Hace 10 años, en Totana, Antonio López castigó al actual número dos del mundo con su derrota más clara. “Me salió el partido perfecto, él tenía dos años menos que yo y todavía esa diferencia de edad se notaba. Después ya era imposible ganarle, ha nacido para el tenis”, apunta
¿De qué sirve una ovación? En la mayoría de escenarios, una estampida de aplausos lo es todo: el reconocimiento, el éxito. Pero en el tenis no es así. El tenis no es lugar para artistas; tan cruel resulta. Después de cada truco que asombra al público hay que ganar otro punto, y otro, y otro, y al final la magia queda enterrada por la derrota. En el tenis, una ovación no sirve para nada.
Corentin Moutet se presentó ante Carlos Alcaraz con su paleta de golpes de autor —sus dejadas, sus globos, sus liftados, sus tweeners, sus saques por abajo— y los aficionados se lo pasaron bien, vaya si se lo pasaron bien, pero el francés no tuvo opción. El marcador, que acabó reflejando un 6-2, 6-4 y 6-1 en dos horas y cinco minutos de juego, condenó su arte. A ratos, una tercera ronda del Open de Australia se convirtió en una exhibición y fue divertidísimo; ese será su consuelo. Si estaban durmiendo, miren los highlights, porque valdrán la pena.
DAVID GRAYAFP
Hubo múltiples intercambios para el espectáculo y los editores de los vídeos de las distintas televisiones tendrán donde elegir. El resto de puntos, eso sí, fueron dominados por Alcaraz. Su superioridad ante Moutet era tan evidente que podía escucharse; ni siquiera hacía falta abrir los ojos. Sus golpes sonaban como siempre, una detonación tras otra, mientras el francés emitía un ruido distinto, un murmullo. Si no inventaba, le faltaba fuerza. O, mejor dicho, inventaba porque le falta fuerza. De vez en cuando, Moutet soltaba su derecha desde el fondo de la pista y parecía peligroso, pero lo hacía tan pocas veces, era tan excepcional, que no suponía una amenaza real. El riesgo para Alcaraz estaba en la distensión.
Cuatro juegos consecutivos
El segundo set fue la evidencia. En los primeros 45 minutos de partido, todo estaba resuelto. Al número uno también le gusta entretener a los aficionados, pero su juego se basa en la potencia que el tenis actual exige y sus derechazos no encontraban respuesta al otro lado de la pista. Con 6-2 y 3-0 en el marcador, su clasificación para octavos de final era cuestión de tiempo. Pero entonces Moutet le tendió una trampa. Entre la tensión que genera un Grand Slam, en una pista multitudinaria como la Rod Laver, le invitó a bailar con golpes tan raros como un par de saques por abajo, y Alcaraz aceptó la oferta.
Entre el jolgorio del público, ambos empezaron a buscar el más difícil todavía. Y de repente, el español concedió cuatro juegos consecutivos, dos breaks en contra —del 3-0 al 3-4—, y tuvo que ponerse a trabajar de nuevo. Tampoco le costó recuperarse, pero tendrá que aprender de lo ocurrido. Hasta el final del partido podía divertirse, sí, pero lo más importante era la victoria. En la siguiente ronda le espera Tommy Paul, que no será tan ameno.
"No es fácil jugar contra alguien como Corentin, no sabes lo que vendrá. Lo bueno es que ha sido divertido para todos, habrá muchos 'highlights'", comentaba Alcaraz que bromeaba sobre la cantidad de dejadas que le había hecho Moutet. El francés le llevó a la red hasta 55 veces y, al final, aseguraba estar "exhausto": "Ha habido un momento en el que le he dicho a mi equipo que ya no me iba a correr más a las dejadas. Normalmente soy yo el que utiliza ese golpe, ahora veo lo que provoca".
«Ha habido momentos en los que las cosas no me salían, me he quejado, he pegado una patada, pero sé que esso debe ser momentáneo. Soltar la rabia, que el cabreo no me afecte más de uno o dos juegos. Eso es lo que estoy aprendiendo, la experiencia que voy cogiendo con los años. No soy como otros, que están serenos siempre y no abren la boca, pero debo olvidarlo rápido», reconocía Carlos Alcaraz este viernes después de una celebración extraña. Había ganado a Lorenzo Musetti en semifinales de Roland Garros por 4-6, 7-6(3), 6-0, 2-0 y jugará su segunda final consecutiva. Pero su rival se acabó retirando, final indeseado para todos. Y él se sumergió en la frustración en algunos momentos.
