Tadej Pogacar se siente reconfortado tras analizar el recorrido de su nuevo desafío. Al fenómeno esloveno le agrada el perfil montañoso del Tour de Francia 2025, presentado este martes en el Palacio de Congresos de París. La 112ª edición de la Grande Boucle comenzará el 5 de julio en Lille y finalizará el 27 del mismo mes en París. La capital, tras la excepción del pasado año provocada por la organización de los Juegos Olímpicos, volverá a acoger la clausura de una prueba que, a diferencia de los últimos años, se disputará íntegramente en territorio francés.
Mont Ventoux, Tourmalet, Hautacam, La Plagne, icónicas cimas, regresarán a la coreografía de una ronda en la que Pogacar persigue su cuarto título y en la que pugnará con unos rivales más fuertes que en 2024. Jonas Vingegaard retornará sin los déficits de la corta preparación del último ejercicio y Remco Evenepoel jugará sus cartas con más experiencia.
En el mes de julio, todas las miradas se fijarán en el corredor del UAE, nacido para devorar récords. Con 26 años, sólo Eddy Merckx acumulaba más victorias. El esloveno ya ha superado a Bernard Hinault, el mito francés, que precisamente será homenajeado en la primera semana de la carrera, cuando el pelotón transitará por las quebradas sendas cercanas a Yffiniac, la población natal de El Tejón, que en 2025 festejará el 40 aniversario de su última conquista de la ronda, desde entonces, ningún francés ha subido a lo más alto del podio.
Una crono en Caen de 33 kilómetros y el ascenso al Muro de Bretaña provocarán la primera gran criba. En la primera semana también se recordarán las figuras de Jacques Anquetil y de Luison Bobet (se conmemora el centenario de su nacimiento), el primero que sumó tres Tour consecutivos: 1953, 1954 y 1955.
Después de cruzar el Macizo Central se afrontará un durísimo tríptico por los Pirineos. El primer reto es un final en Hautacam, el segundo una cronoescalada de 11 kilómetros en Peyragudes y el tercero en un brutal encadenado: Tourmalet, Aspin, Peyrosourde y Superbagnères. Esta última cima no coge la meta desde 1989, cuando Robert Millar se impuso a Pedro Delgado.
Una complicada etapa que causó impacto en el Palacio de Congresos, donde estuvo Mark Cavendish, que atesora la plusmarca de 35 victorias parciales y que, a sus 36, pretende seguir sumando más éxitos. También acudieron, entre otros, JulianAlaphilippe, Valentin Madouas, Lenny Martínez,Jasper Philipsen y Biniam Girmay.
Tras la expedición por los Pirineos llegará el Mont Ventoux (etapa 16ª). Una montaña que se ha ascendido desde 1951 en 18 ocasiones, 10 de ellas como meta. El último que ganó en ese paraje lunático fue Wout van Aert, en 2021.
La traca final se encenderá en los Alpes. La jornada 18ª podría ser determinante con subidas a Glandon, Madeleine y final en Loze. En la siguiente se tomará la salida en Albertville y la meta estará ubicada en el interminable La Plagne:19,1 km al 7,2% de desnivel.
Por su parte, el Tour Femenino, que pasa de ocho a nueve etapas, se disputará del 26 de julio al 3 de agosto.
Nuevo desafío para el fenómeno insaciable. Tadej Pogacar, número uno en las listas de apuestas del Mundial de Zúrich, persigue un reto que sólo han culminado dos corredores en toda la historia: la triple corona. Un título honorífico que distingue al ganador en un mismo año de un Mundial y de dos grandes rondas por etapas. El esloveno ya se anotó el Giro de Italia y el Tour de Francia y este domingo se ha propuesto vestirse con el cotizado maillot arcoíris.
El formidable triplete sólo lo han sellado el belga Eddy Merckx, en 1974, y el irlandés Stephen Roche, en 1987. Ambos se proclamaron campeones del mundo en ruta tras imponerse en el Giro y el Tour. En el ciclismo de carretera no hay un logro más difícil de conseguir. Algunos estuvieron muy cerca de alcanzarlo, imponiéndose en dos grandes vueltas y estando en el podio o muy cerca de él en un Mundial, como Fausto Coppi (en 1949), Bernard Hinault (1978) y Miguel Indurain (1992 y 1993).
