El excampeón mundial de ajedrez Anatoli Kárpov sufrió una conmoción cerebral a consecuencia de una caída y será dado de alta en el transcurso de esta semana, declaró este martes su ayudante, Albert Stepanián, quien desmintió que el maestro hubiese sufrido lesiones graves a consecuencia de un ataque.
“Realmente tuvo lugar un incidente desagradable, Anatoli resbaló, se cayó y se golpeó la cabeza. Se lo llevaron al hospital donde fue atendido. No hay fracturas, está consciente, pero sufrió una conmoción cerebral. Los médicos dijeron que será dado de alta en el transcurso de la semana”, afirmó Stepanián a la agencia rusa TASS.
La víspera los medios rusos informaron que Kárpov sufrió una lesión craneoencefálica a consecuencia de un accidente doméstico, y se encontraba en coma inducido en uno de los principales hospitales de la capital rusa.
“Todas las informaciones sobre un ataques, respiración artificial, fracturas, son mentiras”, añadió su ayudante. Anteriormente, el canal de Telegram ruso 112 había informado de que el Kárpov fue hallado inconsciente junto a la sede de la Duma rusa el pasado sábado, y que los médicos le habían diagnosticado una lesión craneoencefálica, una fractura de la cadera derecha y un fuerte estado de embriaguez.
Kárpov, de 71 años, fue campeón mundial entre 1975 y 1985, cuando fue derrotado por el también ruso Garri Kaspárov, y actualmente es diputado de la Duma, la cámara baja del Parlamento ruso
Hay gente que no sabe elegir a sus enemigos. Algunas de estas personas son muy conocidas. La única duda es saber cuánto protagonismo merecen. En esta historia, el único que merece el papel principal es Daniel Naroditsky (San Mateo, California, 1995). Campeón mundial sub 12 y gran maestro desde los 17, el estadounidense ha fallecido de forma prematura a los 29 años. Las causas se desconocen y hay un misterio de vídeos subidos y luego borrados, en medio de una maraña de rumores que enturbian a un ajedrecista muy querido. La familia pide vivir su dolor en privado, pero este deseo no ha frenado las especulaciones, sobre todo porque en las sombras se mueve otro excampeón mundial, que ha quedado señalado por su comportamiento antes y después de la muerte de Danya, como llamaban sus amigos al americano.
Muchos recuerdan una de las últimas imágenes de Naroditsky, un vídeo de ChessBase India que evidenció su profunda humanidad. La escena transcurre en el Mundial de Blitz (partidas relámpago) celebrado en Nueva York, las pasadas Navidades. Las últimas jugadas se suceden a toda velocidad entre Daniel Naroditsky y Vasyl Ivanchuk, quien comete un error final que lo priva de una victoria brillante. El ucraniano, genio indiscutido del ajedrez, llora desconsolado. Sus llantos se escuchan desde lejos. Daniel permanece sentado, en silencio, sin celebrar la victoria, con evidente respeto hacia el desgarro de su rival. Un observador no avisado podría pensar que los dos han sido descalificados.
No es solo por esta escena que la muerte de Naroditsky ha provocado una ola de solidaridad y compasión en todo el mundo. No hay tantos ajedrecistas queridos de una forma tan unánime. El estadounidense, que escribió su primer libro a los 14 años, entregó su vida al ajedrez, pero al contrario que la mayoría de niños prodigio se guardó las horas suficientes para graduarse en Historia en Stanford.
Comentarista estrella
Luego, el tablero pesó más que los libros y no siguió una carrera profesional "seria", como pretendía su padre. Apuntaló el título de GM en el municipio oscense de Benasque y se convirtió en uno de los mejores comentaristas y autores de vídeos de ajedrez. En medio del auge de los streamers-espectáculo, Naroditsky era muy seguido por la calidad de sus explicaciones, amenas y profundas a la vez.
