Iga Swiatek es una campeona de Wimbledon imprevista. Lo suyo es el juego desde el fondo de la pista, por eso es cuatro veces ganadora de Roland Garros. Iga Swiatek es una campeona de Wimbledon polémica. El año pasado, cuando era número uno del ranking WTA, dio positivo por trimetazidina en un control antidopaje y recibió una sanción mínima, un mes fuera de la pista. Pero sobre todo Iga Swiatek es una campeona de Wimbledon demoledora. Nunca en la era moderna del tenis una jugadora ganó así una final, por 6-0 y 6-0, a Amanda Anisimova en sólo 57 minutos de juego.
Fue mérito suyo, por supuesto, siempre concentrada, consistente y acertada, capaz de acabar el encuentro con sólo 11 errores no forzados. Pero sobre todo fue demérito de Anisimova. Porque en realidad la polaca tan sólo necesitó 10 golpes ganadores para llevarse el encuentro.
En su primera final de Grand Slam, Anisimova apareció derrotada y derrotada se fue. No dio una. Apenas conectó primeros saques, acumuló dobles faltas y en los intercambios falló, falló y falló. La solidez de Swiatek jugaba en su contra, pero el problema era ella misma. Por sus gestos quedaba claro que no quería estar allí.
HENRY NICHOLLSAFP
Después de todo un camino para llegar a esta final, de una depresión que hace dos años le obligó a retirarse de la pista, de llorar la muerte temprana de su padre, de sufrir comentarios negativos por las redes sobre su físico, no estaba preparada para jugar en un escenario así. La grandeza de una final de Wimbledon, con la preciosa Challenge Cup en juego, la familia real británica en el palco, 14.000 personas observándola en la pista central y millones de espectadores viéndola desde casa, pudo con ella. Los nervios no la minaron, la agarraron, la maniataron y la destrozaron.
Después de irse a llorar a los vestuarios, en la ceremonia de entrega de trofeos aguantó el tipo, felicitó a Swiatek, agradeció su trabajo a su equipo y sólo se rompió cuando se refirió a su madre, que había luchado contra su fobia a volar para estar en su palco. “Se ha esforzado más que yo”, comentó antes de pedir disculpas al público y marcharse para asimilar lo ocurrido. “Me he quedado sin gas, esperaba poder hacer una mejor actuación”, se lamentó.
Elegido por los dioses que reparten el talento y ahora ya maestro de todos los golpes, el desafío de Carlos Alcaraz en los próximos días, en los próximos meses y en los próximos años no es mejorar un determinado aspecto técnico, ni tan siquiera leer mejor la táctica. A los 21 años, con cuatro Grand Slams en sus vitrinas, ya ha demostrado que en sus mejores días es casi imposible derrotarle; si acaso puede hacerlo un rival de altura de Novak Djokovic en misión histórica, como pasó en los Juegos Olímpicos de París. Pero en la extensa carrera que le queda por delante a Alcaraz se le presenta un reto que es más difícil, mucho más difícil, que sacar más fuerte, golpear a la línea o ajustar más una dejada.
Hay un aspecto casi sobrehumano que diferencia a las leyendas de los mejores, a aquellos tenistas que celebran más de 10 títulos 'grandes' de los que no los tienen: ganar sin ganas. A su edad se le presume una hambre infinita, una voracidad violenta, pero no deja de ser una persona, un joven, un chaval como cualquier otro.
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Y no es difícil entender que después de ganar Roland Garros y Wimbledon de forma consecutiva y de alcanzar una final olímpica necesite más descanso que tres días en barco por Mallorca con su hermano mayor, Álvaro, y un par de amigos.
Su peor partido en un Grand Slam
"He estado jugando muchos partidos en los últimos meses, con Roland Garros, Wimbledon y los Juegos Olímpicos, pero no quiero ponerlo como excusa. Me tomé un descanso después de los Juegos que posiblemente no fue suficiente, pero también debo aprender de ello. Quizá soy un jugador que necesita parones más largos para afrontar los torneos importantes. Tengo que reflexionar sobre ello", comentaba este jueves después de caer en segunda ronda del US Open contra el neerlandés Botic van de Zandschulp por 6-1, 7-5 y 6-4.
