Varias jugadoras de la selección española de balonmano han roto el silencio. Denuncian públicamente —con pantallazos en redes sociales— los insultos racistas que recibieron tras la derrota ante Islas Feroe en el Mundial. Palabras ignominiosas como “mete a más negras” o “todo lleno de negras y aun así perdéis” inundaron los comentarios a un post de ánimo del presidente de la Federación.
Las afectadas, Danila So Delgado, Kaba Gassama o las hermanas Lyndie Tchaptchet y Lysa Tchaptchet, compartieron las mismas capturas de los mensajes xenófobos con un mensaje claro: “Perdamos o ganemos, esto es inadmisible”.Varias de ellas tienen raíces familiares fuera de España —Guinea-Bissau, Senegal, Colombia, Camerún— y han pasado a convertirse, sin pedirlo, en símbolo contra el racismo.
El momento no puede ser más delicado. La denuncia pública coincide con una derrota ante Serbia (29-31) que complicó las opciones del equipo de meterse en los cuartos de final del torneo. Para clasificarse para cuartos de final, el equipo ahora deberá vencer a Islandia y Alemania y esperar que otros resultados le favorezcan.
«Yo también puedo ver similitudes, sí, sí», reconocía hace unos días Carlos Alcaraz, al tiempo que se defendía: «Pero no pensé en copiar a Novak [Djokovic], simplemente salió así».
Desde que llegó al circuito ATP, Alcaraz ha aprovechado cada pretemporada para perfeccionar su saque. Cuando celebró su primer Grand Slam en el US Open de 2022 se frenaba hasta dos veces antes de golpear; al año siguiente pasó a hacer únicamente una parada; y la temporada pasada adoptó un movimiento más fluido, sin pausas, muy directo. Fue un éxito. Más puntos ganados con el primer servicio -del 73% al 74%-, más aces por partido -de 3,9 a 4,8- y, más allá de los números, mayor confianza. En su triunfo en el último US Open sobre Jannik Sinner, por ejemplo, el saque fue su argumento más sólido.
Pero aun así, el pasado diciembre quiso introducir algún retoque de la mano de Samuel López. Los cambios de años anteriores le habían dado más potencia, pero también le habían restado fiabilidad. Cada vez tenía que recurrir más al segundo saque -el porcentaje de primeros cayó hasta el 63%- y esa tendencia podía llevarle a problemas en determinados encuentros. Ahí entró en juego Djokovic.
El mayor problema que Alcaraz tenía al sacar era el toss, es decir, el lanzamiento de la pelota al aire antes del impacto. Había días en los que subía recta y firme, pero en otros le bailaba y no encontraba la manera de controlarla. Por ello, en la Carlos Alcaraz Academy, López le propuso dos pequeñas variaciones como remedio. Ahora el número uno del mundo se prepara colocando la pelota sobre la raqueta para sentirla antes de propulsarla. Y, al hacerlo, ejerce la fuerza con delicadeza, con la muñeca hacia abajo en lugar de hacia arriba. Son dos detalles mínimos, pero llamativos: es lo que lleva haciendo Djokovic toda la vida. Ahora el saque de Alcaraz se parece al del serbio. Se parece mucho. Se parece muchísimo.
PAUL CROCKAFP
«En cuanto vi el saque de Carlos, le envié un mensaje diciendo: 'Debemos hablar sobre los derechos de autor'. Y el otro día, cuando llegamos aquí a Melbourne, le comenté que hay que empezar a hablar de royalties. Por cada ace que haga en el torneo, espero un homenaje. A ver si cumple el acuerdo», bromeaba Djokovic el lunes, después de que el propio Alcaraz admitiera «ver similitudes». «Hay golpes que no he cambiado nunca, pero siempre estoy mirando cómo mejorar mi saque. Prácticamente cada año he introducido algún detalle nuevo. Si me comparo con mi versión de hace cinco años, lo más diferente técnicamente es el saque, eso seguro», aseguraba este miércoles Alcaraz.
