Durante la segunda temporada de la primera etapa de Ancelotti, los jugadores de la plantilla madridista le apodaron como “Pancelotti”. Una vez ganada la Champions, se dedicó en la siguiente a sestear, a comer muy buen jamón y a engordar. Ahora, años
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A Hansi Flick le gusta vivir al día. Por eso, según ha dejado caer ya en varias ocasiones, nadie tiene asegurado su puesto en el once titular del Barça. Hasta hace unas semanas, Marc Casadó parecía inamovible. No en vano, tuvo un gran protagonismo en las goleadas ante el Bayern y el Real Madrid en octubre. Pero ahora, Frenkie de Jong le ha ganado terreno en los planes del entrenador. Frente a Las Palmas, el canterano regresó a la titularidad. Tal vez, con el objetivo de que el internacional neerlandés tuviera algo de descanso para medirse hoy al Atlético de Simeone en la ida de las semifinales de la Copa del Rey.
«En las posiciones que clásicamente ocuparían los jugadores con los dorsales 6, 8 y 10 tenemos mucha calidad. Todos están en un nivel óptimo y todos nos dan cosas distintas. Ahora, tenemos que decidir qué es lo que necesitamos para este partido en concreto», argumentó el técnico barcelonista. De Jong, de hecho, ha sido titular en los tres partidos que ha jugado hasta ahora el Barça en la Copa del Rey, frente a Barbastro, Betis y Valencia.
En la Liga, mientras, desde el arranque de este año 2025, el neerlandés ha estado en la formación inicial frente al propio conjunto valencianista, Sevilla y Rayo. Además, De Jong ha acostumbrado a ser la apuesta preferida por Flick cuando había algún asunto que no acababa de gustarle en la medular o quería buscar un revulsivo. Y el jugador, cuyo contrato termina el próximo 30 de junio y que, por ahora, no ha llegado a un acuerdo para renovar su compromiso, ha mostrado un rendimiento notable.
Olmo y el recurso de LaLiga
Ha realizado un gran trabajo, como Dani Olmo, decisivo ante Las Palmas tras salir desde el banquillo en la segunda mitad y marcar el gol que le permitió al Barça abrir el camino hacia el triunfo. Flick está muy pendiente de su estado físico, pero su capacidad para redistribuir el balón como enlace entre el centro del campo y la delantera y sus peligrosas llegadas al área rival pueden darle también opciones de jugar tanto ante el Atlético como en próximos compromisos de Liga. Siempre y cuando no prospere el recurso presentado por LaLiga por la inscripción de su ficha. «No debería acabar la liga», sentenció ayer Javier Tebas, en los desayunos organizados por Europa Press.
«No quiero decir nada a este respecto. Ahora, puede jugar, es la situación que tenemos de momento y estoy muy feliz de que pueda hacerlo. No sé qué pasará. Me sorprenden las cosas que pasan en España y en este club», señaló un Flick que no acaba de tener claro si podrá contar con Lamine Yamal.
El delantero, que acabó el partido frente a Las Palmas con una aparatosa herida en su pie izquierdo, no se entrenó el lunes. «Habrá que esperar para saber si puede jugar, pero, por lo que ha dicho el doctor, creo que la situación es positiva y queremos que esté con nosotros», deslizó el técnico, quien pidió cuidar a todos los jugadores ante posibles acciones bruscas.
«somos casi una familia»
«No podemos pedir que se proteja únicamente a Lamine Yamal, hay que pedirlo también para Raphinha y para todos. Podemos protegerlos, y ya vimos que tampoco hubo tarjetas para las faltas que sufrieron Dani Olmo o Casadó. Hay que protegerlos a todos, no solo a los especiales. En España y en todo el mundo gusta el uno contra uno y eso hace que Lamine Yamal sea especial, pero también pasa es o con los jugadores del Real Madrid y de otros equipos», recalcó.
«Lo que más me gusta es la unión que tenemos. Defendemos unos colores, somos casi una familia y eso es lo más importante. Todo el mundo sabe lo que tiene que hacer, eso me hace muy feliz, todos encajan, y lograr algo así no es fácil. Todo el staff está haciendo un trabajo fantástico», apostilló un Flick que, este lunes celebró su 60 cumpleaños. «Tengo salud, una familia fantástica y estoy en un club maravilloso», sentenció.
La escena, comenzado agosto, no era cualquier detalle. En un rincón de las gradas del pabellón Triángulo de Oro, en el madrileño barrio de Chamberí, lugar habitual durante años de las preparaciones de España antes de los grandes torneos, un grupo de técnicos no perdía detalle. Sergio Scariolo impartía su enésima master class con la selección sobre la pista y los que iban a ser sus ayudantes en el Real Madrid tomaban nota. Empapándose de sus métodos antes incluso de comenzar 'oficialmente'.
