Totti, el ex capitán de la Roma, también se suma a la Kings League, el torneo creado por el ex pilar del Barcelona, Gerard Piqué. Precisamente, Totti participará en el campeonato y representará a Italia en México del 26 de mayo al 8 de junio.
El ‘Pupone’ será el capitán de los Stallions y ayudándolo en el equipo también estará el creador de contenidos Tumblurr, un streamer que cuenta con 2,5 millones de seguidores en todas las redes sociales, lo que lo convierte en uno de los más seguidos en Italia. Los dos realizarán audiciones a finales de abril en Milán para unirse a los Stallions.
Totti junto al resto de estrellas de la Kings League
Totti se suma a los otros grandes nombres de la historia del fútbol presentes en la competición: desde el presidente Ibrahimovic hasta Neymar Jr, Gotze, Hazard y Rio Ferdinand, e Italia se suma a las 32 selecciones que se enfrentarán en México.
La lluvia nunca falta a su cita con Wimbledon. Pero lo de este año es un diluvio comparable al que le cayó encima a Rishi Sunak cuando anunció las elecciones... Más de 80 partidos han tenido que ser aplazados o suspendidos bajo una descarga incesante de agua desde que arrancó el torneo. En diez días ha caído lo que suele llover en todo el mes, y los espectadores han decidido que mejor quedarse en casa que pasarse el día bajo el paraguas.
La asistencia semanal ha caído este año el 4% (282.955 espectadores). El viernes 5 de julio (con 36.630 entradas vendidas) fue de hecho el día de menor afluencia de visitantes al All England Club en 26 años, a excepción del 2021 con las restricciones del Covid.
"El tiempo ha sido terrible", atestigua la directora ejecutiva del torneo, Sally Bolton, obligada a hacer encaje de bolillos para que poder concluir el domingo. "La perseverancia de la gente en las colas ha sido encomiable. Nuestra meta es la mayor audiencia posible, pero llegados a este punto tenemos que aceptar una variabilidad en los números por el impacto el mal tiempo".
Bolton ha negado el efecto disuasorio que ha podido tener también en los aficionados la retirada de grandes estrellas como Roger Federer o Serena Williams. "Hay mucha excitación por el cambio de guardia y por el testigo que están recogiendo jugadores como Carlos Alcaraz o Coco Gauff", recalcó la directora ejecutiva al inicio de la semana.
Pero Coco Gauff está ya fuera del torneo, al igual que la estrella local, Emma Raducanu, lo cual ha deslucido notablemente la recta la final de la categoría femenina. La despedida de Andy Murray marcó un pequeño pico de asistencia, pero ahí se quedó. Las 'enganchadas' de Djokovic con el público y la eliminación de Jannik Sinner, que llegó con la vitola del número uno mundial, han quitado también pólvora a la categoría masculina, superada ya la excitación que había en el 2023 por ver a Alcaraz tocando la cima.
Sin Kate Middleton
Los famosos se han retraído también sin el sol, y el goteo ha sido notablemente menor que otros años, con la princesa Beatriz y su marido Edoardo Mapelli Mozzi y las actrices Sienna Miller y Salma Hayek haciendo compañía a los Beckham de turno. La ausencia de Kate Middleton, en tratamiento por el cáncer, ha sido más notoria que nunca (su posible reaparición en la entrega de premios no ha sido confirmada de momento).
La competencia directa de la Eurocopa y del Gran Premio de Fórmula 1 son también otros dos factores reconocidos implícitamente por Sally Bolton, que admite que el tenis ha tenido que librar su propia partida con otros deportes que "se disputan la atención de la gente" (Djokovic se lamentó durante el torneo del tirón creciente que empieza a tener también el "paddle" entre los aficionados al tenis de toda la vida).
Digamos pues que Wimbledon ha tenido que vérselas este año "con un amplio abanico de contingencias", pero la principal es sin duda la lluvia, y eso a pesar del techo retráctil que protege la pista central y la número 1. El resto de las pistas de hierba están a cielo abierto.
