Terminó la primera vuelta de la ACB, la que marca el siempre interesante corte copero, que esta vez estuvo a punto de llegar con sorpresa de las grandes. El Barça coqueteó con ausentarse por primera vez en su historia del torneo. Y tan profunda pareció su crisis como sólida su ‘resurrección’. La derrota previa del Casademont Zaragoza hizo que le valiera hasta con perder, pero ganó al Bilbao y el martes estará en el bombo.
No el Baskonia, aunque eso ya se sabía y ha dejado de ser sorpresa. Ni Pablo Laso ha logrado enderezar la irregularidad permanente de los vitorianos, que ganaron el domingo al Breogán con un asombroso Chima Moneke (31 puntos y nueve rebotes). Son novenos en ACB y 15º en Euroliga…
El Barça no será cabeza de serie y podría haber clásico en cuartos. Porque el Real Madrid, tras vencer en Andorra con protagonismo de su segunda unidad (así de mal están por el Principado, seis derrotas seguidas…), ya es segundo, igualado con el Valencia Basket. Ambos, con el líder Unicaja y el Tenerife se cruzarán con los de Joan Peñarroya, el Joventut, el local Gran Canaria y el meritorio Baxi Manresa, otro año más rindiendo por encima de lo esperado y ‘presupuestado’.
La primera vuelta resultó muy distinta a lo de años anteriores. Porque, por primera vez en mucho tiempo, Madrid y Barça no fueron ni de lejos los mejores de la competición. Deméritos propios (la exigencia de la Euroliga, las carencias en su juego…) y méritos de quien sí lo fueron. Con mucha diferencia, Unicaja y Valencia. Que el sábado se las vieron en el Martín Carpena, como una especie de homenaje a su camino.
Porque no sólo ganan. Ambos equipos enganchan. Planteamientos valientes, sin complejos, apuesta por lo ofensivo. Se impusieron los de Ibon Navarro, que ya se llevaron el pasado curso la temporada regular de la ACB y este septiembre la Supercopa. Tuvieron que remontar a los de Pedro Martínez, el colectivo más volcado al ataque de toda Europa. Pudo ganar cualquiera. Ninguno compite en Euroliga.
Los ocho que estarán el martes en el sorteo copero lo merecieron. No así el ya mencionado Baskonia, ni el subcampeón UCAM Murcia. Ni siquiera el Zaragoza, pese a los lamentos arbitrales de Porfirio Fisac. Son los tres equipos que se han quedado a las puertas. Las preocupaciones del resto son bien distintas. Sin desahuciados prematuros, la lucha por evitar el descenso se antoja brutal.
Último con cuatro victorias está el recién ascendido Leyma Coruña, pero ya se mostró ambicioso en el mercado: este fin de semana debutó Thomas Heurtel. Por encima, con cinco, están Covirán Granada, Basquet Girona y Morabanc Andorra. Y con seis, que no se despisten, Río Breogán, Hiopos Lleida y Surne Bilbao.
Real Madrid 93 Unicaja 99
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Madrid
Actualizado Domingo,
19
noviembre
2023
-
17:26Los malagueños, liderados por Kravish y Taylor, remontan 21...
Apenas unos minutos antes de que comenzara el duelo, el Real Madrid hizo oficial el fichaje de Alex Len. Y en primera fila presenció el gigante ucraniano (2,12 metros) cómo sus nuevos compañeros arrasaban al campeón de Europa para desquitarse de sus sinsabores a domicilio, donde sólo acumulan derrotas en este comienzo de temporada. Un par de buenas noticias para Sergio Scariolo después del mal trago de Múnich del martes. [84-58: Narración y estadísticas]
Mientras busca rumbo y crecimiento, el Madrid no se detiene. La ambición, en la cancha y en los despachos, marca el desperezar de la era del italiano. Si tardó apenas unas semanas en constatar que Bruno Fernando -el refuerzo en la pintura que le llegó a Chus Mateo el pasado febrero, también desde la NBA- no era válido para su forma de entender el juego (ya defiende los colores del Partizan), en sólo unos días ha recibido a un tipo con más de 10 temporadas -una de ellas en los Raptors, con el propio Scariolo como asistente- y 700 duelos en la mejor liga del mundo, un potentísimo y enorme pívot para guardar las espaldas de Tavares. En total, siete refuerzos, una revolución como no se conocía en esa sección.