Levy Rozman (Gotham Chess), cuyo éxito es aún mayor en las plataformas de vídeo, bajo el sobrenombre de Gotham Chess, lo consideraba insuperable en su trabajo. «Podía desafiar a los mejores del mundo, incluido Magnus Carlsen, y aún así tenía la capacidad de "explicar el juego a una hormiga" mientras jugaba», escribe Rozman. «Era una persona realmente brillante, que se encontraba en la encrucijada perfecta entre ser capaz de jugar a un nivel excepcional y explicarlo al mismo nivel».
Es imposible rematar este relato sin recordar al villano de este drama, Vladimir Kramnik, ídolo de juventud de Naroditsky. El hombre que derrocó a Kasparov acusó hace unos meses al estadounidense de hacer trampas por internet. No fue el único señalado por el ruso, en su quijotesca cruzada contra el juego sucio. Kramnik también señaló a David Navara, quien confesó poco después que estuvo a punto de suicidarse por este motivo, cuando comprobó que muchas personas se creían aquella infamia. El gran maestro checo es la mejor demostración de lo perdido que anda Kramnik y de lo peligroso que es su errático rumbo. Navara es uno de los pocos deportistas por los que pondría la mano en el fuego cualquiera que lo conozca un poco.
Kramnik también acusó a José Martínez, lo que acabó en un duelo que ganó el peruano, aunque Vladimir se descolgó con nuevas protestas contra los organizadores, todo menos reconocer su error. Poco después, también deslizó insinuaciones sobre Faustino Oro, que por fortuna apenas tuvieron eco. Una de las últimas víctimas de su gatillo fácil fue Daniel Naroditsky, quien se revolvió indignado, pero quedó muy dolido.
Naroditsky rechazó una oferta trampa para jugar con Kramnik y lo retó a que fuera a su club de Charlotte, para jugar contra él todas las partidas que quisiera, «al ritmo que desee y con las cámaras grabando». «Incluso iré a recogerlo al aeropuerto», añadió. También calificó de «caza de brujas de Salem» la persecución sufrida.
Carta contra Kramnik
Hikaru Nakamura, número dos del mundo, acusó a Kramnik de cometer «ciberacoso» contra otros ajedrecistas. «Este tipo es una desgracia total para el ajedrez. Esto es como el macartismo», dijo el estadounidense de origen japonés. Ayer mismo, Naka lamentó la muerte de su colega y apenas quiso comentar nada sobre su enemigo: «Solo diré una cosa: que se vaya a la mierda», vino a expresar. En su día, alguien promovió incluso una recogida de firmas contra las «falsas acusaciones» y se publicó una carta que terminaba así:
«La posición del señor Kramnik como uno de los grandes campeones de la historia del ajedrez le da una audiencia significativa y lo convierte en una autoridad en el mundo del ajedrez, que desafortunadamente solo hace que sus acciones sean más peligrosas e incendiarias». «Instamos al excampeón a poner fin a su farsa y a comportarse de una manera que se ajuste a su título y estatus».
Huelga decir que no consiguieron ningún cambio. Muy al contrario, el ruso siguió esparciendo rumores sobre Naroditsky incluso después de su fallecimiento. Solo quiso presumir de que había avisado del estado de Daniel, sin mencionar siquiera la posibilidad de que él lo hubiera agravado. Ayer, el asunto era comentado en todos los corrillos, antes y después de la presentación del Festival Salamanca Cuna del Ajedrez Moderno. No faltaba Veselin Topalov, archienemigo de Kramnik, que sin embargo evitó derramar más sangre. El "búlgaro de Salamanca" sí confirmó que hace un año coincidió con Nadya en Charlotte, justo antes de las difamaciones del ruso, y que el americano se encontraba en buen estado. El declive posterior fue abrupto y ahora Naroditsky está muerto. El ajedrez entero llora su marcha, salvo una persona que sigue esparciendo maledicencias, incapaz de callar por una vez, mucho menos de pedir perdón.
