El boxeador británico Anthony Joshua, ex campeón del mundo de pesos pesados, resultó herido este lunes en un accidente de tráfico en Nigeria en el que murieron dos personas, afirmaron medios del país africano.
Imágenes en internet mostraban a Joshua, un ciudadano británico de origen nigeriano, sin camiseta, rodeado de lo que parecían ser restos de cristales de una ventanilla rota.
Las circunstancias alrededor del accidente “están siendo investigadas”, declaró la policía del estado de Ogun, al norte de la capital económica del país, Lagos, que en estas fechas se llena de turistas y de expatriados que regresan.
Joshua “iba sentado en la parte trasera del vehículo, solo sufrió heridas leves y está recibiendo atención médica”, detalló la policía en su comunicado.
El promotor del boxeador, Eddie Hearn, declaró a Daily Mail Sport que el boxeador estaba de vacaciones con la familia.
“Estamos intentando ponernos en contacto con Anthony y mientras tanto no queremos especular sobre cómo se encuentra, pero afortunadamente parece estar bien por lo que he visto en las imágenes”, afirmó.
La policía informó que el accidente, en el que fallecieron dos personas que iban en el coche de Joshua, ocurrió sobre las 10h00 GMT en la ciudad de Makun, en la autopista entre Lagos e Ibadan.
Las Fuerzas de Seguridad Vial de Nigeria informaron en un comunicado que el Lexus en el que viajaba Joshua “parecía sospechoso de ir superando el límite de velocidad, perdió el control durante un adelantamiento y se estrelló contra un camión que estaba aparcado fuera de la carretera”.
Un testigo del accidente afirmó a la revista Punch News que Joshua viajaba en un convoy de dos vehículos y estaba sentado detrás del conductor.
“El pasajero que iba junto al conductor y la persona que iba al lado de Joshua murieron en el acto”, declaró Adeniyi Orojo a Punch News.
La policía dio la misma versión, indicando que los dos fallecidos eran “pasajeros en el vehículo” que “perdieron la vida en el lugar de los hechos”.
Este mes, el boxeador británico noqueó al YouTuber reconvertido a boxeador Jake Paul, en un evento respaldado por Netflix y celebrado en Miami.
En 2026 Joshua, excampeón olímpico, tiene previsto enfrentarse a su compatriota y también excampeón mundial Tyson Fury.
Un par de horas antes del partido, Carlos Alcaraz comía una pechuga de pollo en el restaurante Cambio de Tercio que hay dentro de la Rod Laver Arena, estudiaba el vaivén de los árboles del Melbourne Park a través de la enorme cristalera del local y reconocía lo que venía: no iba a ser fácil. El verano en el sureste de Australia es tan feliz como el verano en cualquier parte del mundo —no hay quien entienda a los amantes del frío—, pero hay días en los que se esconde. Se levanta un viento frío antártico y tú vas en pantalón corto. Se levanta un viento frío antártico y Alcaraz debe lidiar con ello sobre la pista.
Como en la primera ronda ante Adam Walton, su victoria en segunda ronda del Open de Australia frente a Yannick Hanfmann, por 7-6(4), 6-3 y 6-2, fue compleja, incómoda, antiestética. Todavía no ha disfrutado de un día tranquilo en el Grand Slam. Quizá llegue en tercera ronda, el viernes, ante Corentin Moutet.
O quizá no llegue en todo el torneo; también sería lógico. En su regreso tras dos meses de parón, Alcaraz está en busca de ese ritmo, ese feeling, ese no sé qué que te da la competición, y cuando lo encuentre se enfrentará a los rivales más poderosos. Ante Hanfmann apareció nervioso, perjudicado por el cambio de hora —debutó de noche y esta vez era mediodía— y molesto por el viento. Después de ciertos puntos ofreció gestos de extrañeza e incluso lanzó algún desaire; quejas al aire, nunca mejor dicho. En el primer set, un periodo que duró 78 minutos, empezó con problemas con su derecha que le llevaron a varios errores no forzados y muy pronto se descubrió con un break en contra. El 1-3 en el marcador era una amenaza.
