Alexander Zverev llevaba dos años perdido. En 2022, ante Rafa Nadal, en semifinales de Roland Garros, se rompió el tobillo por todos los lados y desde entonces no había brillado. De una final de Grand Slam, del oro olímpico en Tokio, de aquel número dos del ranking ATP a estar meses parado y caer del Top 25 de la lista mundial. Este año ya advirtió mejora con sus semifinales en el Open de Australia. Pero este domingo realmente anunció su regreso con un triunfo indiscutible en el Masters 1000 de Roma.
El alemán aprovechó la ausencia en el torneo de Jannik Sinner y Carlos Alcaraz y las eliminaciones tempranas de Novak Djokovic y Daniil Medvevev para desplegar su mejor tenis y llevarse el título por aplastamiento. Su victoria, de hecho, le ascendió al número cuatro del ranking ATP, donde descansaba hasta este domingo Medvedev. La final ante el chileno Nicolás Jarry, finiquitada por 6-4 y 7-5 en hora y media, fue el mejor ejemplo de su superioridad durante la semana.
Sólo el también chileno Alejandro Tabilo en semifinales tuvo alguna opción de derrotarle. Ante Jarry, Zverev no permitió ninguna bola de break y, es más, se llevó casi todos los puntos con su primer servicio -37 de 39-. Su potente saque apenas le obligó a jugar, anulados los intercambios y los apuros. En la mejor semana de su vida, Jarry exhibió todo el carácter del mundo, pero no fue suficiente. Con tanta seguridad en sus puntos, a Zverev le bastó una ruptura por set para llevarse el partido. No hubo mucho espectáculo, es cierto. Pero sirvió la final como presentación de una candidatura.
A una semana del inicio de Roland Garros, Zverev seguramente es el candidato más en forma. Su temperamento y sus problemas extradeportivos –será juzgado por maltrato durante el torneo– no le ayudan, pero nadie llega mejor. En los tres últimos años ha llegado a semifinales en Francia -cayó ante Stefanos Tsitsipas, Nadal y Casper Ruud– y ahora aspira a más. Siempre con su servicio como mejor argumento, Djokovic, Sinner o Alcaraz tendrán complicado batirle.
Alexander Zverev se sienta en la silla de la sala de prensa del Open de Australia, se inclina hacia delante y se prepara para la batalla. El tenis le sonríe porque es el tercer mejor jugador del planeta, el único que el año pasado jugó una final de Grand Slam sin llamarse Carlos Alcaraz o Jannik Sinner, pero vive los torneos en tensión. En parte, por sus problemas extradeportivos, como las denuncias de dos exparejas por malos tratos. En parte, por ese malditismo de quien ha estado muy cerca de ganar su primer ‘grande’ —ha jugado tres finales— y a sus 28 años todavía no lo ha conseguido.
«Me gustaría tener que hablar menos con la prensa, viviría más relajado», suelta a los periodistas en Melbourne y se queda tan ancho. Otra vez ante los medios. Otra vez en semifinales de un Grand Slam, la decimoctava de su carrera. Otra vez frente a Alcaraz (este viernes, 04.30 horas, HBO Max y Eurosport). Otra vez ante todos sus demonios.
Porque Zverev tiene tenis y físico para ser el tercero en discordia, quien discuta la gloria al Big Two, pero siempre le falta algo, ese no sé qué para derrotarlos. En los últimos años ha probado diferentes estrategias, todas sin éxito. Ahora, para su duelo con Alcaraz, cuenta con una nueva ayuda con nombres y, sobre todo, con un apellido: Nadal.
10 días en Mallorca
«Después de lo que pasó en Wimbledon [cayó en primera ronda y se confesó deprimido], el tío Toni me llamó. Estoy muy agradecido por eso. Estuvimos hablando durante una hora y media y decidí ir a la academia de Rafa Nadal en Mallorca para verle. En julio pasé allí diez días y los dos, Toni y Rafa, dedicaron mucho tiempo a hablar conmigo. A veces, después de la cena, nos quedábamos hasta pasada la medianoche. Rafa me explicó muy claramente cómo es jugar contra mí y Toni me dio mucha confianza. Les estoy muy agradecido», contaba Zverev.
Posteriormente intentó que Toni Nadal le acompañara en el circuito, pero este declinó la propuesta. «Me lo preguntó, pero le dije que llevo muchos años sin ser entrenador y que ya tengo otro trabajo», explicó el español en la televisión RTL, aunque su ayuda fue igualmente muy valiosa para el alemán.
DAVID GRAYAFP
Desde su paso por Mallorca, el tercero del ranking ATP ha ido cambiando poco a poco su estilo de juego. En el pasado US Open no le sirvió de mucho —perdió en tercera ronda—, pero en este Open de Australia se le ve con capacidad para inquietar a Alcaraz y Sinner gracias a esa evolución. Siempre fue un jugador de saque potente y derecha contundente, pero solía conceder la iniciativa a sus rivales. Podía acabar los intercambios, pero no siempre se atrevía. «Es pasivo», analizaba Toni Nadal. Y eso es lo que está modificando.
Ahora Zverev arriesga más, especialmente al resto, y no le va mal. En cuatro de sus cinco partidos en este Open de Australia ha perdido un set, pero en ningún momento se ha visto al borde de la derrota. Además, está sano, algo poco habitual en los últimos tiempos. «Para mí, el mayor cambio este año es que no tengo lesiones. Es evidente que estoy trabajando en mi juego, que intento ser agresivo, pero lo que realmente me da confianza es que me encuentro bien», analizaba el lunes el alemán tras vencer a Learner Tien en cuartos de final.
La respuesta de Alcaraz
Para alcanzar su primera final en el Open de Australia, Alcaraz deberá afinar todos sus golpes y prepararse para lo desconocido. Hace justo un año, Zverev le eliminó en cuartos de final en la Rod Laver Arena, pero ahora ni uno ni otro son los mismos. Sirve de poco el historial previo, que recuerda que ambos se han impuesto en seis ocasiones.
«Sé en lo que está trabajando Sascha. Quiere salir de su zona de confort, ser más agresivo, no regalar bolas fáciles. He visto sus entrenamientos, he visto sus partidos. Tengo claro cómo enfocar el partido», advertía el número uno, confiado.
Este miércoles, en uno de sus dos días libres antes de las semifinales, Alcaraz aprovechó para descansar y para irse a «algún sitio tranquilo» de Melbourne a pasear con su equipo. Antes del Grand Slam, durante estas Navidades en Murcia, el tenista se había enganchado a la serie Stranger Things, pero ya en Australia dedica la mayor parte del tiempo a jugar a las cartas con sus ayudantes y, de vez en cuando, cuando el horario lo permite, a jugar online con sus amigos en Murcia. Toda relajación es poca ante el reto que tiene por delante. Enfrente, Zverev, con los consejos de Nadal y un nuevo tenis.