Fue una noche de puro fuego. De mil partidos en uno solo, de remontadas, polémicas, tantos contactos que los árbitros no dieron abasto y tantas veces se equivocaron. Emoción, igualdad, agonía. Sloukas como líder del Panathinaikos y Alex Len como protagonista inesperado en el Real Madrid. Y una canasta final, preciosa, como colofón. Jerian Grant apuntilló a los blancos casi en el abismo para incendiar el OAKA. [82-81: Narración y estadísticas]
Es la novena derrota a domicilio de los de Scariolo en Europa, la que les hace perder el paso con la cabeza. Ante un rival directo al que dominaron hasta por 14 puntos, pero al que no supieron contener. No era sencillo entre tanta presión. Lo tuvo perdido y lo tuvo ganado después. Finalmente el Madrid murió por una genialidad ajena.
Visitar el OAKA tras la enésima pérdida de papeles del presidente del Panathinaikos –Dimitrios Giannakopoulos bramó el domingo tras la derrota liguera del equipo en Salónica ante el Aris-, nunca se sabe si es mala o buena noticia. En cualquier caso, el Madrid se plantó con la idea de pescar en aguas revueltas ante un rival siempre temido, el mismo con el que perdió la final de 2024. Y de enmendar el error de la semana pasada, una derrota con la que no contaba en París, y que le cortó su buen paso de últimamente.
Osman, ante Hezonja y Tavares.PETE ANDREOUEFE
Mejor, eso sí, que no sea de la partida Kendrick Nunn, posiblemente el combo más determinante de la Euroliga. Y que el amanecer sea a todo gas, con Hezonja completamente enchufado ante su ex equipo y los triples blancos lloviendo en Atenas. Un Madrid poderoso, seguro de sí mismo, capaz de poner 14 puntos de ventaja (19-33) tras tres tiros libres de un Procida que logró premio tras su estupenda actuación del domingo ante el Zaragoza (causaron baja Deck y Maledon).
Desnortado, sólo la personalidad de un líder del tamaño de Sloukas pudo hacer reaccionar al Panathinaikos. El veterano capitán aplicó un electroshock al duelo, con acciones en las que mezclaba su calidad con su picardía. Pero su impacto (12 puntos) no fue suficiente para acercar del todo a los verdes.
Fue eso sí, una mecha prendida. El paso por vestuarios hizo el resto. El PAO ya era otro y el Madrid no lo vio venir. Un 10-0 de vuelta, con Osman también revitalizado y otro triple de Sloukas, y ya estaba ahí (46-44). Era un partido nuevo (feo, trabado, polémico) y Sloukas estaba en una de esas noches.
Al comienzo del acto final los griegos se pusieron al frente (73-67), con el OAKA entregado y Tavares con cuatro faltas. Aunque el trabajo en la pintura de Len estaba siendo una de las grandes noticias para Scariolo. Más aún, fue la gran noticia para el Madrid. El ucraniano anotó nueve puntos en los últimos cuatro minutos, rey de la pista. Pero la pista estaba en llamas. Y el final fue de infarto. Digno del escenario.
Tras un dos más uno de Len, con 22 segundos por jugar, al Panathinaikos le dio para una canasta de Sloukas y para un triple de Juancho tras robar de saque de fondo (no sin varias faltas sin pitar, de las que luego se quejó amargamente Scariolo). Contestó Hezonja con otro dos más uno, pero en la última jugada, Jerian Grant enmendó su error de la falta anterior sobre el croata con una preciosa y decisiva canasta. Prácticamente sobre la bocina (Campazzo tuvo para un lanzamiento lejano y desesperado).
Hace tres años, en el Kokugican Arena de Tokio, se desesperaba Enmanuel Reyes Pla. "Ha sido una injusticia. Le conecté más golpes, pero los jueces mandan". Acababa de perder una medalla en el combate de cuartos contra su compatriota Julio César la Cruz. Este mediodía, en el Centro de Exposiciones de Villepinte, el Profeta se desquitó. Un combate fiero contra el belga Victor Schelstraete para avanzar a semifinales, asegurar medalla olímpica y soñar con el oro en Roland Garros.
Hacía 24 años que el boxeo español no subía a un podio en los Juegos. Fue el último Rafa Lozano en Sidney, el mismo (seleccionador nacional) que instruye desde la esquina al cubano de La Habana, puro frenesí sobre el cuadrilátero y ante los micrófonos. "Voy a arrancar cabezas", avanzó los días previos y no dejó escapar la segunda oportunidad de su vida.
El Profeta, calzón azul, desplegó todo su repertorio, espectacular y seguro de sí mismo de principio a fin. Cuando recibió el primero golpe del belga, sonrió. Y fue dominando los tiempos, golpeando una y otra vez a su cada vez más desesperado el rival. Ganó claramente el primer round y también el segundo.
