El pasado verano, Ricky Rubio abandonó de manera repentina la concentración de la selección española en Madrid, donde se preparaba para la disputa del Mundial, a causa de un problema de salud mental. El base había decidido detener su carrera entonces. Siete meses después y tras confirmar que no regresará a la NBA, Ricky ve la luz al final del túnel. Este lunes ha anunciado su intención de “pedir al FC Barcelona entrenar con ellos”.
A través de sus redes sociales, el de El Masnou proclama que “ha llegado el momento de entrar en la fase final” de su recuperación, para lo que ha pedido a su ex club, “sin ningún compromiso y sin interrumpir los planes de temporada”, entrenar con ellos. Si todo va bien, la integración de Ricky en la plantilla de Roger Grimau sería todo un empujón mediático y deportivo para un equipo que avanza, en plena renovación, a la estela del Real Madrid, tercero en la Liga Endesa (14-6) y segundo en la Euroliga (15-8).
“Llevo unas semanas dándole vueltas, y tras otras tantas trabajando mente y cuerpo, me veo con ganas y fuerzas de ver cómo reacciono con un balón en mis manos”, escribe el que fuera canterano de la Penya.
Fue el pasado 4 de enero cuando los Cavaliers, que poseían los derechos del español con un contrato hasta 2026, confirmaron que Rubio no iba a volver a la NBA después de 12 temporadas. Y ya la ESPN anunciaba que el único posible regreso a las canchas sería en la Liga Endesa en la que debutó con 14 años de la mano de Aíto García Reneses en el Joventut.
Ricky, con Grimau y Sada, el día de su despedida del Barça en 2011.EFE
Antes, a finales de diciembre, se había conocido que el español y la franquicia de Cleveland negociaban la salida. La rescisión del contrato tenía que ver con las necesidades de los Cavaliers a causa de las bajas.
El Barça, que cuenta con Tomas Satoransky y Nico Laprovittola como bases, ha confirmado que será este martes cuando Ricky se una a los entrenamientos de la primera plantilla. “¡Te acogeremos como uno más de la familia!”, contestó en la red social X. Los de Grimau reciben el miércoles en el Palau a la Virtus de Bolonia. El plazo límite para que pueda ser inscrito y disputar lo que resta de Euroliga vence el próximo 7 de febrero.
Rubio, que el pasado mes de octubre cumplió 33 años, vistió de azulgrana entre 2009 y 2011, antes de dar el salto a la NBA en los Wolves de Minnesota. En esas dos temporadas a las órdenes de Xavi Pascual conquistó seis títulos, entre ellos la Euroliga de 2010, la segunda del club, que levantó precisamente Grimau como capitán. En total, en el Barça disputó 136 partidos: 84 de ACB, 42 de Euroliga, 6 de Copa del Rey y 4 de Supercopa.
Baloncesto
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Madrid
Actualizado Lunes,
2
octubre
2023
-
14:21La madrileña, ex jugadora internacional, sucede a Jorge Garbajosa en el cargo. Sólo...
Red Auerbach dijo una vez que los Celtics no eran un equipo de baloncesto sino un "modo de vida". Ahora que la leyenda verde vuelve a recuperar el trono, a ganar el anillo 16 años después y a situarse (de nuevo) por encima de los Lakers en esa eterna batalla por la hegemonía (18 títulos a 17) en la NBA, retumban las enseñanzas del entrenador y dirigente fallecido en 2006, las volutas de humo de los puros con los que festejaba los triunfos en el viejo Garden, la forja de un destino emparentado con la competitividad, con el baloncesto al 100%, con los mitos también en la cancha. Ese halo de energía flotaba en la peculiar ciudad de Boston, en una noche como las de antaño.
Todo empezó con el pionero Red y siguió con Bill Russell. Y este anillo logrado ante los Mavericks de Luka Doncic casi por la vía rápida, perdiendo apenas tres partidos en todos los playoffs (y 18 en temporada regular), es en honor al gigante fallecido hace dos años. Estos Celtics de los 'Jays' (Tatum y el MVP Jaylen Brown) que perdieron las Finales de 2022 contra los Warriors y se llevaron un buen sofocón el curso pasado en la final del Oeste contra los Heat, han vuelto a desempolvar el añejo espíritu guerrero de la franquicia creada por Walter Brown en 1946, la primera en elegir a un jugador negro en el draft, la primera en colocar a cinco jugadores afroamericanos juntos en la pista (1963), la primera en tener un entrenador de color (1966). Todo por obra de Auerbach, el verdadero creador del mito celtic, autor de sentencias igual de inolvidables. "Yo siempre buscaba chicos con buen carácter y procedentes de un buen programa. Para mí, como si llevaba falda escocesa", reivindicó tras elegir a Chuck Cooper en 1950, dos meses después de llegar al cargo.
