El Comité Paralímpico Español (CPE) solicitará la medalla de bronce para Elena Congost y su guía Mia Carol Bruguera. Y lo hará enviando un escrito, que ya prepara el organismo, a la World Para Athletics ( Federación Internacional de Atletismo Paralímpico) pidiendo que se les otorgue a ambos el tercer puesto en la prueba de maratón para personas con discapacidad visual.
Esta decisión llega horas después de que Congost soltara la cuerda que le unía a su asistente durante un segundo para evitar su caída, debido a los calambres, y ayudarle así a mantenerse en pie y cruzar la línea de meta. Este acto reflejo fue castigado, siguiendo el reglamento, con la descalificación nada más terminar la carrera.
En el documento, el CPE buscará argumentar que esa acción no influyó de ninguna manera en el resultado, puesto que su competidora más próxima, la japonesa Misato Michisita, se encontraba a casi cuatro minutos de distancia.
El pasado domingo, el presidente del organismo, Miguel Carballeda, ya anunció a través de un comunicado que se iba a plantear en la próxima reunión del panel de decisión, que comparten con el Consejo Superior de Deportes y la Federación Española de las Personas Ciegas, la concesión de la beca para ayudar a la deportista en su preparación. Una opción que, debido a su eliminación, la deportista había perdido.
El dirigente también ha afirmado que en esa reclamación demostrarán que “humanamente es un gesto que deja una huella importante al mundo del deporte y, sobre todo, un legado a los niños, para que en el futuro sean más deportivos”.
Una de las deportistas que se ha pronunciado sobre lo sucedido ha sido Susana Rodríguez, campeona paralímpica de triatlón. La viguesa ha señalado que le pareció “injustísima” la descalificación de su compañera y que, para ella, la delegación española se había marchado de París con 41 medallas.
“Soy amiga de Elena desde niñas y la verdad es que me ha perecido súper cruel. Pero olé para ella. Tuvo un gesto humano que todos tendríamos. Un deportista ciego y su guía forman un equipo en todo. Si uno se cae el otro va ayudarle a levantarse”, afirmó. Además añadió que “espera que en nuestro país tenga un reconocimiento como si hubiera sido bronce”.
El fútbol europeo regresa de nuevo a Manchester para testar las virtudes y la ambición del City de Pep Guardiola, convertido en en equipo grande (por resultados) de la ciudad. El técnico catalán observa en el horizonte la posibilidad de repetir conquista continental pero para ello tendrá que pasar por encima, otra vez, del "Rey de la competición", como definió Bernardo Silva al Real Madrid.
El portugués acompañó al entrenador de Santpedor en una rueda de prensa que ya suena familiar. Las caras de los periodistas británicos y las de los españoles son cada vez más familiares en la ciudad deportiva 'citizen'.
"Esto siempre es especial para mí", confesó Guardiola, preguntado por los Madrid-Barça de hace más de una década: "Los Madrid-Barcelona son partidos con mucha presión y tensión. Debemos dejar el pasado. Ahora es todo más difícil. Si perdemos, perderemos ante el Madrid, se lo merecerán".
Pero que sea especial para él "no cuenta", añadió, centrándose en la necesidad de tener presión: "Hace falta esa presión. Si piensas que ya lo has hecho... no tendremos ese hambre extra para competir estos partidos. Hay que llevar la energía adecuada y necesitamos a nuestra gente. A veces hay que sufrir porque es imposible dominar durante los 90 minutos", reflexionó, anunciando que Kyle Walker, veloz lateral derecho que fue baja en la ida, parece estar listo para el encuentro.
Sobre las similitudes con la eliminatoria del año pasado, Guardiola elogió al Madrid y dejó un comentario a sus críticos: "Con diferentes jugadores, tenían un gran equipo. Benzema, Modric... es un equipo excepcional. Sé que cuando digo las cosas positivas del Madrid la gente no me cree. Cuando era futbolista o ahora como entrenador, la gente mira mis comentarios y yo no puedo controlar eso".
El catalán reconoció que respeta al Madrid pero no le teme: "Le respeto mucho, pero temor no. Les elogio porque lo pienso así. No me creéis. Si digo lo de la hierba al final es un problema suyo, pero si piensan que está bien, pues muy bien. Si me ganan, como ha pasado muchas veces, les felicitaremos y mucha suerte para el futuro".
Bernardo, por su parte, asumió el favoritismo de su equipo: "Obviamente me inspira y me motiva lo que ha hecho este equipo desde mi llegada. Queremos crear ese legado. Queremos otra Premier, ganar la Champions por segunda vez consecutiva, que nadie lo ha logrado en Inglaterra".
El centrocampista portugués, autor de un gol en la ida, admite que no ha vuelto a ver el encuentro del año pasado y define al Madrid como "el mejor equipo del mundo individualmente". "Van a querer vengarse. Individualmente son el mejor equipo del mundo, así que tenemos mucho respeto. Juegan de una forma muy diferente de ka nuestra. Sientes que tienes el control del partido... y te hacen dos goles en un momento. Es una sensación muy rara y por eso han ganado tantas veces esa competición".
