Este sábado, antes de su semifinal de las ATP Finals, tanto Felix Auger-Aliassime como Carlos Alcaraz pudieron calentar tranquilamente en la pista central del Inalpi Arena. Una rareza, porque jugaban en el último turno. En realidad, un privilegio esperado: todos los presentes sabían que la semifinal anterior, entre Jannik Sinner y Alex De Miñaur, se resolvería rápido. Jugadores, aficionados, periodistas, entrenadores y, por supuesto, organizadores no dudaron al hacer su planning. Si normalmente reservan la pista tres horas para cada partido, esta vez solo bloquearon dos. ¿Para qué más?
Hasta 12 veces habían jugado antes Sinner y De Miñaur, y en las 12 previas el italiano había dominado con autoridad. La decimotercera no fue la excepción. Para alcanzar su tercera final consecutiva de las ATP Finals, Sinner se impuso por 7-5 y 6-2 en apenas una hora y 52 minutos ante su adversario favorito, un tenista cuyo estilo le favorece.
Esta vez De Miñaur intentó algo diferente, pero el resultado fue el mismo. Su estilo defensivo, correoso y conservador es ideal para la voracidad de Sinner. A un lado, un tenista sólido; al otro, un tenista destructivo. En el primer set, De Miñaur empujó al italiano al error y forzó los intercambios todo lo que pudo, pero en cuanto le sobrevino cierto cansancio, todo quedó en manos de Sinner.
Antonio CalanniAP
Para ganar, el australiano necesitaba hacer el partido de su vida, estirar cada golpe, buscar ángulos más allá de sus límites; para ganar, el italiano solo tenía que hacer lo suyo. De Miñaur aguantó hasta el 6-5 del primer set y luego cedió con un break. El segundo set fue solo la constatación de la superioridad de uno sobre el otro. Si acaso, destacó la noble actitud de De Miñaur que, pese a estar ya dos breaks abajo, con 4-0 en contra, peleó el partido hasta donde le alcanzaron los golpes.
Pasaron los minutos, uno, dos, cinco, 10, 30 minutos, y Paula Badosa seguía sentada en el suelo del gimnasio de jugadores del Melbourne Park, con su raquetero rojo Wilson por allí tirado, de espaldas a las pantallas. Al llegar, su cara era un poema y sólo su entrenador y amigo de toda la vida, Pol Toledo, se atrevió a acercarse para animarla y, sobre todo, para acompañarla. Después fue soltándose en la conversación, recordando los puntos claves de su derrota, liberando la amargura. Y finalmente, cuando llegó su rival y gran amiga, Aryna Sabalenka, recuperó la sonrisa e incluso se entregó a la broma. ¿Qué le iba a hacer?
Acababa de perder por 6-4 y 6-2 en sus primeras semifinales del Grand Slam, pero apenas podía reprocharse nada. Sabalenka fue muy superior. Su condena y su consuelo. Al llegar al vestuario, la bielorrusa la abrazó, le recordó que perdió tres semifinales grandes antes de jugar su primera final de un Grand Slam en el Open de Australia de 2023 y aceptó su lamento. «Le he dicho que era injusto que jugara a ese nivel precisamente ante mí, que era como si estuviera jugando a la Play», reveló la española, y no le faltaba razón.
Ante ella, Sabalenka fue más Sabalenka que nunca, más Sabalenka si cabe. Más allá de los dos primeros juegos, cuando cometió hasta cinco errores no forzados, y permitió a Badosa colocarse con 2-0 y 40-0 a favor, fue un vendaval, puro espectáculo. «No tengo mucho que decir. El nivel de Aryna ha sido impresionante, jugó como la número uno que es y no pude hacer mucho más para ganarla. Todo lo que tocaba se convertía en oro. Diría que ha sido su mejor partido de los últimos meses», analizaba Badosa, que al menos se llevó una promesa.
La amistad no se toca
Desde que se enfrentaron por primera vez, hace cuatro años en Cincinnati, las dos rivales han alimentado una amistad que en los últimos tiempos se ha vuelto más intensa. Residentes ambas en Dubai, suelen compartir los domingos, único día sin entrenamientos, y así lo muestran en redes sociales con el hashtag Sabadosa. Por eso al acabar el partido en Melbourne, Sabalenka no dudó en prometer que el próximo día que vayan de compras juntas por el emirato le regalaría a Badosa «lo que quiera» y ésta aceptó el presente: «Le pediré algo caro, sin duda. Han doblado el prize money [ganará 1,1 millones de euros como finalista y 2,1 millones si se lleva el torneo] así que no tendrá problemas para pagarlo».
SAEED KHANAFP
«La semana que viene volveré a estar en el top10 del ranking WTA y en los últimos meses soy una de las cinco jugadoras que más partidos ha ganado. Para mí eso es una locura, una mejora muy loca, sobre todo mental. Estoy muy orgullosa de haberme enfrentado a un desafío así y haberlo superado», confesaba Badosa sobre su resurrección, del número 140 de la lista mundial al número 10, donde aparecerá el próximo lunes. Su cambio ha sido físico, evidentemente, olvidada ya su fractura de estrés en la espalda, pero sobre todo psicológico.
