La estrella estadounidense del esquí Lindsey Vonn, hospitalizada desde el domingo en Italia después de una violenta caída en el descenso olímpico, anunció este viernes que va a someterse a “una cuarta operación” en su pierna izquierda, el sábado, y que “si todo sale bien” confía en poder “volver a casa”.
“Han sido unos días muy duros en el hospital aquí, pero ya me siento yo misma. Todavía me queda un largo camino por recorrer”, declara la deportista de 41 años en un vídeo publicado en su cuenta de Instagram.
“Mañana (sábado) voy a someterme a una nueva operación y, si todo sale bien, entonces podré eventualmente irme y volver a casa“, explicó la “Speed Queen”, precisando que más adelante debería someterse a una quinta operación.
Vonn ha ido informando regularmente en las redes sociales desde su caída del domingo, pero es la primera vez que su mensaje es en un vídeo, que dura alrededor de un minuto.
En él da también “las gracias a todo el mundo por las flores, los correos y el tiburón”, sonríe, mostrando un peluche junto a su cama del hospital.
Vonn fue trasladada en helicóptero de la pista donde se cayó al hospital de Cortina d’Ampezzo, desde donde fue trasladada a un centro médico de Treviso, el lugar donde ha sido sometida hasta el momento a tres operaciones debido a la fractura del fémur izquierdo.
“Me siento afortunada”, asegura la esquiadora, campeona olímpica del descenso en 2010, que dijo estar recibiendo la visita de familiares y amigos.
Vonn también se muestra agradecida en su vídeo al personal médico que le ha atendido a lo largo de esta semana.
La llegada de Victor Wembanyama a la NBA fue un auténtico terremoto hace dos años, igual que lo fue la noticia el febrero pasado de que causaba baja indefinida por una trombosis en una pierna, una lesión que ha retirado antes de tiempo a muchos jugadores. Pero felizmente, el francés ha anunciado su retorno a las canchas de baloncesto tras la grave lesión de hace cinco meses en una entrevista a L'Equipe en la que reconoce que temió no poder volver a jugar, informa Efe.
"Hoy puedo decir que oficialmente he dejado atrás la trombosis" en una pierna, afirma el pívot francés estrella de San Antonio Spurs, que participa en unas sesiones de convivencia con su equipo mientras los más jóvenes compiten en la liga de verano en busca de una oportunidad.
'Wemby', de 21 años, fue elegido en primera posición del 'draft' de 2023 y al cabo de su primera temporada logró el premio al mejor novato del año, gracias a sus 2,24 de altura y a la enorme envergadura de sus brazos, pero también a la inteligencia de su juego a pesar de su juventud.
Sin embargo, la progresión de su segunda temporada se vio cortada a raíz del problema en su pierna, descubierto el 20 de febrero, que le forzó a una baja indefinida y le produjo el miedo a tener que dejar el baloncesto, como ha ocurrido a otros jugadores por el mismo motivo. "Tuve el miedo de no poder volver a jugar al baloncesto, creo que es algo que nos pasa a todos", explica.
La entrevista, realizada el pasado viernes, tuvo lugar justo después de que Wembanyama recibiera el alta médica para retornar a los entrenamientos, aunque es consciente de que tendrá que volver muy poco a poco.
"Si tuviera que jugar un partido mañana, sería arriesgado. Tengo que recuperar muchos reflejos, tanto a nivel mental como de la memoria muscular", explica. Aún así, asegura que va a volver más fuerte que nunca.
Portada de L'Equipe.L'Equipe
Este retorno paulatino ha causado su renuncia al Eurobasket que comienza el 27 de agosto, decisión que tomó junto con el cuadro técnico del equipo nacional francés. "Cuando se tiene un problema de salud tan grave en la vida en general (...) No se pueden correr riesgos", explica.
Wembanyama detalla en la entrevista que ha aprovechado este parón forzoso para viajar por el mundo, con estancias en Costa Rica, Japón y China. En este último país estuvo aprendiendo meditación y kung fu en el monasterio Shaolin, el lugar donde se inventó ese arte marcial.
"Fue muy duro. He descubierto movimientos que jamás hacemos en nuestra vida. Había que dar más de mil patadas cada día, saltos, ejercicios de equilibro, estiramientos. Se utilizaban músculos que apenas usamos y que se sobrecargaban con mucha rapidez", rememora.