Desconectado, desganado y desacertado vivió su peor partido en un Grand Slam, aunque no fue más que la confirmación de su crisis. En las entrañas de Roland Garros, mientras se disputaban los Juegos, ya se le veía hastiado de la rutina de la competición -los partidos, los entrenamientos, los calentamientos, las entrevistas, los estiramientos, las comidas...- y en la gira estadounidense sólo ha acentuado ese cansancio. De la raqueta rota en el Masters 1000 de Cincinnati a la desazón este jueves en la Arthur Ashe.
Durante el partido, de hecho, señalaba a su equipo con gestos que su cabeza no funcionaba, que no había manera de recuperar su nivel. Está agotado y requiere un tiempo. En las próximas semanas ha prometido su presencia en la fase de grupos de la Copa Davis, la Laver Cup, el ATP 500 de Pekín, el Masters 1000 de Shanghai, un torneo de exhibición en Arabia Saudí, el Masters 1000 de París-Bercy, las ATP Finals y las finales de la Davis, pero raramente seguirá ese plan. Al fin y al cabo la temporada pasada ya le pasó algo parecido, ya intentó jugarlo todo y sufrió dos meses para el olvido.
El ejemplo del 2023
Después del US Open, Alcaraz desconectó, olvidó su juego y llegó a encadenar tres derrotas seguidas, lo nunca visto, para olvidarse del número uno del ranking ATP y acabar el 2023 con las peores sensaciones Como explicaba su equipo a EL MUNDO, después de unas vacaciones ya se presentó a la pretemporada con la mejor de las predisposiciones y así construyó el camino que le llevó a este verano glorioso, pero aquella racha ya señaló un punto débil.
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El propio Alcaraz lo trabajó con su psicóloga, Isabel Balaguer, y lo asumió como una de sus tareas pendientes. "Debo crecer en 2024. Darme cuenta que la temporada sigue hasta noviembre. He trabajado con un profesional que me ha ayudado en ello", declaraba el español en México, donde pasó parte del invierno. En esos mismos días su entrenador, Juan Carlos Ferrero, incidía en esa misma consideración y le pedía más: "Tiene que aprender que la temporada es larga, que es su trabajo y no puede tener tantos descansos como le gustaría. Si quiere ser el mejor tiene que actuar como el mejor y ser profesional todo el año". Ganar sin ganas, el desafío que debe afrontar Alcaraz en los próximos días, en los próximos meses y en los próximos años.
El Dakar exige cautela a quienes corren, sí, pero también a quienes lo siguen. Quizá ya no sea un rally tan imprevisible, tan aventurero, tan salvaje como fue, pero igualmente en cualquier duna todo puede cambiar. Cualquiera entre los 10 primeros tiene opciones de victoria final y en ese grupo, ahora mismo, transcurridas las tres primeras etapas, está Cristina Gutiérrez.
A sus 34 años, ya no solo es pionera, es algo más. Después de participar en nueve ediciones, su objetivo ha dejado de ser acabar y vencer en la más bien simbólica clasificación femenina. Ahora quiere asaltar la general, llevárselo todo y, visto lo visto, puede hacerlo. Este martes acabó quinta en la especial de 422 kilómetros con salida y meta en Al Ula y apenas se distancia en seis minutos del líder de la prueba, el estadounidense Mitch Guthrie. Los dos españoles que tiene por delante, Carlos Sainz, cuarto, y Nani Roma, quinto, no están muy lejos. ¿Puede realmente ganar la carrera?