En la memoria queda un gran maestro que amaba el ajedrez como pocos: «Incluso a mi nivel, todavía puedo descubrir cosas bellas sobre el ajedrez cada vez que entreno, enseño, juego o comento en un torneo». Danya era de los mejores del mundo en el ajedrez bala (con un minuto e incluso menos tiempo para toda la partida) y ha muerto también a mayor velocidad de la debida. Entre sus apariciones más polémicas, destacan las 268 partidas que jugó una noche contra Alireza Firouzja en la víspera de una partida del francés en el Torneo de Candidatos celebrado en Madrid. Su último gran triunfo se produjo en agosto, cuando ganó el Campeonato Nacional de Blitz de Estados Unidos con 14 puntos en 14 partidas.
La gran maestra y comentarista Keti Tsatsalashvili resume el sentir de muchos: «Hay quienes dicen que el silencio es oro. Pero para otros, el silencio es una oportunidad, una oportunidad que tú, Vladimir Kramnik, por desgracia, no aprovechaste. Descansa en paz, Danya. Eras demasiado bueno para este mundo».
Imagine el lector un Manchester-Real Madrid de cinco horas y media. Es lo que ocurrió este miércoles en Toronto, un drama entre dos jugadores formidables con el que el ruso Ian Nepomniachtchi alcanzó el primer puesto de la clasificación del torneo de Candidatos. El ajedrez es el mayor espectáculo del mundo. La mayor diferencia con el fútbol, aunque les parezca increíble a los no iniciados, es que requiere de cierta formación del público.
El fotógrafo Michal Walusza dejó varias estampas que seguiremos admirando dentro de unos años. En una de ellas, Vidit Santosh Gujrathi se levanta, con las manos en la cabeza, sin terminar de creer la tragedia que acaba de coescribir y protagonizar. Nepo, al que hemos visto resoplar varias veces, cierra los ojos en su silla, sin terminarse de creer el milagro. Estuvo contra las cuerdas dos veces y no lo remataron. Luego, Vidit no se conformó con el empate, porque necesitaba ganar, y acabó cayendo. El propio árbitro parece reflexionar sobre si todo ha sido legal, si su papel podría haber sido más activo.
Es otra de las diferencias con otros deportes. Por suerte, en ajedrez un árbitro puede advertir a un jugador si está haciendo demasiado ruido, pero lo normal es que solo intervenga como notario. Los propios grandes maestros escriben las actas, que son sus planillas con las jugadas.
Este miércoles, vimos varios hechos extraordinarios en Toronto, en una jornada que pudo ser aciaga para los rusos, pero que al final favoreció a Nepo, como siempre. El ruso juega su tercer Candidatos y solo conoce dos posiciones: líder o colíder. Es su torneo, cuando el resto del año parecer uno más entre la élite. En la undécima jornada de esta liga a doble vuelta parecía que podría ser superado por fin por Hikaru Nakamura, pero una vez más se salvó, como el Real Madrid en la Liga de Campeones. Más allá de los caprichos del azar, algo hará bien.
Nakamura, pluriempleado
Lo del estadounidense de origen japonés también es insólito. En la víspera de su partida contra Praggnanandhaa, jornada de descanso, Naka jugó y retransmitió los torneos semanales de rápidas de la plataforma Chess.com. Ganó el último, además, un buen augurio y a la vez una aparente irresponsabilidad. En las redes celebró la victoria y comentó medio en broma que volvería a su "torneo de vacaciones", que es el Candidatos.
Por si fuera poco, cada noche el americano graba un vídeo en el que comenta cada una de sus partidas. Es su trabajo de verdad, con el que más dinero gana, y no lo deja ni cuando podría concentrarse en otra empresa temporal, para todos sus rivales la más importante del año y en general de sus vidas.
Michal WaluszaFIDE
Después de su exhibición multitarea, Naka planteó contra Pragg una partida muy inteligente. El indio, de 18 años, demostró talento, recursos y valor, pero el americano demostró que la experiencia no es menos importante. Se anotó la victoria y todos pensaban que acabaría la jornada entre los líderes, dado el empate entre Gukesh con Caruana (demasiado perfectos los dos para que ocurriera otra cosa) y la situación difícil de Nepo contra Vidit.