Alex Len.RealMadrid.com
El Fenerbahçe de Jasikevicius podría parecer el peor de los rivales para levantar vuelo. Pero el vigente campeón, que el martes también perdió (en Valencia, de 15) no está tampoco para tirar cohetes. Echa de menos a Nigel Hayes-Davis (de los que pocos que ha desandado el camino y ahora juega para los Suns) y a Guduric. Cuando se quisieron dar cuenta, los turcos caían por 16 (22-6), en un fulgurante inicio blanco lleno de triples, al que ni la segunda falta de Campazzo detuvo.
Hubo un tímido intento de renacer, con tres triples seguidos de los de Estambul (dos de Horton Tucker, el enésimo ex NBA en Euroliga), pero pronto apareció Garuba para, a base de intensidad, mandarle un mensaje a todos. Con tapones, palmeos, rebotes y energía no sólo se metió en el bolsillo a toda la tribuna y también avisó de que él quiere ser el recambio de Tavares. En esa frustración, al irreconocible Fenerbahçe le apareció Maledon para rematarle con nueve puntos de carrerilla y dejar una máxima sonrojante al descanso (49-22).
Garuba celebra una acción ante Colson.Juanjo MartínEFE
Consciente de que apenas le quedaba nada que rascar, Jasikevicius probó nuevas defensas que, por momentos, despistaron al Madrid. La primera canasta en juego de los blancos tras el paso por vestuarios no llegó hasta pasados los cuatro minutos. Pero era tal la distancia y tan pocas las energías por ambos, que resultó una de las segundas partes más aburridas que se recuerdan.
En el Real Madrid, que llegó a dominar por 32 (62-30), hubo puntos y minutos para todos y sólo la desidia de Hezonja desentonó en una noche demasiado plácida.
«Me he caído muchas veces, tengo cicatrices por todo el cuerpo, pero nada iguala ese sufrimiento. Recuerdo una etapa del Tour. Me dolía tanto que no podía ni pedalear, se me saltaban las lágrimas». Ane Santesteban (Rentería, 1990) revive en voz alta su 2024, el que era el año de la vuelta a casa después de una década corriendo en equipos extranjeros, siendo una de las mejores ciclistas españolas de siempre, dos Juegos Olímpicos, Mundiales, top 10 en Giros y Tours... Un dolor tan insoportable como misterioso, una tortura mental también, hasta que en el lugar más improbable halló la solución. Una revisión ginecológica rutinaria iba a dar con el problema. «Tienes un quiste grande en el ovario y una endometriosis», le anunciaron. «Gracias a Dios. Qué liberación», respondió.
Ane cuenta lo que muchas otras callan, «por vergüenza o por miedo», por tratarse de salud femenina. Lo hace, una vez superado, para «normalizar, dar visibilidad y ayudar a otras mujeres». Las que le escriben en privado confesándole que su caso es el mismo, pidiéndole consejo. Detalla su experiencia, que es la de tantas deportistas, un tabú del que ahora escapa y se vuelve a sentir plena encima de la bici. Con los colores del Laboral Kutxa - Fundación Euskadi, el pasado fin de semana corrió la primera edición de la Milán-San Remo femenina. Acabó 35ª (a 1:25 de la ganadora, Lorena Wiebes), pero dejó un alarde. Como Pogacar en la masculina, la ciclista vasca marcó el mejor tiempo de siempre en la emblemática subida a la Cipressa, los 5,6 kilómetros en 11 minutos y 37 segundos (a de 29,1 km/h). «Este año quiero hacer las tres grandes, Vuelta, Giro y Tour», anuncia en conversación con EL MUNDO desde Rentería.
Es un renacimiento el de la menuda corredora errenteriarra. Porque, tal dolor le provocaba el problema ginecológico, que pensó hasta en dejarlo: «Al final dudas de todo». Hasta de sí misma, de si lo que le estaba ocurriendo no sería producto de su propia imaginación, porque ninguna prueba detectaba nada. «Le decía a Pablo (Rodríguez, también ciclista profesional, de mountain bike), mi pareja: '¿A ver si me estoy volviendo loca y me estoy inventando el dolor?' Entré en un bucle bastante complicado».
Ane Santesteban.Rosa GonzalezMUNDO
La temporada no arrancaba como las de antaño. No sólo era el malestar, tampoco los números salían. Tanto en entrenamientos como en competiciones, su rendimiento había bajado «entre 20 y 30 vatios». «Empecé el año pasado sin encontrarme bien en la bici. Estaba siempre con dolores, en las lumbares, hacia la espalda, me bajaba a una pierna. En ningún momento lo relacioné con los ovarios, claro. Y el Tour fue un calvario de dolor. Hablé con el médico del equipo y le dije los síntomas. Que no encontraba postura en la bici. Hicimos una resonancia en la espalda y no había nada. Yo decía: 'Algo tiene que haber'. Estaba en el sofá, sin entrenar, y no me podía ni mover, tenía muchísimo dolor», describe Ane.