Y en el tercero bailó, esquivó y golpeó. Y lo volvió a ganar para todos los jueces. Sabiendo contemporizar e incluso celebrar antes de tiempo.
Su rival en semifinales, el próximo domingo, se sabrá esta tarde (17:54 h.). Saldrá del combate entre el kazajo Aibek Oralbay y el azerbayano (nacido en La Habana, como Reyes Pla) Loren Berto Alfonso Domínguez.
El púgil escapó de La Habana en 2016, aunque no pudo llegar a España hasta un año después, tras muchos problemas burocráticos y meses deambulando por Europa. Incluso llegó a pasar por prisión y a estar deportado.
Tras su derrota en Tokio decidió convertirse al islam, como explicaba estos días en EL MUNDO. Me convertí por mis amigos. Y por lo que pasó en Tokio. Fue la clave. "Ahora estoy con Alá. Él es que el me da el triunfo, el que siempre me está apoyando. Con Él va a salir la victoria», explicaba.
La selección mantiene, además, otras tres opciones de medalla en París. Ayoub Ghadfa, José Quiles y Rafa Lozano Jr. Ganaron sus combates de octavos y están a una victoria del podio. El hijo del Balita se enfrentará el viernes (16.50) al dominicano Yunior Alcántara. Y el peso pesado, tras acabar con Kunkabayeb, también mañana viernes (22.24 h.) al armenio Chaloyan. El sábado (15.30 h.), será el turno de Quiles, contra el uzbeko Khalokov.
Cuando el Asisa Joventut ganó su última Copa, en 2008 en Vitoria, Ricky Rubio comandaba en la pista con 17 años a un equipo inolvidable con Rudy Fernández como MVP, y el que ahora es su entrenador, 22 entonces, vibraba en la grada como un aficionado más. Dani Miret (Badalona, 1985) no quería perderse a su compañero en la clase de inglés, Pau Ribas, con quien después se hizo una foto. "Le dije: 'Mira, yo fui el primer loco que dije que veníamos aquí a ganar'", recuerda quien ahora apela a "ese punto de locura" para dar la sorpresa en el torneo del Roig Arena, que los verdinegros descorchan contra el anfitrión. Del cadete al primer equipo, el jovencísimo técnico repasa cómo están siendo estos meses con Ricky a sus órdenes.
Pregunta.- Líderes en la Champions League (la Final Four se disputará en el Olimpic de Badalona) y firmes en ACB. ¿Se puede llegar mejor a la Copa?
Respuesta.- Llegamos bien. Ganar el último partido antes del torneo (en Zaragoza) era un objetivo. Estamos haciendo una temporada donde los objetivos de equipo los hemos conseguido pronto, como clasificarnos para la propia Copa, avanzar en la BCL, donde estamos a un partido de cuartos de final. Estamos en una buena dinámica y sacando unos resultados notables.
P.- Hace 10 días derrotaron al Valencia. Pero es el anfitrión y uno de los grandes favoritos.
R.- Las opciones pasan, primero de todo, porque el Joventut se crea realmente que puede ganar. Esto se percibe y esto se transmite. Estar mentalizados de que será a través de un partido difícil, largo. En casa, una de las claves fue que empezamos ganando 10-2 y a partir de ahí, fue para nosotros más fácil dominar el partido y jugar con nuestro estilo. Esto puede ser que sea diferente, entonces necesitamos un punto de locura, un punto de mentalidad, donde lo de ganar sea una cosa que nos obsesione.
P.- Jugar con su presión.
R.- Es cierto que el Valencia es un equipo que está hecho para competir bien en la Euroliga, para conseguir grandes objetivos y esto puede ser complicado para ellos. Tener que ganar siempre es complicado. Tenemos que resultar un rival muy incómodo, especialmente testarudos en querer ganar. Solamente pensar en eso.
P.- Han perdido a Sam Dekker, uno de los referentes. ¿Ha sido complicado manejar su salida?
R.- Cada año el roster es diferente, los roles son diferentes. No estábamos siendo capaces de sacar su rendimiento. De cara a la Copa, el poder llegar con esta incógnita despejada ha sido un win-win para ambas partes, porque él tampoco estaba cómodo, tenía problemas físicos... Y esto hacía que las dos partes estuviesen perjudicadas. Estamos buscando otra pieza en el mercado, pero seguimos siendo un equipo de mucho nivel.
Miret, con los jugadores del Asisa Joventut.ACB Photo
P.- Y mientras llega el fichaje, los jóvenes. Ruzic, Niebla... Ese ADN no va a cambiar en la Penya.