"La extensión del torneo de 13 a 14 días nos ha dado flexibilidad, pero lo cierto es que la variabilidad del tiempo está siendo nuestro prinicipal reto", agregó Bolton. "Ni siquiera las aplicaciones puede predecir el tiempo que hará en los próximos dos días. Cuando parece que va mejorar, de pronto cambia y vuelve a llover".
El vía crucis de Badosa
El partido que la española Paula Badosa perdió ante la croata Donna Vekic (2-6, 6-1, 4-6) es un ejemplo del pan de cada diá en Wimbledon. El inicio estaba anunciado el pasado 7 de julio a las 11,30 de la mañana. Arrancó al final dos horas más tarde por la lluvia, y tuvo que ser suspendido en tres ocasiones, bajo constantes claroscuros. Las tenistas acabaron al final pasadas la siete de la tarde, en un estado de frustración continua.
Todo parece indicar que habrá que esperar a la seguntad mitad de julio para que el tiempo mejore en las islas británicas. Se estima que tal vez entonces la corriente de chorro o "jet stream" se desplace hacia el norte y se despejen los eternos nubarrones. Visto lo visto, Wimbledon tendrá que esperar al menos otro año para recuperar la normalidad.
La etapa entre Muret y Carcassone fue un buen síntoma de la frustración permanente del ciclismo español, del querer y no poder del que otrora era la envidia del resto, ahora relegado a las migajas. Carlos Rodríguez no pudo intentarlo con más ahínco y ambición en la fuga del día. Fue protagonista total, sumando su esfuerzo al de la jornada anterior camino de Superbagnères (donde ganó su compañero Thymen Arensman), pero cada vez que había una selección, el granadino perdía comba.
Algo parecido a Iván Romeo, "etapa marcada", sacrificio suyo y de todo el Movistar que acabó en las lágrimas del prometedor ciclista en meta, en la escapada pero lejos de la victoria. "Era un día para mí, pero fui siempre a contrapié. Terminar el 14º no es lo que quería. Tengo mucha rabia dentro porque había piernas para estar más adelante", se sinceró.
Rodríguez finalmente sacó un buen pellizco de ventaja para la general (« no era lo principal»), en la que ascendió a la novena plaza. Las migajas. No quebró ninguna de las maldiciones que persiguen a los nacionales en el Tour. Precisamente él fue el último en alzar los brazos, 42 etapas atrás, brillante en Morzine 2023, donde hizo lo que casi nadie, sorprender a Pogacar y Vingegaard. Ese mismo año, días antes, Pello Bilbao había roto una racha que había puesto alarmantemente el contador de la sequía en 100. Otro dato para reflexionar: España no se queda sin al menos un top cinco en las primeras 15 etapas desde 1980. Para encontrar otro caso similar, hay que remontarse a 1950.
Y más. En lo que llevamos de siglo, España sólo se ha quedado una vez sin representación en el top 10 final del Tour. Fue en 2022, cuando Luis León Sánchez sólo pudo ser 13º a casi 50 minutos de Vingegaard.
Rodríguez, que habló de sus «mejores sensaciones» y de «seguir intentándolo», y Enric Mas, son los señalados. Por contrato, por talento y por galones. Ambos amanecieron mirando a la general y ambos han acabado pensando en otra cosa. Una escapada, una etapa que alivie las críticas. Mientras que el del Ineos admite ir a más, el balear, con tres podios de la Vuelta en su palmarés, parece bloqueado mentalmente con el Tour, en el que ya cumple siete participaciones (quinto en 2020 y sexto en 2021). «Cuando vienes a intentar hacer la general y tienes la mala suerte, por llamarlo de alguna manera, de salir de esa clasificación, asimilarlo cuesta un par de días», analiza su director José Joaquín Rojas después de la decepción de las jornadas alpinas. «Es más psicológico que físico, es más mental que otra cosa. Tiene que pasar el duelo. En los Alpes veremos al Enric de siempre», augura.
