Coco Gauff aguanta. Acaba de perder en cuartos de final del Open de Australia contra Elina Svitolina por un 6-2 y 6-1 de los que duelen, de los que se recuerdan, de los que marcan, pero aguanta. Sale de la pista, recorre un largo pasillo, cruza la zona de calentamiento para jugadores, se acerca al vestuario y todavía aguanta. Pero llega el momento en el que cree que ya está a solas. Detrás de un muro nadie puede verla y allí Gauff revienta su raqueta. Una vez, otra vez, otra vez, y así hasta siete golpes contra el suelo que destrozan el artilugio y permiten que la estadounidense exorcice todos sus males o, como mínimo, se desahogue un poco. Luego se va a la ducha. Y cuando sale se entera de que justo detrás había una cámara y de que su desesperación ya ha sido emitida por ESPN o Eurosport y se está volviendo viral en internet. ¿Mala suerte? No. “Falta de intimidad”.
Después de lo ocurrido, numerosos jugadores y jugadoras levantaron la voz contra la retransmisión en directo de todos sus pasos en los Grand Slam y abrieron un debate: hasta qué punto los deportistas deben participar del reality organizado a su alrededor.
“No me gusta que la gente me vea así y busqué un lugar en el que creía que no había cámaras. Por desgracia no era así. Me conozco a mí misma y no quiero pagarlo con mi equipo cuando estoy enfadada, porque no se lo merecen. Intento no destrozar raquetas en público para no dar un mal ejemplo a los jóvenes, pero necesitaba desahogarme para no pagar mi irritación con los demás”, confesaba Gauff, que ella misma recordaba los precedentes.
La defensa de Swiatek
Hace más de dos años, en el US Open de 2023, la retransmisión internacional mostró cómo Aryna Sabalenka destrozaba su raqueta en el interior de los vestuarios después de la final y se generó la misma polémica. Entonces hubo tenistas que excusaron la emisión de su reacción y Sabalenka recibió una multa de 20.000 dólares del circuito WTA por dar mala imagen. Esta vez, en cambio, quizá por la reiteración o quizá por el carácter de Gauff, todo el gremio salió a defender la privacidad de la estadounidense.
“¿Somos tenistas o somos animales de zoológico a los que se observa incluso cuando cagan? Se supone que la gente nos tiene que mirar en la pista y en la sala de prensa. Ese es nuestro trabajo. Ya está. Nuestro trabajo no es dar entretenimiento todo el día ni convertirnos en un meme cuando se nos olvida la acreditación”, comentaba Iga Swiatek, empática con Gauff porque un despiste suyo también se estaba viralizando.
AFP
Unos días atrás se olvidó su acreditación antes de entrar a la Rod Laver Arena para jugar un partido y el guardia de la entrada no le dejó pasar: hasta que no apareció su entrenador, estuvo allí esperando, inmóvil, en la puerta del estadio. “Uy, sí, fue muy gracioso”, aseguró con ironía. “Con estas cosas la gente tiene de qué hablar, pero para nosotros no es agradable. No creo que sea necesario”.
Como ella, otras jugadoras también se pronunciaron en contra de la emisión de imágenes de los vestuarios, así como Jannik Sinner o Novak Djokovic. “Empatizo con Coco. Es triste que no haya ni un solo lugar donde puedas apartarte y estar a solas con tu alegría, tu frustración o tu rabia. Por desgracia vivimos en una sociedad obsesionada con el contenido”, pronunciaba el serbio.
La organización se defiende
Según explicaba una fuente del Open de Australia a EL MUNDO, el torneo tiene distribuidas 45 cámaras para transmitir lo que ocurre fuera de la pista, pero hay ciertas situaciones que se consideran “fuera de los límites”, como mostrar a los tenistas con sus familiares —especialmente si hay menores—, llorando después de una derrota o recibiendo un mensaje.
“Cada año ofrecemos más espacios privados para que los jugadores puedan relajarse, concentrarse en su preparación y trabajar con sus equipos en privado. Esto incluye una sala de descanso para jugadores, salas de estrategia, una sala para dormir, vestuarios privados, salas médicas, de salud, bienestar y de belleza”, se defendía Tennis Australia, que aseguraba que están en contacto con los jugadores y que su trabajo “se basa en crear una conexión más profunda entre los tenistas y los seguidores”.