La pieza clave de los Spurs para tratar de reverdecer los laureles que logró en décadas pasadas con hombres grandes como 'el almirante' David Robinson o como Tim Duncan cree que la franquicia texana no necesita buscar grandes estrellas en el mercado. "Los Spurs son maestros en el arte de construir equipos sin salir a buscar grandes jugadores ni sacrificar el equilibrio del grupo", recuerda.
Finalmente, insiste en su "sueño" de hacer toda su carrera en la NBA "en una sola franquicia", aunque asegura que aún no ha pensado en la prolongación de contrato a la que tendrá derecho dentro de un año, de unos 300 millones de dólares en cinco años.
Luce aún Mirra Andreeva (Krasnoyarsk, 2007) la inocencia propia de una cría, aún inmune al envanecimiento, la previsibilidad y la impostura que suelen engullir en poco tiempo a quienes establecen una precoz alianza con el éxito. La tenista atendió a EL MUNDO este martes en la Caja Mágica tras participar en un acto con la firma de fotoprotección y dermatología ISDIN para concienciar sobre la importancia de protegerse de los efectos nocivos del sol.
¿Cómo ha cambiado su vida en los últimos meses?
Por supuesto que ha cambiado un poco, pero sigo siendo la misma 'vieja' Mirra. Personalmente no he cambiado mucho, otra cosa es que mi tenis sea más maduro. Mi vida es más o menos la misma.
Se le ve con una sensatez impropia de sus 17 años en la toma de decisiones en pista y en la gestión emocional.
Puedo decir que soy más fuerte de lo que era. He trabajado duro en ello y estoy feliz de que la gente pueda notar la diferencia.
¿Cuenta con un psicólogo en su equipo?
Sí, su nombre es Alexis. Me ayuda mucho a mantener mi centro y a enfrentar de mejor forma las situaciones adversas a las que he de hacer frente en la cancha.
¿Cómo se relaciona con las redes sociales?
Es peligroso, lo he experimentado, así que ahora estoy aprendiendo de mis propios errores y haciendo un uso más razonable de ellas.
¿Qué sabe de jugadoras precoces de los 80 y los 90, como Martina Hingis, Monica Seles o Jennifer Capriati?
He mirado cómo llegaron al éxito y he visto algunos de sus partidos. Desde aquella época han aparecido otras grandes jugadoras adolescentes y el tenis ha cambiado mucho, pero me sirven de referencia e intentaré alcanzar su nivel, sabiendo que son leyendas.
Y también Rusia ha dejado ejemplos relevantes de precocidad, como Maria Sharapova y, con un alcance menor, Anna Kournikova...
Sí, claro. Fueron 'súperpopulares'. Tuve la oportunidad de conocer a Sharapova el año pasado en Wimbledon y estuvimos hablando. Me dio algunos consejos y le pregunté un par de cosas, en especial cómo llevaba la presión y afrontaba los momentos delicados. Sí, me dio algunos consejos, pero no se los voy a contar a usted, me los guardo para mí. [Risas].
¿Es el circuito demasiado exigente, en particular para una mujer tan joven como usted?
Tal vez, pero no lo siento tanto así porque tengo un gran equipo a mi alrededor. Obviamente, he de cumplir con determinados actos que son una obligación para una tenista profesional. En realidad me gusta atender a los medios y participar en otro tipo de actividades promocionales. Me gusta entrenar, me gusta jugar partidos. Todo forma parte de un proceso muy excitante.
¿Le ha llevado el tenis a crecer demasiado deprisa?
Desde luego, porque en la pista tú no puedes ser una adolescente ni una niña. Ahí todo el mundo lucha y todo el mundo quiere ganar. Si no estás lista para ello como una persona madura, no podrás conseguir grandes cosas. Por supuesto que al principio tuve dificultades y necesité aprender cómo eran las cosas. Ahora puedo decir que estoy aprendiendo de mis propios errores y de mis experiencias y que el tenis me ha hecho crecer un poco antes que una niña que va a la escuela y tiene una vida más convencional.
Diría que una de sus virtudes es la facilidad para leer los partidos y sacar provecho de las debilidades de sus oponentes. ¿Lo ve usted así?