India, Estados Unidos o Rusia
Al final, el título se lo juegan entre tres potencias muy distintas. Hay millones y millones de aficionados indios que sueñan con la victoria de uno de sus tres representantes. Gukesh, de solo 17 años, tropezó y se repuso, y ha desplegado un juego impecable, increíble para un muchacho de su edad. Está a tiempo de ganar, pero enfrente tiene unos rivales tan buenos como él y con muchas más tablas, no solo ajedrecísticas.
En Estados Unidos y en buena parte del planeta suspiran por una victoria estadounidense. Nakamura es el mayor 'showman' de los tableros y le daría aún más popularidad al ajedrez. Solo por las caras que pone, el juego de las 64 casillas se convertiría en un espectáculo televisivo de primera. Mi hija pequeña lo llama "el misterioso". No hace falta entender demasiado para disfrutar sus actuaciones, que un director estricto trataría de controlar. Este miércoles lo vimos además con su padre adoptivo, quien lo trajo de Japón cuando era un bebé. Era una señal de fortalecimiento familiar, después de que Naka confesara que logró reponerse de una derrota anterior gracias a su mujer, también ajedrecista y de origen iraní.
Si Nakamura vence en Toronto, sería el gran favorito para derrotar a Ding Liren en el Campeonato del Mundo que se celebrará a finales de año. Podríamos tener al primer campeón americano desde hace más de medio siglo, cuando Bobby Fischer protagonizó la mejor película de la historia del ajedrez.
El tercer aspirante y el mejor colocado ahora es Ian Nepomniachtchi. Ha ganado siempre los Candidatos en los que ha participado, aunque luego le fue mal en los Mundiales. Es el único invicto en Canadá, pese a que ha bordeado la derrota varias veces, y parece tener la suerte de los campeones, que también es necesaria en ajedrez. Guardiola decía anoche, ingenuo, que intenta creer que la suerte no existe. Lo que ocurre es que su reparto no es por azar puro, como vemos una y otra vez en el césped y en las 64 casillas.
El cuarto clasificado en Toronto es otro americano, Fabiano Caruana, que salvo un milagro se quedará sin el premio final. De los cuatro primeros es el que menos alma ha puesto en sus partidas. Muy cerebral y sin duda el más completo después de Carlsen, necesita entregarse más en estas citas, dejarse la piel y no solo las neuronas.
Candidatos femenino
En el torneo femenino, el nivel es inferior y los vuelcos en las partidas aún más sorprendentes, pero los astros han querido que la emoción se diluya antes. El título es cosa de las dos ajedrecistas chinas y la ganadora se enfrentará a la campeona del mundo, también china, Ju Wenjun. Poca tensión internacional. La dictadura del gigante asiático en el ajedrez femenino permite pocas alegrías y convierte este torneo en un suceso menor al lado del absoluto. La FIDE programó ambas competiciones a la vez para dar realce al Candidatos femenino, pero el efecto parece contraproducente. El eclipse se ha visto claro en Canadá.
Después de 11 partidas de las 14 programadas, Tan Zhongyi es líder después de salvar también varias pelotas de partido. La sigue a medio punto Lei Tingjie, que lleva una racha extraordinaria. Gracias a eso ha conseguido mantenerse en la estela de su compatriota. En tres partidas necesita recortar medio punto para llegar a los desempates en partidas rápidas. La situación es complicada, pero si mantiene su inercia ganadora todavía es más que posible.
La decepción en Toronto han sido las rusas, Aleksandra Goryachkina y Kateryna Lagno, que habrían necesitado que Nepo les repartiera un poco de suerte o les diera una lección de supervivencia. Seguramente son cosas que no se heredan ni se transmiten tan fácilmente.
En las entrevistas posteriores a las partidas, supimos también que Alireza Firouzja no piensa en la retirada. Son cosas que se dicen en caliente, explicó, que él mismo ha repetido «mil veces». Piensa seguir jugando y, algún día, demostrar por qué Carlsen lo eligió como heredero, un papel que tiene pendiente interpretar.
