El mejor arranque de la joya española. Juan Ayuso (UAE) se anotó este miércoles el triunfo en el Trofeo Laigueglia, prueba que abre la temporada de las clásicas italianas, con salida y llegada en la localidad costera de Liguria, con un recorrido de 197 km.
Una exhibición que llegó sólo tres jornadas después de imponerse en la Faun Drome Classic. Dos victorias consecutivas en tres carreras y en cuatro días de competición. La anterior fue la Clásica Faun-Ardéche, disputada el sábado, en la que concluyó décimo.
A sus 22 años, el corredor criado en Jávea sorprende con un espléndido inicio de curso. En la prueba italiana venció gracias a su notable velocidad en rampa, que le sirvió para batir al italiano Christian Scaroni (Astana), al australiano Michael Storer (Tudor) y al estadounidense Neilson Powless (EF Education).
La clásica que abría la temporada en Italiana se animó con una escapada de nueve corredores que no produjeron demasiada inquietud entre los favoritos, de ahí que tuvieran licencia para rodar durante casi toda la jornada pensando en un éxito ilusorio. La carrera se rompió en La Colla Micheri (dos km al 8% de desnivel y tramos del 14%), a 20 kilómetros de la meta. El ED Education lanzó la primera acometida con Pawless, imponiendo un ritmo que seleccionó el grupo cabecero. Enseguida, Ayuso movió sus piezas, con el portugués Antonio Morgado en las posiciones cabeceras. Poco después, Ayuso atacó en la subida y sólo pudo seguirle Scaroni. En la bajada se unieron Powless y el Storer. Un cuarteto, perseguido por un grupo en el que se encontraban, entre otros, Kwiatkowski y Bettiol.
Ayuso, que viajaba con mucha decisión, volvió a atacar a falta de 10 kilómetros. Su arrancada sólo fue respondida por Scaroni. En el tramo final fueron cazados por Powless y Storer. El desgaste físico realizado por esta pareja para enlazar mermó sus opciones de victoria y no pudo evitar el último y decisivo acelerón de Ayuso, informa Efe.
El español, en su mejor inicio de temporada, encandila a los aficionados y a los directores del UAE, el grupo de Tadej Pogacar. Su próxima cita será Tirreno-Adriático, que comienza el lunes. El gran reto de su campaña es la conquista del Giro de Italia.
«Teníamos un plan excelente». Cuando Jonas Vingegaard comprobó cómo Tadej Pogacar le volvía a rematar, con una autoridad abrumadora, en la última rampa del Col de la Loze, el mismo puerto pero por diferente vertiente donde un par de años atrás él había torturado al genio esloveno, una muesca de resignación asomó en el rostro del danés. La nobleza de un hombre derribado que lo ha intentado todo. Amenazaba el granizo, que pronto rompió en el cielo de los Alpes, y las temperaturas, a más de 2.300 metros de altitud, se volvieron invernales en pleno julio.
Un rato después, bien abrigado, con una cara estupenda y una sonrisa imborrable tras cinco horas de sacrificio sin tregua, el líder soltaba piernas en el rodillo mientras se hacía selfies. Era consciente de que no sólo había salvado el día clave, había sentenciado su triunfo final. Ya apenas le aguarda otro esfuerzo hoy mismo camino de La Plagne (en una etapa recortada 35 kilómetros según anunció la organización a las 23:00 h.: un brote de dermatosis nodular contagiosa que afecta a un rebaño ubicado en el Col de Saisies y que hace que por solidaridad con los ganaderos, no se suba ese puerto- para rematar su cuarto Tour. Su ventaja es tal (la volvió a aumentar, nueve segundos más la bonificación, hasta los 4:26) que hasta un día menos bueno se podría permitir. «Pero si la etapa es como la de hoy... estoy más tranquilo».
Hay obras maestras que no tienen que ver con los alardes, ni siquiera con las victorias, sino más bien con la capacidad de controlar los instintos, con la sangre fría. «Amo ganar, pero lo más importante es conservar este jersey», vuelve a repetir quien no logró alzar los brazos en las tres últimas etapas de montaña, ni en Superbagnères (Arensman), ni en el icónico Mont Ventoux (Paret-Peintre) ni ayer en el Col de La Loze (enorme Ben O'Connor, su segunda victoria en el Tour) al que tenía tantas ganas, todas las etapas coronadas por las escapadas. Pogacar ha aprendido de sus errores pretéritos. Luce madurez a sus 26 años, en su sexto Tour, el que le hace admitir sin rubor su cansancio mental, preguntarse a sí mismo qué hace aquí «después de tres semanas» de agonía. «Luego, sientes cómo la gente te grita en la carretera y piensas que no se está tan mal. Sobre todo si tienes buenas piernas. Intento disfrutar», reconoce.