Silva manifestó su respeto por Kroos y Modric, dos futbolistas que le inspiran: "Sin duda. Son ejemplos a seguir. La consistencia a la que juegan, llevan 15 años haciendo esto... y después de todo lo que han conseguido, siguen trabajando. Son un ejemplo para los niños, que vean como se tienen que comportar en el campo".
El gigante de los Alpes encumbró al favorito y puso a prueba la capacidad de resistencia y sufrimiento de un orgulloso defensor del título. Tadej Pogacar derrotó a Jonas Vingegaard en las paredes nevadas del coloso Galibier en el primer desafío de alta montaña. Liderato para el esloveno, con una renta de 45 segundos sobre Remco Evenepoel y 50 sobre el danés. Una jornada espléndida para Juan Ayuso, que tras ejercer como gregario de Pogacar, tuvo el coraje de terminar tercero. Carlos Rodríguez y Primoz Roglic también entraron en el grupo de los mejores.
En la formidable cima alpina se volvió a escribir otra página gloriosa con un ejercicio tremendo de potencia de Pogacar y un emocionante descenso hasta Valloire, en el que sacó de punto a Vingegaard. La preparación del Tour del danés, tras la caída en el País Vasco, parece que se ha quedado corta.
Y es que el Galibier nunca defrauda. Desde la prehistoria de las máquinas de hierro, aglutina los relatos más épicos del ciclismo. En 1933 acogió la primera gran hazaña de esos escaladores con cuerpo de jilguero. Vicente Trueba, que presumía de recorrer Torrelavega y Madrid del tirón, estableció el primer gran récord de subida en el Tour de Francia: dos horas y 10 minutos en coronar la terrorífica cima alpina, 23 minutos menos que el mejor registro que ostentaba el francés Eugène Christophe.
"Donde las águilas no llegan''
El cántabro (1,57 metros y poco más de 50 kilos), corría sin equipo, sin asistencia mecánica y coronaba los puertos en primer lugar y en solitario. En las fotos siempre aparecía subiendo solo, por delante del pelotón. Fue el primer ganador del Premio de la Montaña y el pionero en escalar agarrado a la parte baja del manillar. Creó estilo. Henri Desgrange, el fundador de la ronda francesa, le bautizó como La pulga de Torrelavega. Al director y al público les apasionaba la manera salvaje de escalar del español nacido en el valle de Sierrapando.
Trueba fue un precursor al que le privaron de ganar el Tour. En la 10ª etapa de la edición de 1933, entre Digne y Niza, el cántabro se metió en una fuga de seis corredores que dejó a todo el pelotón descalificado por fuera del control. Pero Desgrange ordenó a los jueces que ampliaran el margen del retraso permitido, pasando del 8% al 10%, de esa manera rescataron a todos. En la clasificación general final, Trueba quedó sexto, los cinco primeros fueron corredores repescados. Lógico y entendible que siempre reclamara ese Tour.
Trueba, un peso pluma, volaba en las subidas y se hundía en los descensos. Carecía de la habilidad de Pogacar, que este martes se lució en la emblemática ascensión que determinó la resolución de la etapa. El esloveno retó a Vingegaard en un descomunal ataque a falta de 800 metros para la cima del Galibier y coronó primero, con una renta de ocho segundos, esa cúspide donde los ''hombres supieron elevarse a una altura donde las águilas no llegan'', según proclamó Desgrange.
Ayuso, Vingegaard y Pogacar, en la subida al Galibier.AP
La subida al Galibier (30 kilómetros de longitud) fue un ejercicio de desgaste. Después del paso por Lautaret, se abrieron las hostilidades. Tras neutralizar una fuga en la que se metieron Oier Lazkano, Van der Poel o García Pierna, Pogacar puso a trabajar a todos sus escuderos: Politt, Wellens, Soler, Sivakov y Almeida para estirar el pelotón y descolgar al líder Carapaz y a gente relevante como Bernal, Pidcock, Thomas, Enric Mas, Bardet o Simon Yates.
Carapaz, principal damnificado
A falta dos kilómetros ordenó a Juan Ayuso que asumiera el mando. El empuje del debutante español terminó por minar las energías de los enemigos de Pogacar. Cuando parecía que había quemado al equipo sin resultado, el esloveno saltó cerca de la pancarta de la Montaña y todos, excepto Vingegaard, se apartaron. En dos acelerones se desprendió del danés. A partir de ahí comenzó un nuevo festival, negociando con maestría las curvas en un descenso vertiginoso. Los ocho segundos en la cima se convirtieron en más de medio minuto en la meta.
