El tráfico ferroviario en el norte de Italia, en concreto en la ciudad de Bolonia, se ha visto este sábado muy ralentizado por varias incidencias simultaneas que las autoridades investigan como sabotaje por los Juegos Olímpicos de Invierno.
Los retrasos en la estación de Bolonia han llegado hasta los 150 minutos en trenes regionales y de alta velocidad que debían llegar a grandes capitales norteñas como Turín, Milán, Venecia o Brescia, según ha confirmado el ente público ‘Ferrovie dello Stato’.
La primera incidencia se ha registrado a las 8:30 hora local (7:30 GMT) con el hallazgo de unos cables arrancados en la red ferroviaria a la altura de la localidad boloñesa de Castel Maggiore.
Posteriormente se ha localizado un artefacto explosivo en las vías entre Bolonia y Padua y se ha registrado un incendio en una cabina eléctrica en la estación de Pesaro.
Las autoridades, según los medios locales, lo investigan como supuestos sabotajes de origen anarquista, no como hechos aislados, y sospechan que tratan de afectar al desarrollo de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán y Cortina inaugurados ayer viernes.
Por esa razón, por la hipótesis de que puedan ser hechos dolosos, además de la policía ferroviaria han intervenido agentes de la Digos, la unidad policial de operaciones especiales.
En el verano de 2023, justo antes de ganar su primer Wimbledon, Carlos Alcaraz se entrenó en las pistas de atletismo Monte Romero, en el campus de la Universidad de Murcia. ¿Quería mejorar sus sprints sobre el tartán? ¿Quería fortalecer sus golpes lanzando jabalinas? Nada de eso. Alcaraz sólo buscaba pisar hierba natural, correr sobre hierba natural, saltar sobre hierba natural y el campo central del recinto era el lugar más cercano a su casa para hacerlo. Su éxito en Roland Garros en los dos últimos años ha reducido su calendario y su preparación sobre el verde se ha centrado en el ATP 500 de Queen’s, pero aquellas sesiones en Murcia subrayan la rareza: en Wimbledon domina un tenista de un país donde apenas hay pistas de hierba natural.
Si avanza a partir de su debut hoy ante Fabio Fognini (14.30 horas, Movistar) y el próximo 13 de julio Alcaraz logra su tercer título consecutivo, se convertirá en el español más laureado en el Grand Slam inglés y creará una tradición prácticamente de la nada. "La hierba es para las vacas", proclamaba Manolo Santana, campeón en 1966. Y empieza a no ser así. Aunque tampoco parece que se vaya a convertir en la superficie favorita para los españoles.
El milagro de Mallorca
"En España el mantenimiento de las pistas de hierba es especialmente difícil. Se necesita más agua, más cuidados, es un proceso costoso. Para nuestras pistas viene un experto de Wimbledon, que lo supervisa todo", cuenta Benito Pérez Barbadillo, responsable de comunicación del ATP 250 de Mallorca finalizado este sábado -con Tallon Griekspoor campeón-, un oasis de hierba en el desierto de tierra batida y cemento que es España. Gracias al torneo, en el Mallorca Country Club sobreviven las únicas seis pistas de hierba natural que hay en todo el país.
Hace una década el circuito ATP decidió separar una semana más Roland Garros de Wimbledon y eso abrió la opción de crear nuevos torneos. El grupo alemán E|motion, que ya había alquilado el antes llamado Tennis Country Club Santa Ponça para una competición WTA, creyó que era una buena oportunidad y de ahí el milagro de que actualmente haya algo de tenis sobre hierba en España. "Muchos jugadores prefieren quedarse entrenando en Wimbledon, pero los que necesitan ritmo de partidos aprecian mucho poder venir a Mallorca. En Inglaterra la lluvia es impredecible y puede afectar a tu preparación; aquí eso no pasa. El problema es que nos cuesta atraer a empresas españolas. Es nuestro reto. Casi todos los patrocinadores son alemanes o del circuito ATP", expresa Pérez Barbadillo, que ha visto en las distintas ediciones del torneo mallorquín a Novak Djokovic -en dobles-, Daniil Medvedev o Stefanos Tsitsipas.
Dos experimentos fallidos
Antes de que se creara el Mallorca Championships, España había estado muchos años sin una sola pista de hierba natural y varios experimentos habían fracasado. En 1994, por ejemplo, el Real Club de Tenis López-Maeso de Madrid inauguró sus pistas verdes con un evento de veteranos donde estuvieron Björn Borg, Ilie Nastase, Guillermo Vilas, José Luis Clerc o el propio Santana. La idea era atractiva: había una pista de DecoTurf, la superficie dura del US Open, y otra de hierba Wimbledon. Pero el coste superó al beneficio. La construcción costó 10 millones de pesetas, se necesitaron tres intentos para que la hierba se asentase y un par de años más tarde se abandonó la apuesta.
Las pistas del Villanueva Golf.E.M.
En 2014, otro caso, el Villanueva Golf de El Puerto de Santa María inauguró tres pistas de hierba natural y la propuesta duró todavía menos. El ambiente de Wimbledon que se creó alrededor -sólo se podía jugar de blanco, se vendían fresas...- no logró atraer a los clientes necesarios para asumir el mantenimiento.