Tadej Pogacar, que ha participado cinco veces en los Mundiales, con un tercer puesto, en 2023, como mejor resultado, dispone de un equipo fortísimo, con gente como Primoz Roglic, Jan Tratnik, Luka Mezgec y Domen Novak para consumar un reto que comenzará este domingo a las 10.30 horas y finalizara alrededor de las 17.30 horas. El esloveno, con 85 triunfos en su palmarés, es el gran favorito en una prueba en la que también figuran el belga Remco Evenepoel, ganador del oro el pasado domingo en el contrarreloj individual; el neerlandés Mathieu van der Poel, que defiende título; el estadounidense Matteo Jorgenson, muy fuerte en las segunda parte de la temporada, y el italiano Antonio Tiberi, un escalador muy solvente, ganador el pasado domingo del Tour de Luxemburgo.
Las opciones españolas pasan por Juan Ayuso, que llega muy motivado tras ganar la contrarreloj del Tour de Luxemburgo, y por Pello Bilbao, segundo en el Gran Premio de Montreal, tras Pogacar. Enric Mas, tercero en la Vuelta, acude en uno de sus momentos álgidos de su carrera. «El Mundial es una carrera muy especial, lo afronto con mucha ilusión. Es un recorrido duro y exigente, hay que pensar que cuando llevemos 200 kilómetros aún quedarán 70 más», ha señalado el balear.
La selección española, muy compacta, destaca por la mezcla de juventud y veteranía. Lo peor es que prácticamente todos los elegidos son cabezas de cartel en sus respectivos equipos. Muchos jefes y pocos gregarios para la escuadra de Pascual Momparler. En la lista del seleccionador también aparecen Pablo Castrillo (ganador de dos etapas en la Vuelta a España), Carlos Rodríguez, Mikel Landa, Roger Adriá y Mikel Aranburu.
Los aspirantes al título de Zúrich afrontarán un exigente trazado de 273,9 kilómetros, con 4.470 metros de desnivel, con la salida en Winterhur y la llegada en Zúrich. Tendrán que dar siete vueltas a un circuito final de 27 kilómetros y 501 metros de elevación en Zúrich y en sus alrededores. Se trata de un escenario con dientes de sierra, en el que sobresalen las subidas a Kyburg (1,1 km al 12% de pendiente media y rampas de hasta el 16%), Zürichbergstrasse (1,1 km al 8% de desnivel y paredes del 15%) y Witikon (2,3 km al 5,7% de porcentaje medio y cuestas del 9%).
No es un Mundial tan montañoso como en el que ganó Alejandro Valverde (último español en portar el maillot arcoíris) en Insbruck, en 2018, pero sí está destinado a escaladores con buena punta de velocidad. Ninguno tan voraz como Pogacar.
El mejor fisio del mundo moldeó sus manos lavando vasos en el restaurante de su padre. «Yo ayudaba a mi familia en lo que podía. Pasé muchas horas entre platos y mesas». Más de 40 años después, el asador donde creció Marcelino Torrrontegui (Albandi, 1964) sigue ofreciendo fabulosos chuletones txogitxu, cordero a la estaca y entrecot de vaca vieja. Una clientela fiel que acude allí tras disfrutar de las playas del concejo asturiano de Carreño en las que Torron también trabajó de socorrista. «Antes de ser auxiliar de ciclismo me buscaba la vida mientras hacía un módulo de Deportes», afirma el masajista más experto del próximo Tour de Francia, que arranca el sábado en Lille. Será la undécima edición de la Grande Boucle que afronta el asturiano, ahora en el Movistar. También es colaborador del Comité Olímpico Español (COE), la Federación de Fútbol (RFEF) y profesor en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Málaga (UMA).
Este fisio de sonrisa permanente trabajó en el Málaga CF durante 21 temporadas, acudió a ocho Juegos Olímpicos (cinco con la Federación de Ciclismo y tres con el COE), 26 Mundiales de ciclismo, cuatro Juegos del Mediterráneo, 13 Vueltas, 10 Tour y cinco Giros de Italia. Por sus manos han pasado futbolistas, atletas, nadadores, ciclistas, balonmanistas, karatecas, piragüistas, golfistas, esquiadores. La relación de ilustres es extensa: Craviotto, Llaneras, Hierro, Chema Olazábal, Van Nistelrooy, Valverde, Contador, Rominger, Freire, Delgado, Olano, Isco, Joaquín, Frankie Fredericks, Chema Martínez, Cubarsí, Francescoli, Juan Ayuso, Viran Morros, Aguinagalde, Darío Silva, Zulle, Virenque, Rafa Lozano, Garralda, Barrufet, Entrerríos, Hugo González, Jessica Vals, Carmen Weiler...
Tras disfrutar de varios días de descanso, este martes hará las maletas para marcharse a Lille con el Movistar para preparar la salida del Tour.