Carlos Rodríguez, en el Tour.CHRISTOPHE PETIT TESSONEFE
Rojas, que presenció bien de cerca los éxitos de su inseparable Valverde, de Contador y Purito, cuando ganar era norma, es consciente de la presión sobre el ciclismo español. Que no gana un Tour desde 2009 (Contador, el último en vestir de amarillo también), que no pisa un podio desde 2015 (Valverde), pero que tampoco lucha por la Montaña (el último fue Samuel Sánchez, en 2011) o por la Regularidad (Freire en 2008). Rojas se ciñe al Movistar, un equipo que no se lleva una etapa desde Nairo Quintana en Valloire, en 2019. «No nos sentimos presionados. Somos un equipo de la mitad de la tabla para atrás en cuanto a presupuesto y no se pueden hacer muchas maravillas. Cualquiera del UAE estaría en el podio. Nosotros con lo que tenemos estamos satisfechos. Sabemos cuáles son nuestras posibilidades», confiesa.
Esta vez fueron 10 los españoles de inicio, cada uno con diferentes misiones. Por suerte, ninguno ha tenido que retirarse. Marc Soler brilla en su preciada labor de sombra de Pogacar. Los jóvenes Iván Romeo y Pablo Castrillo se divierten (y sufren) en su debut. Ion Izagirre (que también ganó etapa en aquella edición de 2023) y Alex Aranburu, compañeros en el Cofidis, pasan desapercibidos. García Cortina y su espíritu disfrutón cumple en su labor de protección y apunta a jornadas más propicias: «En la tercera semana hay un par de etapas que me gustan y también habrá más fatiga en todo el mundo. Ojalá».
Luego está la pareja del Arkea, dos tipos bajo el radar que están rindiendo. Pues ambos, Cristián Rodríguez y Raúl García Pierna, tienen la misión de proteger a la esperanza francesa, Kevin Vauquelin. El almeriense es el segundo mejor español en la general (19º), espoleado por el fin de su contrato en el equipo galo. «Para mis aspiraciones personales no es el momento. Con la edad y la experiencia que tengo, me gusta más trabajar para un compañero así, que hace buenos resultados. Que por ejemplo, ser el 15 de la general, que podría», confiesa en EL MUNDO quien pronto tuvo que buscarse la vida fuera de España. «Fue lo mejor que pude hacer. En Francia estoy súper bien y no sé si volveré, porque se me valora más. Cuando voy a España siempre me piden más, no me valoran lo que hago. Es un poco raro», protesta.
A su lado, también de rojo Arkea (aunque el año que viene le espera el Movistar), la sonrisa inseparable de García Pierna, estirpe de ciclistas (su padre es Félix García Casas, su hermano Carlos corre en el Caja Rural). El año pasado fue su debut, este vuela con sensaciones estupendas. «Me noto mejorado y tengo más interiorizado el ritmo de carrera», admite, brillante en los Pirineos (12º en Hautacam, 26º en Superbagnères).
«El ciclismo ha subido a niveles estratosféricos con Pogacar, Van der Poel y todos estos genios. Es una época gloriosa y es súper difícil. Tuvimos la suerte de tener a Contador, a Valverde a Purito. Antes a Indurain, a Perico. Ahora hay jóvenes con talento que no están para ganar el Tour pero sí para hacer cosas grandes. Hay que seguir insistiendo con la cantera», concluye con el análisis Rojas. "Nos toca una época en la que es súper complicado conseguir victorias y luchar por algo, pero a la vez estás compartiendo pelotón con el que quizá sea el mejor de la historia y hay que saber disfrutarlo también", añade García Cortina.
Ser sede del Mundial 2030 supondría para Vigo un retorno económico estimado de 160 millones de euros, ahora en el aire tras la manipulación en la Federación de las candidaturas, si bien los beneficios para la ciudad serían incluso mayores si se mete en la ecuación que se quedaría con un campo adaptado a las exigencias de la competición y el impacto reputacional y la promoción turística que implica acoger un evento de semejante dimensión.