R.- Los tenemos. Michael hizo un partidazo contra Valencia. También Diego. La historia del club ha demostrado que los jóvenes son claves en que podamos ser competitivos. Nuestra fortaleza es seguir creyendo en ellos, sacando rendimiento en situaciones como la actual, colocándolos en los momentos en que nos puedan ayudar.
P.- ¿Cómo ha trastocado su filosofía esa nueva amenaza llamada NCAA?
R.- Es un cambio de contexto que nos perjudica. Con Ruzic podemos ver un ejemplo positivo, porque es un chico que hace una apuesta muy grande por continuar en el Joventut teniendo opciones de marchar a la NCAA. Multiplicando su sueldo. Hay jóvenes que sacrifican la parte económica por el baloncesto. Es un boom histórico y nosotros nos tenemos que reinventar. Encontrar fórmulas, como con Rubén Prey (cedido en St. John's). Se trata de poner una semilla en ellos, de que sigan siendo el Bressol, para que el día de mañana podamos seguir teniendo este factor diferencial, recuperar jugadores que tienen este ADN. Ian Platteeuw se ha marchado a la NCAA, pero si todo va como esperamos, va a tener una buena evolución y cuando tenga 24 o 25 años, pues esperemos que pueda volver al Joventut y hacer aquí una buena carrera. Nosotros seguiremos siendo siempre una cantera importante y potente.
P.- Han pasado unos meses desde la vuelta de Ricky. Se le ve feliz, líder. ¿Cómo está siendo la experiencia?
R.- Para mí, muy positiva. Yo lo digo: es una gran suerte coincidir con el Ricky jugador y con el Ricky persona, porque él siempre suma. El objetivo número uno que es que él disfrutara de volver a jugar al baloncesto aquí en Badalona. Lo estamos consiguiendo. Estamos consiguiendo que él vibre. No quiero mencionar ni que él pudiese estar aquí estando mal... Pero él lo ha controlado muy bien, se ha preparado muy bien, las dos partes han tenido paciencia y ahora estamos viendo un gran Ricky, competitivo y con un impacto multifactorial que para la afición y para todo el mundo es un placer. Somos la envidia de muchos.
P.- ¿Presiona tener un jugador de esa dimensión a sus órdenes?
R.- Es que Ricky me ayuda, con todos, con los jóvenes y con los no tan jóvenes. Las temporadas son muy duras, tienen altibajos, es como que vamos en un barco y siempre hay marea y tormenta. Tener a alguien dentro de tu barco con esta experiencia, con estos valores y con este nivel, ayuda mucho. Para mí como entrenador, es un reto. Creo que me hace mejor. Yo juego mi papel con normalidad, entrenarle como a uno más, porque es lo que él quiere. Cuando lo tienes que cambiar, sabes que es tan bueno que no va a poner una excusa, ni un problema. Eso es un poco el engaño que puedo tener, porque normalmente las dificultades de entrenar una estrella así son otras, pero él es capaz de poner al equipo primero. De, en caliente, tener una buena respuesta. Y en frío, estar pensando en cosas que son más importantes para el equipo que para él mismo. Hay muchos jugadores del mundo que lo que hacen es mirar por sus números, por su juego. Esto es todo lo contrario. También intento ayudarlo a disfrutar, que el equipo siga con fluidez. Soy consciente de que celebramos pocas cosas en el mundo del deporte. Y yo celebro mucho el poder tener el equipo que tenemos, con veteranos como Ricky, Tomic, Guillem, Hanga... Esto es un lujo. Disfrutémoslo.
P.- El destino había guardado juntar a Tomic y Ricky juntos en el final de sus carreras.
R.- Con Ricky nos ha tocado la lotería. Y con Ante, porque no son jugadores que la Penya pueda acceder en el mercado. Es muy bonito, porque hacen cosas que son para grabarlas y recordarlas durante años. Conectan y se respetan. Mejor imposible.
P.- ¿Qué imagen de Ricky fuera de la pista no va a olvidar?
R.- Me impacta cómo él es capaz de conectar con la gente desde la normalidad. Después de haber hecho la carrera que ha hecho, que tenga la paciencia o el valor de tener una conversación con Henry [Drell], de querer escuchar a Henry para entender por qué este chico en este sitio toma una decisión o la otra. Quiero decir, lo fácil para él sería echarle una bronca a cualquiera. Y a mí me impacta cómo se sienta después de un mal partido con alguien y tiene la empatía de estar a su lado, de escucharlo y decir: '¿Qué necesitas? Yo te voy a ayudar'. Hace de mentor, desde el respeto. En el momento adecuado, desde la intimidad. Realmente es una persona increíble.
P.- En aquella Copa de 2008, la Penya ganó al Valencia, el Madrid y, en la final, al Baskonia. ¿Le suena?
R.- Perfecto. Todas estas cosas me valen, me parecen bien y estamos, convencidos e ilusionados.