Allí, en la Grande Boucle, donde en 2023 había finalizado octava de la general (fue séptima en el Tourmalet en la etapa reina), donde todo se hizo insoportable. «Recuerdo un momento durísimo. Día tras día, iba acumulando el dolor. En las últimas tres etapas... Sobre todo, hubo una, que se salía subiendo un puerto, donde yo mejor me defiendo. Lloraba. Pedía analgésicos para poder competir. Por mi experiencia, quería estar al lado de Usoa Ostolaza, aportar al equipo. Por intentar terminar, fue un sufrimiento bastante agónico», rememora.
Lo terrible para Ane era, sobre todo, no saber de donde provenía aquello. «No puedes empezar un tratamiento porque no sabes lo que es. Nuestros médicos están más acostumbrados a trabajar con resfriados, clavículas, dolores musculares...», explica. El calvario acabó el 31 de octubre en el sitio más insospechado, el ginecólogo, «en la revisión rutinaria de todos los años». Tenía un quiste en el ovario y sufría endometriosis, una enfermedad que se define por la presencia de endometrio (tejido mucoso que tapiza el interior del útero) fuera de la cavidad y musculatura uterinas y que afecta al 10% de las mujeres en edad reproductiva. «Me dijeron que lo mejor que podía hacer era tomar la píldora. El problema iba a seguir estando, pero iba a tener 'calidad de vida'. Desde que empecé, al poco ya empecé a sentirme muchísimo mejor», desvela, aliviada.
Pero no fue hasta el mes pasado que Ane quiso dar a conocer lo que le había ocurrido. Lo hizo con un sincero post en sus redes sociales en el que hablaba de «desesperación», pero también de que «las buenas sensaciones» habían vuelto. «No pensé que fuera a tener tanta repercusión. Llevaba tiempo dándole muchas vueltas. Venía guardando para mí todo lo que estaba sufriendo. Me daba un poco de miedo o vergüenza. Decidí que, como deportista, con el altavoz que tenemos, quería hablar de algo que muchas mujeres sufrimos en silencio. Darle visibilidad y contar mi experiencia por si podía ayudar a otras», proclama. Y tanto. La escribieron compañeras, ciclistas y de otros deportes. También ginecólogas y nutricionistas «para ofrecerme su ayuda».
«Es algo de lo que no se habla en el pelotón ni en el deporte femenino en general. Igual que hablas de una rotura de fibras, de una rotura de clavícula o de cualquier otra lesión o enfermedad. ¿Porque sea el ovario o el útero no se va a hablar? Es un tema tabú, da como vergüenza o respeto tratarlo», reflexiona Ane la escaladora, aquella niña a la que su padre, profesor de ciclismo en las escuelas del pueblo, inyectó en vena la pasión. Y a la que los puertos, en los que desde bien temprano se desenvolvió con facilidad, la hicieron profesional.
Ane Santesteban, en carrera con el Laboral Kutxa, esta temporada.Laboral Kutxa - Fundación Euskadi
Ane, que en diciembre cumplió 34, se siente ahora renacida. Dispuesta a aprovechar esta segunda oportunidad que le ha dado el ciclismo, a lograr su primera victoria después de tantos buenos puestos. «Creo que va a llegar, porque veo las cosas de diferente manera, porque vengo de pasarlo mal. He cambiado la forma de correr. Disfruto más y no tengo miedo de perder. Otros años me costaba más arriesgar, era más conservadora», explica, echando un vistazo a una carrera en la que transitó el camino del «cambio brutal» en el ciclismo femenino. «Ahora hay más equipos, más dinero, se retransmiten las carreras... En mis inicios, terminaba y tenía que escribirle a mis padres para decirles que estaba bien. Ahora hay salarios que son buenas cantidades, se ha conseguido tener un sueldo mínimo. Unos avances muy grandes», se sincera a quien le hubiera gustado nacer «un poco más tarde»: «Mi carrera hubiera sido diferente. Hubiese sido más sencillo. Cuando empecé era muy difícil tener un referente. Casi no podías soñar con ser profesional, porque no había ni estructuras. Tenías que ir al extranjero...».