"Estoy teniendo muy buena vibración en este Dakar, somos muy constantes y eso que hemos tenido cada día un pinchazo", comentaba Gutiérrez eufórica en la llegada, donde felicitaba a su copiloto, Pablo Moreno, por su labor en la navegación: "Está haciendo un trabajazo brutal". El jefe de su marca, Dacia, Bruno Famin, se acercó a darle personalmente la enhorabuena y declaró que, pese a que los dos líderes, Nasser Al-Attiyah y Sebastian Loeb, van detrás suyo, no se plantea hacerle parar: "Nuestros cuatro coches van a competir hasta que alguno quede eliminado, sea quien sea".
Una década de aprendizaje
Hasta esta edición, la mejor clasificación final de Gutiérrez fue el puesto 16 que obtuvo en 2024, pero su currículo merece respeto. Durante un lustro disfrutó en categorías como la T3 o la Challenger, con varias victorias de etapas y un triunfo final, y su salto con los mayores llegó el pasado año.
El camino, eso sí, no fue inmediato. Odontóloga de profesión, aficionada a los rallys por herencia de su padre, Gutiérrez llegó al Dakar casi por intuición y tuvo que aprender a toda velocidad. Debutó en 2017, sin estructura oficial ni grandes expectativas, y pese a los errores y el cansancio ya alcanzó la meta. El resto de pilotos siempre la analizan desde la misma perspectiva: sabe correr el Dakar. No confunde una etapa con la carrera, ni un buen parcial con una obligación de ataque. Gestiona el ritmo, cuida el coche y toma decisiones pensando en el día siguiente.
Mientras otros alternan fogonazos con problemas, Gutiérrez suma kilómetros y confianza, que es la moneda más cara en Arabia Saudí. El contexto también juega a su favor. El fichaje por Dacia supuso un empujón definitivo para su carrera, más aún por cómo se hizo: no fue un gesto de marketing, fue un proyecto deportivo a su alrededor. Mismo coche y misma mecánica que sus compañeros, también misma presión y mismas órdenes.
Si Gutiérrez lograra culminar este Dakar en lo más alto de la general, entraría en la historia del deporte. Solo Jutta Kleinschmidt, en 2001, ha sido capaz de ganar el Dakar absoluto en coches. Desde entonces, ninguna mujer ha vuelto a pelear de verdad por ese objetivo. Que casi un cuarto de siglo después una española esté en disposición real de hacerlo no es una cuestión de género, sino de rendimiento. No sería una victoria simbólica. Sería una victoria total. ¿Puede Cristina Gutiérrez ganar el Dakar? Hoy, al menos, la pregunta ya no suena ingenua. Suena razonable. Y en el Dakar, eso ya es decir mucho.
Hace tan sólo 10 días Gonzalo García vivió el mejor momento de su carrera deportiva. Con sólo 16 años se proclamó campeón del mundo de gimnasia estética con su club, el Gimnasia Cartagena, y recibió su recompensa a casi media vida de entrenamientos, desde que empezó a los diez años. En Tartu, ciudad de Estonia, sobresalió junto a las siete compañeras con las que empezó cuando sólo era un niño y venció a los equipos de Kazajistán y de Malasia. Pero la celebración, según admite, fue triste.
Desde el mismo momento en el que acabó el Mundial, una nueva normativa entró en vigor y ya no podrá competir más. Para hacerlo sólo le quedan dos esperanzas, pero ambas son remotas. La primera, muy complicada, sería que la Federación Internacional de Gimnasia Estética (IFAGG) rectificase, para lo que García ha abierto una petición en Change.org que ya acumula 18.000 firmas. Y la segunda, un milagro, sería que otro chico se apuntase a su club y que, por primera vez, tuviera un compañero en su equipo mayoritariamente femenino.
ABEL F. ROSARABA PRESS
"El año pasado la Federación Internacional creó una norma por la que, a partir de la temporada 2025, para competir en categoría mixta un equipo debe tener como mínimo dos hombres. Si sólo hay uno, queda descalificado. En teoría se busca reforzar los equipos mixtos, pero en realidad se crea una barrera para que entren chicos a este deporte. Yo tendré que dejarlo y otros como yo no podrán ni empezar", explica García en conversación con EL MUNDO para reclamar "una gimnasia igualitaria, donde no importe el género".
