En los Juegos Mundiales Universitarios de Chengdu (China) la brasileña Silva Mourao ha conseguido la medalla de oro en la prueba de 100 metros lisos.
Una carrera que no habría trascendido de no ser por la presencia de Nasro Abukar, la participante somalí que tardó el doble que sus competidoras en alcanzar la meta, ya que, según Mohamed Barre Mohamud, ministro de deportes, “no es ni deportista ni corredora”.
Sin embargo, sí que es la sobrina de Khadijo Aden Dahir, la presidenta de la Federación de Atletismo de Somalia, quien la habría incluido en la prueba falsificando documentos en colaboración con la Asociación Deportiva Universitaria del país, una organización “que ni siquiera existe”.
Ante la situación, el Ministerio de Deportes ha decidido destituir a Dahir por cometer actos de “abuso de poder, nepotismo y difamación del nombre de la nación en el ámbito internacional”.
El vídeo de la competición se ha hecho viral en redes sociales, con muchos usuarios destacándolo como un ejemplo de los niveles de corrupción de Somalia, un país que vive en un estado de guerra y caos desde 1991 cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barre.
El segundo récord del mundo del campeonato certificó el éxito de una edición sobresaliente en conjunto y excepcional en el capítulo de plusmarcas. Dos. Ambas femeninas. Después del primado de Femke Bol en los 400, Devynne Charlton, el bólido bahameño
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«Yo me siento más español que...», bromea Mohamed Attaoui (Beni Melai, Marruecos, 2001), rematando cada frase con media carcajada, entre la timidez y la ambición, una perla que llegó a Torrelavega con seis años y que ahora se pule en los cielos de los Alpes, en la coqueta St. Moritz (Suiza), donde pasa frío y aburrimiento dice, pero donde su rendimiento se empieza a disparar gracias a uno de esos «trenes que pasan una vez en la vida». «Al principio, me daba miedo. Cambiar de grupo de entrenamiento, otro idioma, otro entrenador. Pero me está yendo todo súper bien...», cuenta de su fichaje por el On Athletics Club Europe a finales de 2023.
Hasta entonces, Attaoui hacía lo que podía. Ochocentista con talento innato, fue subcampeón de Europa sub 23, pero se pagaba de su bolsillo concentraciones en Ifrane o Sierra Nevada. Ahora empiezan los frutos de la profesionalización, de sus «durísimas» sesiones con el gurú alemán Thomas Dreissigacker: «No hay ni un día de descanso». Hace unos días logró la mínima olímpica en Nerja (1:44.88) que rebajó después en Nancy (1:44.57), credenciales para el Europeo que arranca este viernes en Roma, para el próximo campeonato de España y, por qué no, para los Juegos Olímpicos, pese a la competencia nacional en la distancia sea durísima (Mariano García, Adrián Ben, Álvaro de Arriba, Saúl Ordoñez...).
«Nos hace mejor a todos, así nadie se duerme. No vale con el 100%. Y prefiero estar en esta época, con tantos que destacan, a ser el rey absoluto, que con 1:45 me valiera para todo y luego llegara al Mundial y no hacer nada. En España, el que vaya a los Juegos puede estar en la final perfectamente», razona y habla de algo que le hace especial, ese punch como lo define su propio entrenador, ese cambio de ritmo que en su mente es Pogacar atacando -«madre mía, pega un cambio endiablado. ¡Pero quien le va a seguir! Me encanta»-, su ídolo junto a Messi, pero también El Guerrouj, del que confiesa ver vídeos, «carreras míticas para aprender».
Moha Attaoui.ON / LOGAN SWNEY
La vida de Moha es un viaje a los seis años, desde Beni Melai, donde recuerda a sus hermanos «llevando a las ovejas a pastar con 12 años», a Torrelavega. De la «dureza» de Marruecos al sueño de Cantabria, donde su padre había llegado dos años antes para trabajar en la construcción, ahorrar y traer a sus cuatro hijos y su mujer. «Fue un cambio de vida a mucho mejor. Aunque al principio, que no sabía hablar castellano, se me hizo bastante duro. Estaba solo en el cole, nadie quería estar conmigo», rememora.
El atletismo se cruzó en su camino de casualidad, en los cross escolares que ganaba sin entrenar, sólo «jugando y corriendo en el parque», después el club del pueblo y esas carreras de adolescencia en las que permanentemente quedaba segundo porque Marco Gómez siempre le ganaba. «Qué pesadilla. Ahora él me dice: 'Qué cabrón'». Tuvo dudas, fue y volvió, le visitó la desmotivación. «Falleció mi padre y ya los entrenamientos no eran juegos, pasabas a entrenar duro, series, rodajes. Y eso lo odiaba. Me puse a jugar al fútbol unos meses. Ya con 18 regreso y me empiezan a salir las marcas».
«Voy a sorprender», pronuncia ahora rotundo, ante el verano de su vida. Aún en el 800, aunque lo que a él le gusta es el 'milqui'. «Tienes más tiempo para maniobrar. En el '8', al mínimo error, estás fuera. Igual el año que viene...», augura.
Moha, si no fuera por el atletismo, ¿dónde estarías?
Trabajando. En Torrelavega, con mi hermano, montando parques infantiles. Siempre me decía que me fuera con él los veranos. Ahora, después del atletismo me gustaría ser profesor de educación física.
La ciudad de París rendirá homenaje a la atleta asesinada Rebecca Cheptegei nombrando una sede deportiva en su honor, anunció el viernes la alcaldesa Anne Hidalgo.
Cheptegei, que participó en la maratón de los Juegos Olímpicos del pasado agosto, murió el viernes, cuatro días después de que un hombre, presentado como su compañero sentimental, le prendiera fuego en Kenia.
Para saber más
"Nos deslumbró en París. La vimos. Su belleza, su fuerza, su libertad. Y es probable que fuera su belleza, fuerza y libertad lo que fuera intolerable para la persona que cometió este asesinato", declaró Hidalgo a la prensa.
"París no la olvidará. Le dedicaremos una sede deportiva para que su recuerdo e historia permanezcan entre nosotros y nos ayude a transmitir el mensaje de igualdad, que es el mensaje de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos", añadió Hidalgo.
Cheptegei, de 33 años, debutó en unos JJ OO en la maratón de París-2024, en la que terminó en 44ª posición.
La policía y los médicos indicaron que tenía el 80% del cuerpo quemado, tras ser atacada delante de sus hijos el domingo por su compañero sentimental, Dickson Ndiema Marangach, de nacionalidad keniana.