La biografía de Judit Polgar pedía a gritos una película. La única ajedrecista que ha estado en el top 10 absoluto no es solo una deportista excepcional. Al igual que sus dos hermanas mayores, Judit es el fruto de un experimento. Polgar 3.0 es una creación artesanal de Laszlo y Klara, dos profesores húngaros que pretendían demostrar que los genios no nacen, sino que se hacen. La lotería genética estuvo de su parte, pero el resultado fue un éxito indiscutible. Tres de tres.
La propia Judit Polgar (Budapest, 1976) declaró en una entrevista que su vida le parecía mucho más interesante que la de Beth Harmon. La heroína de ficción pelirroja, como ella, se hizo inmensamente popular durante la pandemia, cuando ‘Gambito de dama’ alivió el confinamiento de millones de personas. Netflix ha vuelto a repetir la jugada con ‘La reina del ajedrez’, película dedicada a la vida de la ajedrecista.
En solo unos días desde su estreno, el pasado día 6, ‘La reina del ajedrez’ se ha colocado en el top 10 de títulos más vistos en todo el mundo. El documental de Rory Kennedy gustará a los aficionados y a quienes no distingan una torre de un alfil. Tiene ritmo, imágenes documentales de excepcional interés y el testimonio de todos los miembros de la familia Polgar, además del de Garry Kasparov y tres expertos bien seleccionados: la gran maestra femenina Anna Rudolph, también húngara, el GM Maurice Ashley y Dirk Jan ten Geuzendam, editor de la revista ‘New in Chess’.
La propia directora y guionista mostró su asombro ante el hecho de que no existiera ya una película sobre su biografiada. «Me quedé atónita con su carrera... Me sorprendió no conocer su nombre. Luego investigué su trasfondo y me enganché». Eso mismo le ocurrirá al espectador, porque el relato no aburre nunca, ni siquiera cuando explica los entresijos de alguna partida, aunque el material utilizado en las imágenes que no son de archivo -los relojes, sobre todo- no está a la altura. La mayor ventaja de la cinta es su personaje central: Judit no solo es real, sino que tiene dos hermanas, Susan y Sofia, que podrían ser objeto de otras dos películas. Por desgracia, Tevis no dejó escrita ninguna continuación de su ‘Gambito de dama’ y los intentos de contarnos nuevos episodios de la vida de Beth Harmon no han prosperado.
Errores y omisiones
Hechas las presentaciones y alabanzas oportunas, también se pueden señalar pequeños defectos en ‘La reina del ajedrez’, más allá del material descartado por causas naturales en la sala de montaje.
Para empezar, el guion está desequilibrado, por el peso de Garry Kasparov. Judit Polgar fue número uno del ajedrez femenino durante 26 años, desde los 12 hasta que se retiró, más tiempo que ninguna otra deportista. También superó el récord de Bobby Fischer como gran maestro absoluto más precoz de la historia, antes del impulso de la IA, y derrotó a todos los grandes campeones de su época. La película, sin embargo, despacha casi todos sus logros con algún rótulo informativo, mientras las imágenes se centran en su rivalidad con Garry Kasparov. Solo vemos las partidas que jugó (y en general perdió) contra el Ogro de Bakú.
El ardid narrativo es lícito. Kasparov ejerce de villano de la historia, le añade emoción. El exruso es mostrado como un genio prepotente y machista, que adquiere un protagonismo exagerado. Para empezar, él es quien nos explica en qué consiste el ajedrez. Es un ‘mansplaining’ de manual. Luego, tiene tiempo incluso de contarnos cómo aprendió a jugar. En los títulos de crédito se repite el festival. Para que comprendamos la gesta de una niña en un mundo masculino, vemos a Fischer, a varios hombres más jugando y a Garry, por supuesto, que parece el personaje central. La cámara se recrea en los ejercicios físicos del macho alfa y le cuesta apartar la mirada de su torso peludo.
Esta fascinación contrasta con la fugacidad de los planos dedicados a otros campeones, como Karpov, Anand y Topalov, con los que también jugó Polgar a menudo, y con mejores resultados. Esas batallas se omiten, como si carecieran de importancia.