Torrontegui comenzó en el ciclismo en la Vuelta a España de 1988, en el Clas de José Manuel Fuente. «Recuerdo que la salida fue en Tenerife y que saltamos a Las Palmas. Me incorporé al equipo de El Tarangu gracias a la ayuda de Carlos Muñiz, ciclista y amigo mío de Candás. Aquella Vuelta la ganó Sean Kelly y el primer neoprofesional clasificado fue, precisamente, Muñiz. Yo tenía 23 años y ya me apasionaba el deporte. Esa pasión proviene de mi entorno de juventud, en Candás. Esta localidad está declarada por el COE Villa de Olímpicos, porque es el pueblo de España con más olímpicos por habitante. Allí nacieron, entre otros, Herminio Menéndez, Julio Alberto, López Carril, Enrique Rodríguez Cal o Carlos Prendes», dice mientras pasea por Candás, antes de la sesión de fotos en las instalaciones de Mareo del Sporting de Gijón que ilustra este reportaje.
Torron debutó en el Tour de Francia en 1991, el primero ganado por Miguel Indurain. Desde entonces, el carismático fisioterapeuta y el campeón navarro mantienen una relación cercana. «Somos de la quinta del 64 y hemos coincidido muchas veces, aunque nunca compartimos equipo. Él estaba en el Banesto y yo en el Clas, con Tony Rominger. En la selección español estuvimos juntos, pero nunca le traté. Él tenía su propio masajista, Vicente Iza. Sí traté a Perico Delgado, Óscar Freire o Alberto Contador, pero nunca a Miguel. Estuve con Indurain en los Juegos de Atlanta, cuando ganó el oro en la contrarreloj, y Abraham Olano, la plata. Mi primer Mundial fue el de Stuttgart de 1991, cuando Indurain fue bronce. También estuve en el histórico Mundial de Duitama de 1995, donde logró el oro en la contrarreloj y la plata en la ruta, con Olano primero. En la actualidad, cuando Miguel pasa por Asturias nos vemos. Últimamente bromeamos sobre que ya va siendo hora de que toque sus músculos», explica el técnico, de 61 años.
Federer y Nadal
Torron fue el hombre de confianza del suizo Rominger, conquistador de tres Vueltas y adversario de Indurain en la carretera y en la pugna por el récord de la hora. «Tony y Miguel fueron rivales y ahora son amigos. Son como Federer y Nadal. Se respetan, tienen una buena relación».
Las manos mágicas del asturiano cuidaron a grandes corredores del Clas, como Olano, Escartín, Mauleón, Ruiz Cabestany, Rominger, Suárez Cueva..., con los que mantiene amistad. «Ellos tienen la costumbre de juntarse todos los años para cenar durante una etapa de la Vuelta. Desde 1988 organizamos partidos de fútbol-playa a los que viene gente como Luis Enrique. Lucho es un gran entrenador y una persona majísima, pata negra, un friki del ciclismo».
Con su paisano Samuel Sánchez comparte complicidades. Las abuelas de ambos eran primas. «A Samu le conozco desde chaval, cuando venía a veranear a Albandi. Yo le vaticiné que sería campeón olímpico. En 2007, un año antes de la carrera en ruta de los Juegos de Pekín, fuimos a ver el recorrido y le dije que el trazado le venía a huevo para ganar. Aquel equipo, con Sastre, Freire, Valverde, Contador y Samu fue fabuloso», recuerda.
JORGE PETEIRO
Las manos prodigiosas de Marcelino han cuidado a miles de deportistas. El que más le impactó, por su elasticidad y fortaleza, fue el canadiense Mark McKoy, campeón olímpico de 110 vallas en Barcelona'92. Entre los ciclistas destaca el motor de clasicómanos como Bortolami, Baffi o Museeuw. Los músculos de Freire también le sorprendieron, como las piernas de los futbolistas Salomón Rondón y Julio Baptista. Dice que quien mejor supo sacar provecho a su físico fue Fernando Escartín.
Asegura que el ciclismo actual atraviesa por un momento espléndido y que Tadej Pogacar es un fenómeno: «Le vi el pasado año en el Tour y me sorprendió. El ciclismo de ahora no da tregua. Las etapas son más cortas y todos van a toda hostia, no frena nadie. Los técnicos y auxiliares no tenemos tiempo para tomar un bocadillo. La tecnología ha mejorado mucho el rendimiento de los corredores».
Pocos en el deporte español empatizan tanto como este extrovertido asturiano. «Me dicen que soy el mejor masajista del mundo, pero yo respondo que tengo la suerte de trabajar con gente muy buena. Yo, por mi manera de ser, siempre genero buen rollo y caigo bien a la gente, y eso influye».
