El jinete irlandés Michael O’Sullivan murió este domingo a los 24 años tras caer a principios de febrero en una carrera en Thurles, en el sur de Irlanda.
“Michael falleció tristemente en las primeras horas de la mañana del domingo rodeado de su querida familia en el Hospital Universitario de Cork”, dijo la directora médica de la Junta Reguladora de Carreras de Caballos de Irlanda (IHRB, en inglés), Jennifer Pugh, en un comunicado.
El jinete había permanecido ingresado en coma inducido y cuidados intensivos en el citado centro hospitalario irlandés, a donde fue trasladado tras el incidente ocurrido el 6 de febrero, cuando cayó en la última valla del hipódromo de Thurles mientras montaba al caballo ‘Wee Charlie’.
O’Sullivan se convirtió en jinete profesional en 2022, acumulando un total de 90 victorias en Irlanda y cinco en Reino Unido.
El director general de la IHRB, Darragh OLoughlin, describió al joven como un “jinete excepcionalmente talentoso” y aseguró que “será extrañado profundamente por todos los que tuvieron el placer de conocerlo en el mundo de las carreras”.
Ni en la más osada de las predicciones. Pero siempre la realidad supera con creces la ficción. Más en el ciclismo, en escenarios tan proclives a la gesta como el Colle delle Finestre, colofón brutal a un Giro que será recordado. El Giro de Simon Yates, una victoria tan insospechada que engrandece a los protagonistas. A los derrotados, un fracaso mayúsculo del joven Isaac del Toro, lección de vida, y del veterano Richard Carapaz, desplumados por la valentía del británico y por el movimiento estratégico de su equipo, el Visma Lease a Bike. [Narración y clasificaciones]
En la meta Sestriere, donde la victoria fue para el australiano Chris Harper, héroe desde la escapada del día, el amarillo del Visma de Yates lució para la historia. Con una ventaja enorme, de casi seis minutos, rendidos sus rivales, ahogados en sus dudas, en una frialdad que fue mortal. Porque cuando el británico, que había flaqueado el viernes, que no respondió al primer golpe de Carapaz nada más comenzar Finestre, les atacó desde su remontada al poco, fue directo a una gesta.
Su ventaja, que durante varios kilómetros de ascensión no fue mayor de 30 segundos, se amplió del todo cuando Carapaz, harto y exhausto tras sus ataques a los que siempre respondía Del Toro, paró en seco. Y ahí, el inexperto mexicano, el que tenía el Giro en sus piernas tras 11 días de rosa, no supo qué hacer. Y también se detuvo.
Yates coronó con dos minutos la Cima Coppi de este Giro y al poco encontró la ayuda de Wout Van Aert desde la escapada. Descendieron como balas, pero Del Toro y Caparaz pararon aún más. Se dispararon al pie y la ventaja se fue a los cinco minutos. Antes de comenzar la ascensión final a Sestriere, Simon Yates ya era el ganador.
El zafarrancho de Carapaz había sido brutal, una ofensiva con todo, desde las primeras rampas de Finestre. Primero aceleró su compañero Rafferty, después fue Steinhauser el que lanzó como si fuera un sprinter al ecuatoriano. Se apartó el Chalequito Cepeda y allá fue la Locomotora del Carchi, a destrozarlo todo, a quedarse mano a mano con un Del Toro que reaccionó con una frialdad asombrosa para sus 21 años. Entonces todo era un espejismo para ellos.
Chris Harper celebra su victoria en Sestriere.LUCA BETTINIAFP
Porque quedaban los 18 kilómetros de Finestre, ocho de ellos sin asfalto. Un mundo y una batalla en la que también jugaba la mente. Al poco acudió desde atrás Simon Yates, el tercero en discordia, que vio su oportunidad entre los dos latinos. Allá donde hace siete años se dejó el rosa y un Giro que tenía en sus piernas ante Chris Froome. No dudó ni un instante. Atacó y atacó hasta que se fue en solitario, mientras sus rivales jugaban al póquer.
Porque tras otro par de zarpazos de Carapaz en los que ni se inmutó Del Toro, siempre poco a poco en su remontada, con la calma de los elegidos, el ecuatoriano frenó en seco y puso la duda en su rival. Fue la llegada de Derek Gee por detrás la que avivó el ritmo, aunque Yates tenía todavía la baza de Van Aert por delante.