Hubo un buen rato en el que a Alcaraz no le salía nada. Si hacía un malabarismo con la raqueta, se le caía. Si jugueteaba con las pelotas, se le escapaban. Pero la rotura de su servicio por parte de Hanfmann le obligó a reaccionar lo más rápido posible. En el juego siguiente recuperó el break y en el tie-break decisivo estuvo brillante. Su saque y su revés paralelo, los dos golpes que mejor le están funcionando en Australia, le dieron el triunfo, y el resto del encuentro fue de otra manera. Antes de empezar el tercer set, de hecho, Hanfmann se quedó con dolor abdominal y su juego se resintió.
Buen nivel de Hanfmann
Fue una pena para él. Porque hasta ese momento había merecido más, mucho más, como mínimo llevarse algún set. A sus 34 años, fuera del Top 100 del ranking ATP, el alemán se presentaba ante Alcaraz como un rival de vuelta de todo. Un tipo fuerte, uno de tantos, ya en declive. Ciertamente, el español podía incluso recordar cómo en 2019, cuando solo tenía 16 años, le venció en el challenger de Sevilla e imaginar un triunfo asequible. Pero Hanfmann proponía una reivindicación.
WILLIAM WESTAFP
Con una derecha deliciosa, muy parecida a aquella que dio gloria a Andy Murray, tomó todos los riesgos posibles y asedió a Alcaraz todo lo que pudo. Su resto, metido dentro de la pista, demostraba que, si tenía que morir, lo haría con las botas puestas. En la Rod Laver Arena, ante una audiencia millonaria, estaba decidido a probar que su tenis puede ser mejor de lo que indica su palmarés. Y con ello obligó al número uno a actuar como número uno. Entre el viento, los cambios de hora y la falta de ritmo, Alcaraz siguió en pie, que es, al final, lo único imprescindible.
"El público mira el ranking y pienso que será un partido sencillo. Pero cada rival es diferente y hay rivales que hacen sentir incómodo ne la pista. Además las condiciones cambian, el otro jugué de noche, hoy había viento... Estoy muy contento de haber superado el primer set y haber mejorado después", analizaba el español que, al final el encuentro, mandó un mensaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz: "Mucho ánimo a lo que está pasando en España".
Donald Trump no es de la misma opinión que Carl von Clausewitz. No cree, como el militar prusiano, que la política sea la continuación de la guerra por otros medios. Al contrario, mucho antes de agotar la vía política, manda a un portaviones o a los militarizados agentes del ICE, el servicio de inmigración y control de aduanas de Estados Unidos. Minneapolis e Irán son, hoy, los puntos calientes de Trump, sin olvidar el pulso por Groenlandia con la Unión Europea, la intervenida Venezuela, las amenazas a México y Colombia por el narcotráfico o la múltiple guerra arancelaria. Mañana nadie lo sabe.
Un contexto que ha convertido a Trump en enemigo de países y regímenes dispares, democracias o dictaduras, meses antes de recibirlos con buena cara en la fiesta del Mundial. El problema puede ser que el resto entienda que el fútbol también puede ser la continuación de la guerra o la política por otros medios.
Las situaciones de tensión internacional siempre generan inquietud en las grandes organizaciones deportivas, principalmente el COI y la FIFA, que recuerdan con temor la era de los boicots. La amenaza ha afectado mucho más al olimpismo, porque el fútbol es el alimento de las masas, y a las masas se las teme. No obstante, hay precedentes.
Los mimos de Infantino
La FIFA mima a Trump todo lo que puede, y la prueba es el Premio de la Paz, un Nobel de chocolate, que le regaló Gianni Infantino como si fuera una mona de Pascua. La inquietud, sin embargo, permanece, tanto por el Mundial como por los Juegos de Los Ángeles'28, al tratarse de un personaje fuera de catálogo y de control hasta para sus propios halcones.
Infantino se hace un selfie con Trump.AP
Las peticiones de boicot al Mundial han aparecido ya en todo el mundo, especialmente entre asociaciones en defensa de los derechos humanos, debido a la persecución y expulsión de inmigrantes, pero no por parte de ningún gobierno. Ni siquiera de los que mantienen mayores tensiones con la política del presidente de Estados Unidos, como Colombia, o han sido atacados, como Irán. Ambos están clasificados para el Mundial.