Los cálculos, en todo caso aproximados, los realiza el Ayuntamiento de Vigo, en pie de guerra tras la difusión de las informaciones de EL MUNDO. Recuerdan que el desembolso que se va a realizar en el estadio de Balaídos ronda los 65 millones de euros, en los que tienen comprometida financiación de la Xunta, y, una vez finalizado el Mundial, la ciudad se queda con el campo, de ahí ese «saldo neto mayor» por encima de los 160 millones.
Ese elevado retorno económico en juego no se le escapa a los distintos sectores económicos. César Sánchez-Ballesteros, presidente de la Federación Empresarial de Turismo y Hostelería de Pontevedra, asegura que hay en juego «muchos millones». Tan solo de forma directa para la hostelería, implica más de millón y medio de euros por partido.
«alguien debería explicar las razones»
La proximidad con Portugal y la afluencia siempre garantizada a todos los partidos del Mundial garantizarían «colgar el cartel de completo en establecimientos de 30 kilómetros a la redonda», ocupar toda la capacidad hotelera de la ciudad y su área de influencia al máximo. Las perspectivas de negocio son halagüeñas y hacen que «el sector esté a la expectativa» ante una posible revisión de las sedes. «La ilusión seguimos con ella, sería una pena que se escapara esta oportunidad», señala su presidente.
Reconoce también que le sorprende la situación actual, dado que el actual presidente de la RFEF, Rafael Louzán, «es de Pontevedra y ha sido un cargo político como presidente de la Diputación muy vinculado al turismo y al deporte», y «sabe perfectamente el peso que tiene esta decisión en la provincia».
Apunta, además, que «nunca nadie ha tenido claro cuáles son los requisitos» para la designación y, aunque quiere ser «prudente» en sus valoraciones, sí apunta a que «estamos en el sistema español de 'vamos a hacerlo a dedo', porque si dos días antes éramos el estadio y dos días después alguien decide cambiarlo, alguien debería explicar las razones de ese cambio».
El recuerdo de 1982
El sector equipara el impacto de esta competición con el de la Feria Internacional de Productos del Mar y Congelados Conxemar. Un estudio del Servicio de Estudios ARDÁN y la Universidad de Vigo revela que la feria de 2023 generó 84,7 millones de euros; y sumando el volumen de negocio y la creación de empleo, eleva el impacto socioeconómico a 750 millones. En la hostelería, los tres días del evento suponen cerca de 20 millones de facturación directa.
La presidenta del Celta y Abel Caballero, en Balaídos.Salvador Sas
En todo caso, al igual que el Ayuntamiento, también la hostelería recuerda que hay un retorno no cuantificable de promoción turística, «no es sólo el impacto puramente económico a corto plazo, sino el conocimiento de la gente», una acción promocional «a nivel mundial» que les permitiría «acceder a una clientela de países de todo el mundo». El Mundial de 1982, en el que Balaídos fue sede, «tuvo una repercusión mediática impagable».
Ese beneficio reputacional no se le escapa a los aficionados. José Méndez Castro, presidente de la Federación de Peñas Celtistas, cierra filas en torno a Caballero, «el único que verdaderamente peleó» para defender la sede, y sostiene que «supondría un impulso importante para poner a Vigo en el mapa en el mundo del fútbol, que es la actividad que más mueve masas».
Los peñistas no esconden su decepción con todo lo que está sucediendo y confían en que el momento actual suponga «un punto de inflexión» para que la RFEF encare una etapa de «mayor transparencia». No apuntan directamente a la responsabilidad de Louzán, pero sí creen que debe actuar. «Si la Federación quiere darle un cambio, es el momento oportuno. Lo que sucedió, sucedió, y ahora son nuevos y tienen que ser transparentes». No creen suficiente que lo deje María Tato como «cabeza visible», sino que debe ahondarse en las responsbailidades.