Aragón se ha convertido en la tierra prometida para Marc Márquez, en el lugar en el que ha vuelto subir al primer escalafón del podio 1045 días después de la última vez, en el Gran Premio de Emilia Romagna de 2021, aunque, en esta ocasión, la victoria ha llegado en la carrera al sprint.
Habrá que esperar a mañana para ver si Márquez consigue volver a conquistar una carrera completa de un Gran Premio, pero, por el momento, lo que está claro es que el ocho veces campeón del mundo, es un piloto renovado, mucho más consciente de sus limitaciones, por lo que no quería lanzar las campanas al vuelo tras dominar con firmeza la clasificación.
Un dominio que comenzó el viernes, donde marcó la vuelta más rápida de la historia de este circuito, que regresaba al calendario después de un año de parón, y que ha materializado en una sprint sin errores desde la pole, muy sólida, en la que Martín y Acosta, segundo y tercero respectivamente, no han podido hacer más que limitarse a seguirle con la mirada hasta alcanzar la meta para completar el podio.
Gran golpe sobre la mesa de Márquez, que, casi sin querer, parece reivindicar su presencia en la lucha por campeonato del mundo. Título que ostenta el italiano Pecco Bagnaia, desdibujado durante todo el fin de semana ante la gran incógnita que representaba el circuito de Motorland.
El piloto del primer equipo de Ducati se vio sobrepasado hasta acabar relegado a la novena posición y afrontará la carrera del domingo desde la segunda posición del mundial tras ser adelantado por el español Jorge Martín.
La victoria de Márquez ha enloquecido a los miles de aficionados que copaban las gradas y es que, tras un año de descanso, los aficionados tenían ganas de que las motos volviesen a Alcañiz. Así, se espera que la localidad turolense acoja a más de 100.000 personas durante todo el fin de semana, lo que provocará un impacto millonario en la economía de la región.
Marc Márquez sacó la bandera de España, esa que llevaba tanto tiempo sin hondear, y puso dirección a la grada, donde no dudó en lanzarse a sus miles de aficionados. Acto que repitió al llegar al pit lane y ver a su equipo. "Fue una carrera increíble. Me resulta increíble ganar delante de esta gran afición. Gestionar la distancia es difícil. He sabido hacerlo y tenía guardado un extra más al final. Gracias Aragón, el año que viene nos volvemos a ver. Esto no ha hecho más que empezar", expresaba un emocionado Márquez.
El español es el conquistador de Aragón. Con un dominio abrumador, el de Cervera ha logrado su 60º victoria en MotoGP y regresa al trono al que sólo un elegido como él puede acceder, pese a que las incontables lesiones tratasen de truncar su carrera durante años.
Desde la salida, se ha mostrado muy seguro de sí mismo, sabedor de que el Gran Premio de Aragón representaba una de sus mayores oportunidades para alzarse con una victoria en este Mundial. Por ello, en los tres primeros giros, ya sacaba más de dos segundos a sus principales perseguidores.
Vuelta a vuelta, Marc reivindicaba su liderazgo. Impenetrable y hambriento de éxito, ni siquiera tuvo la necesidad de mirar por el retrovisor para conocer lo que ocurría a sus espaldas, ya que estaba más preocupado de poder comerse ese suflé que ha cocinado durante todo el fin de semana a lomos de su motocicleta del año 2023.
Márquez se puso de pie tras cruzar la línea de meta para recibir el calor de los cientos de vecinos de su localidad que han acudido a Alcañiz para acompañarle en su regreso. Y es que el circuito aragonés es, prácticamente, su lugar de recreo, debido a los escasos 200 kilómetros que lo separan de su hogar.
Más allá del nuevo hito de ocho veces campeón del mundo, la batalla por completar el podio era feroz. En los primeros compases de la carrera, Acosta, Jorge Martín y Alex Márquez protagonizaban una lucha sin cuartel, aprovechando la espantosa salida del actual campeón del mundo, Pecco Bagnaia, que se vio relegado a la séptima posición.
El enfrentamiento entre españoles finalizó con el tiburón de Mazarrón (Acosta) en cuarta posición, tras tocarse con Martín en el sacacorchos, y obligado a verse las caras con la Ducati del italiano. Mal compañero de baile para el joven piloto de Gas Gas, que poco pudo hacer ante la aerodinámica de la máquina del equipo de Gigi Dall'Igna y que, con el avance de la carrera, comenzaba a sentirse mejor sobre el recién estrenado asfalto aragonés.