Alemania es una de las potencias donde las voces contra el torneo han llegado más alto, hasta obligar a decir a la ministra de Estado ante la Cancillería Federal, Christiane Schelderlein, que las decisiones sobre participar o no en eventos deportivos «recaen exclusivamente en las federaciones correspondientes». Las competencias del derecho deportivo son un refugio a la medida para lo que conviene, aunque las decisiones de que España no acudiera a final de la Eurocopa de 1960, en la URSS, o de que Estados Unidos impulsara el boicot a los Juegos de Moscú'80, no fueron de sus federaciones ni de sus comités olímpicos. Las tomaron Franco y Jimmy Carter, un dictador y presidente legítimamente elegido.
«Si Trump cumple sus amenazas y lanza una guerra comercial contra la Unión Europea, difícilmente puedo imaginar que los países europeos participen en el Mundial», advirtió Roderich Kiesewetter, un referente en política exterior de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), partido que lidera la coalición de Gobierno. Boris Mijatovic, también diputado en el Bundestag, por los Verdes, fue incluso más contundente: «No es seguro para los aficionados viajar a este Mundial».
El Mundial no es Eurovisión
Mijatovic citó como ejemplo los recientes disparos letales de agentes del ICE en Minnesota, incluso antes de que resultara muerto Alex Pretti, y advirtió: «Solo puedo aconsejar a cada hincha que boicotee los partidos en Estados Unidos». Resulta paradigmático el silencio del Gobierno de Pedro Sánchez, uno de los más beligerantes con Trump, aunque con la selección más favorita del torneo. El Mundial no es Eurovisión.
Si un boicot global o por bloques parece complejo, menos lo es el que puedan realizar los aficionados en una cita compartida por tres países, Estados Unidos, México y Canadá, con tensiones continuas por la inmigración, el narcotráfico o los aranceles. Las fronteras que deben ser esponjosas en un Mundial a tres, son más sensibles que nunca.
Trump, en la celebración del Chelsea en el Mundial de clubes.AP
El pacto por Groenlandia en el seno de la OTAN ha dejado en 'stand by' el problema que más unidad había generado entre los líderes europeos contra las políticas de Trump. De proseguir en la intención de anexionarse un territorio de soberanía danesa, habría elevado las voces de boicot en el continente. Con Trump nada puede considerarse del todo cerrado y no parece que el soccer, algo entre desconocido y grotesco para el inquilino de la Casa Blanca, vaya a frenarle.
La invasión de Afganistán por parte de la URSS provocó el boicot de Estados Unidos y la mayoría de países occidentales a los Juegos Olímpicos de Moscú'80, y una cuestión racial, la violación del embargo al apartheid de Sudáfrica por parte de los All Blacks de Nueva Zelanda, propició el veto de la mayoría del bloque africano a Montreal'76. Estados Unidos no ha invadido Venezuela, pero la mantiene intervenida de facto, mientras amenaza a Irán o Cuba, y es innegable que bajo las severas leyes de inmigración subyace una cuestión racial.
El 'sí' a la Argentina de los coroneles
Los boicots al fútbol nunca han tenido un impacto tan global. Ni siquiera cuando las denuncias de las torturas del régimen de los coroneles, en Argentina, eran evidentes, ya antes de 1978. Buena parte de ellas se producían en la Escuela Mecánica de la Armada, a escasa distancia del Monumental de River, donde la albiceleste se proclamó campeona. Dos meses después del golpe de Estado del general Pinochet en Chile, en 1973, la URSS se negó a jugar un partido en el Estadio Nacional, convertido en un centro de detención, tortura y muerte los días siguientes al golpe del 11 de septiembre. La selección chilena salió sin rival a la cancha y sus jugadores marcaron a una portería vacía.
Matt Freese estará bajo los palos de la principal selección anfitriona el próximo verano en Estados Unidos, pero para buena parte de los participantes y aficionados, bajo la gran portería del Mundial estará Trump. Será como jugar contra el enemigo.
Hace 10 años, en Totana, Antonio López castigó al actual número dos del mundo con su derrota más clara. "Me salió el partido perfecto, él tenía dos años menos que yo y todavía esa diferencia de edad se notaba. Después ya era imposible ganarle, ha nacido para el tenis", apunta