El excampeón mundial de ajedrez Anatoli Kárpov sufrió una conmoción cerebral a consecuencia de una caída y será dado de alta en el transcurso de esta semana, declaró este martes su ayudante, Albert Stepanián, quien desmintió que el maestro hubiese sufrido lesiones graves a consecuencia de un ataque.
“Realmente tuvo lugar un incidente desagradable, Anatoli resbaló, se cayó y se golpeó la cabeza. Se lo llevaron al hospital donde fue atendido. No hay fracturas, está consciente, pero sufrió una conmoción cerebral. Los médicos dijeron que será dado de alta en el transcurso de la semana”, afirmó Stepanián a la agencia rusa TASS.
La víspera los medios rusos informaron que Kárpov sufrió una lesión craneoencefálica a consecuencia de un accidente doméstico, y se encontraba en coma inducido en uno de los principales hospitales de la capital rusa.
“Todas las informaciones sobre un ataques, respiración artificial, fracturas, son mentiras”, añadió su ayudante. Anteriormente, el canal de Telegram ruso 112 había informado de que el Kárpov fue hallado inconsciente junto a la sede de la Duma rusa el pasado sábado, y que los médicos le habían diagnosticado una lesión craneoencefálica, una fractura de la cadera derecha y un fuerte estado de embriaguez.
Kárpov, de 71 años, fue campeón mundial entre 1975 y 1985, cuando fue derrotado por el también ruso Garri Kaspárov, y actualmente es diputado de la Duma, la cámara baja del Parlamento ruso
Hay pocas cosas más duras que perder al ajedrez una partida que estaba dominada. Es un juego diabólico, en el que se puede tirar la mayor ventaja en un segundo. No existe siquiera el recurso de protestar al árbitro o el más extremo de desahogarse con una falta grosera, el pataleo de toda la vida. En el torneo de Candidatos que se disputa en Toronto, ya hemos visto varias imágenes de jugadores con el corazón roto después de una decepción así, pero ayer Gukesh D, un niño de 17 años, superó todos los registros de sufrimiento. El drama ocurrió en la séptima ronda, cuando Gukesh se disponía a rematar a Alireza Firouzja, que en ese momento era el último clasificado del torneo y parecía haber tirado la toalla.
Horas antes, de hecho, el francés se puso a jugar partidas rápidas por internet, en lugar de preparar su duelo. No sería demasiado relevante si no recordara al episodio que protagonizó en el Candidatos de Madrid hace dos años. En la madrugada previa a una jornada clave (todas lo son, en realidad), Alireza jugó hasta 268 partidas bala, picado con otro gran maestro casi hasta las seis de la madrugada.
Ayer no se acercó siquiera a estos excesos, pero como llueve sobre mojado, parecía que el ajedrecista nacido en Irán seguía atrapado en su espiral de autodestrucción. Lleva meses "distraído" por sus estudios de moda e inestable por las flaquezas de su carácter. Por todo eso, el contraataque mortal que le permitió Gukesh era aún más inesperado.
Nepo se vuelve a librar
Entretanto, el otro líder del torneo, Ian Nepomniachtchi, volvía a superar una difícil, casi crítica, contra Hikaru Nakamura. A Nepo lo pillaron de nuevo en la defensa rusa, pero luego el estadounidense nacido en Japón no estuvo tan fino como requería la situación. Nepo, de mente mucho más ágil que su cuerpo, atinó con el doble sacrificio que dejaba las tablas servidas en bandeja y ponía fin a su sufrimiento. Cuando luego vio el drama de Gukesh, es probable que saliera corriendo a comprar lotería.
En 1972, los rusos sospechaban que la silla de Bobby Fischer escondía algún artilugio misterioso con el que anulaba los procesos mentales de Boris Spassky. La delegación soviética exigió incluso que fuera desmontada; aparecieron algunas moscas muertas, pero a falta de una autopsia se consideró probado que el mueble era inofensivo. Fue la final más dramática que se recuerda de un Campeonato del Mundo, que Hollywood acabó relatando en "El caso Fischer".
El propio campeón ruso contó hace años en Bilbao que alguna vez llegó a sentir fuerzas ocultas que le impedían hacer la jugada correcta, aunque sabía cuál era. Muchos pensaban que su compatriota Mijail Tal recurría a alguna suerte de hipnosis. Hoy es Nepo a quien habría que buscarle las moscas muertas, porque siempre se inventa un recurso extraordinario para salvar las partidas en las que parece perdido.
