La misma historia en la final masculina de los 100 metros que en la femenina. En el tablero de ocho piezas, Estados Unidos presentaba tres (Noah Lyles, Fred Kerley y Kenneth Bednarek). El resto del mundo, cinco. Dos Jamaica (Kishane Thompson, Oblique Seville) y una Sudáfrica (Akani Simbine), Botswana (Letsile Tebogo) e Italia (Lamont Marcell Jacobs). Un mapa geográfico y étnico.
En la tradicional e incruenta guerra de los mundos de la velocidad, e
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Conviene siempre, en estas embrionarias fases de torneos como la Copa del Rey, salir con el mazo para evitar que David se crezca contra Goliath. Se da por hecho que, en un encuentro con tres categorías de diferencia, la calidad pese más que el físico, pero no siempre pesa más que el corazón. Eso lo sabía Simeone, que sacó un once con no habituales, pero muy competitivo, para doblegar la rebelión del Cacereño, que hace dos temporadas ya hizo sudar al Real Madrid e hizo lo propio con el Atlético. Pero no pudo el humilde, porque el grande le arrancó el corazón al final. Sin piedad pese a su resistencia. [Narración y estadísticas, 1-3]
Destacaba el reestreno de Le Normand. 67 días sin pisar los terrenos de juego tras sufrir un traumatismo craneoencefálico en un salto con Tchoumanení en el derbi. El resto eran un equipo B con mucho protagonismo esta temporada. Incluso Musso había tenido minutos tras una indisposición de Oblak en la victoria in extremis en San Mamés con el postrero gol de Correa. Así, los rojiblancos salieron con todo para evitar que el partido se les complicara, con gran profundidad en las bandas ocupadas por Riquelme y Lino. El brasileño, de hecho, falló la primera clara del partido, un mano a mano que resolvió tirando al muñeco.
Pese al susto que ya se habían llevado en Vic, partido que resolvieron en los minutos finales con un penalti dudoso. El Cacereño les metió otro mayor adelantándose en el marcador con un gol de Merencio a la media hora de juego. Una contra mal defendida por los rojiblancos, demasiado volcados y sin las vigilancias debidas a los hombres de ataque del conjunto que dirige Julio Cobos.
Los jugadores del Cacereño celebran el primer tanto.Julio MuñozEFE
Estaba claro que el Atlético quería, ganaba los duelos y llegaba, pero faltaba la claridad arriba. Como la que no tuvo Riquelme para empatar el partido antes del descanso. A veces se tiene uno de esos días. Simeone puso a calentar a medio equipo al final de la primera parte, para provocar una reacción y evitar el ridículo, y salieron Julián, Llorente y Lenglet al inicio de la segunda.
Y el Atlético empujaba, pero el Cacereño no se arredraba. Usaba sus armas con inteligencia, líneas juntas y salidas rápidas terminando jugada. Solo cuando no terminaba, se exponía a la respuesta rojiblanca, con mucho peligro pero poco acierto. En una de esas, Correa perdonó una ocasión clara ante Nieves a los 15 minutos de la segunda parte.
Arreón final
El minuto 70 fue el del zafarrancho del Atlético, renovado ya con los cinco cambios que permite el reglamento, y empujando a su área al Cacereño, que empezaba a costarle salir, tan aculado que estaba junto su portero. Pero había desaparecido la contundencia de los últimos partidos, once goles en 180 minutos. Hasta que apareció el cabezazo de Lenglet y respiró el Cholo, aunque fue expulsado poco después en una protesta.
Ese gol, además de la expulsión de Sancho, terminó por inclinar el campo, pero fue un rebote el que terminó con la resistencia del honorable Cacereño. De Paul salvó los muebles rojiblancos y los pulió Julián Álvarez. Había que ganar y se ganó, la imagen ya, si eso, otro día.
De un plumazo se sacudió España cualquier duda endosándole a Portugal una goleada antes de que tuviera conciencia de que había empezado el partido en Balaídos. La selección se va engrasando en cada ventana de esta Nations League para llegar arrolladora y dominante a junio, cuando se jugará con Inglaterra el pase a la fase final con la mente ya puesta en la Eurocopa.
Portugal, que alguna vez pensó que podía sujetar a las campeonas del Mundo, se vio aplastada en media hora de partido, sin ni siquiera pisar el área de Cata Coll. Si hace apenas unos días lograron hacerle partido a España, aunque acabaran derrotadas 2-4, en Vigo les fue imposible porque el equipo de Montse Tomé castigó de manera letal su debilidad defensiva. Con sus mejores jugadoras lesionadas, era imposible pensar que podrían sorprender en un grupo emparejadas España e Inglaterra, las campeonas del Mundo y de Europa.
Lo vieron claro las portuguesas cuando empezaron a recoger balones de su portería. El primero, a los dos minutos, lo mandó Salma Paralluelo, que remató el centro de Mariona tras una pared con una inspirada Claudia Pina que se movió a su antojo por el área.
No tardaron Pina y Mariona en servirle un balón perfecto a Aitana Bonmatí para que electrizara a Balaídos con un zurdazo llovido que buscó la escuadra de la guardameta Patricia Morais. Pero es que repetiría la doble Balón de Oro al rematar una jugada que inició Laila con una escapada por la orilla izquierda hasta línea de fondo para el centro a Claudia Pina. Se giró la delantera del Barça para servirle el gol en bandeja a su compañera, que marcó su gol 30 como internacional. 12 minutos de juego y España ya tenía la victoria en el bolsillo, pero quería más.
Esta vez, la hambrienta era Alexia Putellas. Su papel en el centro del campo junto a Patri Guijarro y Aitana es esencial para España, pero ver puerta es el mejor alimento. Eso debió pensar Mariona cuando la vio desmarcada al borde del área y le mandó un balón para el 4-0. Antes del descanso, del acoso pudo sacar premio también Claudia Pina.
No necesitaba más España para enviar el mensaje a Inglaterra, pero en la segunda parte no alzó el pie del acelerador. Echó mano Tomé del brío de Athenea del Castillo, que buscó un disparo que atajó la portera pero dejó a los pies de Mariona para que marcara el quinto. Volvió a aparecer la jugadora del Chelsea para encontrar a Aitana en el borde del área y que habilitara a Alexia en el punto de penalti. Un control, una ruleta y una pierna armada para marcar el tanto que hacía la media docena a la hora de un partido que a las jugadoras portuguesas se le hacía muy largo. Más aún cuando Esther González, que logró el séptimo gol, pudo hacer el resultado más humillante de no haber estrellado un chut en el palo en el tiempo añadido..
A España le había dado para repartir minutos y esfuerzos, mientras que el único consuelo de las lusas fue una contra hilvanada que Pina Fonseca aprovechó para batir a Cata Coll evitando así que el partido de España fuera perfecto.