Hace tres años a España le zarandeó una medalla de oro de un chico que escalaba felinamente. Se llamaba Alberto Ginés y parecía, efectivamente, un chico normal de 18 años. Lo que ocurre es que, de repente, era campeón olímpico. «Había cumplido ya el sueño de mi vida. ¿Y ahora qué hago?», cuenta a EL MUNDO sobre los peajes de un éxito tan inesperado y precoz en una disciplina que se estrenaba en los Juegos. En París, tras clasificarse en el último
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Campazzo tiene una cuenta pendiente con la Final Four. Ganó dos veces la Euroliga con el Real Madrid, pero en 2015 apenas contaba, recién llegado, y en 2018 una lesión le impidió ser protagonista en Belgrado. Para más inri, en 2023, la última del Madrid, todavía no había regresado de su aventura fallida en la NBA. Así que sabe el camino, tiene ganas y se siente líder. Llegada esta hora de la verdad, ahí su paso adelante. Sus últimos partidos en la competición son una gran prueba de ello. [101-82: Narracion y estadísticas]
Ante el Estrella Roja, paso previo a los cuartos de la verdad, había que cerrar el círculo. No fallar en un día no decisivo, pero sí importante. Y el argentino se echó el equipo a la espalda, otra vez. A un Madrid competitivo, contundente y, sobre todo, contagiado por su guía (16 puntos, ocho asistencias...). Un triunfo para asegurar el factor cancha en la eliminatoria, a la espera de saber rival este viernes.
Porque todo el enredo de la última jornada de esta agotadora Euroliga pasaba para el Madrid por seguir su demoledor ritmo en el Palacio, donde viene toda la temporada enjugando sus penas a domicilio. Más importante por ello asegurar la ventaja de cancha en cuartos, acabar segundo o tercero (a la espera del resultado del Valencia en Sarajevo ante el Dubai). Sin ser garantía de nada (hasta el Panathinaikos podría ser el cruce), la estadística asegura que en 81% de las ocasiones pasa a la Final Four quien lo consigue.
Djokovic y Doncic, en el Palacio, durante el Madrid - Estrella Roja.EFE
También se la jugaba el Estrella Roja, aunque su batalla era un escalón más abajo y con una victoria evitaba el play-in. Pero era día grande en el Palacio, partido con aroma a antesala de la hora de la verdad, con Doncic y Djokovic en primera fila, flipando con las mandarinas de Llull (la hubo, cómo no: para cerrar el tercer acto, a tabla, una más en esa cuenta inigualable). El Madrid se lo iba a llevar por pura ambición, en uno de sus ejercicios más serios del curso, a unir al protagonizado la semana pasada en Estambul ante el Fenerbahçe.
El tiroteo con el que se abrió el telón no era precisamente lo más indicado, pero no es sencillo contener el talento. Y Sasha Obradovic, al que Scariolo nunca había vencido en Euroliga, posee un buen puñado de jugadorazos, tantos con lustroso pasado NBA. Amaneció el Estrella Roja con seis triples, con Nwora imparable. Aunque el primer revés, la lesión de tobillo de Bolomboy (no volvió), iba a resultar un lastre.
El primer arreón local llegó con la entrada en pista de Maledon, tan gris últimamente. Sus penetraciones descolocaron a los de Belgrado, que encajaron un parcial de 13-1. Garuba era una fiera, enchufadísimo esta vez, robando, reboteando, taponando, acabando en la otra canasta: en esta versión, resulta decisivo. Y Campazzo bailaba ante el que un día fue su ex equipo para irse al descanso con la máxima (56-44).
A pesar de algún acercamiento de los serbios, el Madrid no estaba por la labor de complicarse. Y su ventaja creció y creció con un buen puñado de sus protagonistas (Feliz, Maledon, Garuba...) afilando el cuchillo. Bien los necesita Scariolo.
Sonrisas contadas, gesto circunspecto, jersey gris, reloj dorado y pocas palabras. No pareció precisamente un día de celebración para Luka Doncic. En el acto de presentación con los Lakers, su nuevo equipo, estuvo acompañado de Rob Pelinka, nueve de la mañana en Los Ángeles, en el UCLA Health Training Center. No ocultó su "sorpresa" con el traspaso que ha sacudido a la NBA como no se recordaba ni que fueron "momentos duros en lo emocional" cuando supo que iba a salir de Dallas.
«Estoy emocionado de estar aquí para comenzar este nuevo viaje viaje. En algún momento supe que esto iba a suceder. Tuve momentos increíbles en Dallas con todos mis compañeros de equipo, entrenadores, y lo más importante los aficionados. Ya sabes, siempre me apoyaron. Y fue un viaje increíble», avanzó.
"Fue duro el primer día, emocionalmente. Las últimas 48 horas han sido como un mes. Estaba casi dormido cuando me llamaron. Tuve que comprobar que no era el 1 de abril (Día de los Inocentes en EEUU). Me costó mucho creerlo, estaba en shock, Dallas era mi casa. Creía que iba a estar toda mi carrera allí, porque la lealtad es una palabra grande para mí y he tratado de mantenerme en eso", reconoció el esloveno, que también habló de "sueño hecho realidad" el poder jugar junto a LeBron James y del que tiene "mucho que aprender".
Quizá porque no fue él quien tomó la decisión, a Doncic parece que le va a costar un tiempo empaparse de la ilusión de jugar en una de las franquicias deportivas más grandes y glamourosas del planeta. En los Lakers quiere ganar títulos, claro, así lo dijo, hablando de un "fresh start", un nuevo comienzo a sus casi 27 años en su carrera en la que ya sabe lo que es llevar a un equipo, los Mavericks, a toda una final de la NBA.
