Una galería de imágenes de Lionel Messi celebrando el título de campeón del mundo logrado en Qatar se ha convertido en la entrada con más ‘Likes’ en la historia de la red social Instagram.
La publicación en su cuenta oficial se compone de 10 imágenes que recogen momentos de la final y de la felicidad posterior del atacante, todo ello acompañado de un texto que comienza: “¡Campeones del mundo!. Tantas veces lo soñé, tanto lo deseaba que aún no caigo, no me lo puedo creer…”.
“Muchas gracias a mi familia, a todos los que me apoyan y también a todos los que creyeron en nosotros. Demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades, es la fuerza de todos peleando por un mismo sueño que también era el de todos los argentinos. ¡Lo logramos!. ¡Vamos Argentina carajo!. Nos estamos viendo muy pronto…”, concluye.
El conjunto del material publicado en Instagram acumula ya más de 68 millones de ‘likes’ y supera ampliamente el anterior récord que ostentaba la imagen de un huevo, subida a internet con el objetivo de sobrepasar el mayor registro previo en manos de Kyle Jenner y que en la actualidad acumula más de 56 millones de ‘me gusta’.
Es como si el Real Madrid hubiera necesitado verse completamente contra las cuerdas para despertar su lado más salvaje. Como si únicamente en la adrenalina de comprobarse al borde del desahucio, achicado por el todopoderoso Olympiacos, salieran todas sus virtudes aletargadas durante una temporada plagada de grises. Pero ni todo ese ímpetu le fue suficiente para mantenerse con vida en esta Euroliga que tan temprano se le enrevesó. El triple sobre la bocina fallado por Abalde le apartó del quinto partido en Atenas y de cualquier sueño de Final Four. [84-86: Narración y estadísticas]
Murió con las botas puestas, arruinado por un apagón imperdonable en la segunda mitad, frustrada la épica después, esos finales locos y maravillosos del Palacio, un 17-4 en el que hubo de todo, hasta mucha polémica (una falta en ataque de Tavares en pleno subidón...). Fue cruel el adiós después de todo.
La noche estaba dispuesta para la agonía y el éxtasis en el Palacio. Pero después de una preciosa primera parte de fuegos artificiales, el Real Madrid desapareció por completo (encajó un 2-14 al inicio del acto final) y el despertar no le valió. Borrado antes del mapa por un Olympiacos que se venga así de las últimas afrentas, la final perdida en Kaunas, la semifinal de Berlín. Emergió como un gigante al que quitan las cuerdas que le amarraban al suelo. Tan feroz como trémulo después el grupo de Bartzokas, disparos al pie que casi le cuestan un sofocón. Quedará para el recuerdo el triple imposible de Vezenkov casi en la meta.
Hezonja y Fall pelean por un rebote.SERGIO PEREZEFE
Chus Mateo parecía haber dado con la tecla, el hueco por donde al menos hacer sentir incómodo a un rival sin apenas flaquezas. No hay otra fórmula, acudir al extremo físico, a disputar cada duelo individual como si fuera la vida. Espoleado por el ambiente, más fiero todavía este jueves, el Madrid había dejado en 28 puntos a los griegos en la segunda mitad del martes. Andrés Feliz y Abalde, los estandartes de esa revolución, partieron de inicio.
Ausentes por molestias Deck e Ibaka y con Evan Fournier de vuelta para Bartzokas, la otra gran novedad del amanecer fue la decidida apuesta por las transiciones. Brazeaba Mateo con cada rebote, tocando a rebato de un baloncesto a la carrera que pronto le dio réditos y la sensación de dominar el escenario.
En ese frenesí, Llull se siente poderoso. El capitán era consciente de lo que había en juego, de que las noches como ésta son como tesoros. Inyectó una marcha más (dos triples sin pensar marca da la casa), acompañado por otro inesperado, un dignísimo heredero al que mima en cada gesto. Hugo González apareció con la osadía de los adolescentes pero con el mismo colmillo que sus compañeros. Y, junto a Garuba, convirtieron el partido en un bendito manicomio en el que el Madrid se divertía y estiraba de paso el marcador grancias a Hezonja (43-34).
Extrañamente desaparecido Vezenkov (cero puntos al descanso), Olympiacos contenía la respiración y se refugiaba en Fournier. La agresividad del Madrid le cargaba de faltas y el tiro libre era el aliado griego (19 a su favor en ese tramo). La tercera de Tavares fue la peor noticia de toda una gran primera parte del Madrid.
Fournier, defendido por Andrés Feliz.SERGIO PEREZEFE
Que quedó completamente diluida a la vuelta, todo el trabajo por los suelos. Se acumularon las malas noticias a toda velocidad. La cuarta de Tavares, la impotencia de repente del resto, observando cómo Olympiacos resurgía, daba la vuelta al marcador (51-58) con 16 puntos en cuatro minutos para silenciar el Palacio. Ante la crisis, la valentía de Andrés Feliz, un titán sin miedo a nada.