Sin embargo, en una de las etapas más extremas que el Tour de Francia ha planteado nunca, Pogacar se vio en una situación crítica cuando, a seis kilómetros de la cima de La Madeleine, el segundo puerto hors categorie de los tres del día, a 73 de la meta, el Visma Lease a Bike, uno a uno todos sus pretorianos a tirones (primero Van Aert, luego Benoot, Campenaers, Simon Yates, Kuss...) le había conseguido aislar de todos sus compañeros. Inmediatamente llegó el ataque de Vingegaard, que conservaba a Matteo Jorgenson por delante. Una estrategia estudiada, un guion que pretendía emular a episodios con el del Granon 2022. «Todo estaba bajo control. Han intentando todo en La Madeleine, pero no les ha servido para nada, mis compañeros me han defendido bien, hemos estado muy cohesionados. Veremos qué pasa mañana, es otro día muy duro», reconocía Pogacar.
Pogacar y Vingegaard, durante la ascensión al Col de la Loze.LOIC VENANCEAFP
Que se solapó a la rueda de su único rival, con suficiencia. Que no entró al trapo ni siquiera cuando, en el descenso, Jorgenson se lanzó 25 kilómetros como un kamikaze. El esloveno, siempre con un metro de margen sobre la estela de Vingegaard para evitar peligros, arriesgando lo justo, mantuvo la concentración. Y tampoco la perdió cuando, en el falso llano hasta el inicio de Courchevel, se produjo un extraño parón y el estadounidense se marchó por delante con O'Connor y Einer Rubio. Ese fue realmente el fracaso del Visma.
Pogacar nunca cayó en la tentación de mover ficha y por detrás le iba a llegar la ayuda de Marc Soler, Jonathan Narváez y Adam Yates. Para completar una ascensión final sin sobresaltos (a 23,3 por hora y de paso recuperar el liderato de la clasificación de la Montaña) y frustrar a Vingegaard. «Me sentí bien, el equipo estaba trabajando bien, lo intentamos pronto, pero desafortunadamente no pude recuperar el tiempo perdido con Tadej. Quiero agradecer de verdad a mis compañeros: todos apoyaron al 100% el plan que establecimos. Me motiva mucho cuando el equipo trabaja para mí», concedió un Jonas que ya no lo iba a volver a intentar hasta que quedaban dos kilómetros, más por honor que por convicción. «No estoy seguro de haber vivido nunca una etapa tan dura en el Tour. Ha sido realmente muy violenta».
El ciclista italiano Kevin Bonaldo, de 25 años, ha muerto este viernes después de haber pasado un mes en coma, ingresado en un hospital de Vicenza debido a un paro cardíaco que sufrió durante la carrera conocida como la Pequeña Sanremo.
"Kevin Bonaldo, el atleta de 25 años del Sc Padovani Polo Cherry Bank que había sufrido un ataque el pasado 21 de septiembre al término de la Piccola Sanremo de Sovizzo, falleció esta mañana, tras un mes luchando entre la vida y la muerte en una cama del Hospital San Bortolo de Vicenza", informó el equipo ciclista.
El ciclista, durante esa carrera en la que sufrió el paro, fue atendido por los servicios médicos e ingresó inmediatamente en la unidad de cuidados intensivos del Hospital San Bortolo de Vicenza.
Con el paso de las semanas, según desveló el equipo, dio señales de recuperación. Sin embargo, en las últimas horas, su estado empeoró y falleció.
"Hemos llevado a Kevin con nosotros en todas las carreras de este final de temporada. Desde el pasado 21 de septiembre comenzó una espera llena de inquietud que, lamentablemente, concluyó con esta trágica noticia. Nos unimos a la familia para hacerles sentir todo nuestro cariño y nuestra solidaridad en este dolor", expresó el presidente del 'Sc Padovani Polo Cherry Bank', Galdino Peruzzo.
Con el equipo italiano firmó un quinto puesto internacional en la cuarta etapa de la Dookoa Mazowsza en Polonia.