El presidente del grupo de hinchas Orsi Ribelli ha admitido que “unos individuos” subieron al palco y dieron dos puñetazos al padre del pequeño
El pequeño Kenzo en el partido.@lecombatdekenzo (Twitter)
La fiscalía ha abierto una investigación tras la agresión de un niño enfermo de cáncer y su familia el sábado al margen del partido que disputó el OM en Ajaccio.
“El sueño se convirtió rápidamente en pesadilla cuando Kenzo y sus padres, vestidos con los colores del Marsella, fueron violentados de manera vergonzosa por individuos que entraron en su palco”, informa el club en un comunicado, que asegura que presentará una denuncia “en cuanto los individuos sean identificados”.
El presidente del grupo de hinchas Orsi Ribelli ha admitido este domingo en las páginas del diario Corse Matin que “unos individuos sentados en la tribuna Faedda subieron (al palco) y dieron dos puñetazos al padre para que se quitara la camiseta, antes de descender con el uniforme”.
Cuando Kenzo y su padre llegaron al vestuario para ponerse la camiseta azul y blanca del OM, fueron vistos por seguidores corsos. Una quincena de jóvenes se acercaron a ellos, relató la madre del niño a la AFP.
“Mi hijo pequeño consiguió saltar la barrera y se metió en el palco de al lado. Kenzo no entendía lo que pasaba, le empujaron y se cayó. Se golpeó la cara con la barandilla del balcón. Mi marido estaba justo detrás de él, fueron a pedirle la camisa y le dieron dos puñetazos en la cabeza. Luego se fueron y quemaron la camisa”, cuenta Amandine, que vive con su familia cerca de Cassis, en la región de Bouches-du-Rhône, y prefiere no dar su nombre.
“No pensaba que habría tanto odio” por un partido que no tenía nada que ver con el deporte, dijo Laurent, el padre, que dijo estar “muy asustado por la seguridad” de sus hijos.
Tras el partido, el niño pudo pasar al menos unos minutos con uno de sus ídolos, el jugador del Marsella Matteo Guendouzi, constató un periodista de la AFP.
El partido estuvo rodeado de un ambiente muy tenso y ya el viernes se registraron incidentes y enfrentamientos entre seguidores de ambos equipos en Ajaccio.
La fiscalía de Córcega ha informado de que una persona ha sido detenida de madrugada y que se está investigando la identidad de los otros agresores, a los que se pretende imputar por “violencia agravada y robo agravado”.
"Hemos hecho una plantilla de grandes jugadores de la que soy el único responsable. Les he maleducado y se han confundido. He actuado como un padre por darle lo mejor a los niños y eso hace que se confundan. Soy el único culpable". En poco más de un mes se cumplen 20 años de la dimisión de Florentino Pérez, un momento clave en la historia moderna del Real Madrid. Después de caer contra el Arsenal en la ida de los octavos de Champions y ante el Mallorca en Son Moix, el presidente del conjunto blanco decidió poner fin a la primera era Galáctica del Bernabéu. Lo hizo con una Copa de Europa, la de 2002, como techo de una galaxia convertida en el club con mayores ingresos del mundo. Pérez terminó echándose a un lado "para que los jugadores vean que lo único importante es el Madrid". Esas reflexiones del presidente sobre el vestuario tienen su eco ahora, en la realidad actual del club tras los últimos meses y el desastre de Albacete.
Dos décadas después, la nueva galaxia del Madrid (basta cambiar a Beckham, Zidane, Ronaldo o Robinho por Vinicius, Bellingham o Mbappé) afronta algunos de los problemas que tuvo la primera. Pérez regresó en 2009 con los errores aprendidos e inició una segunda etapa extraordinaria e irrepetible, con seis Champions y decenas de títulos que le han puesto por encima de Bernabéu en la historia de la institución, situado de nuevo el club como la organización futbolística con mayores beneficios, remodelado el estadio y ganando Balones de Oro más allá de Cristiano Ronaldo. Pero el paso de esa segunda galaxia (Cristiano era su rostro visible) a la tercera acumula 18 meses con más defectos que virtudes. Sin Modric, Kroos, Benzema, Marcelo o Casemiro, jugadores que fueron parte de la etapa dorada y sirvieron de puente entre galaxias (y que, por cierto, no responden al estereotipo de galácticos fuera del campo), el vestuario parece descompuesto.
La eliminación ante el Albacete, 17º clasificado en Segunda División, en los octavos de la Copa del Rey es un ejemplo más de esa situación. Una derrota que ha puesto en el punto de mira, más que nunca, a los futbolistas. No a Xabi Alonso, tampoco al recién llegado Álvaro Arbeloa, que intentó asumir la culpa del fracaso en la Mancha a pesar de llevar 24 horas en el cargo y quiso proteger a la plantilla, quizá no con las frases adecuadas. "Hay que agradecer a Vini que haya querido estar aquí", dijo exhibiendo, por un lado, pleitesía ante lo que debería ser normal y, por otro, abriendo la opción de pensar en cuál fue la postura de otros jugadores ante el partido de Albacete. No viajaron, sin aparente problema físico (el jueves entrenaron con normalidad) Bellingham, Mbappé, Tchouaméni y Carreras. Unos futbolistas que, más allá de la táctica de quien les dirige, llevan mucho tiempo lejos de su mayor nivel técnico, físico y mental.