El Galibier, una vez más, fue cuna de gestas y brutales desfallecimientos. El damnificado de hoy fue el líder Carapaz. Cedió cerca de cinco minutos y medio. Allí Vingegaard desnudó en 2022 a Pogacar con una sucesión de ataques coordinados del Visma; Contador firmó su ataque más desesperado en 2011, Pantani humilló a Ullrich en 1998. En su cima se lucieron Bartali, Coppi, Bahamontes, Charly Gaul, Merckx, Ocaña, Zoetemelk...Una subida sólo al alcance de los mejores.
Imperial, majestuoso, colosal, sublime. Se agotan los epítetos superlativos para describir otra hazaña brutal de un ciclista de otra dimensión. Tadej Pogacar es un deleite. Un impagable amante del espectáculo. Este sábado se impuso en la Strade Bianche, la clásica moderna más atractiva, con sus 15 tramos de sterrato, con un ataque a falta de 80 kilómetros. Era su primera carrera de la temporada. Asombroso. Otra vez apelando a la épica, a las gestas de otro tiempo. El heredero más cualificado de Eddy Merckx, lo ya narrado tantas veces.
Este sábado encadenó su segunda edición consecutiva de la Strade Bianche y, como ya hizo tantas veces, ganó por aplastamiento. Un monólogo para la antología, como ya selló en el Tour, en Flandes, en Lombardía, en Tirreno, en París-Niza... Se reducen mucho los territorios por conquistar para este esloveno de 25 años que ya suma 64 victorias.
Una nueva exhibición que el propio Pogacar vaticinó en la salida de Fortezza Medicea de la medieval Siena. ''Me encuentro bien, voy a atacar en el Monte Santa Maria''. Lo dijo y lo hizo sin ningún reparo. En la subida del noveno tramo de tierra, cuando apretaba la lluvia, abandonó la compañía del pelotón y se marchó solo para afrontar un interminable trecho por delante: 80 kilómetros por zonas de barro, subidas y bajadas por sinuosas carreteras de la cautivadora Toscana. La distancia fue creciendo hasta llegar a más de tres minutos. Todos rendidos a la superioridad del líder del UAE, el único interés por detrás era saber quiénes ocuparían los otros dos puestos del podio. Euforia desatada de un público loco que en cada ascensión animaba al héroe esloveno.
Espectáculo total en la tierra y el asfalto, en ese bello tramo de subida a la Piazza del Campo de la medieval Siena, con esas rampas del 16% en las cuestas empedradas de Via Santa Caterina y la avenida Rinaldini.
Y es que la prueba organizada por RCS Sport, la segunda de la temporada Word Tour, lo tiene todo para seducir al público, con paisajes incomparables, 15 tramos de tierra prensada, asfalto, colinas repletas de trampas, zonas de piedra en la entrada de Siena. Imposible caer en la monotonía. Además de una coreografía que es una delicia para los sentidos, este sábado la prueba contó con unos actores que sublimaron la magna prueba. Pogacar dominó ante rivales con pedrigí, como Tom Pidcock, ganador de la edición pasada, Maxim van Gils, Tom Skujins, Christopher Laporte, Richard Carapaz, Lenny Martínez, Julian Alaphilippe o Quinn Simmons.La segunda plaza fue para el letón Skujins y la tercera para el belga Van Gils.
Los Monumentos
Un nuevo triunfo de Pogacar que revaloriza a la clásica italiana en su mayoría de edad. En su 18ª edición, Strade Bianche dio el salto de calidad para opositar su ingreso en la lista de Monumentos, ahí donde están Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja y Giro de Lombardía. Los puristas alegan que no debería aparecer en esa nómina porque nunca se superaban los 200 kilómetros de recorrido, una condición cumplida este sábado por la clásica de Siena con sus 215 kilómetros.
Gloria para la Strade Bianche y para un Pogacar que no pierde los buenos hábitos, dominando desde el inicio de temporada. Y eso que este año ha cambiado su planificación para debutar en el Giro de Italia antes de afrontar el Tour de Francia. En este curso concentrará las principales cargas de trabajo en marzo, con la Milán-San Remo (día 16) y la Volta a Catalunya (18). En abril disputará la Lieja-Bastoña-Lieja (21).
Pogacar sólo coincidirá con Jonas Vingegaard en el Tour, ya que el danés tiene previsto afrontar la Tirreno-Adriático (4 de marzo), País Vasco (1 abril) y Criterium Dauphiné (2 de junio). El camino del doble ganador del Tour de Francia es parecido al de Primoz Roglic, que debuta este domingo en la París-Niza y que luego acudirá al País Vasco y al Dauphiné. Sepp Kuss participará en Volta, País Vasco y Dauphiné.
La preparación de los aspirantes españoles al top 10 del Tour de Francia también se concentrará en marzo y abril. Juan Ayuso correrá Tirreno-Adriático, Amstel Gold Race (14 abril) y Flecha Valona (17 abril). Enric Mas se inclinará por Tirreno-Adriático, Volta, Tour de Romandía (23 abril). Carlos Rodríguez irá a la París-Niza. Pello Bilbao, a la París-Niza y País Vasco.