Y ocurrió lo insólito, Yates creció y creció y logró una ventaja de hasta dos minutos que le vistió virtualmente de rosa ante la cobardía de Del Toro, que sólo vigilaba a Carapaz y aguardaba por detrás la ayuda que no llegaba de alguno de sus compañeros. La bajada fue su condena, unos kilómetros de dudas que recordarán por mucho tiempo.
La penúltima etapa había avanzado a todo gas desde Verrès -donde Juanma Gárate, director de Carapaz, bromeaba con los posibles aliados y hasta con miembros del equipo rival como Igor Arrieta-, todavía en el corazón del Valle de Aosta, hacia las rampas del temible Colle delle Finestre, con dos cotas antes de aperitivo: Corio y Colle de Lys. La fuga, más bien pelotón delantero, constó de 31 integrantes, con Carlos Verona, Pello Bilbao y Jon Barrenetxea como españoles, pero también con Van Aert, quien, una vez más, iba a resultar clave en la victoria de un compañero, para la segunda grande de Simon Yates tras la Vuelta de 2018.
Llegada la hora de la verdad, el Real Madrid se empeñó en no dejar lugar a dudas. Si encajó casi 200 puntos en los dos últimos partidos de la temporada regular, se ató los machos en el primer duelo de cuartos de final contra el Dreamland Gran Canaria para dejar una noche de esas en el WiZink en las que se muestra arrollador. Dzanan Musa fue el estilete de un colectivo con una pretensión clara: finiquitar cuanto antes el asunto para centrarse en la Final Four. [105-70: Narración y estadísticas]
Podrá certificar su pase a semifinales (donde se las podría ver contra el Barça a la mismísima vuelta de Berlín) el viernes en Gran Canaria, históricamente, un rival propicio. Se ha visto cinco veces en playoffs contra el Madrid -la última, el año pasado-, y ha sido como estamparse contra un muro: ha perdido los 12 partidos disputados. 13 con el de anoche. Y aún así, esta serie de cuartos al mejor de tres no deja de ser una trampa para los de Chus Mateo con el reto de volver a levantar la Euroliga a la vuelta de la esquina. Jaka Lakovic era consciente, pero su equipo se diluyó de mala manera en la segunda parte.
Aunque sufrió tres derrotas consecutivas que le abocaron al séptimo puesto y al cruce contra el segundo, el Granca acudía con la teoría aprendida. La importancia del rebote, de abrir el campo contra las torres rivales, de no conceder transiciones... Y de no derretirse ante los parciales del Madrid, que pronto encontró el acierto desde el perímetro y la inspiración de Musa (14 puntos en el primer acto). Aunque cargaba a sus interiores de faltas y no acudía al tiro libre, los amarillos seguían en la batalla, entre otras cosas por la extraña debilidad defensiva de últimamente de los de Chus Mateo.
En el primer acto había recibido el Madrid -entre el Valencia y el Baskonia le hicieron 199 puntos-, ya 25. Mejoró en defensa (45 ya hasta el final) y pronto amenazó con demarraje, con dos impresionantes triples de Llull (39-29). Tavares lo condicionaba todo y el Granca empezaba a mostrar resquicios de flaqueza. La mala noticia para los blancos fue sin duda la lesión de Rudy Fernández. No podía ser de otra forma, al arriesgar su mano en un robo a Slaughter se dañó la muñeca y se marchó directo a vestuarios. En poco más de una semana se celebra en Berlín la Final Four, la última para la leyenda balear. Afortunadamente, volvió tras el descanso, pero no participó más por precaución.
Poirier, siete mates
A la vuelta apretó a fondo el Madrid, con ansias de resolver cuanto antes. Pero fue casi más demérito visitante, porque a los tres triples completamente liberado errados por AJ Slaughter (fueron un claro punto de inflexión) contestaron Yabusele, Musa y Hezonja para estirar peligrosamente la máxima (70-47). Cuando nada entorpece a los blancos, cuando logran sentirse cómodos, cuando convierten la pista en un correcalles -hubo un par de alley oops extraordinarios y siete mates de un poderosísimo Poirier-, suelen convertirse en inabordables. El Granca, tan competidor 20 minutos, había desaparecido por completo del WiZink.
Y la distancia, con todo roto, tornó en escandalosa, llegando a la treintena tras un triple de Ndiaye que también participó en la fiesta y después casi a los 40. "Mis jugadores han entendido muy bien la importancia del partido. Pero no podemos confiarnos. Les hemos ganado por 35 y van a estar heridos. No hagamos tonterías", pidió Chus Mateo al finalizar.
LUIS NÚÑEZ-VILLAVEIRÁN
@LNvillaveiran
Actualizado Jueves,
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