El enfado de Vinicius, "un antes y un después"
Según fuentes cercanas a la plantilla del Madrid, el enfado de Vinicius en el clásico fue "un antes y un después" en Valdebebas. La protección de la dirección del club al brasileño, que no mencionó a Alonso en su comunicado de disculpas, provocó una catarata de actitudes en el día a día que agrietaron la relación con el entrenador y dieron mucho mando en plaza a los futbolistas. "Ahí supieron que tenían mucho poder", admiten en el entorno de uno de los pesos pesados de la plantilla. "En los años anteriores no había esa sensación", insisten, a pesar de que en el mes de diciembre, en plena crisis de resultados después de las derrotas contra el Celta y el City, el club les advirtió que serían los próximos señalados si no mejoraban su actitud.
El presidente, durante la última asamblea de socios.GETTY
Para la zona noble del Madrid, los jugadores siempre han sido más importantes que los entrenadores. Es un hecho y la forma en la que se han construido los éxitos dentro y fuera del campo de la era reciente del club. Un éxito rotundo a nivel futbolístico y económico. Las estrellas marcan goles, venden camisetas, consiguen patrocinios y llenan el estadio. Son activos económicos que generan trofeos y riqueza. Mientras, los técnicos son temporales. Van y vienen, con más o menos tiempo en el cargo, pero son prescindibles. Aún así, el Madrid de los últimos años solo ha ganado en Europa con dos: Ancelotti y Zidane.
Entrenadores que han tenido una buena relación con las estrellas, que dejaban hacer pero que también eran duros cuando había que serlo... Y lo eran porque el club también lo era. Los casos de Cristiano o Ramos, a los que Florentino abrió la puerta cuando tantearon con su futuro en el Madrid, muestran la dureza del presidente en determinados momentos.
"Hemos tocado fondo"
Ahora, la salida de Alonso parece algo diferente. El vasco llegó como una apuesta a medio-largo plazo para liderar la transición entre galaxias después de triunfar en Alemania con el Leverkusen. Era una leyenda del club, un caso distinto al de Benítez o Lopetegui, pero ha durado seis meses. Parte del vestuario se rebeló frente a las altas esferas del Bernabéu por sus métodos y Florentino decidió elegir a Arbeloa, que ha admitido a Pintus a su lado y en Albacete rechazó criticar a sus nuevos jugadores: "No puedo reprocharnada. Han querido ganar".
El Madrid ha pasado del vestuario "más sano al que he entrenado", como admitía Ancelotti en 2024, a uno que parece corrompido por el prematuro éxito. "Hemos tocado fondo estrepitosamente. Tenemos que hacer autocrítica a nivel individual y colectivo", reconoció Carvajal en Albacete. El capitán es el único superviviente de la segunda galaxia dentro de una plantilla joven que ha ganado una o dos Champions al abrigo de futbolistas que son leyenda de la institución. "Estamos a tiempo de reaccionar, quedan dos títulos", admiten en el club. La sombra de la primera galaxia es alargada.
El ex capitán y actual director de fútbol profesional del Oporto, Jorge Costa, falleció este martes tras sufrir una parada cardiorrespiratoria cuando se encontraba en el centro de entrenamiento y formación del club, informó la Federación Portuguesa de Fútbol (FPF).
La FPF lamentó en un comunicado publicado en su página web el fallecimiento de Costa, "uno de los jugadores más destacados de una generación fundamental para la consolidación del fútbol portugués".
"Es un shock esta inesperada y prematura partida de Jorge Costa, un deportista de mi generación y un ejemplo de dedicación y entrega a los equipos de los que formó parte y a nuestra selección nacional. Mi más sentido pésame a la familia y amigos", escribió el primer ministro, Luís Montenegro, en su cuenta de X tras conocer la noticia.
Costa asumió el cargo de director de fútbol profesional del Oporto en 2024, con la toma de posesión del ex técnico André Villas Boas como nuevo presidente del club.
Anteriormente, como entrenador, fue campeón de Rumanía con el CFR Cluj y dirigió equipos como el Braga y el Farense o selecciones como la de Gabón, además de pasar por el fútbol tunecino y chipriota.
Sin embargo, Jorge Costa será recordado por su etapa en los terrenos de juego, donde se convirtió en un icono del Oporto, club en el que se formó y jugó desde 1992 hasta 2005.
El ex central disputó 383 partidos con los 'dragones' y ganó ocho Ligas, cinco Copas y cinco Supercopas de Portugal, además de capitanear al equipo hasta la victoria en una Liga Europa y una Liga de Campeones, ambas bajo la dirección en el banquillo de José Mourinho.
Penafiel, Marítimo, el Charlton inglés o el Standard Lieja belga fueron otros de los conjuntos en los que Jorge Costa jugó.
Con Portugal, disputó 50 partidos con la selección absoluta y formó parte de la 'Generación de oro', junto a jugadores como Luís Figo o Rui Costa, que se proclamó campeona del mundo sub-20 en 1991.
ABRAHAM P. ROMERO
@AbrahamRomero_
Actualizado Viernes,
25
agosto
2023
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