Ahora es más líder que un día antes, pero tampoco se puede confiar: le persigue un trío que solo tiene medio punto menos: Gukesh, el también indio Praggnanandhaa R. (18 años) y el estadounidense Fabiano Caruana. Estos dos últimos hicieron tablas en la séptima jornada, para crédito del chaval, que ni siquiera sufrió.
Cuando cruzamos el ecuador de la prueba, queda por ver de qué pasta está hecho Gukesh en las grandes ocasiones y cómo reacciona a su tragedia. De todos modos, la clasificación está muy apretada y nadie debería confiarse.
Candidatos femenino
Tras las cuatro partidas decisivas de la jornada anterior, solo la china Lei Tingjie ganó su encuentro, justo contra la hermana mayor de Pragg, Vaishali R. La china se une así al segundo grupo perseguidor de la líder, su compatriota Tan Zhongyi, que lleva 5 puntos. La rusa Aleksandra Goryachkina tiene 4,5, por 4 de Vaishali y Lei Tingjie. Ahí se produce un pequeño salto en la clasificación y la siguiente, la búlgara Salimova, solo lleva tres puntos.
El ajedrez es un mar en el que puede beber una pulga y bañarse un elefante, dice un proverbio indio. El juego milenario es tan versátil que permite que compitan juntos ancianos y niños. No hay distancia que no pueda unir un tablero. En los últimos días, hemos visto en Madrid dos ejemplos excepcionales que prueban que la edad es el menor de los obstáculos. En el polideportivo de Moratalaz, Manuel Álvarez Escudero era uno de los 149 participantes del torneo internacional que se celebra cada año en su barrio. Muchos de sus rivales podían ser sus nietos, como mínimo. Manolo cumplió ayer 104 años.
Álvarez es un ejemplo de longevidad excepcional, pero la historia del ajedrez está llena de viejitos con buena cabeza que desafían el tiempo. El pasado agosto, fallecía a los 102 años otro de nuestros ajedrecistas centenarios, Vicente Moral, un asiduo del torneo de Benidorm. El verano anterior nos dejó Joan Codina, con 103, aunque al contrario que los dos citados, el catalán ya no jugaba de forma regular. Álvarez no sólo sigue vivo, sino que después de la pandemia ha regresado con entusiasmo. Su espíritu de lucha es inigualable y aún da guerra en las competiciones donde comparece. En el último Open de Moratalaz mejoró su Elo, la puntuación que otorga la Federación Internacional después de cada partida o campeonato. Quién sabe hasta dónde puede llegar Manolo.
Días después de esta hazaña, el argentino Faustino Oro, de 11 años, lograba varias plusmarcas mundiales en un torneo cerrado en el que, por supuesto, era el participante más joven. El Messi del ajedrez, también comparado con Wolfgang Amadeus Mozart, logró su primera norma de gran maestro (necesita tres para que le den el título) y superó los 2.500 puntos Elo. Ningún otro ajedrecista ha saltado tan alto a su edad. En la Nave Bellver de Madrid, Fausti era sobre el papel el segundo peor de los maestros inscritos, pero ganó el torneo con un punto y medio de ventaja. Su actuación -el ajedrez tiene unidades de medida para todo- correspondió a la de un jugador con 2.759 puntos Elo, una cifra suficiente para afianzarse en el top 10 mundial.
A la caza del niño prodigio
La propia Federación Internacional no quita ojo a los progresos de Faustino Oro, que participará como invitado en la próxima Copa del Mundo, en la India, donde acudirán los mejores ajedrecistas del planeta. No es la primera vez que el niño argentino se enfrenta a los adultos más duros del circuito. En internet es aún más temido. En chess.com acaba de alcanzar los 3.200 puntos y ya está en el puesto número 12 absoluto. Magnus Carlsen e Hikaru Nakamura, los dos mejores del mundo, saben lo que es perder contra él. El chico le quita importancia: «Sólo fue un bullet», recuerda, sin perder la sonrisa, cómo ganó al noruego. En las partidas bullet [bala], cada jugador sólo dispone de un minuto para todas sus jugadas. La mente de Fausti vuela tan rápido que para él es una ventaja.