Tanto era así, que rápidamente encaró a Alex Márquez, con el que protagonizó el momento más impactante de la prueba. Bagnaia se comió al de Gresini al intentar adelantarle y ambos acabaron cayendo. El campeón del mundo, que comenzaba el Gran Premio como líder del mundial, quedaba de rodillas sobre la grava y brindaba el liderato a Jorge Martín que, con su gran segunda posición, llegará con 23 puntos de ventaja a San Marino. "Fue difícil la salida. Luego he tratado de recuperar posiciones, pero tratando de adelantar a Pedro casi me caigo. He visto que Márquez se estaba alejando, pero he intentado mantener el ritmo. Estoy contento por Marc después de este tiempo de sequía y estoy contento también por mi podio", comentaba el piloto madrileño al finalizar la carrera.
Acosta fue el otro gran beneficiado del choque y completó un nuevo podio que necesitaba tras la mala racha de las últimas semanas. "Sin duda el mejor fin de semana de la temporada. Nos sentimos competitivos y por eso quiero dar gracias a KTM y a todo el equipo. Las últimas semanas no han sido fáciles y vamos a mantener este ritmo porque se lo merecen", auguraba Acosta.
Con todo esto, Aragón cierra un fin de semana histórico, en el que el circuito ha vuelto a superar los 100.000 visitantes y se consolida como una de las mejores pruebas del Mundial de la categoría reina del motociclismo.
En la época de los contratos millonarios, los clubes Estado y las batallas judiciales por la organización de las competiciones más importantes, la Copa del Rey se ha convertido en el oasis en el que pueden descansar las ilusiones de las plantillas más humildes. Celebérrimas epopeyas gestadas en vestuarios pequeños de baldosas blancas, con cuatro duchas para 20 jugadores, tres bancos que obligan a media plantilla a quedarse de pie para escuchar al entrenador y un cartel pegado en la pared que reza: "Ganar, ganar y ganar".
Ese podría ser el vestuario de aquel Alcorcón que noqueó al Real Madrid en Santo Domingo o del Mirandés que se plantó a las puertas del cielo liderado por un banquero llamado Pablo Infante, pero, en esta ocasión, es el del Club de Fútbol Ontiñena, el equipo que, en esta edición, tendrá la misión de representar al pueblo más pequeño en los 121 años de historia de la Copa del Rey. Y es que esta localidad, oculta entre las sinuosas carreteras de la comarca del Bajo Cinca, tiene apenas 500 habitantes que, este jueves, tendrán la misión de continuar con la hazaña derrotando a la Unión Deportiva Las Palmas.
Una encomienda que se ha podido asumir gracias al sueño de un grupo de personas del pueblo que, al ver a club a punto de morir tras un descenso a Segunda Regional, decidieron que en su pueblo "el fútbol no podía desaparecer". Así lo comparte Hugo Lax, actual presidente y miembro de aquella directiva que, apoyada en el sector agrario y en la ayuda de los 250 socios que acumula, organizaron una reestructuración total de la institución que comenzó con la contratación de un nuevo entrenador, lo permitió que muchos de los mejores jugadores de los otros pueblos de la zona fijasen su atención en Ontiñena.
Los jugadores del Ontiñena calentando en el estadio municipalToni GalánE.M.
Uno de esos jugadores fue Alejandro Puente, quien estaba "a punto de dejar el fútbol porque es algo muy difícil de compaginar con la vida social", pero al escuchar las aspiraciones de ascender y de terminar jugando la Copa del Rey, no pudo rechazarlo. "Cuando me reuní con el club para organizar mi fichaje y me presentaron un PowerPoint con sus objetivos no me lo podía creer", comenta aún incrédulo al recordar ese instante.
Sin embargo, todo era real y, ahora, no solo es que esté a punto de defender a jugadores de la talla de Moleiro, Kirian Rodríguez o Januzaj, si no que se ha hecho viral en redes sociales con un vídeo en el que se ponía unas chanclas como espinilleras antes de un partido. "En el vestuario tenemos una norma que dice que cuando nos falta algo de material tenemos que pagar cinco euros de multa. Es algo simbólico, pero en cuanto vi las chanclas ahí no dudé en metérmelas en las medias para disimular un poco. No iba a salir a jugar con ellas, pero un compañero me grabó haciéndolo, lo subió a TikTok y, con todo este boom que hemos pegado con la Copa, creo que ya lleva un millón de reproducciones", explica entre risas.
Alejandro Puente, central del Ontiñena, con las chanclas que utilizó como espinillerasToni GalánE.M.
Puente encarna uno de los tantos relatos diferentes que coinciden en el Ontiñena, como el de su portero David Salas, héroe en la anterior eliminatoria al detener dos penaltis en la tanda y que se perderá el partido por estar en Tailandia de vacaciones, su centrocampista Chaka Thiero, quien consiguió traer a su familia de África hace apenas unos años, o su defensa Abdoulaye Bah, nacido en Guinea Conakry y que ejerce como concejal en el Ayuntamiento de Monzón.