Sólo tres equipos en el Mundial
Como ha ocurrido en otros deportes de mayoría femenina como la gimnasia rítmica o la natación artística, la incorporación de los hombres en la gimnasia estética es conflictiva y los organismos no están por la labor de facilitarla, más bien todo lo contrario. En el Mundial de gimnasia estética, la categoría mixta es oficiosa, no oficial, y por eso apenas hay clubes que participen. En la pasada edición hubo 26 equipos que lucharon por el oro en categoría femenina mientras que en mixta se reducían a tres, el Cartagena, y los conjuntos kazajos y malayo. La simple presencia ya suponía una medalla.
En España, a nivel internacional, sólo compite otro club en categoría mixta, el Gimnasia Chinchilla, de Albacete, con Julián Navarro en sus filas y, de hecho, hace dos años, el Chinchilla fue campeón del mundo porque fue el único equipo que se presentó. "Sé que hay un chico en un club de Valencia y dos más en Murcia, pero son más pequeños. Es muy difícil que haya más de un hombre en un equipo de gimnasia estética", descubre García.
Pero... ¿Qué es la gimnasia estética?
Es como la gimnasia rítmica, pero sin los aparatos. Hacemos movimientos parecidos, pero no usamos cintas, aros o pelotas. También cambia el tamaño de los equipos porque en la estética suelen ser más grandes, de ocho personas, y así hacemos formaciones distintas o elevaciones. Pero el montaje de los números es igual en categoría femenina o en mixta, no hay diferencias.
"Había probado el baloncesto y la gimnasia rítmica, a través de una amiga. Me gustaba bailar y me lo recomendó. Pero en 2019 se celebró en Cartagena el Mundial de gimnasia estética, me gustó mucho y me quise apuntar. Entonces en el Cartagena ya había un equipo mixto que fue cuatro veces campeón del mundo con Santiago Rodríguez, pero él lo dejó cuando yo empecé", recuerda García, que estudia primero de Bachillerato y al que le gustaría encarar un doble Grado de Arquitectura y Diseño de Interiores.
¿Ha sufrido burlas por ser un chico en un deporte tan femenino?
Obviamente, pero tampoco he tenido muchos problemas. En la gimnasia estética, nada, y fuera, bueno, algún comentario, pero poco más.
Gonzalo García, en sus inicios en la Gimnasia Cartagena.ABEL F. ROSARABA PRESS
García continúa entrenando con su club y asegura que así seguirá "unos meses", aunque sin el incentivo de la competición y menospreciado por su propia disciplina, no durará mucho más. A su favor, haber sido capaz de movilizar a través de Change.org a miles de personas que difícilmente sabían de la existencia de la gimnasia estética antes de conocer su caso. En su contra, que al otro lado de la mesa no sabe si hay alguien.
Sin influencia en los despachos
La Federación Internacional (IFAGG) tiene sede en Helsinki, su presidenta es rusa y en su Junta Directiva no hay ningún representante español. De hecho, la gimnasia estética en España está agrupada dentro de la Federación Española de Gimnasia (RFEG), que por lógica centra sus esfuerzos en las disciplinas olímpicas -artística, rítmica y trampolín- y apoya en lo posible a las no olímpicas, como el parkour. Paradójicamente, la gimnasia estética está englobada por la RFEG en el cajón de sastre llamado gimnasia para todos, donde también hay modalidades inclusivas, por ejemplo. Su capacidad de influencia a nivel internacional es muy limitada.
"Sé que la gimnasia estética es un deporte pequeño y que los equipos mixtos no son muy comunes, pero es muy triste que en 2024 haya que estar luchando por la igualdad", finaliza García, un campeón del mundo que, si nadie ni nada lo remedia, ya no podrá competir más.