Su patada al banquillo a mediados de segundo set queda como advertencia de lo que no debe ocurrir en la lucha por el título este domingo ante Jannik Sinner (15.00 horas, La 1, Eurosport y Max). «A veces sólo pienso en mí mismo. Pienso que he perdido el set y no que mi rival lo ha ganado. Pero también pienso que puedo darle la vuelta, que puedo recuperarlo», añadió el número dos del mundo del ranking ATP con la confianza ya reparada.
THIBAUD MORITZAFP
Su actuación ante Musetti, en realidad, fue notable. En el primer set su derecha sonó a látigo, como había sonado en cuartos de final ante Tommy Paul, y dominó los puntos, pero fue acumulando errores: una volea aquí, una dejada allí, varios reveses cruzados más allá. Punto a punto se peleaba con sus dedos, su mano, con su muñeca y, en su única oportunidad de rotura, perdía el periodo. La paciencia resistía a duras penas. Hasta que en en el segundo set, la lucha de Musetti, que le devolvió hasta dos breaks, le acabó por desesperar. Entonces hubo un mal rato, sí, pero también un tie-break perfecto en el que le entraron todos los golpes que antes fallaba. En el tercer set ya no hubo competencia y en el cuarto, el italiano abandonó. Después, en rueda de prensa, aseguró que había perdido fuerza en la pierna izquierda y que se hará pruebas.
La foto de la placa de Nadal
«La gira de Lorenzo en tierra batida ha sido increíble, su nivel aquí en Roland Garros ha sido muy alto y espero que se recupere pronto. Estoy seguro que luchará otra vez por estar en una final de Grand Slam» pronosticó Alcaraz sobre Musetti y también supo ponerse en valor: «En los primeros sets he tenido opciones de breaks que no he podido convertir. He jugado bien, aunque he cometido algunos errores que han marcado la diferencia. Luego he jugado un gran tie-break y he sabido llevar a Lorenzo al límite».
Antes del partido, en el calentamiento de la mañana, Alcaraz se había hecho la clásica fotografía con todo su equipo en medio de la Philippe Chatrier -lo hace siempre antes de semifinales y finales-y había reservado un hueco en su galería del móvil para una imagen de la placa homenaje a Rafa Nadal. Allí estuvo, unos segundos justo encima, mirándola, limpiándola de tierra, inspirándose. Pese a que los dos jugadores son muy distintos siempre hay una línea invisible que los une. Pongamos un dato increíble: si Alcaraz vence este domingo, sumará su quinto Grand Slam exactamente a la misma edad, 22 años, un mes y tres días, que lo hizo Nadal.
«No había podido calentar en la Chatrier así que todavía no había tenido tiempo de acercarme, verla y disfrutar. Me encanta tener un recuerdo ahí, me parece un homenaje muy bonito. Rafa era mi ídolo y sigue siendo una gran inspiración», proclamó el español antes de marcharse a ver lo que faltaba de la otra semifinal del torneo.
Una carrera para ver la otra semifinal
Al acabar su partido aseguró que la quería ver al completo en directo, pero luego los compromisos se lo impidieron durante un buen rato. Después de la rueda de prensa y de atender hasta a ocho televisiones -Amazon Prime, Canal + Internacional, Channel Nine, ESPN International, Discovery...-, pudo por fin encender su móvil de camino al hotel cuando Jannik Sinner y Novak Djokovic ya encaraban el segundo set.
MOHAMMED BADRAEFE
«Pase lo que pase la final será un gran partido para los fans del tenis. Quiero ver la semifinal porque de ahí saldrá mi rival, pero también como fanático de mi deporte. Ver jugar a dos tenistas así siempre es un disfrute», aseguró apresurado mientras varios familiares y muchos amigos ya presentes en París le esperaban para felicitarle por su logro.