Un Mundial sin interés: “Los precios exorbitantes de las entradas no ayudan”

Un Mundial sin interés: "Los precios exorbitantes de las entradas no ayudan"

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Poco o nada se nota que Estados Unidos esté a punto de acoger un Mundial de fútbol. Hay mucho más interés por la final de la NBA entre los Knicks y Spurs que por saber si Messi será capaz de repetir corona o EEUU pasa de los cuartos de final. Incluso en Los Angeles, donde viven más de cinco millones de latinos, el ambiente previo es más bien insulso. «No se percibe que estemos en vísperas de un Mundial, y los precios exorbitantes de las entradas no ayudan», dice Adrián Olmedo, diseñador gráfico que lleva más de 30 años instalado en la principal urbe californiana.

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«Son inalcanzables para el aficionado promedio. Y ni hablemos de llevar a la familia». No deja de ser una ironía para un aficionado que estuvo en Alemania en 2006 y en Qatar en 2022. «Recuerdo, con ocho años, cuando mi padre me llevó por primera vez a ver a México en el 86. Mi padre no tenía entrada para mí pero igual me dejaron pasar porque era muy pequeño. En aquellos tiempos estaba más humanizado el torneo. Era una celebración, no un negocio en toda la extensión de la palabra», rememora. Es un sentir del que se hizo eco Alejandro González Iñárritu hace unos días, acusando a la FIFA de ser una organización mafiosa con un único interés: el dinero. «No siento ningún ambiente mundialero. El costo de los boletos me parece una grosería. Ahorita el más barato es de 10.000 a 20.000 pesos (entre 500 y 1.000 euros, aproximadamente). Es una barbaridad. Me parece que le han quitado al mundo un gusto popular», dijo el director mexicano, ganador de cuatro Oscar.

Razón no le falta. El de EEUU, México y Canadá será el Mundial más caro de la historia, con entradas para la fase de grupos que no bajan de los 140 dólares. A eso hay que sumarle el precio de los vuelos, disparados como la gasolina tras la decisión de Trump de atacar Irán, y el ya elevado coste de vida en ciudades como Nueva York o Los Angeles. Un billete de tren hasta el Metlife Stadium de Nueva Jersey, donde se jugará la final, ronda los 100 dólares, y el parking en Los Angeles podría alcanzar los 250 dólares.

Vista general del SoFi Stadium en Inglewood, California.Jae C. HongAP Photo/Jae C. Hong

No es de extrañar que Liliana Zambrano cancelara sus planes de viaje para apoyar a Ecuador contra Costa de Marfil en Filadelfia. «Es ridículo. Me sale más barato irme de vacaciones a cualquier parte del mundo que ir a ver un partido del Mundial», dice esta gerente de ventas residente en Glendale, California. «Y no sólo son los precios, es la imposibilidad de conseguir las entradas, pese a que me inscribí temprano. Cuando quise comprar, ya no había, pese a lo elevado de los precios. Te matan el espíritu mundialista», explica.

Un amigo ecuatoriano de Zambrano que sí se ha animado a viajar con su familia pagará 8.000 dólares por cuatro entradas para ver el Ecuador-Curazao, en Kansas. Una pequeña fortuna. Stephen Amendt jugaba de pequeño al fútbol en su Chicago natal pero ahora el balompié viaja en el furgón de cola en la lista de sus deportes predilectos. «Soy un tipo de hockey», admite con orgullo, lo que podría explicar su escaso interés por el fútbol. «Personalmente, me parece un deporte aburrido. Ves a jugadores tirándose al suelo pidiendo penalti cuando apenas les han rozado. En el hockey, al menos te golpean de verdad, y si es una entrada sucia se arma». Amendt cree que el Mundial «es un intento fallido de popularizar el fútbol en Estados Unidos. El problema es que la selección estadounidense no tiene estrellas que enganchen a la gente, y así es difícil que la gente se emocione con el torneo».

El mismo Sergiño Dest, lateral derecho de Estados Unidos y ex jugador del Barcelona, se mostró sorprendido por el apoyo recibido en el amistoso contra Senegal del pasado domingo. «Hemos jugado en estadios donde no teníamos afición, pero contar con un estadio lleno de seguidores de Estados Unidos es algo especial, y es justo lo que necesitamos», declaró desde la concentración de la selección estadounidense en Fayetteville, Georgia.

Las únicas señales de que el Mundial va a comenzar se encuentra en supermercados y vallas publicitarias, cortesía de las marcas patrocinadoras. Cerca del estadio del LAFC, el club angelino de la MLS, de vez en cuando aparece una imagen de Lamine Yamal en un luminoso gigante como promoción de lo que está por llegar.

La otra señal es la huelga de trabajadores del sector de la alimentación y la bebida en el estadio SoFi de Los Angeles. Piden un aumento de sueldo a pocos días de comenzar el Mundial. No es precisamente el ambiente que esperaba encontrarse la FIFA.

kpd