A un toque de la medalla, a un pequeño error de concentración en el frenesí de las aguas bravas del canal de Vaires-Sur-Marne. «Estoy jodido. No es fácil estar tan cerca y que se escape. Pero bueno, este es el juego y hemos venido a jugar». El sueño de Miquel Travé, un niño criado entre canoas, se quedó a 89 centésimas del bronce. Fue quinto en el C1 Eslalon, otra vez brillando España en piragüismo. Con un tiempo de 97,72 en la final, a la que acudió con la segunda mejor marca, de no haber sido por el golpeo de su pala en la puerta 14 tendría colgada la plata al cuello.
La segunda medalla de España en los Juegos se diluyó en las aguas parisinas. Travé, toda una perla del piragüismo (campeón del mundo júnior en 2018), violinista en su infancia, hijo de entrenador olímpico (seleccionador en Atlanta 96) -ahí estaba presente, con el resto de la familia del catalán-, compañero de entrenamientos de Ander Elosegui (dos veces cuarto en los Juegos), había desatado las expectativas en una mañana pletórica. En su tercera bajada por el recorrido del espectacular Estadio Náutico Vaires-Sur-Marne logró uno de los 12 billetes para los finalistas y con el segundo mejor tiempo (96.69), nada menos.
A sus 24 años, el chico de La Seu d’Urgell acometió el descenso con una asombrosa soltura. Iba superando todos los tiempos, directo a la medalla, vertiginoso, pero la fatalidad le aguardaba en la puerta 14. «Todas son peligrosas. Al final todas tienen dos palos, todas hay que pasarlas por el medio sin tocar, así que hay que estar atento de la primera hasta la última y hay 23», concedía después. Con el fallo y la penalización asumidas, zarpó hasta el final con todo y acabó con 97.92. Iba a ser, finalmente, el quinto mejor tiempo de la tarde. Un diploma que hubiera firmado antes, pero que ayer , «escasos centímetros que me alejan de la plata», aún dolía. «Cuando lo vea en perspectiva voy a ver que en los primeros Juegos Olímpicos pude estar ahí. Quinto es un buen resultado, pero bueno, ahora mismo duele», reconocía. «Es cruel, es así. No diría ni injusto ni justo. Al final el mejor del mundo puede perder y el peor del mundo puede ganar, esta vez me ha tocado bajarme a mí del podio», resumía.
Trevé, tras la final.ALI HAIDEREFE
El oro fue un éxtasis en el canal, porque el ídolo local, Nicolas Gestin, logró la perfección y arrasó en el lugar en el que entrena habitualmente. Un descenso tremendo (91,36), cuatro segundos mejor que el británico Adam Burguess, para ser campeón olímpico de C1 de eslalon, con el eslovaco Matej Benus tercero.
A Miquel aún le quedan cosas por decir en París, pues participa en el kayak cross. «Aquí e intentaré sacar todas mis fuerzas y mi rabia para un buen resultado. Y después a pensar en Los Ángeles 2028 donde iré aún con más hambre», admitía el ilerdense, cuarto en el ránking mundial y que superó la decepción de no clasificarse hace tres años para los Juegos de Tokio.
"Todas creen en lo que se hace", pronuncia Lino López cual Norman Dale en Hoosiers cuando se le pregunta por el secreto. El entrenador gallego, paralelismo con el mítico personaje que interpretó Gene Hackman, capitanea una historia "de película". La del Baxi Ferrol, tan humilde como orgulloso, histórico ya. A partir del 26 de marzo, ante el Villeneuve d'Ascq francés, disputará toda una final continental.
Nadie en Ferrol quiere despertar del sueño. En la ciudad que palpitó con el baloncesto ochentero del OAR, legendarios héroes como Nate Davis, Anicet Lavodrama o Manolo Aller, niños y padres ahora pasean por la calle con otras camisetas y otros apellidos en la espalda. En femenino, Angela Mataix, Noa Morro... No se recordaba A Malata repleto hasta la bandera, como ocurrió en la ida del partido de semifinales hace unos días ante otro rival galo, el ASVEL. Una noche inolvidable, un triunfo de David contra Goliat, con 31 puntos como 31 hondas para una ventaja que el pasado jueves las ferrolanas no desperdiciaron en la vuelta en Lyon.
