Algo ocurre con Aryna Sabalenka. Es la número uno indiscutible del circuito WTA, no tiene una rival que la amenace con regularidad y la mayoría de sus partidos acaban en victoria en menos de una hora. Pero en las finales exagera sus nervios, duda -siempre duda- y pierde en demasiadas ocasiones. Hasta cuatro veces ha vivido el mismo drama: la derrota a un paso de levantar un Grand Slam. La última, este sábado, en el Open de Australia.
Como ya hizo en las WTA Finals del año pasado, Yelena Rybakina volvió a desnudar sus carencias para derrotarla por 6-4, 4-6 y 6-4 y hacerse con el título en Melbourne. La rusa nacionalizada kazaja celebró así el segundo «grande» de su carrera tras dominar un duelo de furia desde el fondo de la pista. Si hay una jugadora capaz de igualar la potencia de Sabalenka, esa es Rybakina, y a la número uno le cuesta resolver este tipo de enfrentamientos tan parejos.
«Mentality», escribió Sabalenka en la cara de su entrenador —sí, sí, en la cara— antes de saltar a la pista. Pero no se aplicó la lección. Sus errores volverán a pesarle en los días posteriores, como ya ocurrió otras veces, aunque en esta ocasión también tuvo mucho que ver su rival.
La fuerza de Rybakina
Otras adversarias de Sabalenka habían optado por una defensa paciente, esperando a que la número uno se desesperara con sus propios fallos. Rybakina no hizo eso. Con un servicio potentísimo, quizá el más potente de todo el circuito, intentó dominar desde el primer juego, se emparejó en fuerza con Sabalenka y acabó adueñándose de muchos intercambios. Incluso cuando en el tercer set pareció perdida, supo regresar.
¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! La derecha de Rybakina obligaba a Sabalenka a correr de lado a lado, algo casi nunca visto. En ese último parcial ganó cinco juegos consecutivos, remontó del 0-3 al 5-3 y demostró que merecía ser la campeona. «Muchas gracias a todo el mundo, especialmente a mi equipo. Han pasado muchas cosas y estoy muy orgullosa de lo que hemos hecho juntas», declaró la rusa-kazaja, con una cruda historia reciente.
En los días previos al US Open de 2024, Rybakina despidió a su entrenador, Stefano Vukov. Él se dedicó entonces a perseguirla por los pasillos de su hotel en Manhattan, a escribirle decenas de mensajes y a llamarla más de cien veces, en busca -aseguraba- de otra oportunidad. Según publicó The Athletic, ambos mantenían además una relación sentimental. El acoso obligó a Rybakina a presentar una denuncia y a revelar que durante los entrenamientos la llamaba «estúpida» o «retrasada». «Me decía que sin él todavía estaría recogiendo patatas en Rusia», afirmó.
El circuito WTA intervino para protegerla, pero todo lo sufrido terminó lastrándola en la pista. Tras llegar a ser número tres del mundo, cayó fuera del Top 10 al no alcanzar los cuartos de final en ningún Grand Slam y tardó en rehacerse. Después, en las WTA Finals, certificó su recuperación. Y este sábado, ante Sabalenka, en el Open de Australia, confirmó que es la única capaz de jugarle de tú a tú.