Una arma para este torneo
Un análisis certero de los efectos del cambio exige meses, pero en los dos partidos que ya ha disputado en el presente Grand Slam el español ha empezado a encontrar resultados. En el debut ante Adam Walton, su porcentaje de primeros se elevó hasta el 67% y apenas sufrió con el saque -aunque cedió un break en la única opción en contra-. Y este miércoles, frente a Yannick Hanfmann, su servicio le sostuvo en un primer set muy incómodo. Al final venció por 7-6(4), 6-3 y 6-2, y este viernes, en tercera ronda, se medirá a Corentin Moutet, un tenista extravagante que volverá a poner a prueba armas como su saque.
Ante Hanfmann quedó en evidencia que, después de dos meses de parón, el español todavía está en busca de ese no sé qué que te da la competición. Apareció nervioso, perjudicado por el cambio de horario -debutó de noche y esta vez jugaba al mediodía- y molesto por el fuerte viento que soplaba en Melbourne. En el primer set, un periodo que se alargó durante 78 minutos, empezó con problemas con su derecha que le llevaron a cometer varios errores no forzados y muy pronto se vio con un break en contra. El 1-3 en el marcador era una amenaza.
Hubo un buen tramo en el que no le salía nada. Si hacía un malabarismo con la raqueta, se le caía. Si jugueteaba con las pelotas, se le escapaban. Pero la rotura de su servicio por parte de Hanfmann le obligó a reaccionar con rapidez y, en el juego siguiente, todo empezó a funcionar.
El ritual ya está preparado para una nueva noche mágica. El pantalón de la suerte, la camiseta de las remontadas, la espinillera tatuada, la bota firmada... Todo es poco para reclamar los augurios más favorables. El gran talismán del Santiago Bernabéu en los desafíos extremos de la Champions es Rodrygo Goes, a quien el miércoles esperan para culminar otra hazaña asombrosa frente al Arsenal.
El brasileño siempre aparece en el lujoso escenario continental. Inolvidable su doblete ante el Manchester City en las semifinales de locura del curso 2021-22 y su puntería en los cuartos (ida y vuelta) de la pasada edición. Guardiola siempre ha destacado el talento del internacional brasileño. En el Real Madrid, equipo al que llegó en verano de 2019, ha marcado 70 goles, 25 de ellos (35%), en la Champions. «El Rodrygo de verdad es el que veis en Champions. Todo me sale bien en esta competición», declaró tras recoger su premio MVP en el primer partido de los octavos de final contra el Atlético de Madrid.
En esta temporada, el polivalente delantero suma cinco tantos en los 11 partidos disputados en la máxima competición continental: dos ante el Salzburgo, otros dos contra el Brest y uno contra el Atlético, pero acumula dos encuentros consecutivos sin marcar, en los estadios de Metropolitano y Anfield. El miércoles, en la caldera de Chamartín, se sentirá más arropado y con una motivación extra en su torneo fetiche. Últimos ensayos para la liturgia embriagadora.
Desplazado del foco
Carlo Ancelotti confía en que el 11 recupere su efectividad goleadora y termine con sus discretos resultado desde comienzos del presente año, sobre todo en los compromisos de Liga, en los que presenta seis tantos (frente a Mallorca, Espanyol, Alavés, Rayo Vallecano, Sevilla y Las Palmas), pero no marca desde hace tres meses, 11 partidos sin celebración, la última diana la consiguió el 19 de enero, en el 4-1 contra el equipo insular, con un lanzamiento con la pierna derecha. Sin su acierto goleador en esta nefasta racha, el Real Madrid ha perdido tres partidos, empatado dos y ganado seis. Una sequía alarmante para un jugador que reclama más cariño a prensa y afición. Él se siente desplazado del foco que acaparan Mbappé, Vinicius y Bellingham.
En esta temporada ha participado en 46 partidos, en los que ha anotado 13 goles, a los 11 rubricados en la Champions y en la Liga hay que sumar dos en la Supercopa de España.
Rodrygo es uno de los habituales en las rotaciones de Ancelotti, su relevo natural es Brahim. El pasado domingo fue titular en la victoria contra el Alavés y fue reemplazado por Bellingham en el minuto 63, dosificación de fuerzas para preparar el hechizo de otra noche formidable. El Madrid le necesita.