Antes que Alcaraz
"Fui a Wimbledon, me reuní con Neil Stubley, el head groundskeeper del Grand Slam, el encargado de la hierba del torneo, y me dijo que en Cádiz no aguantaría el césped, que era muy árido, que era imposible. Hicimos una mezcla distinta del raigrás, el césped inglés, y lo teníamos impecable. Necesitaba su agua, su cóctel, su mantenimiento, pero atraía a mucha gente, especialmente turistas. Por desgracia, la dirección de las instalaciones decidió cerrar las pistas", rememora Oliver Günther, impulsor del proyecto gaditano que incluso planeaba la creación de un torneo Challenger en el lugar. Tanto el Real Club de Tenis López-Maeso de Madrid como el Villanueva Golf se ofrecieron a los tenistas españoles para sus entrenamientos, pero pocos se interesaron.
Antes de Alcaraz, sólo Santana, Conchita Martínez (1994), Nadal (2008 y 2010) y Garbiñe Muguruza (2017) habían vencido en Wimbledon y, de hecho, apenas cinco más habían levantado otros trofeos. En Eastbourne vencieron Andrés Gimeno y Feliciano López -también doble campeón en Queen's-, en Newport celebró Arantxa Sánchez Vicario y en Hertogenbosch, David Ferrer y Roberto Bautista. Nada más. En Wimbledon domina un tenista de un país donde apenas hay pistas de hierba natural. Menuda rareza.
La pasión por el baloncesto no entiende de fronteras, ni de categorías ni de jugadores. Es simplemente ese cosquilleo en el estómago cada vez que entra al pabellón para competir y el gusto por viajar para conocer nuevas culturas, lo que lleva a entrenadores como Julián Martínez Alman (Sevilla, 54 años), a recorrer medio mundo detrás de una canasta.
Aunque, como cualquier historia, todo comienza por una necesidad mucho más común: aprender inglés para poder comunicarse mejor con sus jugadores. "Después de entrenar en LEB Plata, me di cuenta de que todos los equipos fichaban a norteamericanos y a extranjeros y que yo no podía porque no dominaba el idioma. Ese fue el detonante para irme a Inglaterra. Pero no fui con un equipo debajo del brazo, el primer año tuve que trabajar en una cafetería por las mañanas, para entrenar por la tarde a un club de cantera, los East London Royal. Allí, siendo asistente, fuimos campeones con el sub-19", asegura el técnico.
Una vez completó su etapa en Gran Bretaña tras dirigir al London Towers en 1999, equipo que compitió en Euroliga, Martínez Almán embarcó rumbo a Islandia. Un país donde, si bien su experiencia en el Thor Akureyri no fue del todo satisfactoria, pasó un año imposible de olvidar: "Las condiciones eran duras, llegamos a estar a -38 grados y era muy complicado. La liga no era muy seductora, pero lo recuerdo como algo importante en mi vida".
La muela de Amaya Valdemoro
La siguiente oportunidad en el extranjero llegaría en otro rincón del norte de Europa. Esta vez en Riga, Letonia. Tras un breve paso por el Barons, equipo de la capital, donde ayudó a reestructurar el equipo, la selección femenina llamó a su puerta para ser asistente de Krlis Muinieks. Era año del Eurobasket 2009 y España estaba en el mismo grupo. "Nos concentrábamos todos en el mismo hotel y Amaya Valdemoro tenía una infección en una muela que no la dejaba dormir. Un día, a la una de la mañana, sabiendo que era español y pseudo letón, me pidió ayuda para encontrar una clínica, porque el médico de la selección no hablaba inglés y no conocía la ciudad. Finalmente, mi mujer, que es letona, y yo la llevamos a que la hicieran una limpieza, que al final la permitió jugar. Nos metió 15 o 20 puntos y terminó con mi primer entrenador mirándome como diciendo: "valiente ayudante...", relata entre risas Martínez Almán.
Tras tres años por tierras bálticas y un breve paso por Bélgica, donde ganó la liga y la copa, el técnico vivió una de sus mejores experiencias internacionales siendo asistente en el Fenerbahçe SK Femenino, donde también conquistó el torneo local. "A nivel pasión, Turquía está a años de luz de lo que yo haya conocido. He tenido que quitar bengalas del suelo porque estaban quemando el parqué al lado del banquillo y viví un derbi en Final Four de Euroliga con 3.000 policías alrededor del pabellón. Es otra cosa".
Una liga en la que además coincidiría con Alba Torrens, aunque una grave lesión de la catalana impidió más enfrentamientos entre ambos: "Cuando jugué contra la selección sí nos tocó sufrirla, porque España ya estaba mirando para ver qué medalla conseguía y ella estaba en su máximo nivel. En el Galatasaray, ese año ella se rompió el cruzado y casi no pudo jugar", recuerda el técnico.