En Melbourne se ha visto la versión más madura de la española, incluso en los malos momentos, como fue la semifinal de ayer. Pese a la ferocidad de su adversaria, nunca le giró la espalda al partido, siempre entera, no se desesperó en ningún momento. Si acaso, ya en los últimos juegos, soltó una carcajada después de un winner de Sabalenka que el público de la Rod Laver respondió con complicidad. «Le doy a mi torneo un nueve de nota. Un 10 ya sabéis qué hubiera sido, ganar el título, pero ha sido un nueve» aseguró Badosa.
Ahora, México y Estados Unidos
Ahora, después de un descanso, viajará a Norteamérica para disputar el WTA 500 de Mérida, en México -ya está confirmada- ,y los WTA 1000 de Miami e Indian Wells y luego será candidata a todo en la gira de tierra batida que acabará en Roland Garros. Después de vencer a Coco Gauff en cuartos del Open de Australia, sólo Sabalenka parece inalcanzable, más después de la derrota de Iga Swiatek en la otra semifinal ante Madison Keys por 5-7, 6-1 y 7-6(8).
«Es el paso que me queda por dar. Para vencer a Aryna tengo que sacar la mejor versión de mí en todo momento, jugar el mejor partido de mi vida. Con ella recibes golpes ganadores todo el rato, no te da tiempo a pararte y pensar. Te exige muchísimo», concluyó Badosa antes de marcharse orgullosa del Melbourne Park después del que ha sido el mejor torneo de su vida.
Hace tres años, en el Ariake Gymnastics Center de la bahía de Tokio, Simone Biles se retiró al vestuario, se puso encima un enorme albornoz blanco y salió a anunciar al mundo entero que se retiraba de los Juegos Olímpicos. Iba a ser la estrella, tenía que ser la estrella, pero ya no podía ser la estrella. Con su decisión construyó un enorme debate sobre la salud mental en el deporte de élite, la presión de la competición, la incomprensión pública, incluso el efecto a largo plazo de los abusos sexuales, pero también dejó un enorme vacío.
Si en Múnich 1972 el rey fue Mark Spitz; en Montreal 1976 la reina fue Nadia Comaneci; en Los Ángeles 1984, Carl Lewis; en Barcelona 1992, el Dream Team; en Atlanta 1996 lo fue Michael Johnson; y en Pekín 2008 reinaron Michael Phelps y Usain Bolt; en Tokio 2020, Biles tenía reservado el trono. Y sin ella nadie ocupó su sitio. "No quiero ser una estrella, no he nacido para ello", llegó a proclamar el nadador estadounidense Caeleb Dressel, que se colgó cinco medallas, el que más, y pocos meses después cayó en una profunda depresión.
Hoy los Juegos Olímpicos de París 2024 arrancan con el puesto de máxima estrella, de leyenda, de emblema todavía vacante. ¿Quién será el mayor o la mayor protagonista? Quién sabe, aunque la aspirante mejor situada vuelve a ser quién era: Biles. Apenas se recuerda, pero después de su catarsis de mareos y lágrimas, la gimnasta estadounidense se apuntó al último día de competición en Tokio para ganar un bronce en la barra de equilibrios, su peor aparato, y dejar escrito un mensaje: "Volveré".
Desde entonces la cuatro veces campeona olímpica en los Juegos de Río 2016, ha vivido todo un proceso de curación que pasó por no competir dos años, acudir a terapia para evitar esos temibles twisties y, entre otras cosas, recibir una medalla de honor de manos de Joe Biden o casarse con el jugador de la NFL Jonathan Owens. A mediados del 2023 regresó con tanto éxito que dominó el último Mundial. A partir del martes 30 -el domingo será la clasificación-, en el Bercy Arena de París encontrará la competencia de otras gimnastas como la brasileña Rebeca Andrade, amiga suya, compañera de entrenamientos, pero principalmente dependerá de ella misma.
Si sostiene todo el peso que tiene sobre sus hombros no sólo ganará, también reinará. Si no lo hace, hay pocas candidaturas más. De hecho, la otra que más reluce también tiene nombre de mujer y concretamente nombre de mujer estadounidense: Katie Ledecky. La nadadora tiene en sus brazos y en sus piernas un récord de los que quedan en el recuerdo: si vence en las tres distancias que disputará se convertirá en la deportista con más oros de la historia de los Juegos.