La depción del Málaga
Durante sus 37 años en el alto nivel han abundado los éxitos. Las decepciones fueron mínimas, pero dolorosas. Las heridas provocadas por el despido del Málaga ya cicatrizaron, aunque quedaron marcas: «En el Málaga me dejé media vida, medio corazón. Me tuve que marchar por unas diferencias económicas mínimas. Me di cuenta de que no me querían en un sitio donde trabajé más de 20 años. Salí noqueado. Estuve muerto, pero reviví. Después de irme se me abrieron muchas puertas».
En plena pandemia, Torron dice que se reinventó. Estudió podología, se doctoró en Fisioterapia y se incorporó a la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Málaga: «Llegué para cubrir una baja, y ahí sigo, impartiendo clases. La docencia es una carrera de fondo. Me gusta, pero al principio me costó, porque yo hablaba con las manos, luego me he ido soltando. Ahora, hasta doy ponencias en el Master de Fisioterapia de la Escuela Universitaria UAX Rafa Nadal o el Máster de Fisioterapia del Real Madrid. Soy como una hormiguita. Cumplo mis sueños. Trabajo con chavales, eso me mantiene joven».
«Tengo la suerte de que la UMA apuesta por la transferencia del conocimiento de sus profesionales, lo que posibilita que pueda colaborar de forma activa con Movistar, con el que tengo un contrato Otri, y al mismo tiempo cumplir con mis obligaciones docentes e investigadoras en la Facultad de Ciencias de la Salud», añade.
JORGE PETEIRO
A sus 61 años, Torron quiere ser agradecido: «Cuando te vas haciendo mayor te acuerdas de la gente que te ayudó. Yo estoy muy complacido con Eusebio Unzúe. Un día necesité salir de casa y él estaba allí. Siempre tuve la fortuna de contar con la comprensión del Málaga, que me permitía ir a los Mundiales y a los Juegos Olímpicos. También estoy muy agradecido a Alejandro Blanco por la oportunidad de trabajar en el COE. Él me rescató de la crisis que tenía, lo pasé mal. Yo sé bien lo que supone estar en primera línea y de ponto el teléfono deje de sonar».
Hijo futbolista e hija nadadora
La genética y el entorno profesional indicaron, inevitablemente, el camino a seguir. La actividad deportiva domina el entorno familiar de Torrontegui. Los hijos del fisio asturiano se han criado entre balones, raquetas y bicis, por eso no extraña que Samuel y Carlota se hayan decantado por el deporte. Los tres, siempre mimados por Susana, la filóloga inglesa, la madre, la compañera, la que sostiene todo el edificio.
Samuel, que tiene 20 años, sobresale en las categorías inferiores del Sporting de Gijón, en el equipo C. El fútbol le atrapó desde niño. Comenzó en el Málaga y allí estuvo durante nueve temporadas, en las que coincidió con Dean Huijsen, el nuevo central de la selección española y del Real Madrid. «Estuvieron juntos en alevines, cadetes e infantiles. Son buenos amigos. Yo mantengo contacto con los padres de Huijsen, unos holandeses muy majos que abrieron negocio en Málaga», dice Marcelino, un padre encantado con los goles y el desempeño de su hijo: «Samuel juega de delantero, es bueno, pero a mí lo que gusta es su madurez. Entrena, juega, se cuida y estudia segundo de Ingeniería Mecánica. No es raro verle a las 12 de la noche con libros o estirando», recalca el fisio del Comité Olímpico Español.
El Almería quiso ficharle, pero él prefirió seguir en el Sporting. En su trayectoria ha mostrado sus excelentes dotes de goleador, con buen manejo de ambas piernas y juego de espalda. «Tiene futuro, pero es un poco pupas, siempre le pasa algo», dice el progenitor.
Carlota apostó por la natación, triunfando en los campeonatos autonómicos y nacionales. Se formó en el Club Natación Inacua de Málaga y en 2021 fichó por el CN Santa Olaya de Oviedo. En 2021, con 18 años, se proclamó campeona de España de 200 mariposa, lo que le sirvió para obtener plaza para el Europeo de Budapest, torneo en el que logró colarse en las semifinales, terminando en el puesto 14 del top-16.
Torrontegui destaca que Carlota, de 22 años y estudiante de Derecho, tiene mucha fuerza de voluntad: «Durante muchos años se levantaba a las cinco y media de la mañana para entrenar en el CETD de Málaga. Creo que venirnos a Asturias frenó su progresión. Uno de mis sueños era compartir unos Juegos Olímpicos con ella».