Lo intento, con la gran ayuda de Conchita Martínez y otros integrantes de mi equipo. Trato de ver los partidos de mis rivales para conocer sus puntos flacos y sus fortalezas. Pero sola no tendría tanto éxito en eso.
¿En qué partes de su juego cree que debe mejorar más?
Hace poco hubiera dicho que a la hora de desenvolverme en la red, pero lo trabajo bien disputando dobles, algo que también me ayuda a tomar responsabilidades en momentos concretos.
Ya ha derrotado a las dos mejores jugadoras: Aryna Sabalenka e Iga Swiatek. ¿Quién le puso más dificultades?
Cada una presenta desafíos específicos. Iga es una auténtica atleta, pelea cada bola, siempre con un ritmo alto, con mucha intensidad en cada golpe. Aryna es poderosísima y le pega muy duro a la pelota.
Ya tiene una plata olímpica en dobles en los Juegos de París, que ganó junto a su compatriota Diana Shnaider.
Después de la final fue algo horrible, pero pronto nos dimos cuenta del valor de lo que habíamos logrado porque no todo el mundo puede decir que ha ganado una medalla olímpica con 17 años.
¿Cómo se imagina dentro de un lustro?
De lo único que estoy segura es de que seguiré trabajando duro en una pista de tenis. Tal vez ya tenga un par de grandes en el bolsillo; tal vez no tenga ninguno.
Hace unos minutos, medio en broma medio en serio, reclamaba el bote de una bola en un mero peloteo promocional. Parece muy competitiva.
Sí, lo soy. Siempre quiero ganar. No importa que se trate de tenis o de jugar al Uno. Si discuto siempre quiero llevar la razón. Soy así. Desafortunadamente. [Risas].
¿Qué importancia tiene en su carrera su hermana Erika, también tenista?
Hemos compartido mucho. Sin ella no sería quién soy. Le estaré eternamente agradecida
En algún momento divertirse con el fútbol se ha convertido en un pecado, una cosa de piperos, no hemos venido a esta vida a disfrutar. Es consecuencia del postureo identitario y bastante tóxico que mueve las redes sociales y, también, una excusa cómoda cuando tu equipo es un peñazo. No importa pasarlo bien y el resultado, sólo cuando ganas. Si palmas, lo que importa es que nosotros somos diferentes, pese a que está comprobado que todas las aficiones son iguales. ¿Saben cómo lo sé? Porque absolutamente todas presumen de no ser como el resto. No falla una.
Pensaba en esto mientras era feliz viendo al Barça ganar la Liga contra el Madrid y perder la Champions frente al Inter. No por el resultado -que en el primer caso también, no les voy a mentir- sino porque fueron partidos memorables. Resulta que me gusta el fútbol y lo había olvidado. Lo hemos olvidado muchos. El equipo de autor de Hansi Flick no es el mejor que he visto, pero sí el más divertido. Y la diversión es lo que nos llevó al fútbol antes de que las miserias adultas nos hicieran mezquinos.
Como debí ser asesino en serie en otra vida y el karma me lo está devolviendo, vi el clásico con 14 niños de 11 años invadiendo mi salón. Estuvieron todo el partido gritando, celebrando los goles en la cara de los otros y riéndose. Se lo pasaron en grande. Al acabar, se felicitaron o se dieron ánimos y siguieron destrozándome la casa en amor y compañía, mientras yo hacía cortes de mangas virtuales a mis amigos madridistas. La enfermedad no viene de serie, la pillamos a base de zascas y memes.
Los apóstoles del fútbol como religión y no como juego me dirán que me divierte tanto porque no soy del Barça, que es una aberración recibir siete goles en una semifinal de Champions y que si fuera culé me pasaría los partidos al borde del ictus. Esto último es probable, pero no había visto al barcelonismo tan orgulloso de su equipo desde Pep Guardiola. Y me da envidia.
Me da envidia que vayan al campo sabiendo que todo puede suceder, que un 0-2 no es nada, que el fútbol se juega a ganar sin miedo a perder, que la risa de los malditos niños es un indicador de felicidad al que aspirar y mi hija sufre como una bellaca para llegar sin dormirse al minuto 60 cuando ve al Atleti. Ganar es de horteras, pero divertirse... Divertirse es lo único realmente importante del fútbol. O debería.