Encontraron su cuerpo en su oficina este sábado por la tarde
Lieuwe Westra en una imagen tomada en 2016.KRISTOF VAN ACCOMAFP
El ex ciclista neerlandés Lieuwe Westra, conocido como ‘la Bestia’ por su potente estilo, ha muerto a los 40 años tras sufrir durante mucho tiempo una depresión, según informan este domingo su biógrafo y los medios del país.
Su cuerpo fue encontrado el sábado en su oficina, cerca de Enkhuizen (noroeste del país), tal como precisa la radio ‘Omrop Fryslan’. “Era demasiado tarde para cualquier tentativa de reanimación”, añade.
Su biógrafo, Thomas Sijtsma, ha asegurado en Twitter que “estos últimos años el antiguo corredor ha librado una batalla contra sí mismo y la ha perdido”, para después añadir: “Descansa en paz, Bestia“.
Nacido en 1982, Westra dio el salto al ciclismo profesional en 2009 en el equipo Vacansoleil. El mismo año logró su primera victoria de etapa y la general en la Vuelta a la Picardía.
Su primera victoria de etapa en una prueba del WorldTour fue en 2012, durante la París-Niza, finalizando segundo en la general tras el británico Bradley Wiggins. El mismo año ganó la Vuelta a Dinamarca.
En 2014 Westra sumó triunfos de etapas en la Vuelta a Cataluña y en el Dauphiné, además de ayudar a Vincenzo Nibali a lograr el Tour de Francia.
Se retiró de manera inesperada en 2017. “Tomó la decisión por motivos personales, había dicho el otoño precedente que sufría de depresión, principalmente tras un fracaso amoroso, abriendo las dudas sobre su carrera ciclista”, señala la agencia nacional neerlandesa ANP.
En su biografía, publicada en 2018, reconoció haber utilizado la cortisona, una sustancia prohibida por el reglamento antidopaje. “Me la inyecté para ir más rápido, para ganar premios y recibir elogios”, señalaba.
El paso del Mortirolo se abrió antes de la Segunda Guerra Mundial para que los ganaderos llevaran las cabras a los pastos de las tierras altas. La brecha trazada en una de las costillas de los Dolomitas también fue utilizada por los contrabandistas por esquivar el control de los carabinieri. La leyenda envuelve a esta mole de rampas infernales. Dureza extrema para un gigante que rivaliza con los imponentes Stelvio, Gavia y Pordoi.
Allí, Franco Chioccioli sentenció el Giro de 1991. Allí, Marco Pantani demarró como nunca a falta de 10 kilómetros para la cima en 1994, aquella ronda perdida por Miguel Indurain con Eugeni Berzin. Allí, Alberto Contador, en 2015, firmó su remontada más célebre al rebasar a todos tras afrontar la subida con una desventaja de 50 segundos por una avería mecánica.
Esta subida, cubierta con un bosque de coníferas que apenas deja pasar el aire, es un retablo para los escaladores de tronío, como Tadej Pogacar, tan apasionado de la mística de la Corsa Rosa, que este domingo se anotó la etapa reina de un Giro en el que nunca ha tenido adversarios de alta intensidad. Aventajó a Geraint Thomas y a Daniel Martínez en 2.50 minutos. Ya supera a sus rivales más próximos en cerca de siete minutos y todavía resta una semana de alta montaña. ''Ha sido uno de los mejores días de mi vida'', declaró el bicampeón del líder inabordable, vencedor de cuatro etapas en su debut en la ronda italiana.
El esloveno volvió a abrumar en una jornada de tremendo desgaste con un ataque demoledor a falta de 14 kilómetros para la meta, ubicada en la estación alpina de Livigno, que terminó con las esperanzas de renacimiento de Nairo Quintana. El colombiano fue segundo y presentó su mejor actuación en el regreso al Movistar.
El temor al Mortirolo marcó el desarrollo de la cita de este domingo, con la etapa maratoniana (222 kilómetros y cinco puertos). El pelotón se rompió con una macrofuga de 60 corredores, que alcanzó una ventaja de cinco minutos antes de afrontar el ascenso al puerto alpino, que se hizo por su vertiente más suave, la de Edolo Monno, con 12,7 kilómetros al 7,7% de pendiente media. En la aventura se metieron gente con vocación ofensiva en la escapada, como Quintana, Valter, Juanpe López, Alaphilippe, Storer, Steinhauser, Narváez o Pelayo Sánchez. Scaroni tuvo el privilegio de pasar primero por la cúspide del Mortirolo.
La renta de los fugados fue disminuyendo por la presión del UAE e Ineos. A falta de 30 kilómetros y con dos puertos por delante y en ascensión permanente, la diferencia bajó a los 3.40. Los aventureros quedaron reducidos a una veintena.