"África es un placer"
Una vez finalizado ese periodo, el destino le llevaría a países como Suecia, Suiza o Alemania, pero si hay un continente donde Martínez Almán ha podido disfrutar más del baloncesto es África. Más concretamente en Angola y en Mozambique, donde tuvo la oportunidad de dirigir la selección femenina: "Me encanta el continente, su gente y el carácter que tienen tanto a nivel profesional como fuera del deporte. Tienes una sensación agridulce porque están conviviendo en condiciones muy duras de pobreza pero a la vez trabajas con un potencial enorme. Es increíble como mejoran los equipos allí. Para un entrenador es un placer tener esa predisposición por parte de sus jugadores"
Otro aspecto sorprendente y que Martínez subraya de toda su experiencia en Luanda, una ciudad con una inflación incontrolable, es la actitud y las ganas de competir de los jugadores : "Son atletas. Entrenan a las seis de la mañana con normalidad porque después el sol aprieta y es imposible. También me pedían diez minutos de pausa en el entrenamiento para ducharse, cambiarse de ropa y poder seguir después".
Consciente del gran respeto que existe por el entrenador español fuera de nuestro país, Julián Martínez abre ahora un nueva etapa en Ruanda. Un nuevo país, el undécimo, donde podrá seguir disfrutando de aquello que le ha guiado a lo largo de todos los viajes: el baloncesto.
Sorpresón mayúsculo en Los Ángeles. En una tarde gris de Vinícius Júnior, Brasil no pasó del empate sin goles este lunes en su debut en la Copa América de Estados Unidos ante una Costa Rica muy seria atrás con Jeyland Mitchell a la cabeza.
El equipo de Dorival Júnior se estrelló contra un muro en un SoFi Stadium casi lleno plagado de camisetas amarillas. La vitalidad que le faltó a la Canarinha le sobró a los ticos, la selección más joven del torneo, que rascó un punto de oro que le sabe a gloria en la primera jornada del Grupo D.
Mal partido de Vinícius, Rodrygo y Raphinha, el mejor de los tres dentro del suspenso. Endrick y Savinho mejoraron al equipo en la segunda mitad, pero no fue suficiente.
El técnico argentino Gustavo Alfaro ya avisó que haría experimentos y así hizo. Plantó tres centrales, entre ellos Jeyland Mitchell, la última sensación de Costa Rica, para frenar a Vini; y dos pivotes. Cerrojazo de libro.
El plan le salió a la perfección en la primera mitad. También se vio favorecido porque Brasil salió tenso, acongojado. Vinícius y compañía transmitieron nerviosismo desde los himnos.
Los de Dorival dominaron, pero sin profundidad. El parabrisas de los tiempos de Fernando Diniz. Viejos vicios. Raphinha fue el único que encontró agujeros en la sólida defensa costarricense. Por dos veces el atacante del Barcelona encaró a Sequeira y por dos veces no supo finalizar.
En la otra banda, Vinícius sufría con el doble marcaje de Mitchell y Orlando Galo, sombras perpetuas del extremo madridista.
Rodrygo conectó bien, aunque poco, por dentro con Lucas Paquetá. El ex del Santos tampoco afinó en sendos disparos dentro del área, el primero tras jugada de salón con Paquetá, de lo poco salvable.
En el minuto 30, Brasil encontró por unos segundos un alivio en un gol de Marquinhos, tras una falta cobrada por Raphinha que desvió Rodrygo y transformó el central del París Saint-Germain. Después de celebrarlo con todo el banquillo, el VAR devolvió el 0-0 al marcador. Marquinhos estaba en fuera de juego.
Costa Rica respiraba. El plan funcionaba: emplearse con firmeza en defensa y dejar el gol a un golpe de suerte. En ese apartado, Quirós fue el más activo de los suyos en su particular aventura por el desierto.
La pentacampeona del mundo salió más suelta tras el descanso. Vini asomó un poco más. Pero el tiempo pasaba y no llegaba el gol.
A Costa Rica le empezó a faltar el aliento y pasó a emplearse con dureza. Brasil encontró más espacios. Paquetá se topó con el palo desde fuera del área. Pese a la mejoría, Dorival decidió meter savia nueva arriba con Endrick y Savinho. Vinícius y Raphinha se fueron al banco de reservas cabizbajos.
La entrada de las dos jóvenes promesas animó el ataque de la Canarinha y desestabilizó a su rival. En un primer aviso, un centro bombeado de Savinho casi acaba en gol en propia de Mitchell.
Poco después, Sequeira se tuvo que emplear a fondo para desviar un buen tiro de Arana desde fuera del área. A diez para el final, Savinho, el jugador revelación de pasada edición de La Liga española en las filas del Girona, encontró una autopista en la derecha.
Los de Alfaro aguantaban como podían y eso incluía parar el partido y llamar a las asistencias médicas. Los últimos cinco minutos fueron un acoso y derribo. Bruno Guimaraes tuvo el triunfo en sus botas, pero su chut se marchó rozando la escuadra.
Al final, tropezón de Brasil, que le queda lo más duro contra Paraguay y Colombia, mientras que Costa Rica se sacó la licencia para soñar.