Un gol de Gayà impulsa al Valencia en Getafe y le da un balón de oxígeno

Un gol de Gayà impulsa al Valencia en Getafe y le da un balón de oxígeno

No es fácil ser capitán del Valencia. No cuando se ha crecido soñando con llegar a un equipo que peleaba entre los grandes, que tenía hueco fijo en Europa, y cuando se toca la cima y se gana una Copa del Rey, todo se desmorona. A José Luis Gayà le ha tocado ser el capitán del peor Valencia que se recuerda y eso hace que sobre su espalda cargue un peso doloroso. Porque hiere ser un líder siempre en las malas y que, además, parte de tu grada no lo entienda. Ese dolor, a veces, impide gritar un gol como el que marcó al Getafe en el minuto 84 para que el Valencia ganara su primer partido fuera de casa.

A Gayà hay quien no le perdona nada. Le miran con lupa cuando juega, cuando lo cambian o no lo alinean, cuando se lesiona, cuando reclama el apoyo a la grada o cuando, como si fueran su familia, les pide que aflojen para dar un respiro a un vestuario poco curtido al que le han temblado las piernas esta temporada.

En los últimos partidos en Mestalla salió silbado, insultado, siendo el blanco de una ira que, cuando no se puede dirigir a un palco a 6.000 kilómetros de la Avenida de Suecia, se vomita contra los que están en el césped. A veces con razón; otras, sin demasiada.

Gayà exorcizó demonios en el Coliseum, aunque le cueste reconocerlo. No celebrar ese gol fue tan llamativo como la arenga en corro antes de arañar un empate contra el Elche. Si aquel partido creía que podía cambiar la temporada, su gol, el primero en tres años, con más razón. El Valencia no ganaba lejos de su estadio desde mayo y lo logró en uno de los estadios de donde suele salir golpeado. Eso para el capitán era lo importante.

“El equipo es siempre lo primero. Quiero lo mejor para mi equipo, que es el Valencia, aunque algunos no lo reconozcan. Llevo luchando por este escudo desde los once años y me sorprenden ciertas cosas que dicen de mí. Pero creo en mí y voy a creer hasta el final”, advirtió el capitán, a quien Ugrinic encontró adelantado en el carril, como había diseñado Corberán, y picó el balón ante la salida de David Soria. Un gol como balón de oxígeno.

Nada había ocurrido en el partido cerca de las porterías. La única ocasión clara la había fabricado, en el minuto 42, Danjuma con un centro raso desde la orilla izquierda que, para que no llegara a Lucas Beltrán, Djene despejó… al larguero. El resto de los 45 minutos fueron brega y pundonor, sin que ningún equipo encontrara el punto de lucidez que le adelantara en el marcador. Y eso que lo que había en juego era mucho.

El Valencia, en puestos de descenso, necesita reaccionar con urgencia. La tensión en torno al club, como en los últimos tres años, vuelve a ser asfixiante. Corberán está bajo sospecha para la grada y, aunque la gerencia ejercida desde Singapur le mantiene la confianza, ningún entrenador puede sostenerse en un banquillo con unas estadísticas de un partido ganado de los últimos 14.

El club intenta darle herramientas, como el fichaje de Sadiq por cuatro millones, pero en el Coliseum fue suplente. Sin embargo, ir al mercado con los bolsillos vacíos complica la incorporación de un central, imprescindible tras la lesión de Diakhaby y el contratiempo de Tárrega. En Getafe, a la media hora, en el gesto de despejar un balón de cabeza en el área pequeña, con una rodilla tocada le falló la otra. Lo forzó el técnico y puede que lo pierda por un tiempo, sin que hayan llegado los refuerzos. Eso obligó a Pepelu a dar un paso atrás hasta el eje de la defensa, un parche que solventó con personalidad el jugador de Denia y hasta fue elogiado por su entrenador.

Demasiados obstáculos afronta el Valencia en este inicio de segunda vuelta. Perdió a Julen Agirrezabala en la portería para varias semanas, a Diakhaby para toda la temporada y a Thierry por un mes. A ellos se suma Tárrega y Cömert que, con problemas en la cadera, se cayó de la lista. Con Gayà apercibido, la situación es crítica y el club tiene que acelerarse en el mercado.

De momento, al remate del capitán se agarran como una bocanada de aire que permite evitar la asfixia.

kpd