La aventura del Universitario, igual da que alcen o no el título de una Eurocup en la que sólo dos equipos nacionales habían llegado a semejantes cumbres (Islas Canarias en 2003 y Valencia en 2021), es, efectivamente, de guion épico. Uno de los presupuestos más bajos de toda la Liga Femenina española, a la que volvieron hace dos temporadas tras un vaivén de ascensos y descensos. Octavas el curso pasado, se aventuraron a la disputa de la competición europea a la que tenían derecho, aunque para ello tuvieran que hacer un esfuerzo económico titánico, "llamar a muchas puertas de instituciones". Que hubiera sido ruina de haber caído en la fase previa con el Battipaglia italiano.
La irlandesa Claire Melia, ante el Asvel en Lyon.
"Ninguna de nuestras jugadoras había disputado previamente la Eurocup. Eran ocho nuevas en la plantilla, muchas rookies o procedentes de la Liga Challenge (segunda división). No teníamos el factor experiencia, que siempre se dice que es importante. Pero han demostrado las ganas que tienen de competir", presume el técnico del milagro, que también tiene su propia historia.
Lino López sólo pudo disputar dos partidos en ACB. Tenía 17 años, era un base prometedor y el club de su vida iba a desaparecer por problemas económicos. Casi la totalidad de su larga carrera deambuló por Galicia y tiene un honor único: nadie, como él, ha jugado en todas y cada una de las categorías FEB. Cuando se retiró, pronto se hizo con las riendas del equipo femenino de Ferrol, donde lleva 13 temporadas, seis de ellas consecutivas, pues dio un salto sin mucha fortuna al Perfumerías Avenida.
Ahora se frota los ojos. "Es emocionante, se te pone la piel de gallina. Parece como una película, empiezas una competición en la previa y sólo hemos perdido un partido. Si sumas también que, a principio de temporada, la americana interior (Mimi Collins) decidió marcharse porque no se adaptaba... Sin embargo, el equipo se mantuvo igual. No fichamos, porque eso suponía un coste extra para el club. Y yo confiaba en la plantilla. Creía que había jugadoras que podían dar un paso adelante. Como Noa Morro lo ha dado en la posición de cinco. El equipo incluso salió fortalecido", relata con orgullo.
Aficionados reciben a las jugadoras del Baxi, en Ferrol.kiko delgadoEFE
"Todo esto es difícil de explicar. Es que era un reto mayúsculo, porque somos un club muy familiar, con una estructura para intentar no descender", explica. El Baxi aumentó presupuesto, casi al millón de euros, pero sigue tan lejos... Sin embargo, derriba gigantes (venció en las canchas del temible Galatasaray en la Eurocup y del Girona y el Salamanca en Liga Femenina, donde marcha octavo) con su filosofía de convertirse en "trampolín" de oportunidades para jugadoras dispuestas a crecer.
Las entradas para el partido de ida de la final se rifan en Ferrol. También se preparan los aficionados para viajar a Lille el 2 de abril. Son ya más de 1.800 abonados. Para seguir soñando con los ojos abiertos. "Ver cómo se venden todas las entradas, que el merchandising se agota, por la calle a niños con las camisetas de las jugadoras, una ciudad ilusionada. Imagínate como ferrolano... Es lo más emocionante que he vivido, lo más especial de mi carrera. Yo he crecido con el club. Cuando empecé estábamos en Liga Femenina 2 y a los partidos iban los familiares de las jugadoras. Teníamos niñas de la casa para completar la plantilla. Era complicado", dice Lino, el arquitecto del milagro, pues también es el director deportivo y no quiere dejar pasar esta oportunidad única "para conseguir más recursos, más patrocinios de empresa privada". "Eso es lo más importante. Nuestro lema es humildad y trabajo, ojalá muchos quieran formar parte de esto".