Los que conocen y rodean al técnico italiano siempre comienzan su descripción con la misma palabra: "Exigencia". Hasta casi lo obsesivo. No iba a faltar en el siguiente paso en su carrera, valiente, difícil, arriesgado. De la leyenda con la selección al banquillo del Real Madrid, el que abandonó 23 años atrás. De ocho medallas en 15 años, de la implantación de un método envidiado en todo el mundo, a los desafíos mayúsculos de un club en el que apenas hay margen para la derrota. La nueva era en la casa blanca después del extenso periodo Laso-Mateo es también un reto personal para Scariolo, buscar el éxito total a nivel de clubes, esa Euroliga que redondearía un palmarés único.
En eso está Scariolo, a sus 64 años, desde los 22 en los banquillos cuando se inició en las categorías inferiores del club de su Brescia natal de la mano de su mentor, Ricardo Sales. No ha perdido ni un ápice de energía ni de inquietud. La que necesita para lidiar con ese oleaje inicial de un equipo que todavía no levanta el vuelo. Hay dudas en el comienzo. El calendario azota y en Europa lucen más derrotas de las deseadas. Nada que ver todavía la defensa con lo que pretende. Ni la intensidad y concentración. "Nos sigue faltando algo. La mitad de los jugadores son nuevos, el entrenador es nuevo, la competición es muy exigente... Seguimos todavía teniendo jugadores que están empezando a entender cómo jugar en el equipo", dijo la semana pasada tras la derrota en Mónaco, la octava en Europa.
Firme en la ACB, Scariolo maneja con celo de todo lo que rodea al Madrid, tan diferente al elogio bien merecido de sus últimos años con la selección, el ocaso de una era. También con algún run-run en las tribunas del Palacio. El domingo tendrá una buena prueba con la visita liguera de un Barça al alza con Xavi Pascual. Y en unas semanas llega la Copa en el Roig Arena, el primer Rubicón.
El adiós de Scariolo a la selección resultó deportivamente amargo. Aunque no sin honor. El Eurobasket el pasado verano fue un doloroso baño de realidad para la España acostumbrada a los podios y las medallas. Un torneo en el que sólo pudo ganar a Chipre y Bosnia y en el que fue eliminada a las primeras de cambio tras dos derrotas crueles contra Italia y Grecia. El seleccionador intentó sacar el máximo rendimiento de un colectivo sin experiencia y con pocos referentes más allá de Santi Aldama. Además del cambio generacional (ya sin Rudy, Llull, Ricky...), tampoco le ayudaron las ausencias, desde la última del nacionalizado Lorenzo Brown (que, además, dejó sin capacidad de reacción a la Federación), a otras como Usman Garuba, Alberto Abalde, Hugo González o Alberto Díaz. Se inventó dos bases de 19 años (Sergio de Larrea y Mario Saint-Supèry) que, finalmente, fueron lo mejor que le sucedió al equipo en la remota Limasol.
Scariolo, junto a Willy Hernangómez, en su última rueda de prensa con la selección, en Limasol.ALBERTO NEVADO / feb
Tras rozar la gesta ante Antetokounmpo y salir por la puerta de atrás del Europeo (la peor clasificación histórica de España en una gran cita), Scariolo no se recreó en nostalgias. Recibió el aplauso de todos en su última rueda de prensa, en su última cena con la selección. Y se puso manos a la obra con el Madrid, en el que había dejado de avanzadilla de pretemporada a su mano derecha tantos años, Luis Guil. Porque el proyecto blanco es todo ambición. En la cancha y en los despachos. Una revolución de arriba a abajo en la que el italiano es la pieza maestra.
La llegada de Sergio Rodríguez a la dirección deportiva, acompañado de Martynas Pocius, es toda una declaración de intenciones con vistas al futuro desembarco de la NBA. En el área deportiva, Scariolo se ha rodeado de un amplio staff en el que no sólo aparece el experto en defensa Guil. Se mantiene del anterior cuerpo técnico Lolo Calin. El apartado ofensivo lo comanda Stefan Ivanovic, hijo de Dusko. Desde la Virtus de Bolonia (ahí trabajó junto a Scariolo hace tres temporadas) llegó Matteo Cassineiro y desde el Joventut, donde fue durante años responsable de la cantera (y entrenador del junior), David Gimeno, que será el enlace entre el equipo senior y el U22 y el encargado de la mejora individual de los jugadores. También se incorporó Piti Hurtado como responsable del área estadística y audiovisual...
Nada al azar. Como en una plantilla tan extensa y potente como no se recordaba. Llegaron hasta seis refuerzos (Chuma Okeke, Izan Almansa, Trey Lyles, David Kramer, Gabriele Procida y Theo Maledon) a los que se unió, comenzada la temporada, otro NBA, Alex Len (en sustitución de Bruno Fernando). En estos meses, Scariolo sigue tratando de imponer su método y lidiando a la vez con un calendario inasumible. No fue capaz de alzar la tempranera Supercopa en Málaga (derrotado por el Valencia en la final), en la ACB es líder con sólo una derrota y en Europa siguen las luces y las sombras.