En la India, el pequeño Oro tendrá una nueva oportunidad de demostrar su talento, aunque al ser una competición por eliminatorias, como los torneos de tenis, el azar puede hacer que caiga a las primeras de cambio. También estará en la Copa del Mundo su viejo conocido Ilan Schneider, un chico de 14 años que participó en el torneo Leyendas y Prodigios. No es tan joven ni tan famoso, pero a los ocho años ya era número uno del mundo en su edad. Siguió entre los mejores hasta que la pandemia (la que ayudó a Fausti a aprender a volar) frenó su proyección. El año pasado, Ilan consiguió el título de maestro internacional -es el segundo más joven de Argentina- y también sueña con ser campeón del mundo.
Hace poco, Ilan disputó un torneo en Italia donde le ofrecieron entrenadores, una casa y trabajo para sus padres si aceptaba el cambio de bandera. Ni él ni su padre quisieron dar el salto. A Ram Schneider se le saltan las lágrimas cuando habla de su hijo, un chico magnífico, además de un pequeño genio. Cuando lo llevó a sus primeras clases, el profesor lo llamó aparte para hablar con él. Pensaba que el chico la había liado, pero era para cantarle las excelencias del muchacho.
Manuel Álvarez Escudero.F.M.B.
La parte más difícil es la económica. Tener un prodigio en casa no es barato. Schneider sigue escolarizado, pero sólo se presenta un par de veces al año y no para de viajar a torneos. Aprobar no es un problema, pero al contrario que los Oro, los Schneider se resisten a salir de su país y les gusta que su hijo no sólo juegue contra adultos. Pese a su sana rivalidad, avivada por los aficionados -empezaron en el mismo club bonaerense-, estos dos jóvenes están llamados a liderar la selección argentina durante décadas.
Casi cada mes surge una nueva estrella infantil. La británica Bodhana Sivanandan, de 10 años, ya es maestra internacional femenina. La misma edad tiene el ruso Roman Shogdzhiev, que le quitó a Faustino el récord como maestro internacional más precoz de la historia. Kaushik Aswath, de Singapur, acaba de convertirse a los ocho años en el maestro FIDE más joven del mundo. Hace unas semanas, Carlsen alababa el juego de un niño indio de tres años, que ya practica un ajedrez «decente» y tiene Elo internacional.
El columnista más longevo
También pegado a las 64 casillas, merece la pena citar el caso de Leonard Barden (96), que mantiene su columna semanal en The Guardian, donde debutó en septiembre de 1955. Hijo de un basurero, aprendió a jugar en la Segunda Guerra Mundial y representó a Inglaterra en cuatro Olimpiadas de Ajedrez. Es además un prolífico autor de libros y, como Manuel Álvarez, sigue teniendo una cabeza privilegiada.
Con supervivientes así y tantos chiquillos de creciente precocidad no sorprende ver partidas entre jugadores separados por muchas décadas. Hace dos años, vimos a Manuel Álvarez jugar contra Martín, un niño de ocho años. La diferencia era de 94.
Entre las estrellas también ha habido casos notables. La televisión rusa organizó en 2017 un encuentro entre Yuri Averbaj, gran maestro que entonces tenía 95, contra el pequeño Misha Osipov, de cuatro. El pequeño era famoso desde los tres, cuando rompió a llorar en otro plató tras perder contra Anatoli Karpov. Por lo visto, esperaba derrotarlo. Por si alguien se lo pregunta, ahora tiene 12 y no parece ningún portento.
Caruana y Korchnoi, durante su partida en 2011.JOHN SAUNDERS
Otro de los duelos intergeneracionales más famosos fue la partida entre Viktor Korchnoi, el mejor ajedrecista sin corona (culpen a Anatoli Karpov) que a los 79 años derrotó en Gibraltar a una estrella ascendente, Fabiano Caruana (19). Es probable que el actual número tres del mundo repase aquella partida en sus peores pesadillas.
En los torneos abiertos, es ya un lugar común entre los jugadores de más edad maldecir el emparejamiento con algún niño. A partir de los 50, muchos se refugian en las competiciones de veteranos sólo para estar a salvo de insolentes pequeñajos. Lo importante es seguir jugando, a ser posible hasta más allá de los cien años.