Aquella mañana en la playa de Fuentebravía, en el Puerto de Santa María, la carrera con Jaime, el pequeño de sus tres hijos, no había sido como las demás. "Joder, me ganaba con seis años. Estaba reventado", revisita Tomás Bellas (Madrid, 1987) en voz alta al instante preciso en el que todo cambia para siempre, en el que uno se da cuenta de que algo, de verdad, no va bien. Las vacaciones familiares en Cádiz el pasado mes de julio tornaron en pesadilla, en una sucesión precipitada de acontecimientos. Noches de sudoración descontrolada, "como un animal", inflamación de ganglios, tos, una visita de urgencia al hospital y un ingreso sin tiempo que perder. "A los pocos días nos confirmaron todos los presagios. Tenía un linfoma", recuerda el base, 14 temporadas en la ACB, el salto inicial del otro partido de su vida.
El 10 de mayo de 2024 Tomás, sin saberlo, se había vestido de corto por última vez. "Ganamos al Valladolid. A un entrenador que me echó de Fuenlabrada, que le tenía ganas... Bueno, no es mal colofón", saca pecho con media sonrisa melancólica. Repartió ocho asistencias, disfrutó y se despidió del Fernando Martín dándose el gusto de un baile más: la siguiente temporada seguiría en el Fuenla, uno de los clubes de su vida, al que ayudaba en su retorno a esa Liga Endesa en la que él disputó 466 partidos. "Nada mal para un tipo normal que no levanta el 1,80", reivindica una carrera que "ha sido la hostia". Ya en pasado, confirmada su retirada, pese a "estar ya sin enfermedad en el cuerpo". "Eso no quiere decir que este curado. El alta no te lo dan hasta que pasan 10 años", explica.
Tomás repasa con EL MUNDO su batalla de los últimos meses sentado en la mesa de reuniones de su empresa familiar, en Las Rozas. La que fundó su padre hace 32 años y en la que ahora le acompañan sus cuatro hermanos. A la que volvía cada verano unas semanas para echar una mano, para hacer gala de sus estudios universitarios. Un jugador profesional. Ya le ha crecido el pelo, aunque aún le acompaña una boina, nueva seña de identidad. Llegó a perder nueve kilos. Está volviendo al deporte, al crossfit, y va tachando de su lista las cosas que apuntó que no podía dejar de hacer. Esquiar, tirarse en paracaídas, viajar con sus hijos, ver en directo un Partizán-Estrella Roja (lo hizo este mismo viernes, en Belgrado)... Porque el final era una posibilidad. "Te pones en el peor escenario, claro. Y piensas: 'Mi vida ha sido fantástica, no tengo un solo pero a los 37 años", pronuncia con crudeza.
Tomás Bellas, en su empresa familiar en Las Rozas.ANTONIO HEREDIA
El sopapo fue inesperado. "Cuando me dicen, 'tienes un linfoma', yo estaba con mi padre en la habitación del hospital. Así, de frente. Es difícil describir las sensaciones. Intentas no llorar [se emociona, "ahora me cuesta"]. Intentas hacer ver a todos que estás bien. Porque creo que yo he sufrido, pero mucho más los que están alrededor", cuenta. El 19 de agosto recibió la primera sesión de quimioterapia en el Puerta de Hierro. "Hay cuatro estadios y yo estaba en el cuarto. Fue un tratamiento súper fuerte. Una bomba para mi organismo. Mi médula no estaba preparada, tuve un problema en el pericardio porque tenía el corazón encharcado, la quimio te inmunodeprime: cogí fiebre, varias semanas ingresado...", relata un infierno físico y mental del que escapó también con velocidad, como siempre deambuló por la cancha. "Antes del segundo ciclo, a finales de septiembre, me hicieron una prueba de Pet Tac y vieron que no tenía enfermedad. Había sido efectivo. Me dieron dos más, de refuerzo. El último, a mediados de noviembre", celebra.