Pero era demasiado poco. El Madrid había vuelto a encajar 26 puntos, su ardor defensivo había sido disuelto, Vezenkov ya había llegado y cuatro triples seguidos (tres de Papanikolau, ex barcelonista) dispararon hacia la Final Four al Olympiacos. Aunque siempre hay que contar con la magia del Palacio. Cuando ya nadie creía, robos de fondo, canasta inverosímiles y algunas decisiones arbitrales que encendieron las tribunas. Erró Fournier un tiro libre y en la última jugada, 12 segundos, el balón acabó en Abalde y en su fallo los sueños del Madrid.
FRANCISCO CABEZAS
@FCabezas78
Sabadell
Actualizado Miércoles,
26
abril
2023
-
16:50Ver 6 comentariosLa portera del CN Sabadell y de la selección española contrapone...
La NFL va mucho más allá de las 120 yardas (109 metros) de césped que miden sus campos, de los 53 jugadores que tiene cada plantilla, de la decena de entrenadores que analizan y deciden la táctica de cada jugada o de las cientos de personas que trabajan en cada organización. Cada encuentro del gran espectáculo americano reúne a más de 17,5 millones de personas a través de la televisión y a 70.000 en cada estadio. Cada uno. Y muchos de ellos, jugadores, staff y aficionados, volarán esta semana desde Miami y Washington hacia Madrid para disputar y celebrar en el Bernabéu el primer partido de la NFL en España. Antes, toca cruzar el charco en dirección oeste para descubrir desde dentro cómo es el gran universo, y el gran show, del fútbol americano.
EL MUNDO ha podido conocer estas últimas semanas el cuartel general de los Miami Dolphins y de los Kansas City Chiefs. El primero, asentado al sur de Florida, actuará como equipo local este domingo en el Bernabéu ante los Washington Commanders. El segundo, situado en el estadio de Missouri, es ahora la gran dinastía de la NFL, tiene derechos comerciales exclusivos en España y quiere ser el próximo local en la capital.
«Aquí los jugadores tienen de todo». Las puertas de cristal del Baptist Health Training Complex de Miami se abren a primera hora de la mañana y no se cierran hasta la noche. Tampoco durante las vacaciones, donde los jugadores, especialmente los novatos, pueden acudir a realizar entrenamientos. Lo mismo sucede en el University of Kansas Hospital Arrowhead Training Complex de los Chiefs. Ambos están pegados a los estadios principales, el Hard Rock de Miami y Arrowhead, en Kansas City, formando parte de las mismas instalaciones. Aquí nace la primera diferencia con el deporte europeo, acostumbrado a tener el estadio principal en un sitio y la ciudad deportiva en otro.
Dentro, los pasillos de ambos edificios ofrecen un universo deportivo a todos los niveles. Las camisetas de los jugadores más importantes de la historia de ambas franquicias gobiernan la entrada, dando paso a un pasillo gigante con salas para todo. 'Quarterbacks', 'línea defensiva', línea ofensiva', 'receptores'... Cada posición del campo tiene su propia sala de vídeo en la que el entrenador asistente da las claves del siguiente partido.
Piscinas de todo tipo
Avanzando, aparecen dos comedores gigantes en los que desayunan y comen y donde hay hasta 10 pantallas en las que ver todo lo que esté dando de sí la jornada deportiva. Al otro lado, el gimnasio, inmenso para los 53 jugadores y aquellos que forman parte del 'equipo de entrenamiento', una decena de jóvenes que tratan cada semana de entrar en la plantilla principal. Mancuernas, trineos, sacos de boxeo... Al lado, las piscinas, cuatro en el caso de los Dolphins: dos de hidromasaje, una a contracorriente y otra con una cinta de correr en el suelo. Y la de recuperación, con cámaras hiperbáricas o zonas de luz infrarroja en los Chiefs.
Por otra puerta se llega al auditorio, donde se hacen las reuniones de vídeo de la plantilla o donde se deciden las elecciones en el draft de cada año. Justo al lado está la 'sala de los jugadores', con dardos, sofás y televisiones gigantes, e incluso una zona de barbería. «Es como una pequeña ciudad», admiten a este periódico en el conjunto de Florida.
El invernadero, diferencial
Al fondo de ambos complejos, a través de una gran cristalera, se observan los dos campos de césped al aire libre y una estructura gigante que es la joya de la corona de la mayoría de complejos deportivos de las franquicias NFL, incluidas las de Miami y Kansas City: el invernadero.
Se trata de una instalación cubierta de césped artificial en las que se pueden simular diversos tipos de condiciones meteorológicas para contrarrestar la dificultad de algunos partidos de la NFL. Se puede jugar una semana en Miami con calor y a la siguiente tener nieve y varios grados bajo cero en Kansas City. Con «el invernadero», así lo llaman, los jugadores se preparan para ello en una liga donde cada detalle cuenta y donde los minutos del domingo son la punta del iceberg de cada semana.
Instalación cubierta de los Miami Dolphins.
Y en esos detalles, el último y más diferencial del deporte americano es lo que sucede el domingo. Campings desde las cuatro de la mañana en el terreno anexo al estadio, barbacoas para desayunar y una apertura a medios después de los partidos que deja en nada las burbujas cerradas europeas. La zona mixta para los periodistas sucede entre desodorantes y colonias, sin prejuicios y con libertad. «No se entiende de otra forma», admiten en los Chiefs. El gran espectáculo llega ahora al Bernabéu.