Demasiados permisos, falta de experiencia, edades avanzadas y empresas ‘lowcost’: el combo que ha llevado a la peor temporada de la historia en el techo del planeta. “La mayoría de muertes podrían haberse evitado”
Los cuerpos de los escaladores indios tras ser recuperados del Monte Everest por los rescatistas en Katmandú, Nepal, en 2017.NIRANJAN SHRESTHAAP
Mundial de natación
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
Actualizado Jueves,
27
julio
2023
-
13:21La selección masculina de waterpolo no pudo imitar a la selección...
Paula Badosa observa. Su rival, la checa Brenda Fruhvirtova, de sólo 17 años, se marcha a los vestuarios, se resguarda allí un rato largo y al regresar vuelve a pedir la asistencia del fisioterapeuta. El partido se para, se para y se vuelve a parar. Paula Badosa, al final, se cabrea. "Aprende pronto esta renacuaja", suelta a su gente y luego remata: "Se las sabe todas". La española, carente de ritmo de competición desde hace meses, jugando infiltrada por sus problemas de espalda, advierte el riesgo de las pausas, pero al final resuelve igualmente con una victoria.
En segunda ronda de Wimbledon gana a Fruhvirtova por 6-4 y 6-2 y se coloca otra vez en tercera ronda donde se enfrentará este sábado a la rusa Daria Kasatkina, una de las tenistas más en forma del circuito. Reciente campeona en el WTA 500 de Eastbourne, este jueves superó a la británica Yuriko Lily Miyazaki con un doble 6-0 desalentador. Alcanzar los octavos de final, su techo histórico en el Grand Slam londinense, será todo un reto para Badosa, pero el trabajo ya está hecho.
Con su triunfo sobre Fruhvirtova, la española saltó 10 puestos en el ranking WTA -del 93 al 83- y aceleró su camino para regresar entre las mejores. Con su triunfo sobre Fruhvirtova, sobre todo confirmó que mentalmente ya vuelve a ser quien fue. Después de la peor racha de su vida en 2023 y de un inicio de 2024 realmente crudo, era lo que necesitaba. De aquella derrota ante Jessica Bouzas en la primera ronda del Mutua Madrid Open a la resurrección.
"A veces te tienes que pegar la hostia"
"A veces te tienes que pegar la mayor hostia para salir adelante. Madrid fue un punto de inflexión. Ahora sí que me veo preparada", explicaba ayer en el All England Club, donde ya apareció rodeada de un equipo al completo, con médico y fisioterapeuta propio. Hace sólo un mes, en Roland Garros, Badosa confiaba tan poco en sus posibilidades que sólo viajaba con ella su entrenador, Pol Toledo. En su primer partido en París, de hecho, llegó a recriminarle al técnico que le hubiera animado a inscribirse al torneo, quería marcharse de allí, apartarse otra vez de las pistas de tenis. Pero aquel día venció y también el siguiente y en tercera ronda le peleó el primer set a Aryna Sabalenka, la segunda mejor tenista del mundo. Fue la luz al final del túnel. Ahora Badosa está de vuelta.
"Estar fuera del 100 es otro circuito porque ya no entras en los 'Grand Slam', no juegas en las pistas grandes y yo quiero jugar estos partidos. Cuando has saboreado lo de arriba volver atrás es difícil de gestionar si no tienes humildad", aceptó después de volver a ocupar la pista 17, una plaza inhabitual para ella. Lejos de la presión de la gira de tierra batida, donde defendía muchos puntos, la española vuelve a crecer con la gira americana de cemento como objetivo. Después de su renuncia a los Juegos Olímpicos de París, su crecimiento pasa por un final de año notable que le permita disfrutar sin estar pendiente del ranking -y de wildcards, torneos menores...- en 2025.
Había incertidumbre, había devoción, había miedo, había pasión, había mucha, muchísima emoción. Volvió Rafa Nadal a jugar al tenis y volvió en casa, en la pista donde creció y ante el público que aún lo recuerda de niño. En el Real Club de Tenis de Barcelona nunca se vivió un partido así. El lleno en las gradas superó cualquier final -había aficionados sentados en los pasillos, en los vomitorios, en cualquier sitio-, pero también el sentimiento. Aquí Nadal ganó 12 títulos y la electricidad siempre fue otra. Esta vez todo era un misterio: su tenis, su físico, su mentalidad. ¿Y si era su último partido?