"Estoy convencido de que el deporte me ha ayudado muchísimo. Para coger el toro por los cuernos. Era como un partido, había un objetivo y sabía que iba a tener que esquivar balas. Gran parte es actitud. El baloncesto me ha enseñado a saber sufrir, a que no siempre hay una recompensa inmediata, a gestionar las emociones...", relata un tipo al que no le cuesta admitir que nunca tuvo "pedigrí", pese a que con 12 años ya estaba en la cantera del Real Madrid.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
El hándicap de la altura siempre le acompañó. Fue a la vez su acicate. Como las miradas de sospecha: "Ser infravalorado forja tu carácter". "Nunca fui a una selección. Es mi espina clavada, lo reconozco. Me podían haber llamado, sin lugar a dudas. Hay gente que ha estado con mucho menos nivel que yo", se queja, consciente también de que no ayudó su forma de ser -"mi carácter. Yo no soy una ovejita a la que dirijas"-, para bien y para mal, es su otra gran seña de identidad. Ha habido pocos guerreros con más ardor en la cancha que Tomás Bellas, pesadilla para los rivales, pretoriano de los entrenadores en sus cuatro equipos ACB (Gran Canaria, Zaragoza, Fuenlabrada y Murcia), desde Pedro Martínez hasta Sito Alonso, pasando por Aíto García Reneses, Jota Cuspinera, Luis Guil... "Era una mosca cojonera. 'Joder, hoy me toca contra Bellas', decían los rivales. He tenido peleas con todos. Yo siempre fui a muerte. Hacía en la cancha lo que nadie quería hacer", admite de unas batallas que ahora son anécdotas de amistad con sus ex rivales, los que le han abrumado con mensajes de apoyo e interés.
¿Cómo llega un niño bajito de Las Rozas a la elite? "Todo es más o menos positivo en función de las expectativas que tengas. Las mías ni de lejos eran estar 14 años en la ACB, casi 500 partidos, más competición europea, haber jugado la Summer League de Las Vegas... y un denominador común: he jugado muchísimos minutos", se enorgullece de una trayectoria que empezó por su padre, entrenador en equipos femeninos, guardián de sus primeros entrenamientos en el patio de su casa. En infantil ya estaba en el Madrid, pero a los 18 jugaba en Primera Nacional en el Torrelodones, "entrenando a las nueve de la noche con abogados, dentistas, pintores...". Quería centrarse en sus estudios universitarios y en su novia. Y por eso rechazó, ahora ríe, hasta a Pablo Laso. "Me quería en Cantabria tras una pretemporada, se quedó alucinado", recuerda.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
Pero le llamó el Cáceres de Piti Hurtado, destacó en LEB Oro, y después le surgió la oportunidad "de una vida". Saltar a la ACB con el Gran Canaria. Se acogió a aquel decreto 1006 que hizo famoso Alberto Herreros. "Con Pedro Martínez fue un máster de cinco años, diario. Con una exigencia bárbara. Pero es lo que me permitió estar tantos años en la liga". Tras seis temporadas en Las Palmas, sale a Zaragoza, la otra cara del baloncesto, "peleando por no bajar, impagos... No fue muy agradable. Remar y remar". "De ahí a Fuenlabrada. Decido acercarme a casa por el tema de la empresa, la familia...". Y después Murcia, "una segunda juventud". Tras tres cursos, repliega, otra vez el negocio familiar como prioridad, y Tomás, Paola y Jaime, claro. Pero mantiene el gusanillo del deporte de elite en su vuelta a Fuenlabrada. "Ha sido la hostia. Mi carrera ha sido la hostia", repite.
Cuando le sobrevino la enfermedad, Bellas, siempre celoso de su intimidad, no quiso hablar públicamente demasiado. Se centró en la recuperación, se fue despidiendo del baloncesto al que no sabe si volverá como entrenador o director deportivo quizá y del que, por ahora, sólo echa de menos lo bueno, "competir, el vestuario...". "Si me llega a pasar más joven, probablemente hubiera intentado volver. Pero ya no está en mis planes", dice. Ahora cuenta el proceso por primera vez. En unos días, en Gran Canaria, recibirá un homenaje durante la Copa del Rey, en el "club de su vida", en el que fue capitán. "Todo esto ha sido una lección de vida. Me ha retirado del baloncesto, pero no de la vida. Te hace cambiar las prioridades. Antes te preocupabas porque no metías dos canastas y ahora porque estás vivo".
Baloncesto
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Madrid
Actualizado Martes,
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