La esposa y el hijo del futbolista ecuatoriano Jackson Rodríguez, del Emelec, fueron rescatados este jueves tras permanecer más de un día secuestrados por una banda criminal que exigía una alta suma de dinero por su liberación, según anunció el Gobierno nacional.
En un operativo, la Policía Nacional de Ecuador logró rescatar a la mujer y al menor tras irrumpir en un inmueble de un suburbio de la ciudad de Guayaquil.
Ambas víctimas aparecen sanos y salvos en un video publicado por la Policía en los instantes posteriores al operativo que permitió su rescate.
“Ambas víctimas se encuentran a buen recaudo”, confirmó el Emelec en un comunicado donde solicitó “respeto a la privacidad e intimidad de la familia en estos momentos”.
El secuestro comenzó en las primeras horas del miércoles cuando individuos encapuchados y fuertemente armados irrumpieron violentamente en el domicilio del futbolista mientras descansaban.
Los primeros reportes policiales indicaron que, además de llevarse por la fuerza a la esposa y el hijo de Rodríguez, los secuestradores se llevaron algunos objetos, joyas y dinero en efectivo, mientras que el jugador del Emelec logró esconderse de los secuestradores.
Ecuador vive su peor ola de violencia criminal desde que se tiene registros, lo que ha llevado al país a figurar a la cabeza de Latinoamérica en índice de homicidios, una tendencia que se ha recrudecido en este inicio de 2025 con un promedio de un asesinato por hora.
Esa escalada de inseguridad también va acompañada de secuestros y extorsiones por parte de bandas criminales que han ganado poder en los últimos años en el país y que se dedican principalmente al narcotráfico y a la minería ilegal, entre otras actividades ilícitas, con conexiones con carteles mexicanos y grupos armados colombianos.
Desde inicios de 2024 el país está bajo “conflicto armado interno” declarado por su presidente, Daniel Noboa, para contrarrestar el auge de las bandas criminales, a las que ha pasado a catalogar como “terroristas” y ha decretado una serie de sucesivos estados de excepción en los que ha sumado a los militares a combatir a estas estructuras.
Algún día, y a no mucho tardar, convendría reconocerle a Luis de la Fuente los méritos, sustanciados todos en haber construido un equipo donde, aunque falten el portero, el lateral derecho, un central, el mediocentro, los dos extremos, el mediapunta titular y el suplente, es decir, aunque falten Unai Simón, Carvajal, Le Normand, Rodri, Lamine, Nico, Olmo y Pedri, aunque falten, pues, todos ellos, se reconoce al equipo desde muy lejos. Una presión altísima y ordenadísima, unos movimientos mecánicos cuando tiene el balón y cuando no lo tiene, un colectivo dinámico y divertido, en fin, que ayer se deshizo de Serbia para sellar su pase a los octavos de final de la Liga de Naciones, ronda a jugar en marzo. Antes, en noviembre, viajará a Dinamarca y recibirá a Suiza para certificar el primer puesto. [Narración y estadísticas, 3-0]
Pero esto, los números, lo tangible, lo cuantitativo, no fue lo mejor de la noche, lluviosa a más no poder, en Córdoba. Lo mejor fue lo intangible, lo cualitativo, lo que habla del crecimiento constante de un grupo que es vigente campeón de este torneo, vigente campeón de Europa y, sin duda, favorito evidente para el Mundial que se disputa en menos de dos años. Queda camino hasta entonces, pero en ese transitar la selección recuperó ayer algo importante: cuando los resultados son algo que se dan por hecho, al personal hay que ofrecerle algo más: un poquito de buen fútbol, de ocasiones, de regates, de centros, de taconazos, de remates... Fútbol, en suma. Un fútbol vistoso. Y España lo ofreció ayer. España es una alegría. Es una fiesta. Es divertidísima.
De la Fuente enfiló el partido contra Serbia con ocho futbolistas que habían jugado contra Dinamarca el sábado, y es que el entrenador aprendió en Escocia, en 2023, que las rotaciones son para el verano, y si no que le pregunten por Lamine Yamal, al que sólo unas molestias físicas apartaron de haber jugado ayer. Solamente Baena, Cucurella y Mikel Merino entraron de refresco en un arranque de partido que se llevó por delante a los serbios de mala manera. A los cinco minutos, Laporte remató en el área pequeña un centro de Pedro Porro después de una jugada de estrategia en un córner, jugada, por cierto, que repetiría España 20 minutos más tarde (y en varias ocasiones más), pero esta vez el cabezazo esta vez de Mikel Merino terminó en el poste.
Baena celebra su gol, el tercero de España.Julio MunozEFE
El caso es que ese gol del central nada más empezar desató media hora estupenda del equipo. Al margen de las dos referidas, el mismo jugador del Arsenal tuvo otra opción clarísima. También Baena, un futbolista que no para crecer de la mano de Marcelino en el Villarreal. Cada balón parado era un drama para los serbios, presos de la mejor versión de España, por mucho que fuera la España B. Un tiro de Oyarzabal despidió la primera parte dejando una sonrisa en el personal.