Cuenta Ding Liren que no advirtió su error fatal en la última partida hasta que vio la cara de Gukesh. El indio lo sintió por su rival, pero antes miró al cielo y dio gracias en silencio. Alegrarse hasta el infinito y sentir piedad por su enemigo no eran sentimientos incompatibles en su corazón. El nuevo campeón del mundo de ajedrez, el primero adolescente, no se parece demasiado a los chicos de su edad que podamos conocer.
Creyente y trabajador hasta un extremo incomprensible en Occidente, como toda la generación de jóvenes prodigios surgidos al amparo de Vishy Anand, Gukesh Dommaraju añadía a estos ingredientes el hecho de saberse depositario de una misión. Anand, por cierto, era uno de los miembros secretos (hasta cierto punto) de su equipo, según reveló este jueves el nuevo campeón.
Gukesh y Anand eran casi vecinos. Se conocían del barrio, en Chennai, antigua Madrás, una localidad con más de seis millones de habitantes. Por si esa casualidad no bastara, en 2013 el Mundial se celebró en su ciudad. Dommaraju era un chiquillo, pero se le quedó grabada la afrenta de ver perder a su ídolo contra Magnus Carlsen. Se dijo que sería bonito recuperar la corona para su país. "Yo estaba entre el público, miraba al otro lado del cristal -una protección para que no molestar a los ajedrecistas- y pensé que sería genial estar dentro algún día. Quiero ser yo quien devuelva el título a la India, pensé. Ese sueño que tuve hace más de 10 años ha sido lo más importante en mi vida".
R.SATISH BABUAFP
La memoria embellece los recuerdos, pero en este caso hay pruebas de lo que cuenta el gran maestro. Hay un viejo vídeo casero en el que se ve a Gukesh, con 11 años, decir en alto que quiere ser campeón del mundo. En realidad, lo fue poco después. Su primer título lo ganó en el Mundial sub 12, en Santiago de Compostela, días antes de convertirse en gran maestro, con 12 años, 7 meses y 17 días. Le sobraron esos 17 días para ser el más joven de la historia, un récord sabroso, pero mucho menos relevante que el que acaba de conseguir en Singapur.
Su entrenador mental
Gukesh siempre habla del camino recorrido y de la gente que lo acompaña. Es también un deportista con una cabeza privilegiada, reforzada por la práctica del yoga y la meditación y por su intenso trabajo personal con Paddy Upton, uno de sus últimos fichajes. El sudafricano tiene un gran prestigio como entrenador mental personal y ha ayudado a otros deportistas en disciplinas tan distintas como el fútbol, el cricket y el rugby. Con el ajedrecista ha trabajado una vez por semana en los últimos seis meses.
Pese a todo, Gukesh ha acusado su inexperiencia y perdido algunas oportunidades en un duelo frente a un único ajedrecista. Se trata de un formato muy distinto del que está acostumbrado en los torneos, incluido el Candidatos, donde cada día se sienta ante un rival distinto. Su respuesta, en el peor de los casos, ha sido ejemplar. Se recuperó de la derrota del primer día, el momento más crítico, y ni siquiera después de recibir ese palo volvió a dudar del camino trazado: una y otra vez, eligió siempre el más alejado de las tablas, aunque a veces fuera el más incierto y peligroso. Su labor de desgaste, silenciosa e implacable, acabó por dar sus frutos.
Tibor IllyesAP
En realidad, Gukesh ya venía entrenado del torneo de Candidatos, donde también perdió una partida que parecía esencial, pero luego destapó algunas de sus mejores cualidades. Después de malograr una gran actuación contra Alireza Firouzja, digirió la derrota y no volvió a caer: "Era mi momento. Lo asimilé y me sentí muy bien. Fue doloroso, pero me sentía en mi mejor estado", explicó tras su remontada final.
Y qué sería de un chico de 18 años sin sus padres. Por supuesto, Gukesh no ignora sus sacrificios. "Cuando comencé a mostrar interés en el ajedrez y algo de talento, llegaron a tales extremos por mí que no entendí bien todo lo que hacían. Ahora miro hacia atrás y veo que simplemente están locos. No puedo agradecerles lo suficiente, han sido el mayor apoyo en todo mi viaje. Esto no es solo para mí, es para ellos. Los quiero".