Precisamente en esa localidad es donde se disputará el encuentro contra Las Palmas, al no contar El Balsal (campo municipal) con las instalaciones mínimas para cumplir con la seguridad de los espectadores y permitir la retransmisión por televisión. La decisión de jugar en Monzón, pese a tener la oportunidad de competir en un estadio de primer nivel como El Alcoraz (Huesca), fue tomada por el Ontiñena al ser considerada "como la mejor opción de cara a aumentar nuestras posibilidades". Así lo explica el entrenador, Víctor Peinado, quien piensa que "en el Isidro Calderón podemos sentirnos como en casa y hacer que ellos sientan un ambiente hostil, que no estén cómodos durante el partido". En ese sentido, desea que "el césped esté lleno de baches y calvas para que tengan que jugar en largo y se igualen las fuerzas, porque si no, sabemos que estamos años luz de su nivel".
Conseguir ese ambiente hostil que reclama Peinado no será problema para la afición del Ontiñena, que agotó las 2.000 entradas (ayudados por gente de los pueblos de alrededor) en 48 horas y que en la ronda previa ya movilizó a unas 200 personas para desplazarse hasta Elizondo (Navarra) en un miércoles lluvioso para apoyar al equipo. "La afición está casi más ilusionada que nosotros con todo esto. Para el partido contra el Baztán hicieron un viaje de seis horas para apoyarnos y en el siguiente entrenamiento otro centenar de vecinos nos recibió con fuegos artificiales. Tienen tanta confianza en nosotros que se está tornando casi en exigencia, porque ya nos dicen que tenemos que ganar todos los partidos", comenta, agradecido, Barcos, pese a que no podrá formar parte del encuentro por una lesión en el tendón de Aquiles.
Parque de los Príncipes. 10 de mayo de 1995. Prórroga de la final de la Recopa de Europa. Minuto 120. Nayim, a 50,5 metros de la portería, ve adelantado a David Seaman. Golpea el balón en el aire y, con una parábola perfecta, supera al guardameta para hacer al Real Zaragoza campeón. 31 años y dos días han pasado de aquella noche en la que los maños entraron en el Olimpo del fútbol europeo. 31 años y dos días en los que la realidad del club del león ha cambiado por completo y le sitúa ahora muy cerca de abandonar el fútbol profesional.
A falta de tres jornadas para el final de la Segunda División, el Real Zaragoza se encuentra a cuatro puntos de la salvación tras acumular siete jornadas consecutivas sin ganar y habiendo desaprovechado un sinfín de tropiezos de sus rivales directos. Una tendencia repetida de forma constante por el conjunto maño durante toda una campaña que, si una racha milagrosa no lo impide, será la de la consumación de un descenso temido desde hace años.
Porque el fracaso actual del Real Zaragoza no es el resultado de una campaña aislada en la que todo ha salido mal, que también. Son las consecuencias de una gestión nefasta en el apartado deportivo, que ha terminado por aniquilar a un club histórico con plantillas incompetentes, muy alejadas del nivel de una entidad de este calibre.
Desde su entrada en 2022, la propiedad, en manos de un grupo inversor liderado por Jorge Mas, dueño también del Inter de Miami de Leo Messi y David Beckham, apostó por sanear las cuentas de un club en ruinas y elevar su imagen con la construcción de un nuevo estadio que, con dinero público, ya está en marcha. Lo logró, pero, por el camino, descuidó el equipo con fichajes de jugadores descartados por equipos de Primera División (Paul Akoukou o Valery Fernández), apuestas desconocidas (Samed Badar, cedido en Polonia tras pagar más de tres millones de euros por él, o William Agada) o jugadores de renombre en la categoría, pero que nunca han estado cerca de su nivel (Raúl Guti, Sinan Bak o Ager Aketxe, ya vendido).
Son algunos de los nombres de los futbolistas que conforman una plantilla sin alma, a la que ni siquiera su capitán, Francho Serrano, pese a estar armado de pasión ante su falta de calidad, puede reanimar. Tampoco han podido lograrlo los nueve entrenadores que ha tenido el club en estos últimos cuatro años, con una media de duración en el cargo de cinco meses.
Es la crónica de un naufragio del que han sido testigos todos los aficionados del Real Zaragoza, que en cada jornada llenan el estadio modular en el que juega el equipo mientras culmina la construcción de la Nueva Romareda. Un partido tras otro en el que la afición no puede encontrar algo de fútbol que echarse a la boca mientras clama, hambrienta, ante una propiedad de la que se desconoce su identidad exacta. «Los propietarios no conocen la ciudad y nadie sabe quiénes son. No hay una cara visible, solo unos gestores que han demostrado no estar a la altura», explica José Manuel Fábregas, presidente de la Federación de Peñas.
Él será uno de los miles que sostendrán al león en 1ª RFEF y le empujarán para que su vuelta sea rápida, porque, como asegura, «Zaragoza nunca se rinde».