A la vuelta no cambió el guión y España fue más y mejor que su rival. Sólo una noche gris ante el gol le impedía transitar con más holgura en el marcador. Ahí cabe mirar de nuevo a Álvaro Morata. Es el capitán, el jugador más querido de ese vestuario y el trabajo que hace para el equipo es impagable. Pero, hablando sólo de fútbol, está ofuscado. Falló un penalti, mandándolo muy por encima del larguero, y quién sabe si el gol, que finalmente llegó aunque costó lo mismo que un parto, le servirá para serenarse y vivir más tranquilo dentro del campo. Con Álvaro todo es una incógnita.
Tranquilidad
Un segundo antes de ese gol que, ya sí, ponía los puntos, y la clasificación, a salvo, había entrado Pedri por Merino. Jugando donde más le gusta, por detrás del delantero, el canario fue un impulso para el equipo, que volvió a subir las revoluciones y a hacerle la vida imposible a Serbia, completamente fuera del partido. Fue momento también para detenerse en Pedro Porro, el hombre llamado a sustituir a Carvajal en el lateral derecho durante el próximo año. Condiciones las tiene todas, y en la mayoría de las ocasiones se echaba de menos algo de serenidad en el momento de llegar a la línea de fondo. Ayer, sin embargo, se vio la mejor versión del futbolista del Tottenham. Con 25 años, puede quedarse con ese puesto más allá de la recuperación del madridista. Pero siempre y cuando mantenga la versión de anoche.
Por si había alguna duda, Baena hizo el tercero a falta de un cuarto de hora tras una falta que terminó con Pavlovic en la calle, pues era el último y trabó a Oyarzabal. Aprovechando la inercia, Joselu entró por Morata y Bryan Zaragoza por el propio Baena. España, para entonces, ya tenía al público de Córdoba entregado porque, al fin y al cabo, España es una fiesta. Y es divertidísima.
Tenía que ser en Champions. Esa competición en la que Antoine Griezmann hizo su primer gol con el Atlético de Madrid un 16 de septiembre de 2014 ante el Olympiakos y se puso a 200 un 30 de septiembre de 2025 ante el Eintracht.
Éste último se lo debe a Julián Álvarez. Quiso el argentino darle el regalo al francés tras una diagonal en la que sentó a un central germano. Y pudo hacer el 201 si un mal rebote no le golpea en la mano, pero quizás era mejor redondear la cifra en un partido. "Muy feliz, me ha costado un poco pero no soy un delantero de tirar cincuenta mil veces por partido", ha explicado el protagonista.
Es una barbaridad. En su retrovisor hay nombres como Luis Aragonés (172), Adrián Escudero (169) o Paco Campos (154). Nombres de los que, hace apenas un mes, parecía que no se alejaría más. Y es que, desde febrero, si no es por el tanto que hizo en el Mundial de Clubes al Botafogo, no había conseguido marcar con el Atlético de Madrid. Ocho meses, con ese paréntesis, sin hacer un tanto. "Yo juego para el equipo y no se me ha quitado ningún peso", ha expresado.
"un agradecido a Antoine"
Simeone nunca dejó de confiar en el talento del francés, pese a esa mala racha. Fue consciente el argentino que quizás exprimió demasiado sus 34 años la primera parte del curso pasado, cuando el siete del Atlético era el jugador de campo más utilizado de la plantilla. Y el río, claro, sonaba. "No tengo nada que reivindicar sino trabajar, estar tranquilo, jugar y dar lo máximo, en el fútbol siempre se habla", ha respondido.
Quien sí puede hablar es su técnico. Nunca se cansó de defenderle en las malas y hoy, con dos goles en dos partidos, en las buenas. Y, tras la victoria cómoda ante el Eintracht, la segunda manita consecutiva, no iba a ser menos. "Soy un agradecido a Antoine y su tiempo en el Atlético, ni que hablar a sus 200 goles", ha comenzado con una sonrisa su entrenador.
Luego ha querido reivindicar el cambio táctico que comenzaron ellos en el Atlético y que llevó al galo a la mediapunta desde el extremo izquierdo donde terminó de explotar como jugador tanto en su equipo como en la selección. "Le invitamos a aprovechar sus características para ser mediapunta y fue campeón del mundo en esa posición", ha recordado el técnico.
Estreno dulce
"Siempre fue un referente en todo con su esfuerzo, trabajo y lo que genera con su alegría al grupo. Merecimiento a todo lo que nos da. El talento no tiene edad", ha concluido el argentino sin mencionar que, a sus 34 años, Griezmann aún tiene mucho fútbol en sus botas.
A esa goleada contribuyó casi en el amanecer del duelo, Giacomo Raspadori con su primer tanto con la zamarra rojiblanca. El que abría el partido, el complicado. "He soñado este momento, pero nunca imaginé que fuera así de increíble", ha apuntado el italiano.
El Atlético sigue de manita en manita y ya son 13 tantos en los últimos tres partidos, además de contarlos todos por victorias. Tras la derrota inicial en Liverpool, los rojiblancos enderezan su camino en Champions a la espera de visitar Londres para enfrentarse al Arsenal en la próxima jornada.