Celia Antón, la promesa española que se quedó por el camino: “El éxito no era para mí”

Celia Antón, la promesa española que se quedó por el camino: "El éxito no era para mí"

Celia Antón fue un talento único. Celia Antón fue un portento. Celia Antón fue algo más: la perla del atletismo español, el último milagro del mediofondo. Perteneció a la generación que prometía lo imposible junto a María Vicente, Jaël Bestué o la hoy futbolista Salma Paralluelo. Hace una década, en 2015 y 2016, la Federación Española de Atletismo la consideraba la mejor corredora del país menor de 20 años. Pero ahora, a sus 28, ya está de vuelta: lleva varias temporadas lejos de la alta competición y únicamente corre por diversión.

¿Qué pasó?
La salud. Si no tienes salud, nada funciona. Empecé a sufrir lesiones musculoesqueléticas de larga duración que se repetían y se repetían. Nunca tuve la continuidad necesaria para competir en la élite. Lo luché, eh. Lo luché todo lo que pude. Hice todo lo que tenía que hacer: seguí el plan A, el plan B, el plan C y así hasta el plan Z. Pero no era para mí. El éxito no era para mí.

Antón habla con la tranquilidad de quien ya lo ha aceptado todo. No podía ser y no fue. De Aranda de Duero (Burgos), nacida en 1997, a los 10 años se sumergió en el atletismo gracias a una profesora de Educación Física y a los 15 ya era campeona de España sub-16. Ahí llegó el esplendor: hasta los 19 ganaba todo lo que corría y Adidas le firmó un contrato plurianual. Fue la época de los halagos, las expectativas y los premios. Pero también entonces empezaron los dolores. Si no era el talón, era la rodilla y, si no, otra cosa. La exigencia de la competición la lastimaba y no daba con la fórmula. Por entonces vivía en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid y llegó incluso a pedir un cambio de habitación para ver si alejaba el mal fario o, como mínimo, los malos recuerdos. Y, de alguna manera, lo hizo.

“La élite no es sana”

Con 22 años se asomó de nuevo entre las mejores del mundo: fue finalista en los 3.000 metros del Europeo indoor de Glasgow 2019, por detrás de atletas como la británica Laura Muir o la alemana Konstanze Klosterhalfen. Sin duda, era un regreso. En las entrevistas le preguntaban por los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y ella prometía intentarlo: la clasificación no era imposible. Pero ya entonces volvían a incordiarle los problemas físicos. Uno, otro y otro más, hasta que finalmente se apartó de las pistas.

Fue una retirada temprana.
La palabra retirada todavía no ha salido de mi boca. El atletismo me encanta, me apasiona, y no quiero decir que me he retirado. No estoy en la alta competición, dejé esa vida, pero sigue siendo mi hobby. A veces no puedo entrenar y hago bici, yoga o voy al gimnasio, pero adoro correr cuando puedo

Ahora Antón disfruta de las carreras populares e incluso vuelve a tener club. Con la ayuda de su paisano Juan Carlos Higuero ha entrado en el Vicky Foods Athletics, patrocinado por Oysho, y ejerce como embajadora en pruebas y social runs. Sin buscarlo, de hecho, ganó la Milla Urbana de Burgos del pasado año o subió al podio en la Carrera de la Mujer de Barcelona. “Cuando me pongo un dorsal, lo hago lo mejor posible. Si en el futuro tiene que venir algo, que venga. Pero ahora mi mentalidad es otra. No tengo ambiciones: solo quiero pasarlo bien. El deporte de élite no es sano y prefiero centrarme en hacer deporte por salud”, comenta Antón, que por suerte siempre supo que algo podía fallar.

Su trabajo como maestra

Mientras peleaba por ser atleta, estudió Bioquímica y un máster en Formación del Profesorado y ahora trabaja como maestra en el Colegio San Gabriel de Aranda. De juguete roto no tiene nada. “Creo que siempre fui consciente de lo que podía pasar; mantuve los pies en el suelo. Me decían que podía batir récords o ganar medallas, pero yo sabía que no solo dependía de mí. Para que un deportista llegue a ser campeón olímpico deben darse una enorme cantidad de factores a su favor”, asume la exatleta profesional, ahora atleta amateur, atleta por placer, atleta disfrutona.

¿Fue injusto?
El atletismo me dio mucho y me quitó mucho. Me puedo centrar en una cosa o en la otra. Es mi elección y yo elijo quedarme con lo que me dio. Para mí el atletismo fue un aprendizaje. Viví mucho, viajé, conocí a mucha gente y me quedo con eso. Hay que saber gestionarlo y no siempre es fácil, pero me quedo con todo lo bueno.

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