Los gregarios de Pogacar controlaron la situación con rienda larga. En últimas rampas de Passo Foscagnio, a 14 kilómetros de la meta, el líder decidió que había llegado la hora de los fugados. Aceleró y sin apenas oposición de marchó para superar a todos. Quintana y Steinhauser fueron los últimos. Al colombiano le cazó a falta de 2.000 metros para la clausura, en las rampas más dura de Livigno, un lugar que conoce muy bien, porque allí se levanta un centro de alto rendimiento muy visitado por el equipo UAE. ''Livigno es uno de mis sitios favoritos de Italia'', señaló un líder que amenaza con cerrar el Giro con una de las ventajas más alta de la historia reciente. Honor y gloria para un inagotable generador de espectáculo.
"No tengo nada que demostrar", pronunció en la previa Wout van Aert, acorralado por las críticas, consciente de que demasiadas miradas se posan ya en su preocupante bajón de rendimiento. Volvía el belga a A través de Flandes, el eléctrico anticipo del Tour de Flandes, allí donde hace un año se dejó media temporada en una caída en la que se fracturó la clavícula y varias costillas. Y lo que parecía que era su regreso a la victoria acabó en otro drama con el que acrecentar las dudas.
Neilson Powless le arrebató el triunfo donde antaño era imbatible, en un sprint mano a mano en el que, para más inri, a Wout le acompañaban dos compañeros del Visma Lease a Bike. Un escarnio colectivo y otra punzada en lo personal para el que hace nada era considerado el corredor más completo del mundo. "Soy totalmente responsable. Fui demasiado egoísta. Quería tanto esta victoria, especialmente después de las críticas que he recibido y de la mala suerte que he tenido... Estaba pensando en mí mismo", se sinceró como nunca, para recibir de inmediato el apoyo público de compañeros y rivales, desde Demi Vollering a Tadej Pogacar.
Tras su irrepetible Tour 2022, Van Aert no es el mismo. Todo a su alrededor es sinónimo de infortunio. Ya ni siquiera aparece en las quinielas como favorito a las clásicas de primavera. Tanto para el domingo en el Tour de Flandes como para la París-Roubaix del siguiente están muy por delante Mathieu Van der Poel o el propio Pogacar.
Cuando Jonas Vingegaard conquistó su primer Tour no pudo más que rendirse a un gregario impagable. "Es el mejor ciclista del mundo, he tenido la suerte de que me ha ayudado a ganar", dijo de un Van Aert que se lo puso en bandeja -el golpe de gracia a Pogacar en Hautacam...- pero que, además, atacó a diario (a veces, de salida), se llevó el maillot verde, se enfundó varios días el amarillo, ganó tres etapas y en otras cuatro entró segundo.
Una salvajada que le proyectaba a un futuro en el que, por qué no, ser él mismo el que intentara ganar la Grande Boucle. Porque en la edición de 2021 ya había firmado algo 'imposible', vencer en todos los terrenos: en contrarreloj, en el sprint masivo de los Campos Elíseos y en alta montaña (tras coronar el Mont Ventoux).
Van Aert, con Benoot, Powless y Jorgenson en 'Dwars Door Vlaanderen'.AFP
Ese mismo 2022 Van Aert había sido segundo en Flandes y tercero en Roubaix. Tras ganar la Milán-San Remo en 2020, que en su palmarés se acumularan Monumentos parecía un hecho inevitable. Pero, a día de hoy, apenas la Classicissima sigue luciendo. Van der Poel, su enemigo íntimo desde niño, desde el ciclocross que les formó, le ha borrado del mapa. Aquel pinchazo fatídico en el Infierno del Norte de 2023 pareció precipitar el mal fario. "Especialmente en Roubaix nunca he tenido suerte. Es una carrera en la que tienes que correr de forma perfecta, pero siempre me ha pasado algo o había alguien más fuerte. En esas carreras especialmente cada detalle puede ser decisivo. Ojalá algún día la suerte este de mi lado", se sinceraba en una entrevista con este periódico.
Desde febrero de 2024 no gana una carrera de un día (La Kuurne-Bruselas-Kuurne). Al percance en A través de Flandes se unió el gravísimo (en su rodilla se aprecian las consecuencias) del final de temporada en la Vuelta, camino de los Lagos de Covadonga, cuando ya sumaba tres victorias de etapa y recuperaba la sonrisa y el espectáculo.
Una lesión durísima de la que no parece haber vuelto como antaño. En 2025, donde volvió a alzar los brazos en dos pruebas de ciclocross (aunque en el Mundial volvió a perder ante Van der Poel), hasta el segundo puesto en la meta de Waregem su registro era muy pobre. No brilló ni en la Clásica de Jaén (39º) ni en la Vuelta al Algarve (Vingegaard le ganó en la crono). Tampoco en clásicas que antaño conquistó como la Omloop Nieuwsblad o la Kuurne. Tras ellas, se marchó a una larga concentración en el Teide, de la que sigue dejando dudas sobre su estado de forma. En la E3 Saxo Classic entró a casi tres minutos de Van der Poel y el miércoles un calambre en el sprint le hizo ceder ante Powless. ¿Es el final de una estrella o será capaz de volver a ser el Van Aert de antaño? En el pavé busca redención.