Machismo recalcitrante
En la película, vemos a Fischer decir barbaridades sobre las mujeres («Son jugadoras espantosas. Supongo que no son tan inteligentes»), Viktor Korchnoi califica a Judit como «una jugadora de café» y el propio Kasparov dice que «no son capaces de sostener una lucha prolongada». Es cierto que luego rectifica, hasta cierto punto, y con el tiempo acepta a Judit como «uno de los nuestros».
Tan grave o más que las palabras pueden ser los gestos. En el Magistral de Madrid de 1994, donde Judit venció de forma inapelable, se dice que cuatro grandes maestros se negaron a darle la mano tras perder contra ella, pero se omiten los nombres con sobreprotectora piedad.
Educación en casa
La vida familiar de los Polgar está presente a lo largo del metraje, pero también se olvidan detalles cruciales. Los padres no fueron visionarios irresponsables, aunque el papel de Laszlo está descrito con una ambigüedad calculada. Nos ocultan que ambos eran profesores y decidieron no escolarizar a sus hijas con cierto conocimiento de causa. También se esconde que las tres eran políglotas y que en su modesto apartamento no solo entraban entrenadores a todas horas. Era frecuente que aquel piso de Budapest acogiera a ajedrecistas de cualquier país. Además de generosidad y de una forma de compensar la prohibición de viajar con la que fueron castigadas por el régimen comunista de Hungría, ese contacto humano las ayudaba a mejorar su ajedrez y a practicar idiomas.
Entre los invitados, sobresale el gran campeón Bobby Fischer, quien pasó una buena temporada refugiado en su casa, cuando era perseguido por el gobierno de Estados Unidos. Son hechos más que relevantes, que tampoco aparecen citados en ‘La reina del ajedrez’.
La FIDE, en el limbo
Una de las omisiones más graves atañe a la FIDE. La película cuenta las amenazas del Gobierno húngaro a las Polgar, ametralladoras incluidas, pero no la complicidad de la Federación Internacional, que no dio amparo a aquellas niñas prodigio. Las chicas lograron cambiar la historia por su cuenta, sin ayuda institucional, al lograr el oro olímpico en Salónica cuando solo tenían 12, 15 y 19 años. De la Federación Internacional, de hecho, apenas vemos de refilón a su presidente, Florencio Campomanes (sin citarlo), en la inauguración de la Olimpiada.
Queda raro, porque la FIDE fue un enemigo recurrente de la familia, sobre todo cuando impidió que Susan Polgar participara en el ciclo por el Campeonato del Mundo masculino, pese a que fue la primera mujer en clasificarse. Esta injusticia histórica obligó a cambiar el reglamento, pero no fue la única. Todas las ajedrecistas del mundo, salvo Susan, fueron beneficiadas con una subida de puntos en la clasificación internacional; la húngara dominaba con demasiada holgura gracias a su gran «ventaja», jugar en competiciones masculinas.
No todos los olvidos van contra las hermanas. Para no empañar la épica de la victoria de Judit contra Kasparov (Moscú, 2002), no se explica que se produjo en una partida rápida y no en una de duración clásica. Fue un hito en la carrera de la jugadora que no era necesario exagerar.
Trampa en Linares
Se cuenta mejor, para desgracia de Kasparov, el episodio en el que el ruso cambió una jugada de caballo, en Linares, después de soltar su pieza durante una fracción de segundo. El campeón queda retratado, sobre todo porque tres décadas después sigue sin pedir perdón ni admitir los hechos del todo. «No creo que hiciera nada malo», dice aún, con lo socorrido que habría sido parafrasear la maradoniana «mano de Dios».
Frente a todos estos comportamientos perfectamente tachables, Judit Polgar se gana al público y hace perdonar todos estos olvidos con su arma infalible: una sonrisa sana y maravillosa, exenta de rencor. Es difícil oírla hablar mal incluso de las personas que peor la trataron. Siempre se tomó los obstáculos con deportividad, sabedora de que superarlos la haría aún más fuerte. Solo así se explica una carrera irrepetible.