Doncic despejó la polémica sobre Nico Harrison, el hombre que le ofreció a su amigo Rob Pelinka, los General Managers de ambas franquicias que tantas vivencias tuvieron cuando el primero trabajaba en Nike. "Sin comentarios. Él tomó esa decisión y no sé por qué. Pero no puedo hacer nada", admitió un Doncic que negó con la cabeza y sonrió cuando le cuestionaron sobre las supuestas razones del traspaso, las dudas sobre su condición física y su pretensión de un contrato supermax, de casi 350 millones de dólares por cinco temporadas.
EL SEGUNDO, CALIFORNIA - FEBRUARY 04: Luka lt;HIT gt;Doncic lt;/HIT gt; of the Los Angeles Lakers looks on during a press conference at UCLA Health Training Center on February 04, 2025 in El Segundo, California. Harry How/Getty Images/AFP (Photo by Harry How / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP)HARRY HOWGetty Images via AFP
Lo que sí pareció tener claro el ex madridista es que esta vez no va a forzar su reaparición. No juega desde el día de Navidad, con una lesión en el muslo. "Por primera vez, me tomaré mi tiempo para volver al 100%. Otras veces sólo quería volver a la cancha a jugar baloncesto", dijo. Su debut, por tanto, tendrá que esperar. Seguramente no se produzca hasta después del parón por el All Star.
Uno de los pocos momentos en los que a Doncic se le vio sonriente fue junto a JJ Reddick, su nuevo entrenador, con el que ha participado en una par de ocasiones en el famoso podcast que tiene el ex jugador. También cuando habló de LeBron, quien le llamó desde Nueva York inmediatamente después de conocerse el traspaso.
Explora España terrenos insólitos en su pasado reciente, trámites que su nobleza y sus medallas le ahorraban. Para estar en unos Juegos de los que no se ausenta desde Atlanta 96, allá donde hace no tanto escribía su leyenda con aquellas finales de tú a tú contra el USA Team en Pekín y Londres, la selección debe ganar un Preolímpico. La "nueva realidad". Líbano fue una sencilla primera piedra (59-104) de un torneo trampa que guarda sus emociones fuertes en Valencia para el fin de semana. Como mejor augurio, tres de los más jóvenes (Aldama, Garuba y Pradilla) fueron los más destacados. Aunque la posible lesión de Juancho Hernangómez -un dolor en el aductor por el que se le realizarán pruebas, según confirmó después Scariolo-, que no disputó la segunda mitad, hizo que no todo resultara perfecto.
El partido no tuvo ni un segundo de historia porque España no lo permitió. Porque también rechazó las tradiciones no tan aconsejables, como esos comienzos trémulos y perezosos en las competiciones. Quizá Angola tampoco suponga mayores sudores hoy, pero un rato antes de la paliza a Líbano, Bahamas, ese equipo con tan poco nombre y tanta estrella, había mostrado de lo que puede ser capaz ante Finlandia (sin Lauri Markkanen). Sus tres NBA (DeAndre Ayton, Eric Gordon y Buddy Hield, casi 60 puntos del trío), ráfagas de talento, despedazaron a los nórdicos en un par de arreones.
Había avisado Scariolo, que no ha tenido una preparación como le hubiera gustado, con jugadores llegando de forma escalonada, cada uno con sus circunstancias, la lesión de Alex Abrines y sólo dos amistosos. Poco podía oponer Líbano, con ese proyecto NBA pasado de kilos y desterrado en Corea del Sur que es Omari Spellman como único argumento reconocible. Pero los rivales "atípicos" tantas veces son a la vez incómodos. Y quizá en ningún escenario la victoria podía peligrar, pero tan importante o más son las sensaciones.
El mejor baremo de la pereza es la defensa. Y la selección pronto mostró colmillo, energía y ambición en una Fonteta no tan repleta. La primera unidad, liderada por el indispensable Lorenzo Brown, maduró al rival. Y, todavía en el primer cuarto, la segunda rotación, con un sensacional Usman Garuba, le hizo temblar. Sólo un triple sobre la bocina de Spellman alargó la vida de Líbano. Después, la tormenta. Únicamente Brizuela se quedó sin anotar antes del descanso y Aldama y Garuba (26-48 fue la máxima) se pusieron las botas al son de Lorenzo.
Eran demasiadas buenas noticias y todos los gestos se torcieron cuando Juancho Hernangómez regresó del descanso con los cordones sin atar, cojeando y con mala cara. No iba a volver a pista y, a la espera de noticias, no parece probable que juegue tampoco ante Angola por el primer puesto del grupo. España siguió a lo suyo, intentando no bajar el listón y aumentando la máxima. No resultaba sencillo en un partido tan roto y a sólo 24 horas del siguiente. Garuba cerró el tercer acto calcando el parcial del segundo (13-27) y ya con un abismo en el marcador.
Brizuela, que era el único que faltaba, se estrenó al comienzo del cuarto final de forma rotunda, con cuatro triples idénticos, superando los 40 de ventaja una España ya relajada y fluida ante un rival sin nada que oponer, espectador de lujo de los mecanismos que pule Scariolo, de la defensa agresiva, de la concentración por el rebote y del intento siempre del pase extra en ataque. Fueron 30 asistencias (nueve de Lorenzo en menos de 17 minutos), 104 puntos, 17 triples y fue una paliza sonrojante. Un primer plato dulce que sólo amargó el susto por Juancho.