Dueña ya de siete, sumará 10, uno más que la ucraniana Larisa Latynina, mito de la gimnasia antes de Biles. En su contra su timidez y su apuesta absoluta por el fondo, las pruebas menos espectaculares de la natación. A sus 27 años y después de 12 en la élite -en Londres 2012 ya ganó un oro-, Ledecky ha abandonado los 200 metros y los relevos cortos para situar todas sus opciones en los 400 metros que disputa mañana, los 800 metros y los 1.500 metros. En la piscina no hay nadie con su historial, pero podrían surgir nuevas estrellas.
JJOO Paris. Sedes
El público local espera que triunfe Leon Marchand, especialista en mariposa, y en los 100 metros libre se vivirá un duelo eléctrico entre el rumano David Popovici y el chino Pan Zhanle, ambos recientes plusmarquistas mundiales. Necesitarán volar y derrochar carisma para saltar las fronteras de su propio deporte, pero podrían hacerlo.
Como podría hacerlo el velocista Noah Lyles en el tartán del estadio de Saint Denis o como ya ha hecho Eliud Kipchoge, leyenda haga lo que haga en el maratón. En realidad, lo más probable es que nuevamente el protagonista o la protagonista de los Juegos no estén en el atletismo y la natación y esté en el tenis, con todos los ojos mirando a Carlos Alcaraz o en el baloncesto, con otro Dream Team (Lebron James, Stephen Curry, Kevin Durant, Jayson Tatum, Joel Embiid) en acción y el fenómeno Victor Wembanyama en su casa.
Faltan estrellas, siempre falta alguien, como el maratoniano recientemente fallecido Kelvin Kiptum, algunos rusos sancionados como el nadador Evgeny Rylov o quienes renunciaron, como Kylian Mbappé o Tadej Pogacar, pero unos Juegos Olímpicos no esperan a nadie. Un trono está libre y quien lo ocupe posiblemente será una mujer.
Carlos Alcaraz ya está en su cuarto Roland Garros: antes se quedó en octavos de final, en cuartos de final y en semifinales, ha recorrido todo el camino. Sabe qué es ganar dos Grand Slam y cinco Masters 1000, ya ha sido número uno del ranking ATP... pero todavía tiene 21 años. Y en ello incide su entrenador, Juan Carlos Ferrero, antes de que se enfrente a Jannik Sinner este viernes (14.30 horas, Eurosport) por un puesto en la final del Grand Slam francés.
"No tengo que estar tan encima de él como cuando tenía 15, 16 o 17 años, ya va adquiriendo experiencia, pero siempre hay que ayudarle para que sepa cómo mejorar. Al fin y al cabo, la construcción de un jugador nunca debería parar. Hasta los mejores tienen la necesidad de seguir progresando", comenta quien aconseja al número tres del mundo desde 2018, desde que apenas era un adolescente prometedor.
"A veces, entrenador; a veces, amigo"
En algunas ocasiones, Alcaraz ha llegado a considerar a Ferrero "un segundo padre", pero el ex tenista se aleja de ese rol: "Lo del padre se lo dejó a su padre. Yo a veces soy el entrenador y a veces, según el momento del día, soy su amigo, por el tipo de bromas que hacemos, por estar siempre juntos. A los chavales de hoy en día cada vez les cuesta más decir siempre que sí y Carlos está en ello, está madurando. Es un proceso lento, lo hará de manera natural. Con 21 años nadie es maduro".
¿Qué cree que ocurrirá ante Sinner?
Es difícil de predecir. Será un partido muy igualado. Jannik ha mejorado muchísimo en su variedad de juego. Antes era un jugador muy centrado en sus tiros, sobre todo en el cruzado, y que hacía pocas subidas a la red y pocas dejadas. Ahora ha evolucionado mucho en eso. Con Carlos sabemos cómo jugar contra él, tenemos una idea clara de lo que le puede hacer daño, pero también reconocemos que es un tenista muy completo.
Ferrero, de hecho, conoce a Sinner desde que también era un crío. Quien fuera número uno del mundo en 2003 ya entrenaba a Alcaraz en aquel enfrentamiento iniciático en primera ronda del challenger de Alicante de 2019 que se llevó el español. Desde entonces, los dos tenistas mantienen una buena relación, que se extiende a sus respectivos equipos, pese a los muchos enfrentamientos. De momento, ocho, con cuatro victorias para cada uno.
"Al 95% de confianza con su derecha"
"En aquel momento Jannik venía de ganar tres torneos y ya despuntaba. Para nosotros fue una experiencia muy buena, una primera toma de contacto que ya auguraba lo que podría pasar en el futuro. Es una buena rivalidad", desvela el técnico que asume que Alcaraz todavía podría jugar mejor de lo que hizo ante Stefanos Tsitsipas o Sebastian Korda.
"La lesión no vino bien, una lesión nunca viene bien. El año pasado llegó con más confianza. Ahora todavía le falta, sobre todo con su derecha. Aún está al 95% de confianza con su derecha, le cuesta pegar con naturalidad, todavía está un poco pendiente de ella. Ojalá acabe con el nivelazo del año pasado", finaliza Ferrero antes del decisivo duelo de este viernes.