"Pensaba que nunca volvería a verle jugar", comentaba una fan a centímetros de otra porque este martes donde había dos sillas cabían tres personas. Sólo en el segundo set, cuando su victoria en primera ronda del Conde de Godó ante el italiano Flavio Cobolli -6-2 y 6-3- ya era un hecho, la afición pudo resoplar y celebrar con él algún golpe, algún punto. Hasta entonces, todo el mundo vivió entre la emotividad de su regreso y el pavor a su despedida. Incluso el propio Nadal.
Su regreso fue exitoso en el resultado, pero apenas le permitió extraer conclusiones para los días que vendrán. Si el ganador de 22 Grand Slam está listo o no para competir con los mejores sigue siendo una incógnita. Más allá de los nervios del principio -con una doble falta en el primer punto, cosa rara-, Nadal estuvo algo lento y le faltó peligro con la derecha, es decir, Nadal no fue Nadal. Si brilló fue con el revés, una buena noticia, eso sí. En realidad tampoco fue culpa suya. La atmósfera en Barcelona asustó a Cobolli que, a sus 21 años, ante el mito, no supo jugar.
PAU BARRENAAFP
Basta decir que cometió 41 errores no forzados, una barbaridad. Basta decir que no llegó al 50% de primeros servicios. Para su primer partido, Nadal seguramente hubiera preferido un rival más hecho, que le activara las piernas después de tanto tiempo parado y que le exigiera más peso en sus golpes, pero Cobolli fue lo que fue. Posiblemente en segunda ronda del torneo, este miércoles no antes de las 16.00 horas ante Alex de Miñaur, el español encontrará más exigencia, lo que necesita.
Media hora de fotos
"Rafa, Rafa, Rafa", se escuchó en todo el club desde que llegó hasta que se fue. Más aclamado que nunca, perseguido por los pasillos por centenares de niños y aclamado en cada rincón del recinto de Pedralbes, Nadal mostró dos caras muy distintas. Antes del partido, al salir de los vestuarios y dirigirse a su pista, se le notaba tenso, muy tenso, con una leve sonrisa como única respuesta a la afición que le ovacionaba. Después del partido, en cambio, se entregó a los suyos.
En otras ediciones hubiera firmado unos cuantos autógrafos y se hubiera marchado a la ducha para prepararse para mañana, más teniendo en cuenta que este martes es día de Champions, pasión entre sus pasiones. Esta vez no. Pese a que su recuperación posiblemente se alargó hasta la noche, tardó más de media hora en llegar a la casa club, atendiendo a peticiones de fotos y de pelotas firmadas. "Eres mi ídolo desde pequeño", le gritaba al máximo volumen un adolescente por los pasillos y Nadal le miraba y se reía.
Al acabar el encuentro estaba feliz por el triunfo, pero más por haber vuelto a competir. De hecho, ante la prensa estuvo más elocuente que nunca. Ni una respuesta de trámite, ni un tópico. "Después de tanto tiempo parado no se me van a quitar las dudas en un día, sobre todo a nivel físico, tengo que jugar más", comentó y reconoció que había sacado con mucha precaución: "Tengo mucha ilusión, pero no puedo hacer cosas que salgan de la lógica. No voy a sacar como un loco, tengo que ir con cuidado".
Ante los micrófonos, antes de abandonar el Real Club de Tenis de Barcelona, Nadal admitió que el partido había estado marcado por el nivel de su rival y que los próximos encuentros serán distintos. "Yo he hecho lo que podía hacer, lo lógico, no he cometido errores de bulto. Él [en referencia a Cobolli] ha cometido más fallo, ha sido una buena primera ronda", comentó y añadió: "No sé cómo afronto el partido ante De Miñaur. Ni me lo he planteado. Voy día a día. Para mí mi cuerpo es una selva, no sé que me encontraré mañana. No sé si voy a poder mantener el ritmo".