Bill Russell y Auerbach, en una foto de archivo.AP
Con Red y Bill juntos se creó una de las mayores dinastías del deporte en EEUU, con 11 títulos de 1957 a 1959. "Auerbach, como Santiago Bernabéu en el Madrid, fue el eje de todo. Él tiene una idiosincrasia muy particular: veía lo que otros no. Tenía un concepto y un ojo para jugadores muy marcado. Y luego iba renovando. Cuando se retira Bob Cousy, vienen Sam y KC Jones. Nunca perdía calidad en el equipo. Y el gran mérito es que sólo había 12 equipos, todo agrupado, con jugadorazos en todas las plantillas. Jerry West, Oscar Robertson, Will Chamberlain... Quedar tantas veces campeón así es una proeza", reflexiona el periodista Antonio Rodríguez, autor del libro 'La leyenda verde', todo un experto en la mitología Celtic.
Que incluye nombres propios que pueblan el cielo del actual TD Garden, que sigue conservando partes del parquet de madera de roble procedente de los bosques de Tennessee del original, reutilizadas tras haber sido barracones de la segunda guerra mundial. Bob Cousy, John Havlicek, Tom Heinsohn, KC Jones, Dave Cowens y después Larry Bird, Kevin McHale, Robert Parish y la rivalidad con los Lakers elevada hacia cimas que relanzarían (junto a un tal Jordan a continuación) la NBA hasta lo que es hoy en día... También episodios malditos, como las trágicas muertes de Len Bias (por sobredosis, horas después de que los verdes lo eligieran como número uno del draft) y Reggie Lewis (un paro cardíaco súbito en un entrenamiento) y la travesía en el desierto de 22 años hasta volver a ser campeones con Garnett, Allen o Paul Pierce.
"Los 80 fue otra época dorada. Larry Bird fue elegido en el draft un año antes de que pudiera jugar en la NBA. Auerbach sabía que iba a ser icónico. Y le rodeó con tipos que quizá nunca hubieran sido estrellas. McHale, Danny Ainge, que estaba entre el béisbol y el baloncesto, Parish... Un equipazo. Las muertes de Len Bias y Reggie Lewis impidieron que hubieran conseguido mucho más en los 90", admite Rodríguez.
Las cosas siguen igual en Boston, una ciudad donde "la religión era el hockey hielo, con los Bruins", donde las tradiciones se respetan como en ningún otro sitio. El mismo escudo con el Shamrock irlandés, la misma camiseta, el mismo logotipo con el Leprechaun, ese duende de la mitología gaélica que diseñó Zangfeld, el hermano de Auerbach. Pero desde aquel 2008 hasta ahora han pasado un buen puñado de años y de expectativas. Hasta dos anillos de los Lakers, incluido el de las Finales de 2010. Y la enésima reinvención y de decisiones de las que marcan el porvenir. Esta vez, con dos pilares elegidos consecutivamente en el tercer puesto de los draft de 2016 y 2017. Y de los refuerzos que han hecho insuperables a los del religioso Joe Mazzulla (su nombre ya junto a los de Auerbach, Russell, Heinhson y Doc Rivers), especialmente el de Jrue Holiday (Porzingis se perdió demasiados partidos por lesión) llegado desde el que parecía su principal rival en el Este, los Bucks. Todo por obra en los despachos de Brad Stevens, otro que pasó del banquillo a la gerencia con decisiones trascendentales.
Jaylen Brown, tras conquistar el anillo y el MVP.ELSAGetty Images via AFP
Ahora, el heredero del Celtic Pride es Tatum, cinco veces All Star, oro olímpico en Tokio (también estará en París). Un chico de 26 años formado en Duke, profundamente admirador de Kobe Bryant y que no se ha perdido ninguno de los 130 partidos que los Celtics han disputado en playoffs desde la temporada 2016-2017. Y la pareja que forma con Brown, el escudero perfecto que ha logrado un merecido MVP tras unos playoffs pletóricos.