. El bronce era suyo.
Ya eran dobles medallistas olímpicos, ya eran historia de España: ningún otro deportista del país había subido al podio dos veces en los Juegos Olímpicos de invierno. Ellos lo consiguieron. Después del oro de Cardona y el bronce de Alonso en la distancia sprint del pasado jueves, se colgaron otro bronce en los relevos por parejas, solo por detrás de los franceses Thibault Anselmet y Emily Harrop y los suizos Jon Kistler y Marianne Fatton.
«Estoy abrumado, estoy jodido, me duele la cabeza y todo», reconocía Cardona justo al cruzar la meta, en una mezcla de emociones extraña. La tensión por la sanción se unía a la alegría por la medalla y todo se mezclaba con la ambición de quien quería más. «Es un bronce, no es un oro, pero hay que valorarlo también. En vista de cómo ha ido la carrera, hubiera podido ser peor», confirmaba el esquiador y, a su lado, su compañera corroboraba sus sensaciones: «Veníamos a pelear el oro porque siempre habíamos quedado primeros o segundos. Es la primera vez que quedamos terceros. Pero bueno, así añadimos un nuevo color a las medallas».
AP
«Ha sido un fallo mío. No me he dado cuenta de que me pasaba de la línea; me lo han dicho cuando ya le había dado el relevo a Oriol, y la cosa es que no sabíamos cuánto tiempo nos pondrían de penalización. Nos ha tenido en vilo hasta que hemos visto que eran tres segundos», relataba Alonso, que durante la carrera sufrió de lo lindo. En su primera vuelta ya tuvo que pelear de menos a más para entregar el relevo a Cardona en cuarto puesto, pero en la segunda se desfondó. Su cara, puro sufrimiento, advertía del error que cometería después.
La celebración de los medallistas
En todo caso, las consecuencias no fueron graves, ni hubo reclamación. Estados Unidos, que acabó en cuarta posición con Cameron Smith y Anna Gibson, quiso que el castigo se reevaluara, pero presentó su solicitud fuera de plazo y la Federación Internacional de Esquí de Montaña (ISMF) ya no tocó los resultados.
Después de las 48 horas más intensas de su vida, Cardona y Alonso ya podían irse a celebrar: la vida les había cambiado para siempre. Cuando subieron al podio, apenas unos minutos después de la prueba, todavía se les veía el susto en la cara, pero después se desató la fiesta. Con las familias de ambos desplazadas a la estación de esquí de Stelvio, organizaron una merecida cena después de todas las obligaciones de los medallistas, entre ellas una rueda de prensa.
«Estas medallas son una recompensa a todo el camino recorrido por nosotros y por la gente que nos rodea. Hay personas que han estado en nuestras vidas y que han dejado de estar que nos han ayudado a estar aquí», aseguraba Cardona, más emocionado que dos días antes, con su abuelo fallecido en mente. «Lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas y hemos hecho historia para nuestro país», resumía Alonso, que, como Cardona, ya pensaba en el futuro: «En 2030 volveremos a por el oro».







